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Blog de la Biblioteca de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de la UPM. ¡Noticias y libros!

#hoyleemos: “La máscara de la muerte roja” de Edgar Allan Poe

Cartel de la adaptación al cine

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“Durante mucho tiempo, la “Muerte Roja” había devastado la región. Jamás pestilencia alguna fue tan fatal y espantosa. Su avatar era la sangre, el color y el horror de la sangre. Se producían agudos dolores, un súbito desvanecimiento y, después, un abundante sangrar por los poros y la disolución del ser. Las manchas purpúreas por el cuerpo, y especialmente por el rostro de la víctima, desechaban a ésta de la Humanidad y la cerraban a todo socorro y a toda compasión. La invasión, el progreso y el resultado de la enfermedad eran cuestión de media hora.

Pero el príncipe Próspero era feliz, intrépido y sagaz. Cuando sus dominios perdieron la mitad de su población, reunió a un millar de amigos fuertes y de corazón alegre, elegidos entre los caballeros y las damas de su corte, y con ellos constituyó un refugio recóndito en una de sus abadías fortificadas. Era una construcción vasta y magnífica, una creación del propio príncipe, de guto excéntrico, pero grandioso. Rodeábala un fuerte y elevado muro, con sus correspondientes puertas de hierro. Los cortesanos, una vez dentro, se sirvieron de hornillos y pesadas mazas para soldar los cerrojos. Decidieron atrincherarse contra los súbitos impulsos de la desesperación del exterior e impedir toda salida a los frenesíes del interior…”

La máscara de la muerte roja /Edgar Allan Poe
La máscara de la muerte roja en Wikipedia

hoyleemos: “Felices pesadillas. Los mejores relatos de terror aparecidos en Valdemar”

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“Al anochecer, el joven Goodman Brown salió a la calle del pueblo de Salem; tras cruzar el umbral, echó la cabeza hacia atrás para dar un beso de despedida a su joven esposa. Y Faith, nombre que le resultaba muy adecuado, asomó su hermosa cabeza a la calle dejando que el viento jugueteara con las cintas rosas de su gorra mientras hablaba con Goodman Brown.

– Querido — susurró con suavidad y bastante tristeza acercando los labios a su oído–: te ruego que dejes tu viaje para la mañana y duermas esta noche en tu cama. Una mujer sola es acosada por unos sueños y pensamientos que a veces le dan miedo. De todas las noches del año, esposo mío, te ruego que te quedes conmigo precisamente ésta.

— Mi amor y mi Faith –contestó el joven Goodman Brown–. De todas las noches del año, ésta es la que debo pasar lejos de ti. Mi viaje, tal como lo llamas una y otra vez, debe hacerse entre este momento y el amanecer. Pero mi dulce y bella esposa, ¿es que dudas ya de mí, cuando sólo llevamos tres meses casados?

— ¡Que Dios te bendiga entonces! –dijo Faith moviendo las cintas rosas–. Y que lo encuentres todo bien cuando regreses.

— ¡Así sea! –gritó Goodman Brown–. Reza tus oraciones, querida Faith, y acuéstate al anochecer, y así ningún daño te sucederá.

Se despidieron, y el joven siguió su camino hasta que, cuando estaba a punto de girar la esquina junto al templo, miró hacia atrás y vio la cabeza de Faith que seguía observándole con un aire melancólico, a pesar de sus cintas rosadas.

— ¡Mi pobre y pequeña Faith! — susurró para sí mismo, pues tenía el corazón afligido–. ¡Soy un perverso al dejarla en esta situación! Y hablaba de sueños. Me parece que cuando lo hacía su rostro estaba turbado, como si un sueño le hubiera advertido del trabajo que hay que hacer esta noche. Pero no, no: pensar en ello la mataría. Es un ángel bendito sobre la tierra, y tras esta única noche me mantendré aferrado a sus faldas y la seguiré hasta el cielo.

Con tal excelente resolución para el futuro, Goodman Brown se sintió justificado para apresurar su propósito maligno…”

“El joven Goodman Brown” / Nathaniel Hawthorne
Incluído en el título “Felices pesadillas. Los mejores relatos de terror aparecidos en Valdemar (1987-2003)”

Editorial Valdemar

#hoyleemos: “Abaddón el exterminador” de Ernesto Sabato

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“En la tarde del 5 de enero, de pie en el umbral del café de Guido y Junín, Bruno vio venir a Sabato, y cuando ya se disponía a hablarle sintió que un hecho inexplicable se produciría: a pesar de mantener la mirada en su dirección, Sabato siguió de largo, como si no lo hubiese visto. Era la primera vez que ocurría algo así y, considerando el tipo de relación que los unía, debía excluir la idea de un acto deliberado, consecuencia de algún grave malentendido.

Lo siguió con ojos atentos y vio cómo cruzaba la peligrosa esquina sin cuidarse para nada de los automóviles, sin esas miradas a los costados y esas vacilaciones que caracterizan a una persona despiera y conciente de los peligros.

La timidez de Bruno era tan acentuada que en rarísimas ocasiones se atrevía a telefonear. Pero, después de un largo tiempo sin encontrarlo en La Biela ni en el Roussillon, y cuando supo de por los mozos que en todo ese período no había reaparecido, se decidió a llamar a su casa. “No se siente bien”, le respondieron con vaguedad.

“No, no saldría por un tiempo.” Bruno sabía que, en ocasiones durante meses, caía en lo que él llamaba “un pozo”, pero nunca como hasta ese momento sintió que la expresión encerraba una temible verdad. Empezó a recordar algunos relatos que le había hecho sobre maleficios, sobre un tal Schneider, sobre desdoblamientos. Un gran desasosiego comenzó a apoderarse de su espíritu, como si en medio de un territorio desconocido cayera la noche y fuese necesario orientarse con la ayuda de pequeñas luces en lejanas chozas de gentes ignoradas, y por el resplandor de un incendio en remotos e inaccesibles lugares…”

Abaddón el exterminador / Ernesto Sabato — Ed. Austral
Disponible en la sección “NO Sólo Técnica“. Sig. 82N SAB aba
Ernesto Sabato en Wikipedia