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#hoyleemos: “Historias del Kronen” de José Ángel Mañas

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– Habla menos y bebe más, Miguel, que se va a quedar calentorra la horchata. Perdón: la cerveza…

– No te rías, Celia. Si es que todo está muy mal. Mucha Expo y mucha olimpiada pero en Madrid no hay dinero.
– No, si me río de Carlos. Ya lo sabes que a mí no me hace nada de gracia, ahora que estoy intentando buscar trabajo, te piden experiencia profesional y, como no la tienes, no puedes conseguir el trabajo y no puedes adquirir la experiencia. Y así no sales nunca.

– Si me seguís agobiando con historias de trabajo, me abro.
-¿De qué quieres que hablemos? A ver.
– De sexc, de drogas y de rocanrol.
– Vale. Te voy a hablar de sexo, de drogas y de rocanrol. De sexo: resulta que tengo una novia buenísima y cachondísima, que me pone a cien y con quien me encanta follar, pero no puedo hacerlo cuando quiero porque resulta que ella vive en su casa  con sus viejos y yo, con los míos, lo cual podría solucionarse si tuviera un buen trabajo. Pero de esto, claro, no se puede hablar con el señor Carlos. Hablemos ahora de drogas: me encantan, me encanta estar colocado, pero resulta que para eso tengo que tener dinero, y mi dinero no se lo pido a papá, como el señor Carlos, sino que tengo que ganármelo en el trabajo. Pero de esto tampoco se puede hablar. Hablemos ahora de rocanrol: me vuelve loco, es cojonudo, y ahora necesito comprarme un amplificador bueno, pero para ello necesito dinero, y el dinero no crece en los árboles…

– Vale, vale, Miguel, que ya agobias.
– Miguel, que vais a acabar mal.
– No, no vamos a acabar mal. Yo sólo digo las cosas tal y como las siento, y punto.
– Qué coñazo, Dios. Anda, Manolo, ponnos otra jarra.
– Miguel, no te olvides de que tienes que acercarme pronto a casa.
– No, que no me olvido, no te preocupes.
– Vamos a cambiar de tema: ¿os quedáis mañana o no?
– Sí, ¿no, Celia? Creo que nos quedaremos a ver si Manolo puede pillarnos esto, y el sábado subiremos a la sierra.
– Así, además no le hacéis un feo a Fierro, que es su cumpleaños. ¿Queréis algo más de comer?
– Yo sí tengo hambre.
– Yo estoy a régimen, pero comed vosotros.
– Celia, ¿te hacen unas patatas ali-oli?

Historias del Kronen / José Ángel Mañas — Ed. booket
Historias del Kronen en Wikipedia
Historias del Kronen en las Bibliotecas UPM
 

#hoyleemos: “Mientras tanto dame la mano” de Kirmen Uribe

 

TE QUIERO, NO

Aunque trabajó durante cuarenta años
en los Altos Hornos,
en su interior había todavía un labrador.

En octubre, asaba pimientos rojos
con su soldador
en el balcón de su casa de barrio.

Su voz era capaz de hacer callar
a cualquiera.
Sólo su hija se atrevía con él.

Él nunca decía te quiero.

El tabaco y el polvo de acero quemaron
sus cuerdas vocales.
Dos amapolas a punto de caer.

Cuando se jubiló, su hija se casó a otra ciudad.
Él le hizo un regalo.
No eran rubíes, ni siquiera seda roja.

Había ido sacando piezas de la fábrica.
Poco a poco, sus manos soldaron una cama de acero.

Él nunca decía te quiero.

 

Mientras tanto dame la mano / Kirmen Uribe — Visor libros
Kirmen Uribe: Premio Nacional de Narrativa 2009
Kirmen Uribe en Wikipedia

#hoyleemos: “El libro de los abrazos” de Eduardo Galeano

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Celebración de la fantasía

Fue a la entrada del pueblo de Ollantaytambo, cerca del Cuzco. Yo me había desprendido de un grupo de turistas y estaba solo, mirando de lejos las ruinas de piedra, cuando un niño del lugar, enclenque, haraposo, se acercó a pedirme que le regalara una lapicera. No podía darle la lapicera que tenía, porque la estaba usando en no sé qué aburridas anotaciones, pero le ofrecí dibujarle un cerdito en la mano.

Súbitamente, se corrió la voz. De buenas a primeras me encontré rodeado de un enjambre de niños que exigían, a grito pelado, que yo les dibujara bichos en sus manitos cuarteadas de mugre y frío, pieles de cuero quemado: había quien quería un cóndor y quién una serpiente, otros preferían loritos o lechuzas, y no faltaban los que pedían un fantasma o un dragón.

Y entonces, en medio de aquel alboroto, un desamparadito que no alzaba más de un metro del suelo, me mostró  un reloj dibujado con tinta negra en su muñeca:

– – Me lo mandó un tío mío, que vive en Lima — dijo.
— ¿Y anda bien? — le pregunté.
— Atrasa un poco — reconoció. 

El libro de los abrazos / Eduardo Galeano — Ed. Siglo XXI España
El libro de los abrazos en las Bibliotecas UPM
Eduardo Galeano en Wikipedia