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#hoyleemos: “Tokio blues” de Haruki Murakami

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Mi habitación, por el contrario, estaba limpia como una patena. No había ni una mota de polvo en el suelo, ni vaho que empañara el cristal de las ventanas; los futones se tendían al sol una vez por semana, los lápices estaban colocados dentro de su bote, las cortinas se lavaban cada mes. Y es que mi compañero de habitación era patológicamente limpio. En una ocasión les conté a los chicos de las otras habitaciones. “El tío incluso lava las cortinas”, pero no me creyeron. Nadie sabía que las cortinas tuvieran que lavarse de vez en cuando. todos pensaban que era algo que siempre había colgado de las ventanas.

“Es un anormal”, decían. Y empezaron a llamarlo Nazi o Tropa-de-Asalto.

Ni siquier teníamos pin-ups. De nuestra pared colgaba la imagen de un canal de Amsterdam. Cuando intenté pegar el póster de una mujer desnuda, mi compañero me espetó: “Wat-wat-anabe. A mí, no me gus-gustan esas co-cosas”, lo arrancó y pegó el póster del canal. Puesto que yo no suspiraba por tener una mujer desnuda colgando de la pared, no protesté. Todos los que venían a nuestra habitación decían: “¿Pero esto qué es?. Alguna vez comenté: “Tropa-de-Asalto se masturba mirándolo”. Fue una borma, pero todos lo creyeron. Lo aceptaron con tanta naturalidad que yo mismo acabé pensando que era cierto.

Todos me compadecían por tener que compartir habitación con Tropa-de-Asalto, pero a mí no me desagradaba. Mientras yo mantuviera limpias mis cosas, él me dejaba en paz, así que era un compañero bastante cómodo. Él se encargaba de la limpieza, tendía los futones, sacaba la basura. Cuando yo tenía mucho trabajo y llevaba tres días sin bañarme, él arrugaba la nariz y me aconsejaba que me diera un baño. También solía decirme que fuera al barbero o que me cortara los pelos de la nariz. Lo único moleto era que, en cuanto veía un insecto, pulverizaba insecticida por toda la habitación, y yo entonces tenía que refugiarme en el caos de la habitación vecina…”

Tokio blues. Norwegian Wood/ Haruki Murakami — Maxi Tusquets editores
Haruki Murakami en Wikipedia
Disponible en la sección NO Sólo Técnica. Sig 82N MUR Tok

#hoyleemos: “Memorias de Adriano” de Marguerite Yourcenar

 

“Mi vida había vuelto al orden, pero no así el imperio. El mundo que acababa de heredar semejaba a un hombre en la flor de la edad, robusto todavía aunque mostrando a los ojos de un médico imperceptibles signos de desgaste, y que acabara de sufrir convulsiones de una grave enfermedad. Las negociaciones se reanudaron abiertamente; hice correr la voz de que Trajano en persona me las había encomendado antes de morir. Suprimí de un trazo las conquistas peligrosas, no sólo la Mesopotamia donde no habríamos podido mantenernos, sino Armenia, demasiado excéntrica y lejana, que me limité a conservar en calidad de estado vasallo. Dos o tres dificultades, que hubieran prolongado por años una conferencia de paz si los principales interesados hubieran tenido interés en dilatarla, fueron allanadas gracias a la habilidad del comerciante Opramoas, que gozaba de la confianza de los sátrapas. Traté  de infundir a aquellas negociaciones todo el ardor que otros reservan para el campo de batalla; forcé la paz. La parte contraria la deseaba por lo menos tanto como yo mismo; los partos sólo pensaban en reabrir sus rutas comerciales entre la India y nosotros. Pocos meses después de la gran crisis, tuve la alegría de ver formarse otra vez a orillas del Oronte la hilera de caravanas; los oasis se repoblaban de mercaderes que comentaban las noticias a la luz de las hogueras y que cada mañana, al cargar sus mercaderías para transportarlas a países desconocidos, cargaban también cierto número de ideas, de palabras, de costumbres bien nuestras, que poco a poco se apoderarían del globo con mayor seguridad que las legiones en marcha. La circulación del oro, el paso de las ideas, tan sutil como el del aire vital en las arterias; el pulso de la tierra volvía a latir.”

 

Memorias de Adriano / Marguerite Yourcenar – Ed. Salvat
 Memorias de Adriano en Wikipedia
Memorias de Adriano en las Bibliotecas UPM

#hoyleemos: “Un mundo feliz” de Aldous Huxley

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“Los más rápidos ya habían alcanzado su meta. Sus manecitas se tendían, inseguras, palpaban, agarraban, deshojaban las rosas transfiguradas, arrugaban las páginas iluminadas de los libros. El director esperó verles a todos alegremente atareados. Entonces dijo:

— Fíjense bien.

La enfermera jefe, que estaba de pie junto a un cuadro de mandos, al otro extremo de la sala, bajó una pequeña palanca.

Se produjo una violenta explosión. Cada vez más aguda, empezó a sonar una sirena. Timbres de alarma se dispararon locamente.

Los chiquillos se sobresaltaron y rompieron en chillidos; sus rostros aparecían convulsos de terror.

— Y ahora — gritó el director (porque el estruendo era ensordecedor)–, ahora pasaremos a reforzar la lección con un pequeño shock eléctrico.

Volvió a hacer una señal con la mano, y la enfermera jefe pulsó otra palanca. Los chillidos de los pequeños cambiaron súbitamente de tono. Había algo  casi demencial en los gritos agudos, espasmódicos, que brotaban de sus labios. Sus cuerpecitos se retorcían y cobraban rigidez; sus miembros se agitaban bruscamente, como obedeciendo a los tirones de alambres invisibles.

— Podemos electrificar toda esta zona del suelo –gritó el director, como explicación–. Pero ya basta.

E hizo otra señal a la enfermera.

Las explosiones cesaron, los timbres enmudecieron, y el chillido de la sirena fue bajado de tono hasta reducrise al silencio. Los cuerpecillos rígidos y retorcidos se relajaron, y lo que había sido el sollozo y el aullido de unos niños desatinados volvió a convertirse en el llanto normal del terror que era ordinario.

— Vuelvan a ofrecerles las flores y los libros.

Las enfermeras obedecieron; pero ante la proximidad de las rosas, a la sola vista de las alegres y coloreadas imágenes de los gatitos, los gallos y las ovejas, los niños se apartaron con horror, y el volumen de su llanto aumentó súbitamente.

— Observen –dijo el director, en tono triunfal–. Observen.

Los libros y ruidos fuertes, flores y descargas eléctricas; en la mente de aquellos niños ambas cosas se hallaban ya fuertemente relacionadas entre sí;  y al cabo de doscientas repeticiones de la misma o parecida lección formarían ya una unión indisoluble. Lo que el hombre ha unido, la Naturaleza no puede separarlo.

— Crecerán con lo que los psicólogos solían llamar un odio “instintivo” hacia los libros y las flores. Reflejos condicionados definitivamente. Estarán a salvo de los libros y de la botánica para toda su vida. –El director se volvió hacia las enfermeras-. Llévenselos.

Uno de los estudiantes levantó la mano; aunque comprendía perfectamente que no podía permitirse que los miembros de una casta baja perdieran el tiempo de la comunidad en libros, …”

Un mundo feliz / Aldous Huxley — Ed. Debolsillo
Un mundo feliz en Wikipedia
Disponible en la sección No Sólo Técnica. Sig 82N HUX mun