Archivo por días: 26 enero, 2011

Libros: “La hoguera de las vanidades” de Tom Wolfe

 

“Volvió la esquina, y allí estaba: la sala de compraventa de bonos de Pierce¬Pierce. Era un amplísimo espacio, de unos dieciocho por veinticuatro metros, pero con el mismo aplastante techo de dos metros y medio de altura, que parecía pesar sobre la cabeza de quienes trabajaban allí. Un espacio opresivo con una iluminación deslumbrante, un montón de serpenteantes siluetas, y un considerable estruendo. La luz deslumbrante procedía de una pared de cristal orientada hacia el sur y que dominaba una panorámica del puerto, la estatua de la Libertad, Staten Island y las playas de Brooklyn y New Jersey. Las siluetas serpenteantes correspondían a los brazos y torsos de unos hombres bastante jóvenes, casi todos por debajo de los cuarenta años. Iban en mangas de camisa. Se movían muchísimo, agitada y sudorosamente en aquella hora temprana, y no dejaban de gritar. Sus gritos eran la causa del estruendo. Un estruendo producto de las voces de cultos jóvenes blancos dedicados a comprar y vender dinero a ladridos en el mercado de bonos.

— ¡Coge ese jodido teléfono, por favor! — le gritó un gordezuelo y sonrosado graduado de la promoción 1976 de Harvard a alguien que estaba un par de mesas más abajo. La sala era como la redacción de un periódico, sin tabiques de separación ni indicación alguna de niveles o categorías laborables. Todos aquellos jóvenes ocupaban mesas metálicas de color gris claro, y tenían ante sus ojos terminales de ordenador de un tono carne de ternera y con pantalla negra. En las pantallas iban saliendo filas y más filas de cifras y letras verde diodo…

…Había que ver de qué modo todos estos hijos de las grandes universidades, estos herederos de Jefferson, Emerson, Thoreau, William James, Frederick Jackson Turner…, y demás gigantes de la erudición norteamericana, de qué modo todos estos herederos de la lux y de la veritas acudían ahora en rebaño a Wall Street y a la sala de compraventa de bonos de Pierce & Pierce… ¡Cómo circulaban las historias de sus triunfos por todas las universidades! Si un graduado no ganaba 250.000 dólares anuales al cabo de cinco años de trabajo allí, sólo podía ser porque se trataba de un tipo absolutamente estúpido o absolutamente perezosos. Esa era la voz que corría por las universidades. A los treinta años se alcanzaba el medio millón anual, y ésa era una cifra tope sólo para los mediocres. Si a los cuarenta años no habías llegado al millón, eras un tímido o un incompetente. ¡Ahora o nunca!…

 

La hoguera de las vanidades / Tom Wolfe — Ed. Anagrama