Por Fali Molina, 2020.

Llevo en la universidad, literalmente, desde que nací. Creo que esto lo puedo afirmar casi sin vacilar. Muchos de los que tenemos padres universitarios llevamos en la sangre esta institución. El orgullo de ser parte de esta institución percola entre generaciones fácilmente. Este fue mi caso. Yo me crié jugando entre los limoneros y naranjos de una facultad junto al mar, la de Almería. Mi padre, universitario de oficio y afiliación, sentenció y descabelló él mismo una brillante carrera tras 49 años de servicio a la Universidad de Granada. Ahora es corredor de bolsa, de la bolsa de la compra, como a él le gusta denominarse. Los 45 años que he compartido a su lado me han permitido disfrutar de una posición privilegiada para observar a través de sus ojos, y de los míos propios más tarde, lo que podríamos llamar una era universitaria. Desde los años sesenta hasta la actualidad hemos disfrutado de un modelo de universidad, que a pesar de haber evolucionado en muchos aspectos, es el mismo modelo desde entonces. Quizás ha llegado el momento de su reconstitución, de redefinir su propósito en la sociedad. A lo mejor para lograr este objetivo, es necesario abrir el baúl de la abuela, quitarles el polvo a antiguas buenas ideas y refrescar el presente con éstas, y algunas nuevas.

La Madraza. Universidad De Granada.
La Madraza. Universidad De Granada.

Robert M, Hutchins es un referente recientemente resucitado del cementerio en el que yacen grandes autores olvidados. Este caballero fue rector de la universidad de Chicago del 29 al 51 del siglo pasado. Dedicó 22 años a timonear una institución de referencia, los cuales probablemente le inspiraron para componer una visión vigente del ideal universitario. La universidad ha evolucionado desde el ágora, desde la unidad del conocimiento hacia la multiversidad, a un conjunto de reinos de taifas centrados en las acreditaciones, en el título, en las competencias profesionales orientadas a la empleabilidad del estudiante, a que sea contratado. Así suele la sociedad medir a una buena universidad, y no el campo de estudio o la metodología de aprendizaje que ésta imparte o sigue. El modelo de universidad responde, de algún modo, a la función que cumplían los gremios profesionales: formar a profesiones. Ejemplo de ello, en la enseñanza superior, son las universidades politécnicas, que emanan de la formación que daban los estados, los ministerios, a sus cuerpos profesionales hace 60 años.

Pero es que tenemos un reto, y es que pocas son las profesiones que perdurarán 20 años tal y como se conocen hoy día. La mayor parte de ellas se transformarán en otras que hoy aún carecen de nombre. A lo mejor, quizás, elegimos de dejar de hablar de carreras, de titulaciones, para elegir una formación en competencias, de itinerarios académicos adaptados a satisfacer el inicio del viaje de la actividad profesional y humana de un individuo. Si lo deseamos podríamos hablar de una formación adaptada a los retos que la sociedad se proponga en un marco acelerado de cambio. Tenemos, posiblemente, la oportunidad de crear un modelo de enseñanza superior basado en aprender a aprender, y no en aprender lo que debes saber.

Hutchins planteaba en su libro “La universidad de la utopía” (Editorial Astrolabio,2018), 4 escollos principales que debían ser salvados para alcanzar su visión universitaria. La industrialización del conocimiento, la especialización, la diversidad filosófica y la conformidad social y política.

Robert M, Hutchins

Cuando hablaba de <<industrialización del conocimiento>>, R.M. Hutchins ponía sobre la mesa la necesidad de que la enseñanza superior fuese libre y autónoma en la elección de sus propósitos y en la elección de la vía para el cumplimiento de su visión, de su camino. Si actualizamos esta inquietud, en la actualidad podríamos hablar de la dimensión social y ambiental del conocimiento, de la responsabilidad de la universidad en contribuir en que el conocimiento tenga un impacto sostenible en todas las dimensiones del ser humano con su entorno. Hablaríamos pues de la universidad como motor de innovación social, como palanca de transformación y cambio.

Ya en los años 50 se vislumbraba un horizonte de especialización, como el que hemos vivido desde entonces hasta la fecha. Éste ha sido clave en el desarrollo social, tecnológico e industrial vivido. Nunca hubiéramos logrado los avances realizados desde una formación generalista. No creo pues en una vuelta a la formación general; esto ya no es posible. Los retos que nos plantea la sociedad no pueden ser resueltos por una persona, ni por un grupo de personas que pertenecen al mismo área de conocimiento. Los retos del presente y del futuro pasan por la descompartimentación de las disciplinas. Buscamos una formación en la que el aprendizaje sea integral, y en que la formación de los estudiantes ya sea científica o técnica, eleve su nivel de conciencia bebiendo de las fuentes que emanan de la filosofía, la filología, la historia, la psicología, la sociología, la antropología y todos a aquellos puntos de referencia que construyen el sentido y el propósito del resto de actividades intelectuales del hombre. Es punto de partida para fomentar <<la diversidad filosófica>> que Hutchins proponía.

Esta diversidad es un factor clave en un presente y futuro globalizado, y hablar de diversidad es hablar de estar fuera de nuestra zona de confort permanentemente, de observar, entender y gestionar realidades múltiples. Hablamos de diversidad de género, de culturas, lingüística, de credo, generacional, de recursos, cultural, digital, de clases o territorial.

Es aquí donde las competencias transversales que permiten al alumno mejorar sus habilidades intrapersonales e interpersonales, son el pilar clave en la educación superior. Son una extensión del trívium medieval:  “la gramática, la lógica y la retórica“. Son áreas de conocimiento que están destinadas a gestionar emociones, motivar, comunicarse de un modo eficiente, conocer y expresar necesidades, empatizar, poner en valor nuestra plasticidad neuronal, que nos permiten explorar y explotar el potencial propio y ajeno, adaptarse, establecer alianzas. Las competencias blandas, las soft-skills, son el reto formativo del que la universidad no puede estar ajeno, y del que debe ser protagonista.

Hemos acordado entre todos que nos encontramos en la era de la información, pero no casualmente en la del dato, la del hecho. Vivimos en un contexto en el que la información se pone al servicio de la opinión, de las emociones primarias como vehículo de conducción social. Es aquí, quizás, de las cuatro propuestas principales de Hutchins, << la conformidad social y política>> donde la presente utopía universitaria tiene mayor trabajo y responsabilidad. La universidad tiene como propósito la generación de conocimiento y su difusión. Estos son sus dos principales misiones. Por ello, su misión es defender la unidad de la verdad, pero atención, esto no es lo mismo que la uniformidad de ideas. La universidad tiene como misión hacer crecer la verdad como el lugar común de consenso, como un espacio común y conocido a través de la exploración de muchos, y desde diferentes perspectivas. En la actualidad, el modo en el que se reúne el conocimiento en universidades, facultades y escuelas, departamentos y grupos de investigación se favorecen la estanqueidad de personas e información, se propicia la generación de agregaciones de intereses y perspectivas. Es, en muchos casos, un foco de fundamentos estancos que limitan el pluralismo y el diálogo.

Creo que estamos viviendo el final de una era universitaria. El colectivo con mayor potencial humano, como estamento educativo, investigador y como puente entre las necesidades de la sociedad y el tejido productivo, está en la universidad. En la actualidad es un hecho que pocos pueden discutir. Si bien es cierta esta afirmación, la sociedad, y la propia comunidad universitaria, demandan una aceleración en su transformación. El acceso al conocimiento ya no lo atesora un profesor, un departamento o una universidad. El conocimiento se crea y difunde por canales complementarios, colaborativos y es abierto. Las metodologías de aprendizaje y las necesidades de la sociedad han evolucionado enormemente en estos últimos 30 años. La universidad tiene el reto de redefinirse una vez más en su historia. Los retos a los que se enfrenta son diferentes también. La utopía universitaria, en la actualidad, se basa en:

  1. liderar la innovación social, atendiendo simultáneamente las necesidades del tejido social, empresarial, pero siendo protagonista del diseño de un futuro sostenible,
  2. facilitar la descompartimentación del conocimiento, facilitando la cooperación, generando alianzas creando nuevas estructuras de gobernanza internas que permitan la rápida asociación de sus miembros que atesoren visiones poliédricas en nuevos departamentos que atiendan retos desde la diversidad.
  3. En una sociedad de la comunicación, digital, rebosante de información que da espacio al prejuicio y el fundamentalismo, la universidad tiene el reto de recuperar el espíritu de ágora, de espacio de discusión y reflexión sobre hechos y datos, elevando la conciencia, la responsabilidad y libertad de los individuos del futuro.


Fali Molina Sánchez

Nota Bibliográfica y profesional del autor. -Rafael Molina Sánchez, Fali, es Docente, investigador, coach de equipos y curioso. Ha centrado su actividad técnica en la gestión de riesgos en contexto marítimo, portuario y costero mediante el desarrollo de nuevas técnicas de medida, predicción basadas en inteligencia artificial, y herramientas para el apoyo a la decisiones. Observador del mar, en la actualidad está impulsando el desarrollo sostenible desde la transformación de las personas, los equipos y las organizaciones mediante el desarrollo de las competencias blandas en el contexto universitario.

1 comentario

Momi · 14 abril, 2020 a las 9:48 am

Pensé que era un conjunto de reinos de taifas centrados en las acreditaciones, en el título, en las competencias profesionales orientadas a la empleabilidad del estudiante, a que sea contratado… a ser posible, familia.
Lo mejor y a pensar … aprender a aprender, y no lo que se deba, o alguien estipule, que hay que saber…
Abrazo!

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