¡ Cerrad las ventanas y bajad las persianas! . ¡ Que ya están entrando moscas. Acabo de matar tres! .
Uno y otro día escuchó Paca estas frases en innumerables ocasiones durante todos los veranos en la “casa del pueblo” . Quien las pronunciaba era su madre, Petra . La casa era muy grande, de dos plantas , en la de abajo había amplias naves que otrora fueran sede de la fábrica de queso de los padres. En la de arriba, la vivienda. Estaba en lo más alto del pueblo, al lado de un derruido palacio del que solo quedaba una pared de barro, y del depósito del agua. Al otro lado, las eras. De hecho, la calle donde se ubicaba era C/ Eras.
Así que, con las ventanas cerradas y la persianas bajadas, no quedaba otra que salir a la calle a jugar o ver la tele , y esperar a que anocheciera. Pero claro, por la noche tampoco se podían abrir las ventanas, porque las moscas “vienen a la luz”.
Total, que solo se abrían por la mañana pronto (cuando todos dormían menos Petra que trasteaba desde las ocho de la mañana ), y por la noche con la luz apagada, una vez acostados ya.
Era un espectáculo magnífico mirar al cielo plagado de estrellas. Paca en la época estival contaba por lo menos tres fugaces y algún bólido cada noche.
Ahora Paca es una señora madura, que sigue yendo a la “casa del pueblo” todos los veranos, al menos unos días para complacer a Petra, su anciana madre.
Este año, una de las noches, Paca estaba acostada con la ventana abierta. No dormía. Los recuerdos de la infancia y los problemas de la madurez bullían en su cabeza.
De repente fue testigo de una insólita tormenta seca. A las cuatro de la mañana un relámpago iluminó toda la habitación y unos segundos más tarde escuchó el trueno más estruendoso que había oído en su vida. Bueno, el primero, porque le siguieron varios. No pudo evitar asomarse a la ventana abierta, un segundo relámpago iluminó la era, la casa y alrededores.
Se interrumpieron sus pensamientos y centró su atención en si debería cerrar las ventanas o no. Era muy difícil que un rayo entrara y provocara un incendio, era casi imposible, porque en el depósito del agua había un pararrayos…. Pero, ¿y si…?
Volvió a tumbarse en la cama , y mientras decidía, un rayo entró por su ventana y la fulminó en un instante.
Segundos después la voz de Petra sonó desde el dormitorio próximo: “Paca, ¡cierra las ventanas!, que hay tormenta”.
Marcos Manso.