- Nombre del edificio: Edificio Princesa
- Dirección: C/ Santa Cruz de Marcenado, 1 – 2 – 4; C/ Acuerdo, 34 – 28015 Madrid.
- Barrio/ Distrito/ Municipio: Universidad/ Centro/ Madrid
- Año de construcción: 1975
- Arquitecto/ Equipo: Fernando Higueras Díaz y Antonio Miró Valverde
- Tipología: Arquitectura residencial
- Etiquetas: ESTEREOTOMÍA, FORMA ABIERTA, DEFORMACIÓN, CONTEXTUALIZACIÓN
- Enlaces de interés: https://www.edificioprincesa.com/
- Autor de entrada: Amor Burgos Herance
El edificio Princesa, obra de Fernando Higueras y Antonio Miró, es un ejemplo claro del brutalismo madrileño. El uso del hormigón visto, tan característico en la obra de Higueras, no aparece aquí como un recurso meramente estructural, sino como un elemento expresivo que define la identidad del conjunto: un material crudo, denso, casi telúrico, que muestra sin pudor su textura, sus sombras y su peso. La vegetación, sin embargo, introduce un contrapunto esencial. No se trata de un gesto ornamental; es un complemento que dialoga con la severidad del hormigón. En este contraste, Higueras y Miró encuentran un equilibrio casi orgánico: la rigidez mineral de los planos estructurales se suaviza con la presencia viva de las plantas, que trepan, cuelgan, cubren y matizan las aristas duras del edificio, dando lugar a una síntesis perfecta entre ambos aspectos.
Este encuentro entre lo pétreo y lo vegetal genera una suerte de arquitectura bioclimática primitiva, cuya percepción orgánica se ve potenciada en la planta del conjunto adaptándose a la trama urbana y dialogando con el entorno inmediato en el que se encuentra. La sensación de movimiento se acentúa en planta como resultado de la yuxtaposición de viviendas cuyos espacios se van adaptando a la forma cambiante de la parcela, aunque son los núcleos de comunicaciones e instalaciones los que se desconfiguran y absorben las deformaciones en aquellos puntos de mayor tensión.
Estas relaciones entre elementos y material dan lugar a una conversación permanente entre lo que construido y lo que sigue construyéndose, así, el edificio parece querer recordarnos que la arquitectura no está condenada a escoger entre lo natural o lo inerte, más bien puede convertirse en un terreno fértil donde ambos se favorezcan mutuamente.