Nombre del edificio: Viviendas en Alberto Aguilera. Cooperativa de viviendas militares
Ubicación: Calle Alberto Aguilera 1, 28015 Madrid.
Barrio / Distrito / Municipio: Gaztambide / Chamberí / Madrid.
Año de construcción: Proyecto: 1967–1968, Obra: 1968–1974.
Arquitecto / Equipo: Fernando Higueras Díaz, Antonio Miró Valverde (y Carlos García Rodríguez en obra)
Tipología: Vivienda colectiva / Cooperativa residencial
Etiquetas: Arquitectura Residencial · Estereotomía · Forma Abierta · Geometría · Envolventes · Figurativo · Simbólico · Funcional.
Enlace de interés: https://fcoam.eu/guia/F1/F1.381.htm
Autor de la entrada: Danna Isabella Díaz Vargas
Militar en Alberto Aguilera es uno de los ejemplos más característicos de cómo, a finales de los sesenta, la arquitectura residencial madrileña empezó a buscar soluciones expresivas que no se limitaran a reproducir los modelos del ensanche. Higueras y Miró plantean una fachada que no se entiende como plano continuo, sino como un relieve profundo formado por planos oblicuos de hormigón, jardineras voladas y pilares facetados. Este conjunto, más cercano a una geología artificial que a una composición convencional, consigue que la masa construida se entrelace constantemente con la vegetación, de modo que la luz, la sombra y el crecimiento de las plantas terminan participando activamente en la forma final.
En términos de los temas vistos en clase, la obra se aproxima al orden figurativo, ya que la fachada no puede leerse como una simple repetición de forjados, sino como una figura cambiante que se percibe por capas. Las jardineras —auténticos elementos arquitectónicos, no accesorios— organizan un ritmo vibrante que oculta parcialmente la estructura y diluye la lógica ortogonal esperable en una vivienda colectiva. Esta mezcla entre masa, vacío y vegetación construye una síntesis compleja donde cada pieza responde a una misma intención formal.
La función habitacional también interviene como generadora de forma: las terrazas profundas mejoran el confort térmico y permiten un uso del exterior que, en su época, era poco habitual. La integración vegetal no es un gesto decorativo; introduce una dimensión temporal que acompaña la vida de los habitantes y altera la percepción del edificio según la estación.
Situado en una de las esquinas más transitadas de Chamberí, el edificio introduce una presencia rotunda que contrasta con las fachadas más neutras de su entorno. Lejos de romper con la ciudad, establece un diálogo por contraste, afirmando un modo de hacer arquitectura residencial que apuesta por la expresividad y la complejidad espacial.