Nombre del edificio: Torre de Madrid
Ubicación: Plaza de España 18, 28008 Madrid.
Barrio / Distrito / Municipio: Argüelles / Moncloa-Aravaca / Madrid.
Año de construcción: Proyecto: 1954
1ª fase: 1954–1957
2ª fase: 1958–1960
Restauración: 1996 (Manuel Salinas Larumbe)
Arquitecto / Equipo: Julián Otamendi Machimbarrena (y su hermano José María Otamendi)
Tipología: Torre de viviendas y oficinas
Etiquetas: Arquitectura Residencial · Forma Cerrada · Geometría · Figurativo · Jerarquía · Estereotomía · Gestalt · Simbólico · Funcional · Articulaciones · Contextualización · Tipos.
Enlace de interés:https://fcoam.eu/guia/F2/F2.388.htm
Autor de la entrada: Danna Isabella Díaz Vargas
La Torre de Madrid fue, en su momento, una de las apuestas más ambiciosas de la ciudad por construir una imagen moderna ligada a la altura. No se trata solo de un edificio alto, sino de una pieza pensada desde el inicio para marcar un punto en la ciudad y ser reconocida desde lejos. Su forma escalonada, con cuerpos que se van retranqueando a medida que ascienden, responde a esa intención de controlar cómo el edificio se relaciona con el suelo y con el skyline. La torre no crece de manera abrupta, sino que va perdiendo masa poco a poco, lo que refuerza su carácter monumental frente al gran vacío de la Plaza de España.
Uno de los elementos más llamativos son las terrazas repetidas que recorren la fachada. Muchas de ellas no tienen un uso claro, pero resultan fundamentales para la imagen del edificio. Generan sombras profundas y una sensación de ritmo constante, casi obsesivo, que hace que la torre se perciba como un cuerpo compacto. El texto de referencia las describe como “cremalleras”, y esa imagen resulta acertada porque transmiten tanto orden como frustración: expresan el deseo moderno de crecer hacia arriba, pero también la dificultad de hacerlo sin perder escala humana. Desde abajo, esa repetición produce una mezcla de atracción y vértigo.
Aunque el edificio combina usos residenciales y administrativos, la función no parece ser el motor principal de la forma. La torre quiere ser vista. Eso se nota especialmente en la base acristalada, que se inclina hacia la calle y busca una relación más directa con el peatón. Esta parte inferior es más abierta y ligera, mientras que los cuerpos superiores mantienen una imagen mucho más cerrada y rotunda.
El lugar es clave para entender el proyecto. La Torre de Madrid no se limita a mirar a la Plaza de España, sino que se relaciona también con la Gran Vía y la calle de la Princesa. Su color blanco, su tamaño y su presencia constante en el paisaje urbano la han convertido, con el paso del tiempo, en uno de los símbolos más reconocibles del Madrid moderno.