Nombre del edificio: Hotel Suecia (antigua Casa de Suecia)
Ubicación: Calle Marqués de Casa Riera 8, 28014 Madrid.
Barrio / Distrito / Municipio: Justicia / Centro / Madrid.
Año de construcción: Proyecto: 1953
Obra: 1957
1ª reforma: 1985–1986 (Ángel Garzarón Santoyo)
2ª reforma: 1988 (Roberto Bosquet García)
Arquitecto / Equipo: Mariano Garrigues Díaz-Cañabate
Tipología: Hotel / Vivienda colectiva original
Etiquetas: Arquitectura Comercial · Forma Cerrada · Geometría · Figurativo · Jerarquía · Tectónica · Envolventes · Articulaciones · Funcional · Gestalt · Contextualización · Tipos.
Enlace de interés: https://fcoam.eu/guia/L1/L1.317.htm
Autor de la entrada: Danna Isabella Díaz Vargas
El Hotel Suecia, conocido originalmente como la Casa de Suecia y concebido para acoger a la comunidad nórdica residente en Madrid, es un buen ejemplo de cómo un edificio puede resolver con discreción un entorno urbano complejo. Su situación, entre el Círculo de Bellas Artes y las calles Madrazo y Alcalá, obliga al proyecto a manejar escalas muy distintas. El edificio responde a esta condición mediante una volumetría escalonada y una composición basada en líneas rectas, que permiten controlar tanto la altura como la proporción general del conjunto sin imponer una presencia excesiva.
La fachada se organiza a partir de un orden claramente geométrico, perceptible en la repetición modulada de los huecos y en la continuidad de las bandas horizontales. No hay gestos llamativos, sino una composición precisa, casi contenida, que se apoya en la alternancia de materiales para construir su imagen. El basamento de granito de Segovia establece una relación directa con la calle y con la vida urbana más intensa, mientras que los niveles superiores, revestidos en caliza de Colmenar, adquieren un carácter más ligero y doméstico. Esta diferencia material refuerza la lectura del edificio por estratos y hace visible la separación entre lo público y lo privado.
Algunos detalles introducen una cierta vibración perceptiva en una fachada que, en principio, podría parecer muy rígida. Las ventanas giratorias y el cuidado en la proporción de los huecos generan sombras y reflejos cambiantes que animan los planos de piedra a lo largo del día. Son gestos pequeños, pero suficientes para evitar una lectura completamente estática del edificio.
El lugar resulta decisivo para entender el proyecto. La Casa de Suecia debía relacionarse con frentes urbanos muy distintos y convivir con edificios de fuerte presencia simbólica. Frente a ello, opta por una actitud de mediación: ni competir ni desaparecer. Su alineación estricta y su volumen contenido construyen una presencia sobria, profundamente urbana, que ordena el entorno sin imponerse. El resultado es un edificio equilibrado, donde la composición actúa como herramienta para armonizar las tensiones del contexto.