- Nombre del edificio: Edificio Bankinter
- Ubicación: P.º de la Castellana, 29, Chamberí, 28046 Madrid / Calle Marqués de Riscal, 13, Chamberí, 28046 Madrid (doble acceso)
- Barrio / Distrito / Municipio: La Castellana / Chamberí / Madrid.
- Año de construcción: 1976
- Arquitecto / Equipo: Rafael Moneo y Ramón Bescós
- Tipología: arquitectura institucional
- Etiquetas: GEOMETRIA, SIMBOLICO, ARTICULACIONES, CONTEXTUALIZACIÓN, JERARQUÍA, FUNCIONAL
- Enlaces de interés: Arquitectura de Madrid, Arquitectura Viva, muestra-autor-ensena-su-obra.pdf, Rafael Moneo Arquitecto
- Autor de la entrada: Sofía Hernández López
La sede de Bankinter, situada en el Paseo de la Castellana, se reconoce inmediatamente por la claridad y precisión de su planteamiento volumétrico. El conjunto está formado por dos piezas autónomas: el palacete histórico del siglo XIX, conservado íntegramente, y un nuevo volumen de oficinas que se adosa sin tocarlo, manteniendo accesos diferenciados para subrayar la independencia entre ambos cuerpos. El edificio moderno se organiza como un prisma alargado cuya geometría se quiebra en una línea oblicua para liberar las vistas de las viviendas colindantes y para responder a la irregularidad del solar. Esta escarpa oblicua, junto con la elevación natural del terreno y la presencia de una arboleda consolidada, determina la forma característica de “proa” que emerge hacia El Paseo de La Castellana.
La fachada orientada a sur, contundente y perforada con ritmo regular, que se ve desde la Castellana actúa como telón de fondo urbano y rostro institucional del banco. Sin embargo, al aproximarse al edificio desde la Calle Marqués de Riscal, la percepción cambia: la masa pierde peso, los elementos se fugan hacia el norte y el conjunto adquiere otra escala, evidenciando la dualidad del entorno.
La composición de las fachadas responde a un orden muy riguroso: una serie de huecos monumentales en planta baja enfatiza la importancia del nivel de acceso, mientras que dos grandes huecos cuadrados coronan la fachada principal y declaran la presencia de los ámbitos directivos. Esta combinación de huecos profundos, dinteles pesados y ladrillo prensado introduce un lenguaje que remite a referencias norteamericanas: En la puerta de acceso, los ventanales con una composición en forma de T evocan a Louis Kahn (véase Casa Margaret Esherick), mientras que los dinteles y los grandes huecos monumentales remiten a los rascacielos de Louis Sullivan (véase Escuela de Chicago).
El volumen principal se apoya sobre un pórtico de doble altura bajo la “proa”, que actúa como zaguán y filtro espacial entre calle y sucursal. Adosado al prisma, un cuerpo semicircular prolonga la planta baja y permite resolver las rampas hacia el aparcamiento, cumpliendo un papel funcional esencial sin alterar la lectura global del conjunto.
Pese a levantarse en un momento dominado por el brutalismo, el edificio apuesta por la precisión, la mesura y la inserción contextual en la tradición del ladrillo madrileño. El resultado es una obra de composición extraordinariamente clara, donde cada quiebro, hueco y volumen cumple una función formal y urbana perfectamente justificada.