- Nombre del edificio: Edificio de oficinas Goya 24
- Ubicación: Calle de Goya 24
- Barrio / Distrito / Municipio: Recoletos / Salamanca / Madrid
- Año de construcción: 2000
- Arquitecto/equipo: desconocido/a
- Tipología: Arquitectura administrativa
- Etiquetas: GESTALT, FORMA ABIERTA, MASA Y VACÍO, CONTEXTUALIZACIÓN
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- Autor de la entrada: Diego Medici Prenol
Este edificio de oficinas se sitúa en la esquina formada por las calles Goya y Núñez de Balboa, frente a la Basílica de la Concepción de Nuestra Señora, un templo neogótico de fuerte presencia urbana. Esta condición convierte su implantación en el lugar en un ejercicio delicado de diálogo con el entorno.
El volumen adopta una composición abierta, poco habitual en arquitectura de oficinas, donde cabría esperar un máximo aprovechamiento de la superficie. La geometría de la parcela contribuye a que el edificio no domine la esquina, mientras que el juego de llenos y vacíos reduce su impacto visual y permite que la luz penetre en profundidad en el interior; el vidrio, entendido como vacío, se funde visualmente con el cielo.
Los paños ciegos se desarrollan en franjas continuas desde la calle hasta la coronación, generando una marcada verticalidad que estiliza el volumen y atenúa la horizontal, un carácter esbelto que enlaza con la verticalidad propia del lenguaje neogótico de la basílica enfrentada. Las masas más contundentes se sitúan en los extremos, recogiendo las direcciones ortogonales de las fachadas a Goya y Núñez de Balboa, mientras que el cuerpo central, más amplio y ligero, genera un pliegue amable y poco invasivo en la intersección.
El acabado en textura de arenisca de los paños opacos aporta continuidad cromática con las edificaciones colindantes, reforzando su integración en el tejido urbano. El vidrio, por su parte, actúa como un espejo que recoge y repite la riqueza formal de la basílica, de manera que su presencia se ve incluso enfatizada por el reflejo en la fachada del edificio de oficinas.
En la coronación aparece una ligera pero clara cita: las lunas de vidrio juegan con distintos grados de opacidad y repiten el patrón del arco ojival, muy esbelto, característico del gótico. Esta similitud formal funciona como un pequeño “caramelo visual” que alude directamente a la basílica y refuerza el vínculo entre ambos edificios.