- Nombre del edificio: Edificio de Oficinas en la calle San Bernardo 123
- Dirección completa: Calle de San Bernardo, 123, 28015, Madrid
- Barrio / Distrito / Municipio: Trafalgar, Chamberí, Madrid
- Año de construcción: 1977
- Arquitecto / Equipo: –
- Tipología: Arquitectura Administrativa
- Etiquetas: MALLAS, GEOMETRÍA, ESTEREOTOMÍA, FORMA CERRADA
- Enlaces de interés: San Bernardo 123
- Autor de la entrada: Lidia Villa García
El edificio de la Rotonda de Quevedo presenta una fachada interesante por su planteamiento formal. Se trata de un volumen rectangular; el núcleo de comunicaciones, está situado en la parte trasera derecha, garantizando que la fachada principal pueda ser tratada como un lienzo completamente regular y simétrico, eliminando cualquier asimetría funcional en su cara pública. La composición de la fachada surge de un juego intelectual con la retícula. Se percibe la unión de dos cuadrículas, cada una con módulos de diferentes tamaños, desplazadas sutilmente en sentido vertical. Este desplazamiento genera la composición que se observa, creando un ritmo constante a través de la repetición. El ritmo está marcado por la sucesión regular de bandas horizontales que corresponden a los forjados, y bandas verticales que delimitan los huecos, generando una cuadrícula que parece albergar una secuencia de cuadrados casi perfectos.
El edificio plantea una cuestión: ¿Estereotómico o tectónico? dos modos aparentemente opuestos de entender la arquitectura. Estereotómico, entendido como aquello que se talla en un cuerpo sólido y remite a lo masivo, lo pesado y lo vinculado al terreno. La fachada se entiende como un plano compacto y único que ha sido tallado, evocando a los basamentos de los palacios florentinos italianos. Tectónico, entendido como ensamblaje de piezas, la expresión del sistema constructivo. La fachada se entiende como una composición de elementos anclados a una base, los cuales pueden cambiar y es más cercano a la relación con la estructura. La coexistencia de ambas interpretaciones puede no constituir una contradicción, sino que el edificio oscila entre masa y ensamblaje, entre solidez y articulación, lo que enriquece la lectura arquitectónica.
Estamos hablando de una composición cerrada, una simetría tanto vertical como horizontal y una clara proporcionalidad basada en tres tamaños diferentes de elementos que definen los planos del diseño. Predominan la linealidad y la ortogonalidad. Se presenta un orden rítmico, casi estático, pero las piezas alargadas verticales le ofrecen al conjunto movimiento, ese desplazamiento. El basamento se trata como una pieza completa, reforzando la sensación de anclaje.
La arbitrariedad y la improvisación se cuelan en la rigidez del diseño a través del uso de la iluminación, el juego de luces interiores encendidas y apagadas rompe momentáneamente la regla compositiva tan clara y estática, inyectando un componente de vida y uso cotidiano al conjunto.