Dirección: Paseo de la Castellana, 50, 28046 Madrid.
Barrio / Distrito / Municipio: Castellana / Salamanca / Madrid
Año de construcción / periodo: 1977-1983
Arquitecto: Rafael de La-Hoz Arderius y Gerardo Olivares
Tipología: Arquitectura administrativa
Etiquetas: Tectonica, Jerarquia, Articulaciones, Envolventes
Enlaces de interés: https://www.youtube.com/watch?v=BKnR6Lkz4i8
Autor de la entrada: Dayanis de los Ángeles Bouza Suarez
El Edificio Castelar se establece como un hito de la arquitectura de oficinas de Madrid gracias a su audacia estructural y formal. La característica más icónica del edificio es su gran voladizo que parece suspenderse sobre el paseo. Esta solución compositiva es posible gracias a un sistema de apoyo ingenioso: el edificio se apoya casi exclusivamente en un núcleo estructural central de hormigón revestido con mármol travertino. Este núcleo contiene los ascensores, escaleras y servicios, actuando como un mástil rígido que soporta las plantas que se proyectan lateralmente. La eliminación de los pilares perimetrales interiores tiene como consecuencia dejar las plantas de oficinas completamente libres y diáfanas. Esta solución técnica crea una sensación de ligereza y flotación que lo desvincula de la rigidez y pesadez de las torres vecinas, logrando un impacto visual de gran dinamismo.
La fachada es una piel de vidrio continuo sin carpintería visible, un alarde técnico y estético para su época. Este muro cortina de cristal reflectante maximiza la entrada de luz natural en el espacio de trabajo al mismo tiempo que minimiza la ganancia térmica, contribuyendo significativamente a la calidad ambiental interior. La elección del vidrio como envolvente busca la transparencia total y la atemporalidad, reflejando el cielo y el entorno, y enfatizando la idea del volumen suspendido.
La jerarquía compositiva y funcional se manifiesta con total claridad en esta dicotomía: un núcleo rígido que encierra la masa y las circulaciones verticales (servicios/circulaciones) versus un espacio de trabajo flexible y diáfano que envuelve al usuario. Formalmente, esta pureza de volumen y materialidad sitúa al Castelar como un ejemplo de tectónica sutil en la que el peso se concentra y se resuelve con ingenio, imponiendo una imagen de modernidad absoluta en el contexto urbano.