La motivación consciente organizacional.

Rafael Molina Sánchez. Diciembre. 2020

Nuestro cerebro tolera mal la falta de certezas. El campo de la neurología nos ha constatado en estos últimos años lo que los filósofos nos aseguraban desde la Grecia clásica: está programado para validar lo que ya sabe, o cree que sabe. De ahí surge una de las principales dificultades de la adaptación y el cambio, pues nos importan poco los hechos y la información que nos rodea. Aunque no somos conscientes, esta actitud tiene un fin muy útil: ser eficientes. 

Esto supone una paradoja, pues si adaptarse es eficiente y no adaptarse también lo es, nos encontramos en medio de una lucha interna inconsciente. Es aquí donde nace la amenaza, el riesgo de entrar en conflicto permanentemente con nosotros mismos y con nuestro entorno. -¿Cómo puedo ser eficiente: haciendo las cosas como ya sé o            explorando nuevos modos de hacerlas?- Partamos de que ambas suponen un enorme esfuerzo. En la elección consciente de usar “viejos trucos” o aprender nuevos se halla el camino al menor esfuerzo. Piloto automático versus modo manual; este es el dilema. La clave reside en saber si lo que ya sabemos es útil en el contexto en donde lo necesitamos aplicar.

“En la elección consciente de usar viejos trucos o aprender nuevos se halla el camino al menor esfuerzo”

Si trasladamos de escala esta paradoja, a una organización, podemos simplificar el problema en tres niveles: el individuo, los equipos de trabajo y la organización. Todos ellos tienen una serie de denominadores comunes, entre los que cabe destacar si 1) saben qué necesitan o no, 2) si se conocen a sí mismos o no y 3) si se sienten implicados en conocer y comprender la realidad que les rodea, o no. 

Atendiendo a que se trata de una simplificación superlativa, podemos destilar algunos los elementos claves del dilema. Si nos observamos con atención, y nos damos la oportunidad, podemos llegar a saber qué necesitamos conscientemente. Si ampliamos esta conducta a quienes nos rodean, a nuestro equipo y nuestra organización, tenemos la mayor parte del camino recorrido para fomentar un entorno motivador, una organización motivada. 

La motivación tiene la función de desequilibrar la balanza hacia la acción, pues crea la expectativa de ganar más con el movimiento que con la inacción. Nos invita a adaptarnos, a explorar como niños, a innovar, a utilizar nuestra experiencia y habilidades en entornos nuevos. Nos invita a estar motivados. 

¿Pero cómo se motiva a una organización? Mi experiencia me dice que una organización sana lo hace alentando tres pilares básicos: la conciencia, la responsabilidad y la libertad individual y colectiva. ¿Es esto suficiente? No, pero completamente necesario. ¿Qué otro elemento completa y da sentido a lo demás? El propósito, saber para qué, con qué fin, la dirección en la que deseamos ir.  Es decir, la combinación ideal es conciencia, libertad y responsabilidad más saber hacia dónde nos dirigimos. 

”La combinación ideal para estar motivados es fomentar la conciencia, libertad y responsabilidad de personas y equipos, más saber hacia dónde nos dirigimos como organización”

Aquí nos volvemos a ver obligados a diferenciar al individuo del grupo, y de la organización. El propósito de cada cual es único, es variable en el tiempo, evoluciona, tiene muchos matices. Por ello, para ser capaces de trabajar en equipo es necesario, desde la consciencia, revisar nuestros deseos y anhelos permanentemente, conocer qué expectativas tenemos y si están alineadas con aquello que hacemos y necesitamos. 

“La motivación tiene la función de desequilibrar la balanza hacia la acción”

Una organización, como tal, es un ente vivo. Podemos creer que está dirigida por un firme timón, por una férrea dirección, pero esta premisa es falsa. La cultura de la organización condiciona hacia dónde se dirige, y éste sentido se altera con la acción de sus miembros. Nunca estará ajena al mar en el que se desenvuelve ni a la tripulación que la habita. Por ello, el principal recurso para la motivación es saber el puerto de destino, el propósito de la actividad y los valores en los que desea que se desarrolle ésta.

Llegados a este punto es donde confluyen los caminos del individuo y la organización. Retomando los tres pilares básicos de la organización -conciencia, libertad y responsabilidad- podemos construir un espacio que se fundamente en construir un propósito común, explícito, que atienda las necesidades de los forman parte del reto, que alimente la motivación de los individuos y los equipos y que permita a la tripulación remar en una dirección común. 

Puede que leyendo estas líneas te haya surgido el pensamiento, la idea, de que -“Mi organización no me ha dicho nunca cual es su propósito. No sabe motivarme. Creo que no tiene un propósito o no lo sabe compartir”- Si es así, quizás es el momento de preguntarte ¿Tienes claro tú el tuyo y estarías dispuesto a compartirlo con tus compañeros y organización? ¿Estarías dispuesto explorarlo? ¿Crees que puedes ayudar a tu organización a definirlo haciéndolo compatible con tu propósito? Te animo a hacerlo, pues percibirás quizás que el poder de la motivación de tu organización y de tu equipo está en ti, no sólo en el entorno que crees que te limita.

Nota Bibliográfica y profesional del autor.
-Rafael Molina Sánchez, Fali, es Docente, investigador, coach de equipos y curioso. Ha centrado su actividad técnica en la gestión de riesgos en contexto marítimo, portuario y costero mediante el desarrollo de nuevas técnicas de medida, predicción basadas en inteligencia artificial, y herramientas para el apoyo a la decisiones. Observador del mar, en la actualidad está impulsando el desarrollo sostenible desde la transformación de las persona, los equipos y las organizaciones mediante el impulso de las competencias blandas en el contexto universitario. 

EL CUIDADO DE NUESTRO BIENESTAR EMOCIONAL: UNA NECESIDAD PARA SER UN/A INGENIERO/A DEL FUTURO

Berenguela Monforte Sáenz. Octubre 2020

Hoy, día 10 de octubre, se celebra el Día Mundial de la Salud Mental. Viviendo desde hace meses de la mano de la pandemia del Covid-19, sin duda, es una gran oportunidad para dar al bienestar emocional el lugar que se merece.

La presencia de un virus cargado de muchos aspectos todavía desconocidos, la experiencia de vivir confinado/as, la llegada del teletrabajo desarrollado en muchas ocasiones con múltiples dificultades, la incorporación forzosa de la educación a distancia, la limitación de los encuentros sociales, la restricción de los movimientos, la pérdida de puestos de trabajo, la gestión de la pérdida de seres queridos sin posibilidad de despedida, las economías tambaleantes y un futuro incierto… con todo esto, y mucho más, tenemos que lidiar en estos momentos.

Os invito a aprovechar esta situación adversa para aprender a aprender, a avanzar, a crecer, a sacar la mejor versión de nosotro/as mismo/as y a cuidar de nuestra salud mental.

Creo y siento, después de 17 años trabajando en la Universidad, que todas las acciones educativas actuales buscan alcanzar una formación integral de sus estudiantes. La universidad del S.XXI trabaja para lograr el desarrollo de todas y cada una de las dimensiones del ser humano. Para la construcción de un futuro prometedor, las nuevas generaciones deben adquirir nuevos conocimientos, competencias incluso ideales que le ayuden para  su  vida tanto personal como  profesional. Nuestro/as alumno/as universitario/as no son únicamente futuros profesionales sino lo/as ciudadano/as que, esperamos que – con responsabilidad, compromiso, creatividad, reflexión y emoción – participen constructivamente en la sociedad.

¿Y cómo puede contribuir la salud mental en este reto? Como ingeniero/as, la formación técnica recibida habrá sido exquisita, las competencias transversales  se habrán adquirido dentro y fuera de las universidades, pero el cuidado de nuestro bienestar emocional mucho me temo que se habrá quedado en la lista de “tareas pendientes”. Vivimos en la era de las prisas, lo urgente, la inmediatez, la acción, pero no en la de la parada y reflexión. Cuidarnos, en lo físico y en lo mental, necesita de un tiempo pausado y de paciencia para obtener los frutos.

La  Organización  Mundial  de  la  Salud  define  la  salud  mental  como  “Un estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad”.

Tratemos de conocer cuáles podrían ser las características de una persona sana psicológicamente: dispone de una buena capacidad introspectiva, conoce sus capacidades y/o habilidades sin subestimarlas ni sobrevalorarlas, comprende y acepta sus limitaciones, se fija metas realistas, identifica sus valores principales y se guía por ellos, establece con claridad sus prioridades, posee una buena autoestima, se siente satisfecha consigo misma, tiene seguridad en gran parte de las decisiones que toma, es capaz de sentir, experimentar, autorregularse y expresar adecuadamente sus emociones, es empática, establece relaciones sociales satisfactorias, mantiene vínculos sólidos con los demás, se respeta a sí misma y respeta a los demás, es asertiva (expresa sus opiniones, emociones, necesidades y deseos de forma clara y oportuna), acepta las críticas de los demás, sabe desconectar y disfrutar, tiene una actitud tolerante, sabe automotivarse, aprende de los errores, es una optimista inteligente, se ríe de sí misma, posee una buena tolerancia a la frustración, trabaja a diario su paciencia y capacidad para postergar la gratificación, tiene un locus de control interno ( entendido como la percepción de que es capaz de controlar su vida), es flexible y vive con facilidad la adaptación a una situación nueva, es capaz de satisfacer las exigencias que la vida le presenta, equilibra su vida personal, familiar, social y profesional, está conectada con el aquí y ahora, vive en la coherencia, siente placer y valora las cosas simples y cotidianas de la vida, es resiliente,…

¿Quién no querría cumplir varias de estas cualidades y/o tener a un/a compañero/a de clase o de trabajo o un/a jefe/a así? Me atrevería a decir que muy pocas personas podrían reconocerse en la totalidad de estas características. La lista ha sido larga, incluso quizás abrumadora, pero este es el desafío y/u oportunidad: permítete soñarlo, diseña tu plan de acción y te acercarás a esta descripción de una persona emocionalmente sana. Como persona, como estudiante, como profesional, como gestor/a de personas, como directivo/a de una empresa puedes apostar por incorporar el criterio de qué es más saludable en tu toma de decisiones.

La salud mental nos afecta en todos los ámbitos de nuestra vida. Cuidémosla y así desarrollaremos nuestro máximo potencial. En estos momentos, más que nunca, vale la pena detenernos a pensar: invirtamos nuestro tiempo y energía en transformarnos en buenos gestores emocionales. La salud mental es nuestra mayor inmunidad ante las adversidades y permítete “ingeniar” tu y nuestro mundo mejor.

Nota Bibliográfica y profesional de la autora.
-Berenguela Monforte Sáenz. Su trayectoria profesional se ha desarrollado sobre todo en tres ámbitos: en la consulta privada, en la Universidad como creadora y directora de la  Unidad de Psicoterapia y Formación de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de la Universidad Politécnica de Madrid, e impartiendo formación como por ejemplo en el Máster de Terapia de Familia de ITAD.-

EL INGENIERO 5.0

Isabel Ortiz Marcos. Julio 2020

Arrancamos este Blog del Centro de Liderazgo y Tecnología con ilusión y deseando abrir una línea de reflexión y comunicación que nos conecte con vosotros. Desde aquí os animamos a hacer vuestro este espacio compartiendo con todos nosotros vuestras reflexiones.

El día 6 de mayo escuchaba al profesor Juan de Juanes en la conferencia organizada por el Centro de Liderazgo y Tecnología sobre Industria 4.0 y su reflexión sobre el ingeniero 4.0.

Juan nos invitaba a pensar en un ingeniero con una formación mucho más interdisciplinar, un ingeniero con conocimiento en disciplinas técnicas impartidas por diferentes centros de la UPM y que diera respuesta a los retos tecnológicos que hoy estamos viviendo.

Nos encontramos con la necesidad de formar ingenieros capaces de gestionar gran cantidad de datos y analizarlos para orientar la toma de decisiones, con conocimientos de robótica, simulación o realidad aumentada. Capaces de valorar la seguridad en la red, prioritaria hoy, así como de entender la interconectividad de todo el sistema o el internet de las cosas….

La expansión de la inteligencia artificial y de la robótica avanzada nos están haciendo espectadores del cambio del mercado laboral a una velocidad nunca conocida. Estos cambios están afectando a todos los negocios (podríamos hacer un recorrido por el transporte, la medicina, la logística, las cadenas de producción, los servicios robotizados, las ciudades hiperconectadas….) y también a nuestras vidas. Estamos viendo cómo se hace realidad aquello que un día pensamos que era el guion de una película de ficción.

Es un reto interesante el diseño de este plan de estudios. Supone trabajar de la mano ingenieros de diferentes disciplinas aportando lo más relevante para este fin de cada una de ellas. Significa centrar el plan de estudios, no en los créditos o en los centros, sino en la formación en competencias de este ingeniero. Y tenemos que preparar a nuestros estudiantes para enfrentar una tecnología que no conocemos y que no somos siquiera capaces de imaginar. Tal vez sea un buen momento para revisar estas nuevas necesidades tanto en contenidos como en metodologías docentes. Tal vez el momento nos invite a soñar con el Ingeniero 5.0.

Y a la vez se me antoja que no es un reto o un sueño que se pueda permitir abordar cualquier institución. No son muchas las universidades preparadas para dar una formación completa en todos estos ámbitos tecnológicos y la UPM sí podría dar respuesta a este reto a través de los 3.000 profesionales (sus profesores e investigadores) trabajando en las diferentes tecnologías con un reconocimiento merecido tras muchos años de esfuerzo. Pero hay algo que yo propondría añadir a la formación de este ingeniero y que es lo que me lleva a denominarle el Ingeniero 5.0.

Son muchos los estudios e informes (además de nuestra propia experiencia) que nos revelan la importancia que la tecnología (inteligencia artificial, nanotecnología, impresión 3D, realidad virtual y aumentada, drones….) está tomando en todos los sectores así como en nuestra vida y cómo se prevé que vaya creciendo. Y son muchos los que ya también reclaman la importancia y protagonismo que toma la persona en este contexto. ¿Qué papel jugará la humanidad en un contexto ampliamente robotizado?.

Y desde aquí propongo la incorporación en el plan de estudios de este Ingeniero 5.0 la adquisición de competencias hoy imprescindibles, las competencias de liderazgo, entendiendo por éstas las competencias de autoconocimiento, de gestión de las emociones, trabajo en equipo, comunicación, negociación o gestión de conflictos.

Y no estoy con esto diciendo que haya que reducir el nivel de los contenidos en tecnología. Creo que forma parte del ADN de nuestra institución y sería un error renunciar a ello. La propuesta es el diseño de metodologías docentes que permitan fortalecer estas competencias durante el desarrollo de los programas tecnológicos. Una forma diferente de enseñar y de aprender. Tal vez, a modo de ejemplo, el aprendizaje alrededor de la resolución de retos tecnológicos donde la multidisciplinariedad se hace indispensable y por tanto la adquisición de conocimientos de distintas disciplinas para dar respuesta al reto propuesto. Donde los alumnos/as trabajan en equipos y son acompañados para mejorar su desempeño. Donde aprenden a comunicar y se les estimula para que trabajen su autoconocimiento a lo largo del curso. En definitiva metodologías que fomenten el fortalecimiento de las competencias interpersonales. No es algo nuevo, son las metodologías que utilizan aquellos que han llegado a ocupar las mejores posiciones en los rankings internacionales.

Soñar con el Ingeniero 5.0 me lleva a soñar con metodologías que nos lleven a alcanzar nuestro propósito. El fortalecimiento de estas competencias permite formar ingenieros (profesionales y personas) más completos, capaces de escuchar y transmitir ideas de manera efectiva facilitando el crecimiento de sus equipos.

Nos tenemos que hacer conscientes de la relevancia que va tomando todo aquello que una máquina no puede sustituir. Tal vez la pandemia que estamos todos viviendo ha puesto algunos de estos aspectos de manifiesto. Este es el contexto en el que todos tenemos que trabajar, preparemos a nuestros estudiantes para ello, fortaleciendo las competencias vinculadas con el binomio tecnología-persona (tecnológicas e interpersonales) y preocupémonos por fortalecer también las nuestras.

Nunca han necesitado tanto las personas la tecnología, pero a su vez, nunca la tecnología ha necesitado tanto a la Persona con mayúscula. De ahí esa necesidad de apostar por esta formación Integral.

Con esta inquietud y con esta misión nace el Centro de Liderazgo y Tecnología al servicio de esta Universidad.