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Blog de la Biblioteca de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de la UPM. ¡Noticias y libros!

#hoyleemos: “La sonrisa etrusca” de José Luis Sampedro

 

En el museo romano de Villa Giulia el guardián de la Sección Quinta continúa su ronda. Acabado ya el verano y, con él, las manadas de turistas, la vigilancia vuelve a ser aburrida; pero hoy anda intrigado por cierto visitante y torna hacia la saleta de Los Esposos con creciente curiosidad. “Estará todavía”, se pregunta, acelerando el paso hasta asomarse a la puerta.

Está. Sigue ahí, en el banco frene al gran sarcófago etrusco de terracota, centrado bajo la bóveda: esa joya del museo exhibida, como en un estuche, en la saleta entelada en ocre para imitar la cripta originaria.

Sí, ahí está. Sin moverse desde hace media hora, como si él también fuese una figura resecada por el fuego y los siglos. El sombrero marrón y el curtido rostro componen un busto de arcilla, emergiendo de la camisa blanca sin corbata, al uso de los viejos de allá abajo, en las montañas del Sur: Apulia o, más bien, Calabria.

“¿Qué verá en esa estatua?”, se pregunta el guardián. Y, como no comprende, no se atreve a retirarse por si de repente ocurre algo, ahí, esta mañana que comenzó como todas y ha resultado tan distinta. Pero tampoco se atreve a entrar, retenido por enexplicable respeto. Y continúa en la puerta mirando al viejo que, ajeno a su presencia, concentra su mirada en el sepulcro, sobre cuya tapa se reclina la pareja humana.

La mujer, apoyada en su codo izquierdo, el cabello en dos trenzas cayendo sobre sus pechos, curva exquisitamente la mano derecha acercándola a sus labios pulposos. A su espalda el hombre, igualmente recostado, barba en punta bajo la boca faunesca, abarca el talle femenino con su brazo derecho. En ambos cuerpos el rojizo tono de la arcilla quiere delatar un trasfondo sanguíneo invulnerable al paso de los siglos. Y bajo los ojos alargados, orientamente oblicuos, florece en los rostros una misma sonrisa indescriptible: sabia y enigmática, serena y voluptuosa…”

La sonrisa etrusca / José Luis Sampedro — Ed. Debolsillo
La sonrisa etrusca en Wikipedia
La sonrisa etrusca en las Bibliotecas UPM

#hoyleemos: “Tokio blues” de Haruki Murakami

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Mi habitación, por el contrario, estaba limpia como una patena. No había ni una mota de polvo en el suelo, ni vaho que empañara el cristal de las ventanas; los futones se tendían al sol una vez por semana, los lápices estaban colocados dentro de su bote, las cortinas se lavaban cada mes. Y es que mi compañero de habitación era patológicamente limpio. En una ocasión les conté a los chicos de las otras habitaciones. “El tío incluso lava las cortinas”, pero no me creyeron. Nadie sabía que las cortinas tuvieran que lavarse de vez en cuando. todos pensaban que era algo que siempre había colgado de las ventanas.

“Es un anormal”, decían. Y empezaron a llamarlo Nazi o Tropa-de-Asalto.

Ni siquier teníamos pin-ups. De nuestra pared colgaba la imagen de un canal de Amsterdam. Cuando intenté pegar el póster de una mujer desnuda, mi compañero me espetó: “Wat-wat-anabe. A mí, no me gus-gustan esas co-cosas”, lo arrancó y pegó el póster del canal. Puesto que yo no suspiraba por tener una mujer desnuda colgando de la pared, no protesté. Todos los que venían a nuestra habitación decían: “¿Pero esto qué es?. Alguna vez comenté: “Tropa-de-Asalto se masturba mirándolo”. Fue una borma, pero todos lo creyeron. Lo aceptaron con tanta naturalidad que yo mismo acabé pensando que era cierto.

Todos me compadecían por tener que compartir habitación con Tropa-de-Asalto, pero a mí no me desagradaba. Mientras yo mantuviera limpias mis cosas, él me dejaba en paz, así que era un compañero bastante cómodo. Él se encargaba de la limpieza, tendía los futones, sacaba la basura. Cuando yo tenía mucho trabajo y llevaba tres días sin bañarme, él arrugaba la nariz y me aconsejaba que me diera un baño. También solía decirme que fuera al barbero o que me cortara los pelos de la nariz. Lo único moleto era que, en cuanto veía un insecto, pulverizaba insecticida por toda la habitación, y yo entonces tenía que refugiarme en el caos de la habitación vecina…”

Tokio blues. Norwegian Wood/ Haruki Murakami — Maxi Tusquets editores
Haruki Murakami en Wikipedia
Disponible en la sección NO Sólo Técnica. Sig 82N MUR Tok

#hoyleemos: “Memorias de Adriano” de Marguerite Yourcenar

 

“Mi vida había vuelto al orden, pero no así el imperio. El mundo que acababa de heredar semejaba a un hombre en la flor de la edad, robusto todavía aunque mostrando a los ojos de un médico imperceptibles signos de desgaste, y que acabara de sufrir convulsiones de una grave enfermedad. Las negociaciones se reanudaron abiertamente; hice correr la voz de que Trajano en persona me las había encomendado antes de morir. Suprimí de un trazo las conquistas peligrosas, no sólo la Mesopotamia donde no habríamos podido mantenernos, sino Armenia, demasiado excéntrica y lejana, que me limité a conservar en calidad de estado vasallo. Dos o tres dificultades, que hubieran prolongado por años una conferencia de paz si los principales interesados hubieran tenido interés en dilatarla, fueron allanadas gracias a la habilidad del comerciante Opramoas, que gozaba de la confianza de los sátrapas. Traté  de infundir a aquellas negociaciones todo el ardor que otros reservan para el campo de batalla; forcé la paz. La parte contraria la deseaba por lo menos tanto como yo mismo; los partos sólo pensaban en reabrir sus rutas comerciales entre la India y nosotros. Pocos meses después de la gran crisis, tuve la alegría de ver formarse otra vez a orillas del Oronte la hilera de caravanas; los oasis se repoblaban de mercaderes que comentaban las noticias a la luz de las hogueras y que cada mañana, al cargar sus mercaderías para transportarlas a países desconocidos, cargaban también cierto número de ideas, de palabras, de costumbres bien nuestras, que poco a poco se apoderarían del globo con mayor seguridad que las legiones en marcha. La circulación del oro, el paso de las ideas, tan sutil como el del aire vital en las arterias; el pulso de la tierra volvía a latir.”

 

Memorias de Adriano / Marguerite Yourcenar – Ed. Salvat
 Memorias de Adriano en Wikipedia
Memorias de Adriano en las Bibliotecas UPM