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#hoyleemos: “Cometas en el cielo” de Khaled Hosseini

 

 “Cruzamos el río y nos dirigimos hacia el norte a través de la transitada plaza de Pastunistán. Baba solía llevarme allí al restaurante Khyber a comer kabob. El edificio seguía en pie, pero las puertas estaban cerradas con candado, las ventanas destrozadas y en el cartel faltaban las letras “K” y “R”.

Había un cadáver delante del restaurante. Lo habían ahorcado. Era un hombre joven. Estaba colgado del extremo de una viga, tenía la cara hinchada y azul y las prendas que había vestido el último día de su vida estaban hechas jirones y ensangrentadas. Parecía que nadie advertía su presencia.

Atravesamos la plaza sin cruzar palabra y nos encaminamos hacia el barrio de Wazir Akbar Kan. Por dondequiera que mirase veía una nube de polvo cubriendo la ciudad. Varias manzanas al norte de la plaza de Pastunistán, Farid señaló a dos hombres que charlaban animadamente en una concurrida esquina. Uno de ellos cojeaba de una pierna. La otra estaba amputada por debajo de la rodilla. En las manos sujetaba una pierna ortopédica.

— ¿Sabes lo que están haciendo? Regatear el precio de la pierna.
— ¿Está vendiéndole su pierna?

Farid hizo un gesto afirmativo con la cabeza.

— En el mercado negro puede obtenerse un buen dinero por ella. El suficiente para alimentar a los hijos durante dos semanas.”

Cometas en el cielo / Khaled Hosseini  — Ed. salamandra
Cometas en el cielo en Wikipedia
Cometas en el cielo en las Bibliotecas UPM

#hoyleemos: “Trainspotting” de Irvine Welsh

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“Dentro de la pequeña capilla adosada al crematorio, el sacerdote dio una pequeña perorata sobre Matty. Aquella mañana tenía muchos asados por hacer y no podía permitirse el lujo de perder tiempo. Unos cuantos comentarios rápidos, un par de himnos, uno o dos rezos y el clic de un interruptor que envía el cadáver al incinerador. Unos cuantos más, y habría terminado su turno.

“Para quienes estamos reunidos hoy aquí, Matthew Connell desempeño distintos papeles en nuestras vidas. Matthew fue hijo, hermano, padre y amigo. Los últimos días de la joven vida de Matthew fueron crudos y dolorosos. No obstante, debemos recordar al verdadero Matthew, un joven afectuoso con grandes deseos de vivir. Músico entusiasta, Matthew gustaba de entretener a los amigos con su guitarra…”

Renton no pudo encontrarse con los ojos de Spud, que estaba de pie junto a él en el banco, mientras le entraba una risa nerviosa. Matty era el guitarrista más mierdero que jamás conoció, y sólo podía tocar el “Roadhouse Blues” de los Doors y algunos temas de los Clash y Status Quo con cierta maestría. Se esforzó mucho para aprenderse el riff de “Clash City Rockers”, pero nunca pudo dominarlo del todo. Y sin embargo, Matty adoraba aquella Fender Strat. Fue la última cosa que vendió, aferrándose a ella después de colocar el amplificador a fin de llenarse las venas de mierda…”

 Trainspotting / Irvine Welsh — Ed. Anagrama
Trainspotting en las Bibliotecas UPM
Trainspotting en Wikipedia

#hoyleemos: “El lector” de Bernhard Schlink

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Desde aquellas noches que pasamos juntos durante el viaje, todas las noches anhelaba sentirla a mi lado, acurrucarme junto a ella, rozar su trasero con mi vientre y su espalda con mi pecho, poner la mano en sus pechos, despertarme en plena noche y buscarla con el brazo, encontrarla, cruzar una pierna entre las suyas y reposar la cara contra su hombro. Una semana solo en casa equivalía a siete noches con Hanna.

Una tarde la invité a cenar a casa. La recuerdo en la cocina mientras yo daba los últimos toques a la cena; en el hueco de la puerta mientras yo sacaba la cena al comedor; sentada a la mesa redonda, en el lugar habitual de mi padre. Lo miraba todo.

Su mirada registraba todos los detalles,  los muebles del siglo pasado, el piano de cola, el viejo reloj de péndulo, los cuadros, las estanterías llenas de libros, la vajilla y los cubiertos en la mesa. La dejé sola un momento para acabar de preparar el postre, y al volver no la encontré sentada a la mesa. Había ido recorriendo habitación tras habitación, y ahora estaba en el despacho de mi padre. Me apoyé silenciosamente contra el marco de la puerta y me quedé mirándola. Ella paseaba la mirada por las estanterías de libros que colmaban las paredes; era como si estuviese leyendo un texto. Luego se dirigió a una estantería, pasó lentamente el dedo índice de la mano derecha, a la altura de su pecho, por los lomos de los libros, pasó a la estantería siguiente, pasó el dedo otra vez, lomo tras lomo, y así recorrió toda la habitación…”

El lector/ Bernhard Schlink — Anagrama
El lector en las Bibliotecas UPM
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