Archivo de la categoría: libros

#hoyleemos: “Bilbao – New York – Bilbao” de Kirmen Uribe

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“Cuando me enseñó la biblioteca, José puso en mis manos su pieza más preciada. Era una carta de Neruda, dirigida al poeta Gabriel Celaya. La carta era muy cariñosa. Para terminar le decía a Celaya que quizás no volverían a verse, pero no importaba. Que se verían cada vez que un chileno y un vasco se encontraran.

En la fiesta nos reunimos unas cuantas personas, la mayoría escritores. Entre ellas el profesor Mark Rudman, los poetas Marie Ponsot y Philis Levin y el director de cine Vojtech Jasny.

Mark me habló de su mujer, que no era del mundo de las letras, sino matemática. “Nos llevamos estupendamente, lo que yo no tengo lo tiene ella y al revés.” Me reí antes de explicarle que Nerea también trabajaba con los números. Trabaja en un banco. Y le conté que un cliente, cada vez que ella lo atiende, le entrega un papelito con palabras antiguas escritas en él. “Hace tiempo que no he oído esta palabra”, le dice, y a continuación le pide a Nerea que la guarde. El marino retirado le lleva palabras, refranes, nombres de peces. En el sitio donde se guarda el dinero él pone a salvo las palabras antiguas.” 

Bilbao – New York – Bilbao / Kirmen Uribe — Ed. Seix Barral
Premio Nacional de Narrativa 2009
Kirmen Uribe en Wikipedia 

#hoyleemos: “El viejo y el mar” de Ernest Hemingway

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“Era un viejo que pescaba solo en una barca en la corriente del Golfo y llevaba ochenta y cuatro días sin coger un pez. Durante los primeros cuarenta días había tenido consigo a un muchacho. Pero después de cuarenta días sin haber pescado, los padres del muchacho le habían dicho que el viejo estaba definitiva y rematadamente “salao”, que es la peor forma del infortunio, y por orden de sus padres el muchacho había salido en otro bote que en la priemra semana cogió tres buenos peces. Entristecía al muchacho ver al viejo regresar todos los días con su barca vacía, y siempre se acercaba a ayudarle a cargar los rollos de sedal o el bichero y el arpón y la vela arrollada al mástil. La vela estaba remendada con sacos de harina y, arrollada, parecía la bandera de la derrota permanente.

El viejo era flaco y desgarbado, con arrugas profundas en la parte posterior del cuello. Sus mejillas mostraban las pardas manchas del beningo cáncer de piel que en el mar tropical produce el sol con sus reflejos. Estas manchas corrían por los lados de su cara hasta bastante abajo y sus manos tenían las profundas cicatrices que causa la manipulación de los cabos al faenar con peces grandes. Pero ninguna de estas cicatrices era reciente. Eran tan viejas como las erosiones de un árido desierto.

Todo en él era viejo, salvo sus ojos…” 

El viejo y el mar / Ernest Hemingway — Ed. DeBOLSILLO
El viejo y el mar en Wikipedia
El viejo y el mar en las Bibliotecas UPM
 

#hoyleemos: “El cartero de Neruda” de Antonio Skármeta

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— ¡Metáforas, hombre!
— ¿Qué son esas cosas?

El poeta puso una mano sobre el hombro del muchacho.

— Para aclarártelo más o menos imprecisamente, son modos de decir una cosa comparándola con otra.
— Deme un ejemplo.

Neruda miró su reloj y suspiró.

— Bueno, cuando tú dices que el cielo está llorando. ¿Qué es lo que quieres decir?
— ¡Qué fácil! Que está lloviendo.
— Bueno, eso es una metáfora.
— Y ¿por qué, si es una cosa tan fácil, se llama tan complicado?
— Porque los nombres no tienen nada que ver con la simplicidad o complicidad de las cosas. Según tu teoría, una cosa chica que vuela no debiera tener un nombre tan largo como mariposa. Piensa que elefante tiene la misma cantidad de letras que mariposa y es mucho más grande y no vuela –concluyó Neruda exhausto. Con un resto de ánimo, le indicó a Mario el rumbo hacia la caleta. Pero el cartero tuvo la prestancia de decir:

— ¡P`tas que me gustaría ser poeta!
— ¡Hombre! En Chile todos son poetas. Es más original que sigas siendo cartero. Por lo menos caminas mucho y no engordas. En Chile todos los poetas somos guatones.

Neruda retomó la manilla de la puerta, y se disponía a entrar, cuando Mario mirando el vuelo de un pájaro invisible, dijo:

— Es que si fuera poeta podría decir lo que quiero.
— ¿Y qué es lo que quieres decir?
— Bueno, ése es justamente el problema, Que como no soy poeta, no puedo decirlo.

El vate se apretó las cejas sobre el tabique de la nariz.

— ¿Mario?
— ¿Don Pablo?
— Voy a despedirme y a cerrar la  puerta.
— Sí, don Pablo.
— Hasta mañana.
— Hasta mañana.

Neruda detuvo la mirada sobre el resto de las cartas, y luego entreabrió el portón. El cartero estudiaba las nubes con los brazos cruzados sobre el pecho… 

El cartero de Neruda / Antonio Skármeta — Ed. DeBOLS!LLO
El cartero de Neruda en Wikipedia
El cartero de Neruda en las Bibliotecas UPM