Archivos del Autor: Pedro Peinado

Mi maravillosa librería, Petra Hartlieb

Cubierta de Mi maravillosa librería, Petra HartliebMi maravillosa librería
Petra Hartlieb
Cáceres: Periférica, 2015
Meine wundervolle Buchhandlung (2010)

Petra Hartlieb y su marido viven, junto a sus dos hijos, en Hamburgo y gozan de una envidiable estabilidad laboral (ella es crítica literaria y él trabaja como directivo de marketing en una editorial) cuando un sueño se interpone en su camino. En un viaje de vacaciones a Viena, donde Petra nació, unos conocidos les plantean la posibilidad de comprar una librería. Una librería algo apartada del centro, pero de la que tienen buenas referencias en cuanto al funcionamiento con el anterior propietario. De modo que el matrimonio se empieza a plantear la posibilidad de comprarla, lo piensan no demasiado y finalmente deciden hacerlo. Abandonan sus empleos, su vida en el norte de Alemania, su estabilidad y se lanzan a la aventura de cumplir el sueño de todo lector y amante de los libros: montar una librería propia.

Pero no será nada fácil. De hecho la novela trata sobre todas las dificultades y la inmensa cantidad de trabajo que requiere mantener un negocio así, nada que ver, en realidad, con la visión idealizada que uno puede tener sobre el asunto. Tienen que compartir el piso de unos amigos mientras terminan las obras de la vivienda que hay sobre la librería, lidiar con una niña muy pequeña y un adolescente poco dispuesto a cambiar de vida, atender distribuidores, hacer clientes, ordenar cajas y cajas de libros, contratar personal, instalar un sistema informático que no se colapse cada poco, ir a presentaciones, sobrevivir a la Navidad… y, cómo no, luchar, con tesón y toneladas de imaginación, contra el gran rival, el monstruo devorador: Amazon.

Uno acaba agotado solo de leer, pero al mismo tiempo feliz de que la librería prospere (en Viena debe de haber más compradores de libros que aquí) y hoy en día sea una de las librerías más populares de Viena (sí, es una historia real y aquí se puede visitar la web de Hartliebs Bücher).

El caminante, Jiro Taniguchi

Cubierta de El caminante, Jiro TaniguchiEl caminante : edición definitiva
Jiro Taniguchi
[Rasquera (Tarragona)] : Ponent Mon, cop. 2015

El caminante, de Jiro Taniguchi, uno de los maestros del manga, invita a meterse en los zapatos de su protagonista y a salir con él por los barrios y jardines de una pequeña ciudad japonesa, ver lo que él ve, respirar los mismos perfumes, acariciar las cosas que él toca y a disfrutar de la belleza que se desprende de ciertos momentos, sin prisa ni la cabeza llena de problemas. Librándose de cargas y equipajes para poder plantarse leve ante lo cotidiano con serenidad, sosegadamente, y poder disfrutar de ello, y poder soñar. Él camina en silencio, sólo a veces acompañado de su perro, sintiendo un enorme respeto por cuanto le rodea. Seguir los pasos del protagonista a lo largo de sus relatos, en los que aparentemente no pasa nada, conlleva un aprendizaje: el de saber vivir.

El personaje observa, escucha, interviene, busca complicidades, se deja llevar. Es como si estuviera en armonía con lo que le rodea, como si hubiera conectado con el ritmo del oleaje, con el ritmo del viento, con el transcurso de la vida. Mira con atención los pájaros, como si hubiera mucho que aprender de su sostenerse en el aire. Devuelve al mar una caracola encontrada en su jardín porque es lo natural y cada cosa ha de estar en su sitio. Trepa a un árbol para rescatar el avión de una pandilla de niños y, una vez arriba, se queda a contemplar la tarde. Hunde la mano entre la hojarasca de un cerezo cuya sombra, acaba de descubrir, está llena de significados para otra persona.

Instantes poéticos, placidez, intensidad emocional, unos dibujos felices (cuando feliz significa hermoso) que lo ocupan todo y el texto apenas tiene cabida ni es necesario. Unas historias por cuyo sendero se camina en silencio.

Viñeta de El caminante, Jiro Taniguchi

Jiro Taniguchi nace en la prefectura de Tottori, Japón, en 1947. Con el primer volumen de “Barrio lejano” obtuvo en 2003 el premio Alph´Art en el Salón de Angoulême. Otras obras suyas son “El gourmet solitario” y “El almanaque de mi padre”.

Haciendo planes. Karmelo C. Iribarren

Cubierta de Haciendo planes, Karmelo C. Iribarren

Haciendo planes
Karmelo C. Iribarren
Sevilla: Renacimiento, 2016

No hay que dejarse engañar por las palmeras de la portada ni por el título del reciente libro de Karmelo C. Iribarren, pues no hay en él islas paradisíacas, ni viajes, ni paquetes de vacaciones. La poesía de Karmelo sigue siendo la misma a la que nos tiene acostumbrados, y los temas por los que transita también. Aunque me da la impresión de que algo más de luz se ha colado esta vez por debajo de la puerta.

Los poemas de Karmelo C. Iribarren son breves, limpios, fulgurantes. Parece que van a ras de suelo y de pronto te saltan a la garganta. Dicen a las claras, entran fácil como un licor dulce; cuando uno quiere darse cuenta ya está atrapado.

La lluvia abre la colección. Una lluvia, omnipresente en el imaginario del autor, que aporta el tono adecuado de melancolía. Personificada muchas veces, acompañando, del mismo modo que otros elementos del paisaje que aparecen más adelante: acacias y árboles que murmuran como cualquiera en la cafetería, el mar que conversa pero a su manera, un rayo de sol tumbado como un perro debajo de la mesa, el horizonte que se ruboriza al atardecer porque ha dicho mentiras durante el día…

La inclemencia del tiempo, de la vida, persigue o es perseguida por este poeta del abrigo y la cara de frío. ¿Se sentirá cómodo así porque es más fácil soñar bajo el influjo del invierno?

Y qué bella la mirada que indaga en lo que pasa desapercibido, lo que no tiene entidad suficiente para despertar a los que van deprisa. Karmelo pone su poesía al servicio de una triste bolsa de plástico que no remonta el vuelo, de una llovizna que no merece que alguien abra su paraguas, de un fulano que entra en un bar y habla del tiempo. Porque hay quien piensa, como él, que hay cosas pequeñas que salvan un instante -o incluso una mañana entera, o casi- de nuestra vida: la mirada de una mujer en el autobús, un olor que te recuerda un trozo de la infancia, la poesía cuando llega.

El recuerdo de la infancia, el amor con dolor y relámpago, el paso del tiempo, lo poco que se puede esperar del futuro son algunos temas de esta poesía. Tratados con humor tragicómico y con melancolía, pero también con gran belleza y algo, un intento al menos, de esperanza. Tal vez no haya escapatoria, es verdad, la vida tiene esas cosas, pero ¿quién lo sabe a ciencia cierta?

Cervantes: Rinconete y Cortadillo (III)

Portada de Rinconete y Cortadillo de la primera edición de Novelas ejemplares, Madrid, 1613.Diéronselas luego, y la Escalanta, quitándose un chapín, comenzó a tañer en él como en un pandero; la Gananciosa tomó una escoba de palma nueva, que allí se halló acaso, y, rascándola, hizo un son que, aunque ronco y áspero, se concertaba con el del chapín.

Monipodio rompió un plato y hizo dos tejoletas, que, puestas entre los dedos y repicadas con gran ligereza, llevaba el contrapunto al chapín y a la escoba.

Espantáronse Rinconete y Cortadillo de la nueva invención de la escoba, porque hasta entonces nunca la habían visto. Conociólo Maniferro y díjoles:

 -¿Admíranse de la escoba? Pues bien hacen, pues música más presta y más sin pesadumbre, ni más barata, no se ha inventado en el mundo; y en verdad que oí decir el otro día a un estudiante que ni el Negrofeo, que sacó a la Arauz del infierno; ni el Marión, que subió sobre el delfín y salió del mar como si viniera caballero sobre una mula de alquiler; ni el otro gran músico que hizo una ciudad que tenía cien puertas y otros tantos postigos, nunca inventaron mejor género de música, tan fácil de deprender, tan mañera de tocar, tan sin trastes, clavijas ni cuerdas, y tan sin necesidad de templarse; y aun voto a tal, que dicen que la inventó un galán desta ciudad, que se pica de ser un Héctor en la música.

 

Rinconete y Cortadillo en la Biblioteca UPM

 

Cervantes. Rinconete y Cortadillo (II)

Portada de Rinconete y Cortadillo de la primera edición de Novelas ejemplares, Madrid, 1613.

Ida la vieja, se sentaron todos alrededor de la estera, y la Gananciosa tendió la sábana por manteles; y lo primero que sacó de la cesta fue un grande haz de rábanos y hasta dos docenas de naranjas y limones, y luego una cazuela grande llena de tajadas de bacallao frito. Manifestó luego medio queso de Flandes, y una olla de famosas aceitunas, y un plato de camarones, y gran cantidad de cangrejos, con su llamativo de alcaparrones ahogados en pimientos, y tres hogazas blanquísimas de Gandul. Serían los del almuerzo hasta catorce, y ninguno dellos dejó de sacar su cuchillo de cachas amarillas, si no fue Rinconete, que sacó su media espada. A los dos viejos de bayeta y a la guía tocó el escanciar con el corcho de colmena.

 

Rinconete y Cortadillo en la Biblioteca UPM

 

Cervantes. Rinconete y Cortadillo (I)

Portada de Rinconete y Cortadillo de la primera edición de Novelas ejemplares, Madrid, 1613.-Pues de aquí adelante -respondió Monipodio- quiero y es mi voluntad que vos, Rincón, os llaméis Rinconete, y vos, Cortado, Cortadillo, que son nombres que asientan como de molde a vuestra edad y a nuestras ordenanzas, debajo de las cuales cae tener necesidad de saber el nombre de los padres de nuestros cofrades, porque tenemos de costumbre de hacer decir cada año ciertas misas por las ánimas de nuestros difuntos y bienhechores, sacando el estupendo para la limosna de quien las dice de alguna parte de lo que se garbea y estas tales misas, así dichas como pagadas, dicen que aprovechan a las tales ánimas por vía de naufragio; y caen debajo de nuestros bienhechores el procurador que nos defiende, el guro que nos avisa, el verdugo que nos tiene lástima, el que, cuando uno de nosotros va huyendo por la calle y detrás le van dando voces: "¡Al ladrón, al ladrón! ¡Deténganle, deténganle!", se pone en medio y se opone al raudal de los que le siguen, diciendo: "¡Déjenle al cuitado, que harta malaventura lleva! ¡Allá se lo haya; castíguele su pecado!" Son también bienhechoras nuestras las socorridas que de su sudor nos socorren, ansí en la trena como en las guras; y también los son nuestros padres y madres, que nos echan al mundo, y el escribano, que si anda de buena no hay delito que sea culpa ni culpa a quien se dé mucha pena; y por todos estos que he dicho hace nuestra hermandad cada año su adversario con la mayor popa y soledad que podemos.

 

Rinconete y Cortadillo en la Biblioteca UPM

 

Fuerza menor. Javier Puche

Cubierta de Fuerza menor, Javier PucheFuerza menor
Javier Puche
Sevilla: La Isla de Siltolá, 2016

Fuerza menor es una estupenda colección de microrrelatos. Se abre con La incertidumbre, texto que, tal vez, sea el que da tono a los que vienen a continuación. En él, dos personajes despiertan a bordo de un hidropedal en medio del Mar Negro y se dan cuenta de que se han quedado dormidos por accidente y de que no tienen otra opción que seguir pedaleando. Seguir pedaleando sin rumbo, en medio de aguas oscuras, hacia ninguna parte… Y ese estar en ninguna parte, que es un poco la vida, esa incertidumbre, moja de negro el resto del libro. Situaciones y personajes insólitos, precisión del lenguaje, un ritmo bien temperado, atmósfera, humor a escala humana y un lirismo sin escalas cincelan los textos que componen la primera parte.

En la segunda encontramos seísmos -esa otra especie mínima alimentada únicamente por seis palabras- que son en la pluma de Javier Puche auténticas delicias envenenadas, pequeñas densidades cósmicas que funcionan en la imaginación del lector como relámpagos en la noche. No se sale indemne después de haber leído piezas como: Murmura palabras terribles el pez abisalTitubea por un instante la eternidad o Cayó un ángel en la telaraña.

Javier Puche es licenciado en Filología Hispánica y profesor de piano clásico. Fue crítico musical, corrector de estilo y guionista de televisión. Imparte clases en la Escuela Contemporánea de Humanidades (Madrid). Sus ficciones han obtenido diversos premios y figuran en antologías como Por favor, sea breve 2 (Páginas de Espuma, 2009), Velas al viento (Cuadernos del Vigía, 2010) o Mar de pirañas (Menoscuarto, 2012). Mantiene el blog literario Puerta Falsa. Es autor del libro Seísmos (Thule, 2011).

Material rodante, Gonzalo Maier

Cubierta de Material rodante, Gonzalo MaierMaterial rodante
Gonzalo Maier
Barcelona: Minúscula, 2015

Material rodante es un pequeño libro en el que el escritor chileno Gonzalo Maier ha ido anotando las impresiones, pensamientos y observaciones que le asaltaban mientras realizaba los 180 kilómetros de trayecto en tren entre las localidades de Lovaina (Bélgica) y Nimega (Holanda). Un trayecto repetido más o menos trescientas setenta veces por motivos de trabajo, exactamente igual cada semana, que le ha servido para detenerse en los pequeños detalles, pensar en lo que habitualmente pasa desapercibido, albergar la esperanza de lo inesperado, reflexionar, entre otras cosas, acerca de la noción de viaje. Viajar, dice, no consiste únicamente en trasladarse a un lugar lejano o exótico. Uno sale de viaje, si quiere, cada día de camino al trabajo. Porque viajar consiste en mirar diferente.

Decía Cees Nooteboom, el escritor holandés, que su Japón es un Japón de libros. […] Mi Holanda no es una Holanda que haya descubierto leyendo novelas […] sino una Holanda estrictamente personal y privada. Una que me dedico a inventar arriba de un tren, aprendiendo a comer pan con queso gouda y a usar impermeables. Tal y como si este viaje fuera una novela. Una novela que no parece novela, tal como mi Holanda no se parece ni siquiera un poco a Holanda.

Y todo eso que mira el autor, todo lo que da carácter a su Holanda, a su Bélgica, a su viaje, está en este simpático libro, tan encantador como breve que nos hace reparar en los letreros y sus nombres de fantasía; los restaurantes y máquinas expendedoras situados en las estaciones; los baños públicos; las personas que viajan a nuestro lado y son (o no) siempre las mismas; y nos cuenta historias, como la del fuego amigo en la ciudad de Nimega o la del viaje que trajo la planta de la araucaria desde Chile a Europa.

La ilusión de dormir durante el viaje, me digo, es que uno siempre se podrá saltar el sufrimiento. Que se borrarán el tedio y el tiempo. Solo que a veces, pasándolos por alto, uno también pierde lo mejor.

Gonzalo Maier (Talcahuano, 1981) vive en Holanda. Ha publicado la novela breve Leyendo a Vila-Matas (2011).

El andén de nieve. Carlos Castán

Cubierta de Frío de vivir, Carlos CastánEl andén de nieve
En: Frío de vivir
Carlos Castán
Barcelona: Salamandra

Pocas cosas existen tan cargadas de magia como las palabras de un cuento.

Ana María Matute (Los cuentos vagabundos)

Uno aborda la lectura de este cuento subido a un tren: un tren de madera. En un tren de madera te puedes encontrar con un soldado alemán. Un soldado que te pida el pasaporte que no tienes y te invite, -él muy atento, las botas muy limpias- a saltar a la nieve. Del tren en marcha en medio de una Europa en guerra, en un bosque de niebla. Lo más fácil es que te tuerzas un tobillo.

Pero no -sigue el narrador- no, ya no, los trenes ya no se hacen así, sería demasiado incómodo para los viajeros. Las compañías ferroviarias han ido eliminando sin aviso esta clase de prodigios. No sería civilizado, se excusan, que un viajero corriente que tomase su tren en Leganés sufriera dos estaciones más allá el ataque de una tribu comanche.

Pero, ah, los cazadores de prodigios. ¿Iban a rendirse tan fácilmente? ¿Iban ellos a dejar de husmear en busca de indicios? ¿A dejar de acarrear sus maletas de ciudad en ciudad, a perder la esperanza un millón de veces para volver a recuperarla un instante después?

No seré yo quien niegue que en un vagón cualquiera hay mayoría de gente como usted y como yo, personas que se dirigen de una ciudad a otra, para cambiar de aires, asistir a funerales, retener amores o atender a la usura de sus negocios. Es cierto. Pero los seres de quienes hablo abundan más de lo que parece y lo que parece ya es bastante si se les sabe ver.

Cubierta de Frío de vivir, Carlos CastánAhí está, por ejemplo, el señor Segriá, amando kilómetros y kilómetros a una muchacha que a ratos quizás fuera también el larghetto de una sinfonía de Schumann. Y un poco más allá, Macario el ferroviario, perplejo ante la oportunidad única del andén de nieve.

¿Habiéndose topado con el prodigio, con el cambio de destino que el tren de la vida les propone, tendrán estos personajes suficiente valor para tomar la decisión correcta, la que les salve de la monotonía de sus existencias?

La solución en la próxima parada o en las páginas del cuento.

El andén de nieve pertenece al primer libro de cuentos de Carlos Castán, Frío de vivir (Zaragoza: Onagro Ediciones, 1997; Barcelona: Emecé, 1997; Barcelona: Editorial Salamandra, 1998).

Ha sido incluido en Perturbaciones, antología del relato fantástico español actual, 2009, editado por JJ. Muñoz Rengel.

Carlos Castán nació en Barcelona en 1960 y es licenciado en filosofía por la Universidad Autónoma de Madrid. También en su bibliografía figuran Museo de la soledad (2000), El aire que me espía (2005), Sólo de lo perdido (2008), Papeles dispersos (2009), Polvo en el neón (2013) y su primera novela La mala luz (2013).

Carpas para la Wehrmacht, Ota Pavel

Cubierta de Carpas para la Wehrmacht, Ota PavelCarpas para la Wehrmacht
Ota Pavel
Barcelona: Sajalín, 2015
Epílogo: Mariusz Szczygiel
Traducción: Kepa Uharte

Carpas para la Wehrmacht (publicado por primera vez en 1974) es una colección de relatos en la que el escritor y periodista deportivo checo Ota Pavel (1930-1973) recrea episodios de la vida de su padre, Leo Popper, un judío al que le tocó vivir los sinsabores de la Checoslovaquia ocupada por los nazis. Leo es un personaje encantador, de esos bohemios capaces de disfrutar durante horas de una tarde de pesca o de paladear durante meses el sabor imaginario de una mujer imposible. La belleza femenina, sí, pero además las carpas soñadas (ruborosas como lechones) de su querido río Berounka a su paso por Krivoklát; el color del cielo de Bustehrad; el perfume de los prados; la valentía de un buen perro cazador; la amistad del viejo balsero Karel Prosek.

El tío Prosek encabezaba la expedición con su sombrero de paja, después iba papá con su mata de pelo, luego Hugo, Jirka y yo. Llevábamos cañas largas: llegaban hasta las estrellas que habían aparecido en el firmamento. Con semejante vara quizá se podrían encender estrellas, igual que las lámparas de gas de la Ciudad Vieja.

Es astuto, seductor, fascinante negociante vendedor de tiras matamoscas que no matan moscas o de aspiradoras donde no llega la electricidad, un furtivo que cae bien a los de la Gestapo, un saltador olímpico de prohibiciones. Divierte leer sus aventuras, sufrir, enamorarse, perder muchas veces, ganar de vez en cuando en su compañía.

De repente una sombra oscura y ovoide pasó nadando por debajo de nosotros. Volvió. Una carpa. ¡Y qué carpa! Asomó su hocico redondo y tomó aire de la superficie. Después llegó otra. Parecían embriagadas, no les importaba lo más mínimo que estuviéramos allí, mirándolas. En cuestión de segundos, la superficie se llenó de carpas, y no dejaban de llegar más. En ese momento algo profundo y desconocido se apoderó de mi padre. Se arrodilló en el hielo, se arremangó y empezó a acariciar a las carpas en la cabeza y en el lomo y a arrullarlas.

Cubierta de Cómo llegué a conocer a los peces, Ota PavelOta Pavel escribió estos relatos (y el autobiográfico Cómo llegué a conocer a los peces, en el que reúne los recuerdos felices de su vida, siempre relacionados con la pesca, sinónimo de libertad) aquejado ya de una enfermedad mental grave, un trastorno bipolar del que no se recuperaría, pero que no le impidió dotar a su literatura de una alegría íntima, de un lirismo feliz capaz, en palabras del escritor napolitano Erri de Luca, de inducir “una lectura físicamente contagiosa que provoca un cosquilleo de euforia bajo la piel”.

De modo que las anguilas serían como poemas de los más talentosos poetas checos. Habría en ellas mar, luna, río, muerte. Y sol, al cual odian. En su interior, la enjundia del fasto, sus banquetes en noches lúgubres. En su interior el hambre del ayuno y de un peregrinaje sin fin.

1 3 4 5 6 7 10