Las ramas del azar, Constantino Molina Monteagudo

Cubierta de Las ramas del azar, Constantino Molina Monteagudo

Las ramas del azar
Constantino Molina Monteagudo
Madrid: Rialp, 2015

Si alguna vez callásemos
como callan los árboles, las nubes
y las piedras, podrían escucharse
los árboles, las nubes y las piedras.

Dejar hablar a los árboles, a las nubes, a las piedras. Para ello aprender a escuchar. Y para escuchar deshacerse de lo superfluo, del ritmo frenético, de los ruidos, de lo que brilla y no tiene mucho dentro. En Las ramas del azar, el poeta se desliga de todo esto para encontrar acomodo en un territorio en que la sencillez, las cosas esenciales dicen con apenas nada las importantes, aquello que es hondamente humano. Ese lugar y ese lenguaje es el de la naturaleza.

Por la serenidad de sus versos, entre la respiración calma con que alientan, surgen como desde siempre hojas y alas, montes y aguas, pájaros, fuego y sarmiento. Un fluir de palabras que dicen lo suyo, lo de todos, con humildad de arroyo entre piedras. Dicen la vida, lo irremplazable, lo preciso.

Poco a poco cercando el misterio de lo que está ahí de forma cotidiana y dejando que las palabras tracen caminos entre sí, no queriendo saber más que ellas, guiado por el canto del ruiseñor, Constantino Molina ha ido completando esta imprescindible colección de poemas.

Con Las ramas del azar, que ya obtuvo en 2014 el premio Adonáis, Constantino Molina (Albacete, 1985), ha sido galardonado con el Premio Nacional de Literatura en la modalidad de Poesía Joven “Miguel Hernández” correspondiente a 2016.

Mi maravillosa librería, Petra Hartlieb

Cubierta de Mi maravillosa librería, Petra HartliebMi maravillosa librería
Petra Hartlieb
Cáceres: Periférica, 2015
Meine wundervolle Buchhandlung (2010)

Petra Hartlieb y su marido viven, junto a sus dos hijos, en Hamburgo y gozan de una envidiable estabilidad laboral (ella es crítica literaria y él trabaja como directivo de marketing en una editorial) cuando un sueño se interpone en su camino. En un viaje de vacaciones a Viena, donde Petra nació, unos conocidos les plantean la posibilidad de comprar una librería. Una librería algo apartada del centro, pero de la que tienen buenas referencias en cuanto al funcionamiento con el anterior propietario. De modo que el matrimonio se empieza a plantear la posibilidad de comprarla, lo piensan no demasiado y finalmente deciden hacerlo. Abandonan sus empleos, su vida en el norte de Alemania, su estabilidad y se lanzan a la aventura de cumplir el sueño de todo lector y amante de los libros: montar una librería propia.

Pero no será nada fácil. De hecho la novela trata sobre todas las dificultades y la inmensa cantidad de trabajo que requiere mantener un negocio así, nada que ver, en realidad, con la visión idealizada que uno puede tener sobre el asunto. Tienen que compartir el piso de unos amigos mientras terminan las obras de la vivienda que hay sobre la librería, lidiar con una niña muy pequeña y un adolescente poco dispuesto a cambiar de vida, atender distribuidores, hacer clientes, ordenar cajas y cajas de libros, contratar personal, instalar un sistema informático que no se colapse cada poco, ir a presentaciones, sobrevivir a la Navidad… y, cómo no, luchar, con tesón y toneladas de imaginación, contra el gran rival, el monstruo devorador: Amazon.

Uno acaba agotado solo de leer, pero al mismo tiempo feliz de que la librería prospere (en Viena debe de haber más compradores de libros que aquí) y hoy en día sea una de las librerías más populares de Viena (sí, es una historia real y aquí se puede visitar la web de Hartliebs Bücher).

El caminante, Jiro Taniguchi

Cubierta de El caminante, Jiro TaniguchiEl caminante : edición definitiva
Jiro Taniguchi
[Rasquera (Tarragona)] : Ponent Mon, cop. 2015

El caminante, de Jiro Taniguchi, uno de los maestros del manga, invita a meterse en los zapatos de su protagonista y a salir con él por los barrios y jardines de una pequeña ciudad japonesa, ver lo que él ve, respirar los mismos perfumes, acariciar las cosas que él toca y a disfrutar de la belleza que se desprende de ciertos momentos, sin prisa ni la cabeza llena de problemas. Librándose de cargas y equipajes para poder plantarse leve ante lo cotidiano con serenidad, sosegadamente, y poder disfrutar de ello, y poder soñar. Él camina en silencio, sólo a veces acompañado de su perro, sintiendo un enorme respeto por cuanto le rodea. Seguir los pasos del protagonista a lo largo de sus relatos, en los que aparentemente no pasa nada, conlleva un aprendizaje: el de saber vivir.

El personaje observa, escucha, interviene, busca complicidades, se deja llevar. Es como si estuviera en armonía con lo que le rodea, como si hubiera conectado con el ritmo del oleaje, con el ritmo del viento, con el transcurso de la vida. Mira con atención los pájaros, como si hubiera mucho que aprender de su sostenerse en el aire. Devuelve al mar una caracola encontrada en su jardín porque es lo natural y cada cosa ha de estar en su sitio. Trepa a un árbol para rescatar el avión de una pandilla de niños y, una vez arriba, se queda a contemplar la tarde. Hunde la mano entre la hojarasca de un cerezo cuya sombra, acaba de descubrir, está llena de significados para otra persona.

Instantes poéticos, placidez, intensidad emocional, unos dibujos felices (cuando feliz significa hermoso) que lo ocupan todo y el texto apenas tiene cabida ni es necesario. Unas historias por cuyo sendero se camina en silencio.

Viñeta de El caminante, Jiro Taniguchi

Jiro Taniguchi nace en la prefectura de Tottori, Japón, en 1947. Con el primer volumen de “Barrio lejano” obtuvo en 2003 el premio Alph´Art en el Salón de Angoulême. Otras obras suyas son “El gourmet solitario” y “El almanaque de mi padre”.

Haciendo planes. Karmelo C. Iribarren

Cubierta de Haciendo planes, Karmelo C. Iribarren

Haciendo planes
Karmelo C. Iribarren
Sevilla: Renacimiento, 2016

No hay que dejarse engañar por las palmeras de la portada ni por el título del reciente libro de Karmelo C. Iribarren, pues no hay en él islas paradisíacas, ni viajes, ni paquetes de vacaciones. La poesía de Karmelo sigue siendo la misma a la que nos tiene acostumbrados, y los temas por los que transita también. Aunque me da la impresión de que algo más de luz se ha colado esta vez por debajo de la puerta.

Los poemas de Karmelo C. Iribarren son breves, limpios, fulgurantes. Parece que van a ras de suelo y de pronto te saltan a la garganta. Dicen a las claras, entran fácil como un licor dulce; cuando uno quiere darse cuenta ya está atrapado.

La lluvia abre la colección. Una lluvia, omnipresente en el imaginario del autor, que aporta el tono adecuado de melancolía. Personificada muchas veces, acompañando, del mismo modo que otros elementos del paisaje que aparecen más adelante: acacias y árboles que murmuran como cualquiera en la cafetería, el mar que conversa pero a su manera, un rayo de sol tumbado como un perro debajo de la mesa, el horizonte que se ruboriza al atardecer porque ha dicho mentiras durante el día…

La inclemencia del tiempo, de la vida, persigue o es perseguida por este poeta del abrigo y la cara de frío. ¿Se sentirá cómodo así porque es más fácil soñar bajo el influjo del invierno?

Y qué bella la mirada que indaga en lo que pasa desapercibido, lo que no tiene entidad suficiente para despertar a los que van deprisa. Karmelo pone su poesía al servicio de una triste bolsa de plástico que no remonta el vuelo, de una llovizna que no merece que alguien abra su paraguas, de un fulano que entra en un bar y habla del tiempo. Porque hay quien piensa, como él, que hay cosas pequeñas que salvan un instante -o incluso una mañana entera, o casi- de nuestra vida: la mirada de una mujer en el autobús, un olor que te recuerda un trozo de la infancia, la poesía cuando llega.

El recuerdo de la infancia, el amor con dolor y relámpago, el paso del tiempo, lo poco que se puede esperar del futuro son algunos temas de esta poesía. Tratados con humor tragicómico y con melancolía, pero también con gran belleza y algo, un intento al menos, de esperanza. Tal vez no haya escapatoria, es verdad, la vida tiene esas cosas, pero ¿quién lo sabe a ciencia cierta?

Cervantes: Rinconete y Cortadillo (III)

Portada de Rinconete y Cortadillo de la primera edición de Novelas ejemplares, Madrid, 1613.Diéronselas luego, y la Escalanta, quitándose un chapín, comenzó a tañer en él como en un pandero; la Gananciosa tomó una escoba de palma nueva, que allí se halló acaso, y, rascándola, hizo un son que, aunque ronco y áspero, se concertaba con el del chapín.

Monipodio rompió un plato y hizo dos tejoletas, que, puestas entre los dedos y repicadas con gran ligereza, llevaba el contrapunto al chapín y a la escoba.

Espantáronse Rinconete y Cortadillo de la nueva invención de la escoba, porque hasta entonces nunca la habían visto. Conociólo Maniferro y díjoles:

 -¿Admíranse de la escoba? Pues bien hacen, pues música más presta y más sin pesadumbre, ni más barata, no se ha inventado en el mundo; y en verdad que oí decir el otro día a un estudiante que ni el Negrofeo, que sacó a la Arauz del infierno; ni el Marión, que subió sobre el delfín y salió del mar como si viniera caballero sobre una mula de alquiler; ni el otro gran músico que hizo una ciudad que tenía cien puertas y otros tantos postigos, nunca inventaron mejor género de música, tan fácil de deprender, tan mañera de tocar, tan sin trastes, clavijas ni cuerdas, y tan sin necesidad de templarse; y aun voto a tal, que dicen que la inventó un galán desta ciudad, que se pica de ser un Héctor en la música.

 

Rinconete y Cortadillo en la Biblioteca UPM

 

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