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Ghost in the shell, el anime

¿Y puedes ofrecerme pruebas de tu existencia? ¿Cómo puedes, cuando ni la ciencia moderna ni la filosofía pueden explicar qué es la vida?

Se denomina ciberpunk al subgénero de la ciencia ficción caracterizado por presentar futuros distópicos hipertecnificados. En ellos, el ser humano vive en megaurbes degradadas, las grandes corporaciones luchan por el poder y el mundo sufre las consecuencias de la sobreexplotación de recursos, las guerras y el mal uso de la energía nuclear.

El ciberpunk nació como corriente literario-cinematográfica a principios de los años 80. Sin embargo, habría que esperar hasta 1995 para que fuera estrenada la que hoy es considerada una de las obras maestras del género. Nos referimos a la imprescindible Ghost in the shell, anime dirigido por Mamoru Oshii basado en el manga del mismo título de Masamune Shirow.

Ghost in the shell se ambienta en el año 2029, cuando los avances tecnológicos han hecho posible la mejora y reparación del cuerpo humano hasta límites impensables para nosotros. Algo, en principio, muy positivo pero que tiene un grave inconveniente. Y es que, al igual que sucede con las computadoras, los híbridos humano-máquina (cíborgs) son susceptibles de ser pirateados, como bien sabe el “Titiritero”. Un habilidoso hacker que, mediante la manipulación cerebral, consigue que otros cometan por él actos de ciberterrorismo con el fin de alterar el orden mundial.

– El “Titiritero”… ¿Es el hacker fantasma, no?

– Todos creen que se trata de un americano. Su edad, sexo, historia personal… Todo sobre él se desconoce. Desde el invierno pasado ha estado operando en la Comunidad Europea. Es buscado internacionalmente por varios cargos como manipulación de información, espionaje, ingeniería política, terrorismo, y violación de la privacidad ciber-cerebral.

Al comenzar Ghost in the shell, el escurridizo “Titiritero” está siendo perseguido por la Sección 9. Unidad de la policía japonesa especializada en la investigación de delitos informáticos, este cuerpo de seguridad tiene por jefa de asalto a la mayor Motoko Kusanagi.

Debido a razones que no se nos explican, Kusanagi sólo conserva de su ser original una pequeña parte del cerebro (aquella en la reside su autoconsciencia o ghost). Un diminuto cúmulo neuronal que se ha introducido en un cuerpo robótico (shell). De ahí el título de la película. Y de ahí la compleja personalidad de la mayor, quien duda de su humanidad y se siente aprisionada en un caparazón que, aunque la mantiene con vida, rechaza.

Así como son muchas las partes que definen a un ser humano como tal se necesita un gran número de cosas para conformar a un individuo. Un rostro para distinguirte de los demás. Una voz de la que tú mismo no eres consciente. La mano que observas cada vez que despiertas. Las memorias de la infancia, la conciencia del futuro. Pero eso no es todo. Existe una vasta red de datos a la cual mi cíber-cerebro puede acceder. Todo eso es lo que me constituye, dando origen a una conciencia que puedo llamar “yo”. Y a la vez me confina dentro de mis propios límites.

Pasa el tiempo y el “Titiritero” sigue sin ser capturado. Mientras tanto, Motoko se ha obsesionado con la idea de que, al ser capaz de invadir los cíborgs sin perder su identidad, el hacker podría enseñarle a trascender la materia conservando su yo. Tal creencia, y la certeza de que el enigmático personaje intenta contactar con ella, la llevan a unirse a Batou, su fiel camarada, para iniciar una investigación secreta que desembocará en un impactante descubrimiento.

Simplemente fascinante. Así es Ghost in the shell. Película densa, dotada de una profunda carga filosófica, que, más allá de sus escenas de acción y sus efectos especiales, nos ofrece imágenes para el recuerdo. Como esa en la que el escultural shell de la mayor Kusanagi emerge del líquido donde se ha montado mientras suena una enigmática canción tradicional japonesa.

Ghost in the shell en la Biblioteca UPM

Beatriz Teresa Álvarez Arias

No creo poder tocar el cielo con las manos. Safo

HABLEMOS DE SAFO, NUESTRA SEÑORA DE LESBOS

Venga, lira mía

de caja de tortuga,

dime, cobra voz.

Corría el s. VII a. de C. cuando en la isla griega de Lesbos nació una niña destinada a la inmortalidad. Aquella damita recibió el nombre de Safo y, bendecida por las Musas, llegaría a convertirse en una de las grandes figuras de la lírica de la antigüedad.

Yacerás muerta, y de ti no quedará ningún recuerdo

en los tiempos a venir, pues no tienes tu parte

de las rosas de Pieria. Vagarás desapercibida

por la mansión de Hades, entre las sombras de los muertos.

Como la manzana dulce

que enrojece en lo alto de una rama,

en lo alto más alto,

y se la dejan los cosechadores;

o no, no se la dejan,

Es que no pueden alcanzarla.

Para muchos Safo es, simple y llanamente, la poetisa del amor entre mujeres. Para mí es algo más: la ferviente devota de Afrodita que cantó a la sensualidad y al deseo, a la melancolía y la belleza.

‘Safo y Erinna en un jardín en Mytilene’ (Simeon Solomon, 1864). Fuente: Wikimedia Commons (https://bit.ly/3uNnI7g).

Afrodita inmortal de trono cincelado,

hija de Zeus, urdidora de engaños, te ruego

no domeñes con ansias ni desasosiegos

mi corazón, señora; . . .

Me parece igual a los dioses

el hombre que se sienta enfrente de ti

y te escucha de cerca cuando hablas

con ternura

y cuando ríes seductora. Entonces

el corazón me tiembla dentro del pecho

pues en cuanto te miro no me sale

ni un hilo de voz, . . .

Yo amo la delicadeza. Esto,

el amor reluciente por el sol, y la belleza,

me han tocado en suerte.

Todos los poemas recogidos en este texto han sido tomados de:

SAFO (2017). ‘No creo poder tocar el cielo con las manos’. Poesía portátil. Penguin Random House. Barcelona.

Un libro cuya lectura recomiendo.

Safo en la Biblioteca UPM

Beatriz Teresa Álvarez Arias

El jardín secreto de Virginia Woolf. Lady Desidia

Cubierta de El jardín secreto de Virginia Woolf, Lady Desidia

Barcelona : Lunwerg Editores, 2020

La señora Dalloway dijo que ella misma compraría las flores. Porque Lucy ya tenía suficiente trabajo.

Virginia Woolf (1925), La señora Dalloway.

Muchos son los libros publicados hasta la fecha sobre Virginia Woolf. Ahora bien, probablemente ninguno de ellos sea tan especial como El jardín secreto de Virginia Woolf (Lunwerg Editores, 2020). Un original ensayo por cuyas páginas desfilan tanto la escritora, como una serie de interesantes figuras femeninas relacionadas de alguna manera con ella. Y en más de un caso, también con la botánica. Algo que no debe sorprendernos, pues la autora e ilustradora de esta obra no es otra que Lady Desidia (Vanessa Borrell), artista conocida por sus delicadas representaciones de mujeres florales. Borrell suele pintar acuarelas, pero en este libro incluye, además, sanguinas, carboncillos e, incluso, fotografías de los bordados de su madre, consiguiendo así unos resultados realmente encantadores.

El jardín secreto comienza con un capítulo dedicado a Elizabeth Siddal (1829-1862). La frágil belleza de cabellera rojiza que, aunque cultivó la poesía y la pintura, hoy es recordada sobre todo por haber sido la musa y desgraciada esposa de Dante Gabriel Rossetti, el más carismático de los prerrafaelistas

Regina Cordium

Regina Cordium (Dante Gabriel Rossetti, 1860). Retrato de bodas de Elizabeth Sydall. Fuente: Wikimedia Commons (https://bit.ly/3el1iSo).

El Amor me sostiene a través del día,
Y en sueños me acompaña por las noches,
Ningún mal puede acechar mi vida,
Pues mi espíritu es ligero como las flores.

Elizabeth Siddal (c. 1855), El paso del amor.

Vanguardia artística victoriana para la que la vegetación jugaba un importante papel simbólico, el prerrafaelismo influyó en la obra de la feminista y pintora Evelyn de Morgan (1855-1919).

Jane Burden (1839-1914) ha pasado a la posteridad como modelo y amante rosettiana, olvidándose por lo general que con su trabajo como diseñadora y bordadora en la Morris and Co., empresa cocreada por William Morris, su marido, contribuyó al éxito del Arts & Crafts. Movimiento que aspiraba a llevar el arte a todas las clases sociales y para el que la naturaleza, en general, y las flores, en particular, eran las mejores fuentes de inspiración.

Implicada en la lucha por los derechos sociales, May Morris (1862-1938) fue discípula aventajada de su madre y una gran artista textil cuyos diseños, basados en patrones vegetales, siguen teniendo un gran éxito.

Autora de embelesadores versos, que con frecuencia aluden a las flores, la torturada Christina Rossetti (1830-1894) es considerada una de las más destacadas poetisas de la Inglaterra victoriana.

Mientras las rosas son rojas,
mientras los lirios son tan blancos,
¿va una mujer a exaltar sus rasgos
sólo para brindar placer?

Christina Rossetti (1866), La belleza es vana.

El siglo XIX trajo consigo el cianotipo. Técnica de impresión monocroma utilizada por la fotógrafa, dibujante y botánica Anna Atkins (1799-1871) para ilustrar su Photographs of British Algae: Cyanotype Impresssions (1843-1853), el primer fotolibro del que tenemos constancia. Una obra en la que las imágenes fantasmales de las algas destacan sobre un fondo azul Prusia que recuerda al mar.

Photographs British Algae

Portada y una de las láminas de Photographs of British Algae. Fuente: The New York Public Library (Digital Collections) (https://on.nypl.org/3en0z35).

Atkins fue autora, junto con Anne Dixon, del Album of Cyanotypes of British and Foreign Ferns (Álbum de cianotipos de helechos británicos y extranjeros) (1953), cuya publicación coincidió con la pteridomanía o fiebre de los helechos. Curiosa enfermedad victoriana de la que no se libró ni la mismísima Charlotte Bronte.

Izquierda: Portada de Album of Cyanotypes of British and Foreign Ferns. Fuente: Science Museum Group (https://short.upm.es/5vu7z). Derecha: La recolectora de helechos (Charles Sillem Lidderdale, 1877). Fuente: Wikimedia Commons (https://short.upm.es/ctqjt)

Izquierda: Portada de Album of Cyanotypes of British and Foreign Ferns. Fuente: Science Museum Group (https://short.upm.es/5vu7z). Derecha: La recolectora de helechos (Charles Sillem Lidderdale, 1877). Fuente: Wikimedia Commons (https://short.upm.es/ctqjt)

Fotógrafa prerrafaelista conocida por sus retratos de mujeres y niños, Julia Margaret Cameron (1815-1879) tomó como musa a la bella Julia Prinsep Jackson. Su sobrina y madre de Virginia Woolf y Vanessa Bell (1879-1961). Esta última fue una artista plástica innovadora, que diseñó las cubiertas de los libros de su hermana, ayudó a introducir el impresionismo en Gran Bretaña y cofundó los Omega Workshops.

Vanessa vivió la mayor parte de su vida en Charleston (Sussex), una granja dotada de un jardín que reformó junto a su compañero, Duncan Grant. Aquí disfrutaba recibiendo a intelectuales, escritores y artistas como la excéntrica pintora Dora Carrington (1893-1932), que colaboró con ella.

La botánica y magnífica acuarelista Gertrude Jeckyll (1843-1932), quien trabajó para el ya mencionado William Morris, revolucionó el arte de la jardinería gracias a su conocimiento de los principios del Arts & Craft y a la aplicación de su teoría del color.

Curiosamente, habrá que esperar hasta llegar al final de El jardín secreto para leer el capítulo del libro dedicado a Adeline Virginia Stephen, más conocida como Virginia Woolf (1882-1941). La fascinante escritora y editora a la que Vanessa Borrell homenajea con su primera obra literaria, en la que su autora confiesa haber puesto ‘muchísimo amor’. Un trabajo sensible y refinado, muy bien documentado y escrito, cuya lectura y contemplación constituyen un auténtico placer.

Virginia Woolf y Vanessa Bell

Virginia Woolf (izquierda) y Vanessa Bell (derecha) de niñas, jugando al cricket en Talland House (1894). Fuente: Wikimedia Commons.

¡Ah, las flores!. Espuelas de caballero, guisantes de olor, ramos de lilas; y claveles, grandes cantidades de claveles. También había rosas, lirios. ¡Ah, sí! Aspiró el dulce olor del jardín terrenal mientras hablaba con la señorita Pym … Y era el momento entre las seis y la siete cuando todas las flores -rosas, claveles, lirios, lilas- brillaban; blanco, violeta, rojo, naranja intenso; cuando todas las flores parecían arder con un fuego interior, suavemente, con gran pureza, en los macizos neblinosos; ¡cómo le gustaban a Clarissa las mariposas nocturnas, grises y blancas, revoloteando sobre la valeriana, sobre las prímulas!.

Virginia Woolf (1925), La señora Dalloway.

Virginia Woolf en la Biblioteca UPM

Beatriz Teresa Álvarez Arias

Primera plana. Cine clásico.

Cartel de la película Primera Plana, Billy Wilder

Primera Plana
Director: Billy Wilder
1974
Título original: The front page
Basada en la obra teatral de Ben Hecht y Charles MacArthur

Periodista: ¿Qué te parecen esos titulares?. ¿Cuál te gusta más?

Walter Burns (Walter Matthau): Todos son una birria. Lo malo es que no se le puede sacar mucho partido a la horca. Si por lo menos tuviéramos silla eléctrica en este estado. Con eso sí que se pueden hacer auténticas virgadas:

“Williams en alta tensión”

“Williams se fríe”

“Williams asado vivo”.

Hildy Johnson (Jack Lemmon), reportero estrella del Chicago Examiner, acaba de abandonar el periodismo para casarse y empezar una nueva vida en la ciudad de su futura esposa. Algo que le hace muy poquita gracia a Walter Burns (Walter Matthau), su hasta el momento jefe, un impresentable capaz de vender a su madre por un buen reportaje.

Antes de dejar Chicago, Hildy va despedirse de sus antiguos compañeros, que están en la cárcel cubriendo la ejecución de Earl Williams (Austin Pendleton), un anarquista condenado por el asesinato de un policía. Aunque presentado por los periódicos sensacionalistas como un peligroso bolchevique (ya que estamos en la América de los años 20, aprovechemos el filón del anticomunismo), Williams es en realidad un hombrecillo simple, incapaz de matar una mosca.Fotografía Billy Wilder y Gloria Swanson (1950)

Sendos errores cometidos por el sheriff y el psiquiatra encargado de examinarle hacen posible que, contra todo pronóstico, Williams se fugue cuando está a punto de ser conducido al patíbulo. Huyendo de sus guardianes, el prófugo entra en la Sala de Prensa justo cuando todos los periodistas han salido de ella. Todos menos Hildy, quien al ver a Williams es incapaz de resistir la tentación de conseguir la que sería la mayor exclusiva de su carrera. Por eso, no duda en prometer su ayuda al reo a cambio de que éste le conceda una entrevista que se publicará, por supuesto, en el Examiner. Obligado por las circunstancias, Williams acepta el trato . . . y a partir de ahí el enredo está servido.

Adaptación de la obra teatral homónima de Ben Hecht y Charles McArthur, Primera plana es una magistral sátira que fue dirigida por el gran Billy Wilder alias Dios (Trueba, com. pers.) (1906-2002), quien aborda en su película cuestiones tan actuales como son la falta de ética periodística o la corrupción política. Y para ello, no sólo se sirve de diálogos vitriólicos y memorables y de una galería de personajes inolvidables (los pintorescos periodistas, el izquierdista ingenuo, el sheriff inepto acólito de un alcalde mafioso y putero, el psicoanalista vienés obsesionado por la sexualidad). También recurre a la inestimable colaboración de Lemmon y Matthau (¡jamás se vio pareja con tanta química!). Dos actores en estado de gracia que, merced a la compenetración existente entre ellos, nos brindan algunos de los mejores momentos de la película. Momentos entre los que destacan los relacionados con los rastreros subterfugios urdidos por Burns para hacer que Hildy rompa con Peggy, su amada. Una estilosa viudita encarnada por Susan Sarandon.

Billy Wilder en la Biblioteca UPM

Beatriz Teresa Alvarez Arias

La vida es cómic. Virginia Woolf

Cubierta de Virginia Woolf, Bernard Ciccolini y Michèle GazierVirginia Woolf
Bernard Ciccolini y Michèle Gazier
Ed. Impedimenta

Contar en cómic la vida de Virginia Woolf es un desafío al que Bernard Ciccolini, el dibujante, y yo misma, la escritora, nos lanzamos con pasión. Compartíamos el mismo interés por la obra de esta autora y también estábamos igual de afectados por las sombras que preceden cualquier acercamiento a su vida, como si su suicidio hubiese teñido el resto de su existencia de oscuridad y desesperación

Pero ¿es esa razón para olvidar a la muchacha glotona y feliz de los veranos en Saint Ives? ¿Hay que dejar de lado a la joven de lengua afilada que en unas pocas palabras trazaba un retrato humorístico y cáustico de sus contemporáneos? ¿Hay que dejar en la sombra su trayectoria como militante feminista, bajo pretexto de que una mañana gris de la primavera de 1941, en lo más negro de la guerra, llenara sus bolsillos de piedras y se adentrara en el agua del río Ouse hasta hundirse?.

Michèle Gazier

Muchas son las biografías existentes centradas en la figura de Adeline Virginia Stephen (Londres, 1882 – Lewes, 1941), más conocida como Virginia Woolf. Sin embargo, sólo una de ellas ha sido editada en formato cómic. La publicada en el 2012 por Impedimenta. Un encantador librito, que debido a lo cuidado de su presentación constituye el regalo perfecto para cualquier bibliófilo interesado en la vida y obra de la famosa escritora británica.

Virginia Woolf, 1902. (Photo by George C. Beresford

English novelist and critic Virginia Woolf (1882 – 1941), 1902. (Photo by George C. Beresford/Hulton Archive/Getty Images)

Aunque atormentada desde niña por la enfermedad mental y la muerte y obligada a vivir en una época convulsa, la Woolf no fue, ni mucho menos, tan sombría como nos ha hecho creer la leyenda. Algo que demuestran Michèle Gazier y Bernard Ciccolini, guionista e ilustrador, respectivamente, de la obra que nos ocupa, quienes, previa documentación y sin pasar por alto los aspectos más oscuros de la vida de la autora, la presentan como una persona ocurrente y divertida. Como una mujer que no era ajena a la capacidad de disfrutar. Tan riguroso como ameno, Virginia Woolf es un libro que se lee de un tirón.

Y en gran medida gracias a sus preciosas ilustraciones, unas delicadas acuarelas que captan enseguida la atención del lector, convirtiéndolo en testigo privilegiado no sólo de los alegres veraneos infantiles de la escritora o de sus correrías con sus camaradas del Círculo de Bloomsbury. También, y por supuesto, de los momentos más felices de su matrimonio con Leonard Woolf. El paciente y discreto compañero con el que fundaría la Haworth Press, la editorial de culto que daría a conocer en Gran Bretaña las obras de autores tan prestigiosos como T. S. Eliot y Freud.

Virginia Woolf en la Biblioteca UPM

Beatriz Teresa Alvarez Arias

La flora del Quijote. Discurso de ingreso en la RAE de Luis Ceballos en 1965.

 

La flora del Quijote

Discurso de ingreso en la RAE de Luis Ceballos

1965

 

Luis Ceballos (El Escorial 1896-1967)  fue catedrático de la ETSI de Montes; suyo fue el diseño de su Arboreto y el de los jardines de la Ciudad Universitaria de Madrid.

Fue elegido miembro de la Real Academia de la Lengua  en 1965 y dedicó su discurso de ingreso a la flora que cita Miguel de Cervantes en el Quijote. Incorporamos este interesante documento al homenaje que en el blog hacemos a Cervantes durante este año 2016 con motivo de conmemoración del IV centenario de su muerte.

Ceballos fue autor de numerosas obras sobre botánica y de importantes trabajos técnicos, como el Plan General de Repoblación Forestal de España (1933), del que es coautor junto con Joaquín Jiménez Embún, y el Mapa Forestal de España (1966). Fue miembro también de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (1945) .

El Arboreto del Monte Abantos, en San Lorenzo de El Escorial, fue  inaugurado en 1996, el año del centenario de su nacimiento, y lleva su nombre en homenaje a su obra.

 

 

Beatriz Teresa Alvarez Arias

 

Penélope y las doce criadas. Memorias póstumas de una paciente tejedora. Margaret Atwood

Cubierta de Penélope y las doce criadas, Margaret AtwoodBarcelona: Salamandra, 2005
Título original: The Penelopiad (2005)

“¡Ah, feliz hijo de Laertes, Odiseo, pródigo en ardides. En efecto, conseguiste una esposa de enorme virtud. ¡Qué nobles pensamientos tenía la irreprochable Penélope, la hija de Icario, cuando tan bien guardó el recuerdo de Odiseo, su legítimo esposo! Por eso jamás se extinguirá la fama de su excelencia. Los inmortales propondrán a los humanos un canto seductor en honor de la sensata Penélope!”.

Homero, Odisea, canto XXIV

Dicen que para saber la verdad de un hecho hay que oír todas las versiones del mismo. Bueno, pues ésto es algo que la canadiense Margaret Atwood tuvo muy presente cuando se lanzó a escribir Penélope y las doce criadas (2005). Una irónica y desmitificadora novela corta cuyo título original (The Penelopiad) es mucho más explícito que el castellano.

Penélope y las doce criadas comienza de una manera realmente curiosa. Con la sufrida y frustrada esposa de Odiseo contándonos su vida, obra y milagros ¡en pleno s. XXI y desde el mismísimo Reino de los Muertos! Así, nos enteramos por su propia boca de ciertas cosas que Homero no mencionó cuando cantó las glorias del varón de multiforme ingenio. Por ejemplo, del origen semidivino de la señora del caudillo aqueo. Y es que, resulta que la hija del monarca espartano Icario tuvo por madre ni más ni menos que a una náyade. La cual, dicho sea de paso, no destacaba precisamente por sus instintos maternales pues, en lugar de cuidar de su prole:

“Se escabullía e iba a bañarse en la fuente del palacio, o desaparecía y pasaba varios días contando chistes con los delfines y haciéndoles bromas a las almejas”.

Una vez cogida confianza, Penélope (o mejor dicho, su sombra) no tiene ningún problema en confesarle al lector las poco románticas razones que determinaron que con tan sólo 15 años fuera entregada en matrimonio a Odiseo, rey de un islote poblado de cabras con modales de ricacho de pueblo. Un caradura sin escrúpulos que, pese a no llamar la atención por la hermosura de su porte varonil, resulta ser un seductor nato, un golfo encantador que termina conquistándola.

Penélope y los pretendientes (1912), John William Waterhouse

Dispuesta a ajustar cuentas con aquella que, en sus propias palabras, le destrozó la vida, nuestra heroína no se inhibe a la hora de poner verde a la bellísima Helena, su prima. Una frívola con ínfulas de femme fatale que literalmente armó la de Troya y que, al fin y al cabo, fue la culpable de que Odiseo abandonara a su familia para combatir en una guerra que poco tenía que ver con él.

Por supuesto, la reina de Ítaca no se olvida de contar cómo fue su vida durante los 20 largos años en los que, debido a la ausencia de su marido, le tocó educar ella solita al ingrato de Telémaco y ejercer, además, de ama, administradora y gobernante. Será entonces cuando descubramos que la fiel y discreta Penélope fue una mujer práctica y tan astuta como Odiseo pues, de ser necesario, no dudaba en recurrir al engaño. Y aquí me estoy acordando (¡cómo no!) del famoso subterfugio del sudario tejido por el día y destejido por la noche para dar largas a los pretendientes que la acosaban y que, como todos sabemos, tan mal acabaron.

Fotografía de Margaret Atwood tomada en el 2009 en la Casa de la Literatura de Múnich

Además de en la Odisea, Penélope y las doce criadas se basa, principalmente, en Los mitos griegos. Obra de Robert Graves que inspiró a Atwood la teoría (cuestionable, aunque muy sugestiva) con la que intenta explicar los verdaderos motivos del ahorcamiento de las sirvientas a las que alude el título de su libro. Esclavas fieles injustamente vilipendiadas, según confiesa su señora, que a lo largo de la narración actuarán a la manera de los coros que caracterizaban al antiguo teatro griego. De ahí que no sea de extrañar que esta novela haya sido representada en varias ocasiones.

Margaret Atwood en la Biblioteca UPM

Beatriz Teresa Alvarez Arias

Ángeles e insectos, A.S. Byatt

Cubierta de Ángeles e insectos, A.S. Byatt

Ángeles e insectos
Morfo Eugenia o Las cosas no son lo que parecen
A.S. Byatt

Tras sobrevivir al naufragio del barco en el que regresaba a Inglaterra, el joven naturalista William Adamson es contratado por un colega con el que se había carteado durante sus 10 años de estancia en la Amazonía. El caballero en cuestión es Sir Harald Alabaster, un adinerado clérigo que le acoge afectuosamente, encomendándole la tarea de poner en orden su caótico gabinete de curiosidades. Y para ello, nuestro amigo tendrá que trasladarse a Bredely Hall, la suntuosa casa de campo de su benefactor. Allí conocerá a la hija mayor de éste, la cautivadora Eugenia, una misteriosa muchacha con la que, contra todo pronóstico, terminará casándose. Sin embargo, el matrimonio no traerá la felicidad a William quien, cuando descubra el turbio secreto ocultado por su esposa, optará por iniciar una nueva vida lejos de ella y de su decadente familia, concluyendo entonces la historia con un final esperanzador y abierto.

– Estaba pensando en la belleza de todo ésto: la arquitectura, y las jovencitas con sus gasas y sus encajes. Estaba mirando esta hermosísima bóveda gótica en abanico que forma un arco sobre nosotros, y pensaba en las palmeras que se alzan en la selva, y en todas las preciosas mariposas como de seda que revolotean entre ellas, muy arriba, sin que se pueda cogerlas.

A. S. Byatt, Morpho Eugenia

Ambientada en la época victoriana, Morpho eugenia es una narración en la que la condición de biólogo de su protagonista está presente en todo momento. Prueba de ello es que desde el principio William asociará a su mujer con la bella mariposa cuyo nombre científico da título al relato. Y también que, debido a su origen humilde y a sus Fotografía de A.S. Byatt en 2007inquietudes intelectuales, nunca dejará de pensar en sí mismo como en un animal incapaz de adaptarse a su nuevo hábitat. Cosa esta última que le llevará a acercarse cada vez más a Matty Crompton, la instructora de los niños Alabaster. Una mujer discreta, culta e inteligente, que le ayudará en sus investigaciones sobre el comportamiento de las hormigas y que será la autora de Las cosas no son lo que parecen, ingeniosa fábula en la que los lepidópteros juegan un papel clave.

Obra de la escritora británica Antonia Susan Drabble (1936-), más conocida como A. S. Byatt, Morpho Eugenia es una de las dos novelas cortas que forman el libro Ángeles e insectos (1992) y ha sido adaptada al cine en 1995 por el director estadounidense Philip Haas.

A. S. Byatt en la Biblioteca UPM

Beatriz Teresa Alvarez Arias

La abadesa de Crewe, de Muriel Spark

Cubierta de La abadesa de Crewe, Muriel Spark“Arriba, lejos de ellos, las grabadoras de la sala de control, activadas por sus voces, continúan dando vueltas… Las dos monjas hablan con la misma libertad que los jesuitas, ignorantes de que un sistema de escucha más inocuo que el Ojo Divino está escribiendo una crónica de su charla íntima”.

Muriel Spark

La abadesa de Crewe

de monjas, curas… y Watergates.

Corría el año del Señor de 1972 cuando Bernstein y Woodward, dos esforzados periodistas del Washington Post, destapaban el famoso caso Watergate. Pues bien, no mucho tiempo después de que tan escabroso asunto saliera a la luz (concretamente, en 1974), la escritora británica Muriel Spark (Edimburgo, 1918-Toscana, 2006) publicaba La abadesa de Crewe. Una alocada sátira en clave monjil (y hasta sacerdotal) del mayor escándalo político de la historia de los Estados Unidos.

Todo el argumento de La abadesa de Crewe gira en torno a la encarnizada lucha por el poder que mantendrán las dos candidatas a suceder a Hildegarde, la difunta superiora de un monasterio benedictino inglés. Así, por un lado tenemos a la refinada Alexandra, aristocrática mujer harto dominante. Y por el otro, a Felicity, joven religiosa con ideas renovadoras (demasiado) y tal afición por la costura que no dudará en poner el grito en el cielo cuando se percate del robo de su querido dedal de plata. Hecho éste que, por otra parte, desembocará en el descubrimiento por parte de Felicity del complot que su finalmente victoriosa rival ha orquestado contra ella. Indignada ante semejante hallazgo, nuestra engañosa monjita no hará gala de la paciencia y la resignación que se le presuponen a todo buen cristiano. Lo que hará será fugarse del convento para dar a conocer al mundo, en general, y a la prensa, la televisión y Scotland Yard, en particular, los más turbios detalles de un enredo que incluye escuchas, grabaciones y hasta el chantaje. Vamos, ¡como la vida misma!

Beatífico en las formas mordaz en el fondo, La abadesa de Crewe es un libro en el que ninguno de sus personajes principales sale bien parado. Empezando por la clasista Alexandra, quien de sobria tiene poco. Siguiendo por sus intrigantes acólitos, las hermanas Mildred, Walburga y Winifrede y los padres Baudouin y Maximilian S.J. Y terminando por Felicity, ambiciosa hippie con toca cuya peculiar interpretación del amáos los unos a los otros la lleva a romper alegremente su voto de castidad. Con la inestimable colaboración, todo hay que decirlo, del libidinoso Thomas (¡otro jesuita!), santo varón que merece reseña aparte.

Muriel Spark en la Biblioteca de la UPM

Beatriz Teresa Alvarez Arias

Vampiros, edición y prólogo de Jacobo Siruela

Cubierta VampirosVampiros
Edición y prólogo Jacobo Siruela
Ed. Atalanta

2010

Ten solamente buen cuidado de no comer la sangre, porque la sangre es la vida, y no debes comer la vida con la carne.

Deuteronomio 12, 23

En estos tiempos inciertos, nadie se libra de la crisis. Ni siquiera, los vampiros. Porque estarán conmigo en que, entre crepúsculos y amaneceres, la imagen literario-cinematográfica del Señor de la Noche se ha edulcorado (¿o quizá debería decir deteriorado?) hasta tal punto que, a estas alturas, resulta ya prácticamente irreconocible. Por eso, y pensando en los nostálgicos (entre los cuales, lo confieso, me incluyo), propongo desde aquí la lectura de Vampiros.

Publicada en el 2010 por Atalanta, Vampiros es la segunda variante de la antología del mismo título que, editada y prologada por el erudito Jacobo Siruela, vio la luz por primera vez en 1992 bajo el sello editorial de Siruela (A Vampiros (1992) le siguió El vampiro (2001), títulos disponibles en la Biblioteca UPM). Por otro lado, y al igual que la obra que le precedió, el libro que nos ocupa no sólo cuenta con una larga y bien documentada introducción general, tan interesante como amena. También, tiene dos objetivos claros:

– Por una parte, mostrar la evolución del relato vampírico, desde sus orígenes, en el Romanticismo, hasta finales del siglo XX.
– Por la otra, dar a conocer los distintos modelos literarios de vampiros.

Y para ello, reúne 18 textos, de diversa naturaleza y extensión, con sus correspondientes prólogos. Si por mí fuera, lo reconozco, no tendría ningún inconveniente en explayarme a placer hablando detenidamente de todos y cada uno de ellos. Sin embargo, como el espacio del que dispongo es limitado y además, no quiero saturarles de información, me limitaré a dejar caer, como quien no quiere la cosa, que la autoría de los mismos se debe a escritores tan prestigiosos como Tieck (No despertéis a los muertos), Polidori (El vampiro), Poe (Berenice), Théophile Gautier (La muerta enamorada), Baudelaire (Las metamorfosis del vampiro) o (¡por supuesto¡), Bram Stoker (El invitado de Drácula). A ver si así les pica (o, mejor dicho, les muerde) la curiosidad y acometen sin dilación la gozosa empresa de leerse el libro que nos ocupa.

A los textos referidos, el conde de Siruela añade dos completas bibliografías (una, la utilizada para el prólogo y la edición; la otra, la adicional) que constituyen un magnífico colofón para un libro, muy bien presentado, al que se le hinca el colmillo con auténtica fruición. Especialmente, en el año en el que se celebra el centenario de la muerte de Bram Stoker.

Jacobo Siruela en la Biblioteca UPM

Beatriz Teresa Alvarez Arias

A Libertad de Prado Castillejos por sus acertadas correcciones.

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