El artesano (The Craftsman), Richard Sennett

Hubo un tiempo en que cada uno de los 7 gremios de artesanos de París, tenían un poder equiparable al del Abad. Una época en que la artesanía se reconocía como una práctica, anónima, continuada y colectiva; en la que el Taller estaba reconocido como un espacio social; en la que el Maestro se adhería a un juramento para mejorar las habilidades de los aprendices a su cargo, motivo por el cuál recibía una compensación económica.

De hecho, la dicotomía entre Maestro de Taller y Empresario surge entre otras cosas porque el segundo paga un salario en reconocimiento del conocimiento de sus empleados, quedando eximido del deber de formación del primero.

El artesano, según Richard Sennett (Profesor del MIT y del London School of Economics), es aquél que se enorgullece de su trabajo y se compromete con él. El artesano se caracteriza por sus habilidades: el repertorio de procedimientos que muestra una constante interrelación entre el conocimiento tácito y reflexivo. Esta es una definición imperecedera que puede ser adoptada por una amplia variedad de trabajadores actuales de formación manual especializada, emprendedores, ingenieros o científicos.

Lo que enorgullece al artesano es el desarrollo de las habilidades, pues la simple imitación no produce satisfacción perdurable: la habilidad TIENE que evolucionar. El buen artesano comprende la importancia del esbozo, y reivindica el carácter innecesario de un excesivo conocimiento acabado de los detalles, que acabarán de perfilarse durante el proceso.

Es un concepto claramente defendido en este ensayo que todos los seres humanos compartimos las destrezas fundamentales y que es una cuestión de formación, esfuerzo y motivación llegar al manejo experto (4000 horas) o incluso a la maestría (10000 horas de aprendizaje activo); es el abandono más que la capacidad innata la que determina el proceso.

En la más pura tradición medieval, la mano representa la herramienta básica del artesano, pero es un tacto activo en el que el ojo, el cerebro y extremidad están íntimamente imbricados. Es característico del artesano su capacidad de coordinar miembros desiguales: mano derecha e izquierda, o mano siniestra y diestra (casi siempre una predominante sobre la otra). Y es que en palabras de Richard Sennett, el diestro manejo de herramientas favorece el autocontrol que es la base de todo proceso civilizador; la repetición procura estabilidad y control mental.

La Ilustración tomó al artesano como ejemplo de autogobierno y ciudadanía en el convencimiento de que aquel que sabe hacer, sabe decidir. Es interesante la definición de autogobierno que aporta Richard Sennett: la capacidad de los ciudadanos de trabajar colectivamente en la solución de problemas objetivos, desconfiando de las soluciones rápidas.

Hay sin embargo una sombra que gravita sobre el artesano que es la dificultad de expresión. Sennett reivindica que no ser capaz de expresar con palabras las propias habilidades no supone un rasgo de incapacidad, sino una constatación de la complejidad de la tarea. Y es tan sólo cuando surgen los libros con grabados e ilustraciones cuando los libros comienzan a difundirse por los Talleres europeos.

La lentitud del proceso artesanal hace posible la reflexión y el conocimiento profundo, pero en nuestra sociedad de ritmo trepidante, los artesanos están minusvalorados y se sienten desorientados.

Este ensayo que comienza estableciendo un paralelismo entre algunas de las empresas de móviles en sus orígenes (Nokia, Ericsson, y Motorola) con el concepto de taller artesanal, refiere también ejemplos emblemáticos de talleres fracasados; allí donde la genialidad del Maestro (que deviene artista) cristaliza en una incapacidad de transmitir el conocimiento tácito. Tal es el caso de Stradivarius, de quien aún a día de hoy resulta desconocido el secreto de su arte.

Richard Sennett defiende en este interesante ensayo: El Artesano (The Craftsman), el papel de Hefesto, dios griego de los artesanos, dador de paz y productor de civilización. El autor nos ofrece la imagen de un Hefesto feo, lisiado y cojo, orgulloso de su trabajo, pero no de sí mismo, y defiende que es el tipo más digno de persona al que podemos aspirar.

No todos los juicios y opiniones que ofrece me resultan acertados, especialmente en lo que refiere a la dicotomía entre Hefesto y Pandora adornada con ejemplos históricos en cierto modo sesgados (muy), pero eso es algo que cada lector habrá de valorar.

 

Richard Sennett en: Bibliotecas UPM.

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