Las confesiones de un pequeño filósofo. Azorín.

Cubierta de Las confesiones de un pequeño filósofo, AzorínLas confesiones de un pequeño filósofo
Azorín
Pozuelo de Alarcón (Madrid) : Austral, 2014
Primera edición 1904

Azorín, José Martínez Ruiz, (1873-1967) es uno de esos escritores que si dices que te gustan hay, a continuación, que dar algunas explicaciones.

Por eso había pensado incluir, en las primeras líneas de esta recomendación, una lista con los nombres de escritores actuales y personas con prestigio social que han reconocido su pasión azoriniana, pero he decidido que no, que a este libro maravilloso no le hacen falta avales.

Yo amo las cosas… ¿Tienen alma las cosas? ¿tienen alma los viejos muebles,  los muros, los jardines, las ventanas, las puertas?

AzorínSospechaba que sí, pero después de leer a Azorín no hay duda, las cosas, hasta la más diminutas, tienen alma. El pequeño filósofo del título de este libro es Azorín de niño, cuando estudiaba bachillerato en el Colegio de los Escolapios de Yecla (Murcia), allí estuvo interno toda su infancia, desde los siete hasta los quince años. No le gustaba el colegio, no le gustaba Yecla, que era el pueblo de su padre, ni los frailes escolapios que le daban clase, a excepción de su admirado padre Lasalde.

Escribió aquellos ¿recuerdos? cuando ya tenía 31 años, en 1904 y era periodista en Madrid.

Este es un libro diferente, poético, delicado, íntimo, pleno de sensiblidad.  Asombra su capacidad de contemplación, la delicada ironía, y la  recuperación intacta, sea recuerdo o no, de la temperatura de su yo infantil.

Azorín: ¿sabe usted el tema de hoy?

Yo no sé qué contestar; además no me sé el tema de hoy.

El padre Peña me lo pregunta dos o tres veces; yo vacilo. Luego abro este libro sobado y comienzo a leer: “Le lit de fiancée.” Esto creo que significa la cama de la desposada, y así lo hago constar con voz clara… mientras yo hago esta extraordinaria revelación, los demás sonreían…

Era un niño ensimismado, lector apasionado y sensible que se siente arrollado muchas veces por el mundo real del colegio.

Este minuto en que está ausente el maestro, (la diversión) consiste en subirnos a los bancos, en golpear los pupitres, en correr desaforadamente de una parte a otra.

Sin embargo, yo no corro, ni grito, ni golpeo, yo tengo una preocupación terrible. Esta preocupación consiste en ver lo que dice un pequeño libro que guardo en el bolsillo.

Y es el caso que yo comienzo a leer este pequeño libro en medio de la formidable batahola de los muchachos enardecidos; nunca he experimentado una delicia tan grande, tan honda, tan intensa como esta lectura… Y de pronto, en este embebecimiento mí­o, siento que una mano cae sobre el libro brutalmente, entonces levanto la vista y veo que el bullicio ha cesado y que el maestro me ha arrebatado mi tesoro…

Desde la fecha de este caso he andado mucho por el mundo, he leí­do infinitos libros; pero nunca se va de mi cerebro el ansia de esta lectura deliciosa y el amargor cruel de esta interrupción bárbara

Lo recuerda todo de aquellos días en el Colegio de los Escolapios: las luces del cielo, las más pequeñas peculiaridades de los frailes y, desde luego, lo mal que lo pasaba en otras ocasiones.

Todo contado con una ingenuidad y una eficacia poética que convierten a este libro en una joya exquisita dentro de la obra de Azorín.


Azorín en la Biblioteca de la UPM

Azorín en NST

5 comentarios

  • Evelio Montes López

    Buena sugerencia, para los nosolotecnicos, y para todos. Es cierto, parece que hay que dar explicaciones si a uno le gusta Azorín (a un servidor, mucho). Pasa también con otros autores (se me ocurre Gabriel Miró). O que la gente no lo lea, y se quede con anécdotas como que, de joven, Azorín iba por la Gran Vía con un paraguas rojo, “presumiendo” de ácrata. De muy mayor, con aspecto cuasi momificado, escribía estupendos comentarios de cine. Atención: ojo a las tendencias; Azorín ha estado siempre presente en los fondos editoriales. La muy oportunamente remozada colección “El Libro de Bolsillo”, de Alianza Editorial, ha renovado el diseño de varias obras de Azorín, en su Biblioteca de Autor, con prólogos de Jorge Urrutia. Muchas gracias por la recomendación: siempre apetece, cada muy poco, ir al estante y escoger unas buenas páginas de Azorín. Y “Las confesiones de un pequeño filósofo” bien lo merecen.

  • María José Rodulfo

    Estas coincidencias en gustos cuando se trata de autores casi clandestinos me agradan especialmente. Leo con verdadera sorpresa que no somos tan excéntricos….esos brotes verdes que me cuentas han aparecido en la felizmente reaparecida Alianza son la mejor de las noticias. Era dificil leerle, hay textos imposibles de localizar, porque al ser muchas de sus obras colaboraciones en periódicos dependías del criterio del seleccionador por eso tu comentario me llena ilusión por ver el trabajo de Urrutia. Dejaré a Miró para más adelante pero anoto, anoto.
    ¡Gracias!

  • José Alejandro Martínez
    José Alejandro Martínez

    Tal vez os interese este enlace:
    http://www.eco-viajes.com/blogs/letras-viajeras/azorin-libro-espana-manuel-rico/

    Vuestros comentarios son interesantes para mí. No he leído a Azorín, pero recuerdo que en mi época de estudiante universitario algún profesor nos recomendaba el “párrafo azoriniano” como modelo de prosa precisa y bien acabada.
    Gracias y saludos.

  • Evelio Montes López

    Alejandro: muchas gracias por tu apreciación (por lo que me toca), y por el enlace; Manuel Rico resalta muy bien el sentido de la sequedad de la prosa azoriniana. No es que ésta sea pobre, es que es una foto sin disimulos ni con la exposición, ni con la luz . No olvidemos que Azorín se forjó como escritor de periódicos, y ahí no hay “tío, páseme usté el río”: palabras, las justas. “España” es también una buena propuesta para que recordemos de dónde venimos, qué es el paisaje, María José sin duda lo confirmará. En cuanto al párrafo azoriniano, animo a los lectores técnicos de nosolotecnica a que nos digan qué tipo de párrafo va mejor para la comunicación técnica y científica: el de Azorín, el de Proust, o el de Faulkner. Y que tengan en cuenta que Joyce es autor de “Ulysses”, pero también de “The Portrait of the Artist as a Young Man”, que tradujo divinamente Dámaso Alonso. ¡Ea!

  • Nos ha encantado el artículo. Gracias por compartir nuetro video. Si queréis más Azorín, este es nuetro canal: Círculo de Amigos de Azorín de Yecla. 

     

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