Un clásico de la fotogrametría analógica.
El Wild A8 es un instrumento fotogramétrico óptico-mecánico fabricado por la empresa suiza Wild Heerbrugg (actualmente conocida como Leica Geosystems) alrededor del año 1960. Fue ampliamente utilizado durante varias décadas por instituciones de cartografía y topografía para crear mapas topográficos detallados a partir de fotografías aéreas verticales.
Este restituidor permitía al operador observar directamente en estéreo las imágenes tomadas desde el aire, gracias a un complejo sistema óptico-mecánico que no requería gafas especiales. Las diapositivas de gran formato (23×23 cm) se colocaban en dos proyectores, y al mirar por los oculares, cada ojo veía una imagen diferente, lo que generaba la sensación de profundidad. Esta visión estereoscópica permitía seguir un “punto flotante” a lo largo del terreno en las tres dimensiones (X, Y y Z), lo que facilitaba trazar curvas de nivel y obtener modelos tridimensionales del relieve.
El Wild A8 también ofrecía funciones de orientación relativa y absoluta, lo que ayudaba a reproducir con precisión la geometría de la toma fotográfica original. Se manejaba manualmente mediante manivelas que movían las varillas del sistema para ajustar la posición del punto flotante, manteniéndolo “pegado” al terreno en las imágenes.
Durante su época de uso, fue considerado un equipo muy avanzado, utilizado por entidades como el IGN, CECAF, SGE y otras instituciones españolas. Con el tiempo, este tipo de instrumentos fueron sustituidos por sistemas digitales más precisos y automáticos, pero el Wild A8 representa un paso clave en la evolución de la fotogrametría moderna.
Hoy en día, es una pieza histórica que nos permite entender cómo se generaban mapas antes de la era digital.