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La analfabeta, Agota Kristof

Agota Kristof
La analfabeta
Barcelona : Obelisco, 2006
L’Analphabète (2004)
Traducción: Juli Peradejordi

 

La analfabeta es un relato autobiográfico en 11 capítulos, es escueto, directo y personal. La diáfana sencillez de su lenguaje proviene de la necesidad de expresarse en su lengua de adopción, el francés. Una lengua en la que se descubre analfabeta como resultado de un exilio desde su Hungría natal a los veintiún años. 

Agota Kristof, una lectora impenitente desde los cuatro años, se confiesa sin acritud, amordazada, aislada por la incomunicación a pesar del cálido recibimiento de la sociedad suiza. Los días grises en su país de acogida se suceden como contraposición a la zozobra política de Hungría, a la invasión de austriacos y rusos, a la brutalidad del régimen estalinista.

"Ser refugiado es como atravesar un desierto…"

Como cada año en época de exámenes, rebusco en mi memoria textos dedicados a espacios y tiempos de evasión, que pongan distancia a la perentoriedad que parece rodear el entorno estudiantil. Tensión que queda instantáneamente amortiguada ante situaciones vitales difíciles abordadas con naturalidad y ternura.

Este no es desde luego el texto más emblemático de la autora, pero es el primero que leí suyo, atraída por una delicada edición a cargo de la Editorial Obelisco, una entidad curiosa de la que no creo encontrar muchos títulos tan afortunados. El Aleph y Libros del Asteroide son otras de sus editoriales en castellano.

Cartel de la película El Gran CuadernoAgota Kristof nació en 1935 en Csikvánd (Hungría) y murió en 2011 Neuchâtel (Suiza). Comienza en el mundo literario desde Suiza, con pequeñas obras teatrales y relatos radiofónicos. El salto a la literatura internacional se produce en 1986 con El Gran Cuaderno, primer libro de su trilogía Klaus y Lucas galardonado en varios países con diversas distinciones litararias: el Moravia en Italia, el Schiller en Suiza y el premio austriaco de Literatura Europea. Esta obra ha sido también llevada al cine por director húngaro János Szász (para ver el tráiler pincha aquí).

"Me dejé en Hungría mi diario de escritura secreta, y también mis primeros poemas. También dejé a mis hermanos, mis padres; sin avisarles, sin despedirme de ellos, sin decirles adiós. Pero sobre todo, ese día, ese día de finales de noviembre de 1956, perdí definitivamente mi pertenencia a un pueblo."

 

Agota Kristof en la Biblioteca UPM

 

Sonatas (Memorias del Marqués de Bradomín) / Ramón del Valle-Inclán

Ramón del Valle-Inclán: Sonatas (Memorias del Marqués de Bradomín)

Ediciones disponibles:  Alianza, Austral, Debolsillo, Reino de Cordelia.

La silla de posta seguía una calle de huertos, de caserones y de conventos, una calle antigua, enlosada y resonante. Bajo los aleros sombríos revoloteaban los gorriones, y en el fondo de la calle el farol de una hornacina agonizaba. El tardo paso de las mulas me dejó vislumbrar una Madona: sostenía al Niño en el regazo, y el Niño, riente y desnudo, tendía los brazos para alcanzar un pez que los dedos virginales de la madre le mostraban en alto, como en un juego cándido y celeste. La silla de posta se detuvo. Estábamos a las puertas del Colegio Clementino. (Sonata de primavera).

 

Las cuatro Sonatas (Otoño, Estío, Primavera, Invierno) son novelas cortas que hoy llamaríamos relatos. Se pueden leer independientemente, cada una con su propia y acusada personalidad, pero su riqueza expresiva y su articulación en forma de ciclo las hace sólidas y polifacéticas, con sus abundantes ingredientes geográficos e históricos, sentimentales, eróticos, de aventura. Se trata pues de un conjunto narrativo relativamente pequeño pero en cierto sentido envolvente y desbordante, tanto desde el punto de vista del género literario como de la temática.

Sus escenarios son marginales respecto a la modernidad liberal, urbana e industrial que parecía marcar la pauta en la época en que los relatos se desenvuelven: los desiertos mexicanos, la Galicia feudal profunda, la Italia señorial y eclesiástica anterior a la Unificación, y como remate los estertores de la última corte carlista de Estella. De hecho, en perspectiva histórica, sus propias coordenadas vitales (1866-1936) colocaban a Valle como un Jano bifronte a horcajadas entre dos siglos: mira por un lado a un arcaico XIX lleno de resabios del Antiguo Régimen, y a la vez hacia adelante a una sociedad de masas de personalidad trastornada y huérfana de certezas. En este marco, su propuesta literaria modernista-simbolista no tiene nada de divertimento frívolo ni de juego decorativo: es una sonora bofetada a las convenciones del positivismo burgués. El sujeto lector es seducido por una prosa brillante, por las aventuras y anécdotas, por la mezcolanza de tensión sexual y vértigo sacrílego, pero para terminar topándose con la fuerza del destino, el juego de espejos entre el bien y el mal, las pasiones, en definitiva la condición humana. No olvidemos que la aparición de las Sonatas viene a coincidir en el tiempo con la irrupción del psicoanálisis freudiano y la formulación de la relatividad einsteiniana. No es tan importante saber si Valle estaba absolutamente al cabo de estas novedades culturales como entender el ambiente de cambio de época que parecía demandar la superación del mecanicismo de la literatura realista-naturalista inmediatamente anterior; y esto aun cuando Valle fuera influido por alguno de aquellos autores como Eça de Queirós.

Desde su publicación inicial las Sonatas sentarán cátedra en la narrativa de Valle. Algunos de sus personajes, como el tradicionalista y vividor Juan Manuel de Montenegro, reaparecerán en otras obras y ciclos del autor. Este seguirá retocando la tetralogía hasta muchos años después sin desdeñarla en absoluto. Como tantas veces se señaló, se comprende la trascendencia de Valle para la narrativa contemporánea posterior, muy en particular la latinoamericana. Este crepúsculo de la aristocracia del Antiguo Régimen deviene patéticamente en podredumbre premonitoria de futuros horrores, sobre todo en la Sonata de invierno: ¿se adelantó Valle a Lampedusa y a Visconti?

¡Oh alada y riente mentira, cuándo será que los hombres se convenzan de la necesidad de tu triunfo! ¿Cuándo aprenderán que las almas donde sólo existe la luz de la verdad, son almas tristes, torturadas, adustas, que hablan en el silencio con la muerte, y tienden sobre la vida una capa de ceniza? ¡Salve, risueña mentira, pájaro de luz que cantas como la esperanza! Y vosotras resecas Tebaidas, históricas ciudades llenas de soledad y de silencio que parecéis muertas bajo la voz de las campanas, no la dejéis huir, como tantas cosas, por la rota muralla! Ella es el galanteo en las rejas, y el lustre en los carcomidos escudones, y los espejos en el río que pasa turbio bajo la arcada romana de los puentes: Ella, como la confesión, consuela a las almas doloridas, las hace florecer, las vuelve la Gracia. ¡Cuidad que es también un don del Cielo!… (Sonata de invierno)  

Ramón del Valle-Inclán en: Biblioteca UPM.

Entre La Isabelina, y Susana y los cazadores de moscas (Pío Baroja)

Caro RaggioEntre La Isabelina, y Susana y los cazadores de moscas
Pío Baroja Nessi

Madrid : Caro Raggio, D.L. 1976 (Susana y los cazadores de moscas)
Madrid : Caro Raggio, D.L. 1977 (La Isabelina)

 

Estas son dos novelas menores de Pío Baroja: La Isabelina, y Susana y los cazadores de moscas. La primera (décimo tomo de las memorias de un hombre de acción) describe el ambiente que se vive en Madrid en los momentos posteriores a la muerte de Fernando VII (29 de septiembre de 1833) e inicio de la regencia de María Cristina. Nos habla de carlistas y liberales (cristinos e isabelinos), personajes que a un tiempo figuran circunstancialmente adscritos a sociedades secretas como masones y carbonarios. Nos cuenta los entresijos de la conspiración liderada por Palafox e instigada por Eugenio de Aviraneta, personaje histórico ligado a la familia del escritor y que es  el  foco de atención en esta colección de Baroja. Incluso el famoso y castizo bandolero Luis Candelas, con ideas políticas liberales, tiene cabida en esta historia donde políticos, militares y bandoleros se reúnen y pronuncian con variado éxito y publicidad.

La Isabelina resulta curiosa por su descripción de un Madrid del siglo XIX que se nos aparece como poco más que una aldea manchega; la miseria de muchos, la opulencia de algunos, el tráfico de dinero para auspiciar conspiraciones;  la propuesta de una regencia alternativa basada en la intervención de la infanta Carlota de Borbón, hermana de María Cristina, y su marido y hermano menor de Fernando VII;  la epidemia de cólera que desangra la ciudad y desata una matanza de frailes acusados de envenenar las fuentes, y que finalmente cambia el curso de las conspiraciones. La Caro Raggionovela está articulada desde la visión de un narrador externo a la trama como un ojo de pez que todo divisa. Algunos han comparado esta novela de Baroja y su colección con los episodios nacionales de Galdós, yo no lo estimo necesario. 

En cambio, Susana y los cazadores de moscas, es una ficción narrada en primera persona por un humilde boticario que en comisión de servicio se ve atrapado en París al inicio de la guerra civil española; el protagonista comparte muchos rasgos de carácter del propio autor como son la ironía y el pesimismo, y coincide con su situación vital. Se percibe un tono netamente autobiográfico, y la experiencia de primera mano de París que ya narra en otra novela: Los últimos románticos, y algunas más. El protagonista cuyo nombre, Miguel, sólo aparece al término de la novela,  entra en contacto con un conjunto de personajes pintorescos entre los que se encuentran los cazadores de moscas.  ¿Qué ocurre cuando intentamos eludir los más nimios peligros y olvidamos las grandes contingencias? Susana y los cazadores de moscas se terminó de escribir en París en abril de 1938 y pone claramente de manifiesto la encrucijada en la que se encuentra el autor y su terruño.

La editorial Caro Raggio, íntimamente ligada a la familia, resurge en 1972 a manos de Julio y Pío, hijos de Rafael Caro Raggio y Carmen Baroja Nessi. Momento en que realizan una extensa y cuidadosa edición de los textos completos de Pío Baroja coincidiendo con el centenario de su nacimiento. La colección ha caído en mis manos  y me tiene envuelta en las brumas del cambio de siglo.

“Mi ideal es fundar la República del Bidasoa con este lema: Sin moscas, sin frailes y sin carabineros. Un pueblo sin moscas quiere decir que es un pueblo limpio: un pueblo sin frailes revela que tiene buen sentido, y un pueblo sin carabineros indica que su estado no tiene fuerza; cosas todas que me parecen excelentes.”

 

Pío Baroja en la Biblioteca de la UPM

 

El chico de las cigüeñas. Luisa Cuerda

El chico de las cigüeñas
Luisa Cuerda
La Coruña : Ediciones del Viento, [2009]

 

Esta es la historia a dos voces de un chaval de pueblo que es iniciado en el placer de la literatura por un maestro rural recién llegado.

Es difícil decidir ser escritor para un chico de pueblo en quien su madre ha puesto todas sus esperanzas…

Es la historia atemporal de una admiración preadolescente, lejana y sobreentendida frente a un re-encuentro directo, adulto y a ratos brutal.

Mi infancia fue así. La voz de Ventura respaldando mis actos, la de mi madre, rechazándolos…

El joven pupilo que deviene en autor de renombre presupone el orgullo y la satisfacción de su maestro ante una dedicatoria emotiva que alude al mentor con nombres y apellidos. Se trata, sin embargo, de una presunción inocente no exenta de cierta egolatría. A partir de ese momento encontramos la narración actual de ambas almas; el contraste entre el paisaje humano rural, residencial y urbano.

Es la narración del primer vuelo del pupilo, asemejado al despertar de los cigoñinos en el campanario de la iglesia del pueblo; aves que tanto acompañaran al escritor en su infancia.

No me quería ir sin decírtelo. Es referente a esa historia que te conté, la leyenda del chico que se convirtió en cigüeña…

Está escrito con elegancia y estilo. Y es capaz de entremezclar, narración, conversación y reflexión en unos párrafos muy bien hilados y engarzados.

El chico de las cigüeñas, presentado por Ediciones del Viento en 2009, es un encuentro afortunado en una biblioteca popular estival. Su autora, Luisa Cuerda (Madrid, 1958), es una personalidad polifacética: abogada, profesora de piano, columnista en periódicos de provincias, y autora de varias novelas, ganadora del premio internacional de narrativa Javier Tomeo en 2004.imagen de la autora

Uno de los aspectos que me ha llamado la atención en esta autora es su preferencia por los personajes masculinos entre los que figuran varios secundarios muy bien perfilados. El carácter, la personalidad de los individuos y su vida interior (que se glosa e intercala en el texto de manera muy afortunada); y el acercamiento/descubrimiento paulatino de los anhelos y esperanzas de la madre, que supone la entrada definitiva y tardía del escritor en el mundo de los adultos, lejos de las categorías maniqueas de la infancia.  

Recuerdo un comentario al respecto de Coetzee, referente a su famoso personaje Elisabeth Costello: el reto y la posibilidad que aporta la literatura de travestirse y cambiar de género para explorar ámbitos desconocidos del alma. Y esa es la sensación en este texto, no especialmente ambicioso pero muy afortunado es el resultado final.

    

El viaje a Trieste, de Hartmut Lange

Hartmut Lange:

El viaje a Trieste. Trad. de Herminia Dauer. Barcelona: Juventud, 1995.

Die Reise nach Triest: Novelle. Zürich: Diogenes, 1991.

La tempestad que media hora más tarde se desató con violencia sobre la terraza y el jardín, le obligó a retirarse a la biblioteca, donde se puso a repasar sus papeles. Se trataba de extractos y comentarios referentes a la historia de la filosofía del siglo XIX, y que Montag se proponía utilizar para una conferencia. Allí, entre pilar de libros y una confusión de cosas, tales como calendarios, lápices de colores, estilográficas y una lupa, el profesor se sentía a gusto. (p. 11-12)

 

No se engañen con el título: en principio NST vuelve a Berlín -una de sus ciudades fetiche- en vísperas de la Caída del Muro.  Con paciencia lectora se tendrá que averiguar si finalmente se parte hacia el Sur, donde Trieste se perfila como horizonte simbólico: vértice adriático, ciudad literaria también, de Svevo, Joyce, Magris…  Lo que empieza apareciendo como una descripción banal de la cotidianeidad doméstica se convierte en una disección implacable de la grisalla mesocrática y universitaria. Una precisión distante que paradójicamente conlleva una extraña poesía sobre el paso de los años, el sentido –o sinsentido- de la existencia. Creo que a este Viaje le encajaría de maravilla una adaptación a peli del tipo Dogma 95, con un Vinterberg o Von Trier al mando de la operación.

Por otra parte, cuando uno se topa con argumento de profesor germánico en fase crepuscular y camino de Italia, le resulta inevitable evocar el Aschenbach de La muerte en Venecia de Thomas Mann. El profesor Montag creado por Lange comparte con aquél atisbos de fascinación  por la belleza joven y vértigo ante la propia decadencia, pero su aventura parece a primera vista mucho más prosaica, ¿o no? Remembranzas de Perec o Coetzee para una posible comparación múltiple de prosaísmos radicales. En fin, por lo pronto invitamos a ponderar el calado trágico del peregrinaje de Montag. ¿Tan banal?: tan actual. El volumen se completa además con otro relato muy corto de Lange: El pantano de Riemeister.

Dos días después, la familia aún no había partido, y nadie sabía por qué. Una cosa era segura: el profesor Montag había cambiado de alojamiento, y los demás no se atrevían a dejar Roma sin él. Pero… ¿hasta cuándo iba a durar esta incertidumbre? (p. 89)

 

Hartmut Lange en: Biblioteca UPM.

Mondo y otras historias / J.M.G. Le Clézio

J.M.G. Le Clézio:

Mondo y otras historias. Barcelona: Tusquets, 2010.

Mondo et autres histoires. Paris: Gallimard, 1978-

Mondo y otras historias (cub. Tusquets-Andanzas)Había una historia de unos niños que descendían un río en una balsa de troncos, y que atravesaban así reinos extraordinarios, bosques, montañas, ciudades misteriosas, hasta el mar. Había una historia de un hombre que había descubierto un pozo que llevaba al centro de la Tierra, donde se encontraban los Estados del fuego. También estaba la historia del mercader que creía hacer fortuna vendiendo nieve que bajaba en sacos desde lo alto de la montaña, pero cuando llegaba abajo no le quedaba más que un hilo de agua.

(p. 193. Hazarán)

Se dice que a pesar de la apabullante colonización anglosajona, la producción cultural francófona aguanta el tirón entre el público español. Relativamente, dependiendo de los sectores sociales. En 2008 se le otorgó el premio Nobel a Jean-Marie Gustave Le Clézio y la industria editorial española se vio algo desprevenida. Esto sucede a menudo con los Nobel no previstos, y no solo en nuestro país. Pero la desconexión es más llamativa cuando el autor es él mismo hispanohablante -por su larga vinculación mexicana-  y escribe en una lengua tan cercana y emparentada. Para bien, la Feria del Libro de Madrid de este año 2016 se dedicó a Francia. Por nuestra parte reseñamos a Le Clézio recordando que a estas alturas merece más ediciones críticas en castellano, bien documentadas.

Mondo et autres histoires (couv. Folio) (1)¿Autor juvenil? En el mejor sentido de la palabra en todo caso: por su potente despliegue de sensaciones, emociones y sentimientos de la infancia y la adolescencia ante el descubrimiento de la realidad cruda y fascinante. A lo que se añade una particular articulación dialéctica entre  la conciencia humana individual y el sentido de la Naturaleza. Territorios veladamente sugeridos con toques de Mediterráneo, África, América Latina…, regusto ucrónico. Se me antoja que los relatos de Mondo y otras historias no deberían leerse todos juntos de corrido y a capón. Es preferible  una lectura morosa, sedimentaria, por capas… acompasada con el estilo circular, orbital, acaso geológico de Le Clézio. Compuestas en los años 70, ahora estas historias nos hieren en un mundo con tantos niños perdidos.

En Genna el tiempo no pasaba de la misma manera que en otro lado. Tal vez, incluso, los días no pasaban en absoluto: había noches, días y el sol que subía lentamente  en el cielo azul, y las sombras que se acortaban, luego se alargaban en el suelo, pero ya no tenía la misma importancia. A Gaspar no le preocupaba. Tenía la impresión de que siempre era el mismo día que volvía a empezar, un día muy largo que no terminaba nunca.

(p. 260. Los pastores)

 

 

 

 

J.M.G. Le Clézio en: Biblioteca UPM.

Material rodante, Gonzalo Maier

Material rodante
Gonzalo Maier
Barcelona: Minúscula, 2015

 

Material rodante es un pequeño libro en el que el escritor chileno Gonzalo Maier ha ido anotando las impresiones, pensamientos y observaciones que le asaltaban mientras realizaba los 180 kilómetros de trayecto en tren entre las localidades de Lovaina (Bélgica) y Nimega (Holanda). Un trayecto repetido más o menos trescientas setenta veces por motivos de trabajo, exactamente igual cada semana, que le ha servido para detenerse en los pequeños detalles, pensar en lo que habitualmente pasa desapercibido, albergar la esperanza de lo inesperado, reflexionar, entre otras cosas, acerca de la noción de viaje. Viajar, dice, no consiste únicamente en trasladarse a un lugar lejano o exótico. Uno sale de viaje, si quiere, cada día de camino al trabajo. Porque viajar consiste en mirar diferente.

 

Decía Cees Nooteboom, el escritor holandés, que su Japón es un Japón de libros. […] Mi Holanda no es una Holanda que haya descubierto leyendo novelas […] sino una Holanda estrictamente personal y privada. Una que me dedico a inventar arriba de un tren, aprendiendo a comer pan con queso gouda y a usar impermeables. Tal y como si este viaje fuera una novela. Una novela que no parece novela, tal como mi Holanda no se parece ni siquiera un poco a Holanda.

 

Y todo eso que mira el autor, todo lo que da carácter a su Holanda, a su Bélgica, a su viaje, está en este simpático libro, tan encantador como breve que nos hace reparar en los letreros y sus nombres de fantasía; los restaurantes y máquinas expendedoras situados en las estaciones; los baños públicos; las personas que viajan a nuestro lado y son (o no) siempre las mismas; y nos cuenta historias, como la del fuego amigo en la ciudad de Nimega o la del viaje que trajo la planta de la araucaria desde Chile a Europa.

 

La ilusión de dormir durante el viaje, me digo, es que uno siempre se podrá saltar el sufrimiento. Que se borrarán el tedio y el tiempo. Solo que a veces, pasándolos por alto, uno también pierde lo mejor.

 

Gonzalo Maier (Talcahuano, 1981) vive en Holanda. Ha publicado la novela breve Leyendo a Vila-Matas (2011).

Molinos de viento en Brooklyn. Prudencio de Pereda

carátula del libroMolinos de viento en Brooklyn

Prudencio de Pereda

Editorial: Hoja de Lata

2015

 

 

Un relato autobiográfico de inmigrantes, con el aliciente de referir las peripecias en el Nueva York de la primera mitad del siglo pasado, de una comunidad, no irlandesa ni italiana, sino española. Un libro de curiosa factura, recién publicado en España (octubre de 2015), traducido, puesto que su lengua original es el inglés: Windmills in Brooklyn (1960). Es más, la audiencia esperada en su origen fue claramente anglosajona, pues para explicar las diferencias entre el acento gallego y andaluz recurre a la comparación del aire de Nueva Inglaterra y el de Texas (símil de difícil proyección en nuestro entorno).

La comunidad española que se describe es amplia y curiosa, tiene un oficio bien definido: los teverianos, es decir, vendedores ambulantes de puros habanos (o eso dicen) con toda la picaresca asociada a los buhoneros, buscones de poca monta y a los lazarillos.

Este relato narra con cariño, las dificultades de un patriarca de familia (el abuelo) que trasplantado de su actividad original (camarero de alto postín antes de inmigrar allende los mares), se ve en la necesidad de ganarse la vida como teveriano, actividad que ejerce sin convencimiento y hasta con sonrojo, pero en la que se ve condescendientemente apoyado por otros personajes (de menos escrúpulos) que lo admiran.fotografía de prudencio de pereda

El título proviene precisamente de la recriminación que la abuela efectúa al carácter quijotesco del abuelo: “se te olvidó que no hay molinos de viento en Brooklyn”. Resulta muy interesante el ambiente conservador y al mismo tiempo algo amoral que lo envuelve, similar a lo que ocurriera en la sociedad victoriana donde se daban comportamientos tremendamente dispares y socialmente consentidos.

El autor, Prudencio Pereda, es el primer miembro de la familia que llega a la Universidad: el University College de Nueva York, aunque no es el personaje más boyante económicamente de la familia (o quizás deberíamos decir precisamente por eso). Prudencio sigue la estela del abuelo, mientras que el hermano (auditor de cuentas) se afianza en la vida según los criterios de la abuela: sobrio pragmatismo, oportunismo sin alardes.

Es libro de una tarde de disfrute, así lo he comprobado con varios miembros de la familia. Prudencio Pereda, escribe al mejor estilo Baroja, aunque él aspiraba a asemejarse a Hemingway, con quien entabla relación literaria. Es Hemingway quien lo recluta para escribir el guion del documental Spain in Flames, en el que se describe la situación de la Guerra Civil en España; colabora también el guion de The Spanish Earth. Trabaja en él con Lillian all the girls we lovedHellman, y John Dos Passos, y con el conjunto de escritores e intelectuales que se oponen a la política del senador Joseph McCarthy. Una de sus novelas: all the girls we loved llego a vender 500.000 ejemplares, después se apagó, y hoy la editorial Sensibles a las Letras lo recupera para el lector hispano hablante.

Yo lo he encontrado en la librería De Viaje, que es una librería peculiar, un curioso experimento de escasos pero relevantes fondos bibliográficos: novedosos y ultra-clásicos, específicos y variados, siempre prestos a describir entornos y vivencias, tanto en gran formato como en bolsillo, para viajar tanto en el espacio como en el tiempo.

 

For my part, I travel not to go anywhere, but to go.

I travel for travel’s sake.

The great affair is to move

 

Robert Louis Stevenson

Jardín, Pablo Simonetti

Jardín
Pablo Simonetti
Alfaguara, 2014

Novela corta o relato largo; sentido homenaje a una madre; fiel reflejo de los acuerdos y disensiones entre la descendencia de una familia acomodada chilena. Y éste último detalle es importante, pues el ambiente que se respira rezuma cosmopolitismo andino.

Santiago, con sus comunas (barrios), sus miles de coches (sin control de emisiones) y millares de cables aéreos (sobra el cobre); sus consentidos grafitis artísticos (se venden en postales), y sus jardines delicadamente aromáticos (no aptos para alérgicos). Allí donde las antenas de telefonía se visten de palmera para no distorsionar el entorno, y las familias tienen un aire trasnochadamente patriarcal, y devotamente matriarcal.

Se percibe en la sociedad chilena, y se refleja delicadamente en el libro, el tránsito de una sociedad que pasa de estar basada en casas unifamiliares, a centrarse en departamentos (pisos). Los barrios de los años cincuenta con sus casas de una planta y escaso valor comparados con sus jardines  de aprecio incalculable. Comunas donde cada casa era un apellido familiar y los jardines estaban llenos de azaleas y rododendros, tulipanes, lirios, narcisos, rosas y plantas acidófilas en general, en ocasiones traídas de los más recónditos viveros del país.

No sería justo para Pablo Simonetti desvelar mucho más pues el final es lacónico, claro e impactante.

Podemos, en cambio, escribir acerca del autor: Ingeniero civil (de caminos) por la Universidad Católica de Chile y master en Ingeniería económica en la Universidad de Stanford (USA). No encontramos apenas referencias a su actividad en este ámbito. Tan sólo que trabajo en Copec (compañía petrolera chilena) y que en 1996 lo dejó, invirtiendo toda su herencia en regalarse el tiempo y la técnica para escribir, en parte como un ejercicio de psicoanálisis.

El jardín es la metáfora de tu lugar en el mundo. Un jardín es un lugar que debes cuidar, dedicarte, a veces podar, desmalezar. También es un lugar donde paseas, pasas tiempo de contemplación. Tiene mucho de representación de tu identidad. Si yo pudiera clasificarme, sería un escritor de la identidad.

 

 

 

Dublineses, de James Joyce; Dublinés, de Alfonso Zapico

"Little Chandler apresuró el paso. Por primera vez en su vida se sentía superior a la gente con la que se cruzaba. Por primera vez su alma se sublevaba contra la insulsa inelegancia de Capel Street. No había la menor duda: si quieres triunfar has de irte. En Dublín no hay nada que hacer. Al cruzar Grattan Bridge, bajó la mirada hacia el río y vio los muelles inferiores, campadeciéndose de las pobres casas enclenques. Le parecieron una banda de vagabundos amontonados a la orilla del río, con los viejos capotes manchados de polvo y hollín, estupefactos ante el panorama del crepúsculo y esperando el primer escalofrío de la noche para elevarse por los aires, estremecerse y desaparecer." (Una pequeña nube)

 

* James Joyce:

Dubliners. Oxford : Oxford University Press, 2008.

Dublineses. Madrid : Alianza, 2011.

* Alfonso Zapico:

Dublinés. Bilbao : Astiberri, 2011.

Está lejos de poder compararse con las grandes metrópolis de Europa y del mundo en muchos aspectos. Sin embargo Dublín es un auténtico paraíso para los amantes de las letras y de los libros. Algunas de sus importantes bibliotecas pueden y merecen visitarse como monumentos, y su callejero está impregnado de referencias y testimonios de una legión de grandes autores. Entre ellos despunta James Joyce por la especial vinculación de su obra con la ciudad.

Dublineses parte de un material argumental costumbrista y de una práctica literaria aparentemente decimonónica (realismo, naturalismo). Pero a esta base Joyce le añade perspectivas surgidas de los avances contemporáneos en psicología y sociología, así como técnicas efectistas análogas a las empleadas por las vanguardias artísticas del momento. Le dolían su país y su ciudad, sentía que aparte de la dominación británica Irlanda estaba hipotecada por sus propias taras y autolimitaciones sociales: solo así se explica el enorme esfuerzo de precisa documentación invertido en la elaboración de la obra, la energía poética destilada en cada párrafo y la perseverancia ante las dificultades enfrentadas hasta su publicación. Menos complicado que otros libros suyos posteriores, resulta idóneo para acercarse a su escritura y para combinarlo con una visita a la propia Dublín actual en la que aún se pueden rastrear los lugares y trayectos frecuentados por sus variados personajes. Los pequeños relatos que lo componen a modo de álbum semiconceptual, hondos y emocionalmente contundentes, se nos antojan como canciones del mejor rock irlandés.

En caso de leer el original en inglés, recomiendo la estupenda y asequible edición de Oxford World's Classics a cargo de Jeri Johnson porque incorpora un montón de información adicional para disfrutar de Dubliners más y mejor. En castellano evitad la antigua traducción de Guillermo Cabrera Infante en favor de la más reciente y apreciable de Eduardo Chamorro, arriba citada.

"En el vestíbulo del hotel un viejo dormitaba en un enorme sillón con capirote. Encendió una vela en el despacho y marchó delante de ellos hacia la escalera. Le siguieron en silencio, hundiendo con un ruido suave los pies en la espesa alfombra de la escalera. Ella subió las escaleras tras el portero, con la cabeza inclinada en la ascensión, sus frágiles hombros curvados como bajo un peso, y la falda ciñéndola apretadamente. Él hubiera extendido los brazos para atrapar sus caderas y detenerla, pues sus brazos temblaban bajo el deseo de poseerla, y solo la violencia de sus uñas contra la palma de sus manos mantuvo el control de su cuerpo bajo aquel salvaje impulso. El portero se detuvo en medio de la escalera para poner bien la vela goteante. Ellos se detuvieron también, unos cuantos escalones detrás. En aquel silencio, Gabriel oyó caer la cera derretida en el platillo de la palmatoria, y el retumbar de su propio corazón contra sus costillas". (Los muertos)

 

Dublineses es un libro genial en sí mismo. Pero además existe otra obra maestra derivada: la adaptación cinematográfica del su relato final, The Dead, el último trabajo de John Huston antes de morir. Esta última circunstancia y su articulación con la función simbólica de la propia historia dentro del libro han terminado por convertir al binomio película-original literario en un auténtico mito de la cultura contemporánea que no os debéis perder.

Y para terminar, entre los muchos productos consagrados a la vida de James Joyce y su mundo, os recomendamos el cómic biográfico Dublinés, de Alfonso Zapico. Una obra esmerada, esclarecedora y entrañable, que está teniendo un tirón de lectura enteramente merecido y que seguramente os enganchará para siempre a la figura de este genio irlandés.

 

 

 

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