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Luisa Carnés. Tea rooms. Mujeres obreras

Luisa Carnés. Tea rooms. Mujeres obreras.

"Diez horas de trabajo, cansancio, tres pesetas"

Un café elegante del Madrid de principios de los treinta, en los albores de la Segunda República.  Un grupo de mujeres,  camareras que trabajan en él, cada una con su historia: Antonia,  la más veterana aunque nadie le reconozca su trabajo; Paca, una treintañera muy beata; Marta, que entró prácticamente suplicando el trabajo y está en una situación desesperada; Laurita, “ahijada” del dueño, la menos necesitada y las más alocada y Matilde, joven y pobre pero con ideas propias y mirada crítica y que es el alter ego de la autora.

"En este escondrijo cambian las muchachas sus vestidos de calle por los uniformes de labor. En estos clavos cuelgan las empleadas cada mañana su personalidad para recogerla cinco horas después".

El poder lo detenta la encargada, odiada por todas por su actitud prepotente que a su vez teme al “ogro”, el jefe supremo, el propietario. La novela cuenta el día a día de estas mujeres “obreras”. Es una reflexión sobre la realidad social femenina, los bajos salarios, las jornadas extenuantes y la realidad del acoso.

"En su cartela de franela azul, entre un pañuelo y un pomo de perfume vacío, hay diez céntimos. En su cerebro, dos perspectivas: un buñuelo caliente o un viaje en tranvía hasta los Cuatro Caminos”.

Mujeres pobres, con hermanos a los que alimentar y padres en paro que se echan a la calle a buscar trabajo y cogen lo que haya, muchas horas y poco sueldo.  Lo que engancha de esta novela es que sabemos que lo que cuenta su protagonista, Matilde, es lo que vivió la autora, que tuvo que abandonar la escuela a los 11 años para trabajar en un taller de sombreros y luego ya separada y con un hijo trabajó en una cafetería similar a la que describe en la novela. Carnés recuerda con estas palabras su propia juventud: “No comprendía entonces por qué una adolescencia puede ser tan amarga, ni unos pensamientos juveniles viejos”.

Realismo social puro y un alegato feminista a través de una estas mujeres, Matilde, que no quiere plegarse a lo que la sociedad quiere para las mujeres: la búsqueda del marido o la prostitución, sin caminos alternativos. Como dice Antonio Plaza en el epílogo del libro, la novela plantea el surgimiento de una mujer nueva, que busca la emancipación a través del trabajo (pero un trabajo digno), aspecto éste que no se en otras novelas sociales del momento. Así reflexiona la protagonista: 

"Pero también hay mujeres que se independizan, que  viven de su propio esfuerzo, sin necesidad de "aguantar tíos". Pero eso es en otro país, donde la cultura ha dado un paso de gigante; donde la mujer ha cesado de ser un instrumento de placer físico y de explotación; donde las universidades abren sus puertas a las obreras y a las campesinas más humildes. Aquí, las únicas que podrían emanciparse por la cultura son las hijas de los grandes propietarios (…); precisamente las únicas mujeres a quienes no les preocupa en absoluto la emancipación, porque nunca conocieron los zapatos torcidos ni el hambre".

La novela también refleja el ambiente de inestabilidad política y social que se vivía en esos momentos en España con huelgas y protestas debido a unas condiciones laborales pésimas.

La editorial gijonesa  “Hoja de lata” es la responsable de la reedición de “Tea rooms” (2016) y de la publicación recientemente de un recopilatorio de relatos de Luisa Carnés titulado “Trece cuentos (1931-1963)”. Se le agradece que haya recuperado a esta escritora "olvidada". Para mí ha sido un gran descubrimiento. "Tea rooms" es un libro muy potente, de los que dejan huella por lo que cuenta y cómo lo cuenta.  

Luisa Carnés nació en 1905 en el seno de una familia humilde y obrera en el madrileño barrio de Las Letras. Empleada desde los 11 años en un taller de sombreros invirtió el poco tiempo que tenía en la autoformación permanente a través de la prensa, los libros de la biblioteca del  barrio y ocasionalmente con libros de segunda mano. En 1928, Luisa Carnés publicó su primera novela, «Peregrinos del calvario», a la que siguió «Natacha» (1930), ambientada en un taller textil que ella conocía tan bien. El año de la aparición de esta última obra coincide con su entrada, como taquimecanógrafa, en la editorial Compañía Iberoamericana de Publicaciones (CIAP), donde conoció al dibujante Ramón Puyol, que poco después se convertiría en su marido. En 1934 publica “Tea rooms. Mujeres obreras” recibida calurosamente por la crítica, que destacó de ella su carácter innovador y su fuerza narrativa. Al estallar la Guerra Civil, Carnés se centró en su labor como periodista militante hasta que, acabada la contienda y con la derrota del bando republicano, se exilió en México donde siguió escribiendo hasta su muerte, en 1964, víctima de un accidente de tráfico. Luisa Carnés marchó al exilio con lo puesto, llevándose como único equipaje una cartera de piel que contenía su bien más preciado, sus relatos.

Placa colocada por el Ayto. de Madrid en la calle Lope de Vega, 31.

Angelika Schrobsdorff. Tú no eres como otras madres.

Angelika Schrobsdorff

Tú no eres como otras madres

Periférica&Errata naturae, 2016

 

“Hay que tener un hijo con cada hombre al que se ama”. Ésta era su convicción, y se atuvo a ella. Viniera lo que viniera, estando casada o no…”

Este  libro de título tan atrayente, “No eres como las otras madres”, nos relata la vida de Else Kirschner, una mujer nacida en una familia de la burguesía judía de Berlín a finales del siglo XIX. La historia nos la cuenta su hija, Angelika Schrobsforff, autora del libro que en primera persona recorre las peripecias vitales de su madre, de su familia y de ella misma.

“Mi madre era tan complicada como un rompecabezas de mil piezas, y yo tuve que reunir todos los fragmentos y encajarlos”

Else desde luego no es una madre al uso. Liberada de los prejuicios de su época se casó por amor con un artista que además era católico. Se propuso tener un hijo con cada hombre que amara y así lo hizo.  Amó mucho y también hizo sufrir. Atractiva, culta y encantadora se enamoró y enamoraba y en muchos aspectos se saltó las normas viviendo a tope la bohemia berlinesa de los “locos años veinte” dedicada a fiestas, viajes y amores.

Esto le decía Else a su hija Angelika al fina de su vida:

"Como mujer de mi generación, yo era algo nuevo, insólito y sospechoso. Me salía del marco, por así decir, tenía que ser muy fuerte y hacerme mis propias leyes. Nadie me ayudó, al contrario: se me aceptaba, en el mejor de los casos, como un bicho raro, y en el peor, se me tenía por una degenerada".

Luego vinieron los años duros de la persecución y del miedo y la dura experiencia del exilio y ahí Else se encuentra con una realidad nueva y reveladora.

Y siempre fue una madre, no como las demás, pero una madre que adoraba a sus tres hijos.  Fascinante y fuerte y, al mismo tiempo, llena de debilidades e incoherencias. Una madre cariñosa y tierna con sus hijos aunque inestable y despreocupada en los tiempos felices. Una madre protectora y angustiada por ellos, cuya preocupación constante fue protegerles. Las grandes penas de su vida le vienen por el sufrimiento de sus hijos no por el propio.

"Creo que su transformación comenzó con aquella racha de desgracias.  Fue su primer choque con la realidad, la primera confrontación sincera consigo misma, la primera toma de inventario existencial: ¿qué importaban las adversidades del día a día, la fealdad del piso, los limitados recursos económicos?… No se trataba ya de las comodidades de la vida; la cuestión única y exclusiva era sobrevivir, salvar a sus hijas".

A través de sus protagonistas vamos conociendo la historia de Alemania, desde principios de siglo XX con la primera Guerra Mundial y los locos años 20 hasta la aparición y consolidación de Hitler en el poder y todo lo que vino después: la persecución, la huida, el exilio, la derrota, la vuelta a una Alemania destrozada y muy cambiada.

Else, que ni siquiera se siente judía en sus creencias y viró al catolicismo desde pequeña no entiende como su Berlín, su Alemania llena de gente inteligente se va convirtiendo en un nido de nazis. De ser unos alemanes de los pies a la cabeza pasan a ser medio alemanes/medio judíos; eran unos privilegiados burgueses y se convierten en unos refugiados pobres; antes ensalzaban el carácter y la intelectualidad alemana y en poco tiempo desean que los alemanes paguen por todo lo que les han hecho.

A pesar de todo Else, al final de su vida, enferma y cansada, solía decir:

"Y sin embargo la vida ha sido bella".

Angelika Schrobsdorff con su madre Else

Una novela muy interesante que combina muy bien historia y sentimientos y que te tiene enganchado hasta que la acabas.