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El temperamento español. V.S. Pritchett


El temperamento español
V.S. Pritchett
Gatopardo, 2015

 

 

La visión del paisaje castellano me cambió la vida.

 

El autor de esta  frase no es Unamuno sino V.S. Pritchett (1900-1997) un escritor y periodista inglés que estuvo viajando por España en los años 20 y 30 poniendo en ello sus cinco sentidos.

No es este un libro de viajes que descubra ciudades o costumbres, sino la mirada escrutadora de un hombre culto que conocía nuestra literatrura y hablaba nuestro idioma al que lo que le interesaba era desentrañar la forma de ser de los españoles.

Se trata de un libro muy personal que da por hecho que los lectores ya han leído todas las guías y que conocen España.

En España al viajero se le dispensa  una bienvenida viril y una amabilidad maternal, sencilla y generosa, que no llevan aparejado deseo alguno de reconpensa ni ganas de sacar provecho alguno.

Llegó con 23 años como corresponsal del Christian Science Magazine y fue tal la impresión que le causó España que regresó una y otra vez hasta la Guerra Civil. La fuerza de la atracción original perduraba y volvió en 1951 y 1952 encontrando un pais en apariencia muy cambiado.

 

Tertulia de Benavente en el Café Lisboa, Madrid 1918

 

 Fui afortunado al estar en España  en una época en la que la mayoría de los integrantes de la Generacion del 98 se hallaban en plena madurez. ….Entre los poetas estaban Machado, Juan Ramón Jimenez y el joven Lorca…..Muchos de ellos le tomaron afecto a este extranjero joven y motivado y me reeducaron. Me liberaron del simplista concepto norteño de la llamada “Leyenda Negra”  y también de las  ilusiones románticas de la España de Carmen hecha de “sangre y toros”.

 

Poseía una mirada sin tópicos y era amigo de Gerald Brenan, estuvieron en España en los mismos años, tuvo la ocasión de conocer a Machado, a Unamuno y a Baroja entre otros. En el libro aparecen citados muchos escritores españoles que conoce bien: Jorge Manrique, Santa Teresa, Ignacio de Loyola, Azorín, Galdós, Menéndez Pidal, Giner de los Rios… Pasó por todas las ciudades, subió a todas las sierras y en todas partes estuvo atento a la manera de ser de los habitantes del país que más le impresionó en la vida, el nuestro.

 

 

La elección para el título de la palabra temperamento, y no carácter, ya nos aproxima a la opinión de Pritchett sobre nosotros.  Algunas características las encuentra comunes a todo el país y otras propias de una u otra zona. Vayan aquí algunos rasgos hispanos de aperitivo antes de leer este libro : austeros, se mueven con discreción, dignos, muy caballerosos, fatalistas, tendentes a arremeter contra su propio país, fanáticos, no conocen la timidez y valoran la gracia; muestran cierto desapego por lo material, lo que sucede en todas las clases sociales ya sean pobres o ricos.

V.S. Pritchett en la UPM

 

 

Molinos de viento en Brooklyn. Prudencio de Pereda

carátula del libroMolinos de viento en Brooklyn

Prudencio de Pereda

Editorial: Hoja de Lata

2015

 

 

Un relato autobiográfico de inmigrantes, con el aliciente de referir las peripecias en el Nueva York de la primera mitad del siglo pasado, de una comunidad, no irlandesa ni italiana, sino española. Un libro de curiosa factura, recién publicado en España (octubre de 2015), traducido, puesto que su lengua original es el inglés: Windmills in Brooklyn (1960). Es más, la audiencia esperada en su origen fue claramente anglosajona, pues para explicar las diferencias entre el acento gallego y andaluz recurre a la comparación del aire de Nueva Inglaterra y el de Texas (símil de difícil proyección en nuestro entorno).

La comunidad española que se describe es amplia y curiosa, tiene un oficio bien definido: los teverianos, es decir, vendedores ambulantes de puros habanos (o eso dicen) con toda la picaresca asociada a los buhoneros, buscones de poca monta y a los lazarillos.

Este relato narra con cariño, las dificultades de un patriarca de familia (el abuelo) que trasplantado de su actividad original (camarero de alto postín antes de inmigrar allende los mares), se ve en la necesidad de ganarse la vida como teveriano, actividad que ejerce sin convencimiento y hasta con sonrojo, pero en la que se ve condescendientemente apoyado por otros personajes (de menos escrúpulos) que lo admiran.fotografía de prudencio de pereda

El título proviene precisamente de la recriminación que la abuela efectúa al carácter quijotesco del abuelo: “se te olvidó que no hay molinos de viento en Brooklyn”. Resulta muy interesante el ambiente conservador y al mismo tiempo algo amoral que lo envuelve, similar a lo que ocurriera en la sociedad victoriana donde se daban comportamientos tremendamente dispares y socialmente consentidos.

El autor, Prudencio Pereda, es el primer miembro de la familia que llega a la Universidad: el University College de Nueva York, aunque no es el personaje más boyante económicamente de la familia (o quizás deberíamos decir precisamente por eso). Prudencio sigue la estela del abuelo, mientras que el hermano (auditor de cuentas) se afianza en la vida según los criterios de la abuela: sobrio pragmatismo, oportunismo sin alardes.

Es libro de una tarde de disfrute, así lo he comprobado con varios miembros de la familia. Prudencio Pereda, escribe al mejor estilo Baroja, aunque él aspiraba a asemejarse a Hemingway, con quien entabla relación literaria. Es Hemingway quien lo recluta para escribir el guion del documental Spain in Flames, en el que se describe la situación de la Guerra Civil en España; colabora también el guion de The Spanish Earth. Trabaja en él con Lillian all the girls we lovedHellman, y John Dos Passos, y con el conjunto de escritores e intelectuales que se oponen a la política del senador Joseph McCarthy. Una de sus novelas: all the girls we loved llego a vender 500.000 ejemplares, después se apagó, y hoy la editorial Sensibles a las Letras lo recupera para el lector hispano hablante.

Yo lo he encontrado en la librería De Viaje, que es una librería peculiar, un curioso experimento de escasos pero relevantes fondos bibliográficos: novedosos y ultra-clásicos, específicos y variados, siempre prestos a describir entornos y vivencias, tanto en gran formato como en bolsillo, para viajar tanto en el espacio como en el tiempo.

 

For my part, I travel not to go anywhere, but to go.

I travel for travel’s sake.

The great affair is to move

 

Robert Louis Stevenson

La ruta de don Quijote. Azorín.

9788420610771La ruta de don Quijote
Azorín
Alianza bolsillo, 2013
 

 

Todo está en profundo reposo. El sol reverbera en las blancas paredes; las puertas están cerradas; las ventanas están cerradas. Pasa de rato en rato, ligero, indolente, un galgo negro, o un galgo gris, o un galgo rojo. Y la llanura, en la lejanía, allá dentro, en la línea remota del horizonte, se confunde imperceptible con la inmensa planicie azul del cielo.

 

Azorín ( Mónovar 1873 – Madrid 1967 ) fue enviado por el periódico El Imparcial en 1905 a los lugares cervantinos. El director del periódico, Ortega Munilla, el padre de José Ortega y Gasset, le encarga que mande desde La Mancha dieciséis crónicas contando sus impresiones. Esas crónicas forman este libro que salió inmediatamente publicado.

Se trataba de conmemorar con ellas el Centenario de la aparición del Quijote y con esa misma intención apareció el mismo año Vida de Don Quijote y Sancho de Miguel de Unamuno.

El resultado del viaje es curioso porque el libro no es ni una guía para la lectura del Quijote ni ofrece pistas para conocer esos pueblos y lugares manchegos.

Tampoco nos cuenta qué problemas reales tienen sus habitantes a principios del siglo XX, ni sus inclinaciones políticas o necesidades económicas.

Lo que hace Azorín es meternos de golpe en un mundo ensimismado, en unas vidas quietas, en unas islas en ninguna parte que tienen nombres de pueblos reales: Argamasilla de Alba, Campo de Criptana o El Toboso.

El paisaje para Azorín no es una fotografía sino algo interior, un estado de ánimo.

Andrés Amorós.

Todo lo que pinta nos produce sensación de eternidad. Es como si nos metiéramos en un cuadro en el que los lugares son reales y los personajes también pero gana la fantasía, la atmósfera que se inventa el autor.

azorin

Azorín mira de un modo distinto al resto de las personas, de los escritores, de los viajeros, de las personas que conocemos, de nosotros mismos antes de leerle. Y mira lo que nadie mira, bellezas poco llamativas. Las piedras del suelo del zaguán o la escoba de una señora que barre un pasillo. Lo que él mira se convierte inmediatamente en importante, en trascendente. Es un escritor que nos enseña a mirar. Argamasilla_Azorín Aranjuez

Este es un libro muy diferente, claro que todos los libros de Azorín lo son, deja un rastro delicioso y crea en nosotros un vínculo personal e íntimo con el paisaje de  La Mancha. Maravilla su prosa tan limpia, tan pecisa, tan pensada y pulida.

Hay en todo momento una palabra, la justa. Esa y no otra.

Azorín.

Mario Vargas Llosa dedicó a Azorín su discurso de ingreso en la Real Academia de la Lengua y de esta obra en particucular dejó esta párrafo escrito:

 

La ruta de don Quijote de Azorín es uno de los más hechiceros libros que he leído. Aunque hubiera sido el único que escribió, él sólo bastaría para hacer de Azorín uno de los más elegantes artesanos de nuestra lengua.

Mario Vargas Llosa

 

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Azorín en las Bibliotecas de la UPM

 

Azorín en NST

 

La España de Manet

La España de Manet
Selección de textos y traducción Carlos Melchor
Edinexus, 2003

Este libro es una selección de las cartas que sobre España se cruzaron el pintor Édouard Manet (1832-1883) y sus amigos. Los amigos eran entre otros Baudelaire, Zola, Zacharie Astruc, Fantín-Latour y Mallarmé.

Todos eran intelectuales y a todos, constatarlo resulta revelador,  les interesaba saber cómo llegar, dónde dormir, qué ver y cómo sobrevivir en España porque el que no había estado ya en nuestro país se estaba organizando para hacerlo.

En Madrid se alojó en el Gran Hotel de París, en la Puerta del Sol y allí conoció a Théodore Duret, fabricante y vendedor de coñac y futuro mecenas. Fueron juntos a Toledo para ver los cuadros de El Greco, y con él regresó, pocos días después, a Francia.

Manet se muestra en sus cartas fascinado por Velázquez y por las corridas de toros que luego llevaría a muchos de sus lienzos.

Por fin amigo mío he podido admirar los cuadros de Velázquez y le puedo asegurar que es el pintor más grande que jamás haya existido. Sólo por él ya merece la pena sufrir el cansancio y las contrariedades inherentes a un viaje a España.

Carta de Édouard Manet a Charles Baudelaire. 14 de septiembre de 1865.

 

 

Vino a España en 1865 a ver pintura española y en particular a Velázquez. Él ya conocía nuestra cultura, en París había importantes obras de los grandes maestros españoles, pero necesitaba ver todos los cuadros. Esa admiración dejó una impronta evidente en su obra, mayor que en la de ningún otro pintor extrajero de su época. En 2004 una importante exposición en el Museo del Prado lo reconocía y recibía a Edouard Manet como a uno de los nuestros. Se titulaba justamente así: Manet en el Prado.

 

 

 

Permanecí siete días en Madrid, y he tenido tiempo de verlo todo. El Paseo del Prado con sus mantillas me ha gustado mucho, pero como espectáculo único, las corridas de toros.

Édouard Manet a Zacharie Astruc. 17 de septiembre de 1865.

 

 

Manet fue el inventor de la pintura moderna, y como nos dice María de los Santos García Felguera en su magnífica introducción a este libro lo hizo con la ayuda de Velázquez.

Édouard Manet en la Biblioteca de la UPM

 

Viajes con Heródoto, de Ryszard Kapuściński

Podróże z Herodotem

Kraków: Znak, 2004.

Viajes con Heródoto

Barcelona: Anagrama, 2006-2008.

Cada vez que contempla uno ciudades, templos, palacios ya muertos, se pregunta por la suerte  que corrieron sus constructores. Por su dolor, sus columnas vertebrales rotas, por los ojos que saltaron de sus cuencas al recibir el impacto de una esquirla, por su reumatismo. Por su vida desgraciada. Y entonces surge la siguiente pregunta: ¿podrían existir tamañas maravillas sin ese sufrimiento? ¿Sin el látigo del vigilante? ¿Sin ese miedo que anida en el esclavo? ¿Sin esa soberbia que anida en el soberano? (p. 173-174)

Ryszard Kapuściński es conocido sobre todo por sus varios libros sobre África . En cambio, en esta ocasión el autor, aunque relata experiencias vividas en diversos continentes, enfoca la obra principalmente hacia Asia. Por un lado, el libro es mucho más intimista y personal que otros suyos: habla bastante de sí mismo y de sus precarios inicios como reportero internacional en los años 50, cuando se estrenó con sendas estancias nada menos que en India y en China. Y por otra parte, también al hilo de la vertiente propiamente autobiográfica, Kapuściński nos relata la devoción laica que durante años profesó por Heródoto de Halicarnaso, el precursor de la ciencia histórica en la Antigüedad clásica. Nuestro contemporáneo viajero, cuya formación académica en Historia había estado probablemente lastrada por los condicionamientos económicos y culturales de la Polonia de la segunda postguerra mundial, un buen día tuvo la suerte de recibir un regalo precioso: una traducción al polaco de las Historias del antiguo autor griego. Como a su vez el tema principal de estas Historias son las Guerras Médicas que enfrentaron a las ciudades griegas con el Imperio persa Aqueménida -Asia/Oriente-, esta superpotencia se retoma en Viajes con Heródoto como el prototipo de la alteridad –el Otro por antonomasia- frente a Europa/Occidente, a su vez retro-representados por la Grecia clásica.

Aunque muy famoso y devenido autor de culto,  Kapuściński sigue siendo un personaje polémico a día de hoy. No me veo capacitado para juzgar desde un punto de vista profesional sus trabajos de periodista o “reportero”, denominación de sabor artesanal que a él le gustaba utilizar. Algunas nociones históricas vertidas por él no me parecen del todo acertadas. Pero como lector ingenuo, creo que en sus obras se aprende mucho sobre el mundo y sobre la condición humana, y también que él mismo como personaje resulta un gran seductor. En Viajes con Heródoto su escritura alcanza momentos emocionantes de gran intensidad y lirismo, como en el capítulo titulado “El tiempo desaparece”. No os deberíais perder este libro. No esperéis más para descubrir el papel estelar de una liebre lejana, como la retratada por Durero y que adorna la cubierta de la edición española.

 

Al europeo que por primera vez tenía contacto con la gran diversidad de pueblos y culturas que veía en Dar es Salaam le chocaba no sólo el hecho de que fuera de Europa existían otros mundos –esto, al menos teóricamente, lo sabía desde hacía un tiempo-, sino sobre todo que esos mundos se encontraban, se comunicaban, se mezclaban y convivían sin mediación y aun, en  cierto modo, sin conocimiento y sin el visto bueno de Europa. A lo largo de muchos siglos había sido ésta centro del mundo en un sentido tan literal y obvio que ahora el europeo a duras penas concebía que sin él y más allá de él muchos pueblos y civilizaciones llevasen una vida propia, tuviesen sus propias tradiciones y sus propios problemas. Y que más bien fuera él el huésped, el extraño, y su mundo, una realidad remota y abstracta. (p. 242)

Obras de Ryszard Kapuściński en Bibliotecas UPM

Gustavo A. Bécquer. Desde mi celda

Portada libro Desde mi celda


Gustavo Adolfo Bécquer. Desde mi celda.

"viento que gime a lo largo de las desiertas ruinas y el agua que lame los altos muros del monasterio o corre subterránea atravesando sus claustros sombríos y medrosos"

 

Por tierras aragonesas y al pie del Moncayo se encuentra el monasterio de Veruela. Una joya del cisterciense que inspiró el libro que ahora reseñamos, Desde mi celda de Gustavo A. Bécquer. Una vez más, arte y literatura van de la mano.

El poeta estaba familiarizado con la zona desde mucho antes (su esposa Casta era de Torrubia, actualmente Torrubia de Soria*) y el paisaje del Moncayo le inspiró algunas de sus leyendas más famosas como El monte de las ánimas (1861), El gnomo (1863) y La corza blanca (1863). Gustavo A. y su hermano, el pintor Valeriano, disfrutaron junto a sus familias de una larga estancia verolense entre diciembre de 1863 y julio de 1864. Hay que explicar que este monasterio, fundado en 1145, tuvo una larga y fructuosa vida hasta que en 1835, con la Desamortización de Mendizábal, quedó abandonado. Hacia 1846 se abrió en él una hospedería y se alquilaban celdas. El singular conjunto adquirió cierta fama y fue muy visitado por los viajeros romáticos.

De sus vivencias por estas tierras nacieron las nueve cartas que ahora nos ocupan, enviadas al periódico El Contemporáneo, para el que trabajaba Gustavo A. Bécquer entre el 3 de mayo y el 6 de octubre de 1864, sin firma. Como el propio Bécquer nos cuenta en una de ellas, tenía miedo de que a los lectores les interesara poco sus vivencias en un lugar tan retirado y ajeno al bullicio madrileño.  Sin embargo se sabe que se siguieron con gran atención y tuvieron una excelente acogida.

El monasterio de Veruela al pie del Moncayo

El monasterio de Veruela al pie del Moncayo

 

Una oportunidad para conocer al Bécquer periodista, más desconocido que el Bécquer poeta. Las cartas tienen una prosa fluida y muy buenas descripciones de paisajes y personas. Autor con sentido del humor como se ve en la primera carta donde cuenta el viaje desde Madrid a Tudela y el paseo en diligencia de allí a Tarazona. Muy ameno de leer, Bécquer narra sus vivencias por estas tierras, la tranquilidad de la vida campesina, su atracción por el pasado y su necesidad de revivirlo. Por supuesto también hay hueco para las leyendas sobre brujería (el caso de la tía Casta y las brujas que habitan en el castillo de Trasmoz y la increíble historia de cómo se construyó este castillo en una noche). Bécqer nos las relata desde la incredulidad pero reconociendo cierta inquietud.

Las brujas, con grande asombro suyo y de sus feligreses, tornaron a aposentarse en el castillo; sobre los ganados cayeron plagas sin cuento; las jóvenes del lugar se veían atacadas de enfermedades incomprensibles: los niños eran azotados por las noches en sus cunas, y los sábados, después que la campana de la iglesia dejaba oír el toque de ánimas, unas sonando panderos, otras añafiles o castañuelas, y todas a caballo sobre sus escobas, los habitantes de Trasmoz veían pasar…

 

Fructífera fue la estancia de los dos hermanos en Veruela ya que Valeriano pintó acuarelas y dibujos recogidos en el álbum Expedición a Veruela (conservados en la Avery Architectural Lybrary de la Universidad de Columbia, New York). Ambos hermanos murieron jóvenes y con tan sólo tres meses de diferencia. Valeriano en septiembre de 1870 a los 37 años y Gustavo en diciembre de este mismo año, a los 34 años.

Placa conmemorativa Becquer en Veruela

Placa conmemorativa colocada a la entrada del monasterio

*Agradezco  a José Gil la corrección que nos ha hecho llegar acerca del lugar de nacimiento de Casta, la esposa de Bécquer, ya que aparecía erronéamente que era natural de Noviercas, otro pueblo de Soria (del que sí que era natural la madre de Casta).

Otros lugares para visitar si se está por la zona son las localidades de TarazonaTrasmoz y Borja.

Libros de Gustavo A. Bécquer en las bibliotecas de la UPM.

 

La mujer del cartógrafo, de Robert Whitaker

La mujer del cartógrafo
Robert Whitaker
Barcelona, Océano, 2004

En la Biblioteca Campus Sur tuvo lugar entre los meses de noviembre-diciembre de 2012 la exposición titulada “Europa en mapas”. Con este motivo se seleccionaron una serie de obras relacionadas con el mundo de la cartografía, tanto técnicas como literarias. Entre estas últimas se incluyó ”La mujer del cartógrafo”, una obra literaria que además tiene un buen nivel científico.

 

 

Whitaker nos sitúa a principios del siglo XVIII en una Europa inmersa en el espíritu de la Ilustración donde se “discutía” sobre la forma de la Tierra; podemos decir que era el tema de actualidad entre los científicos, enfrentando a newtonianos y cartesianos. Ya se sabía que la Tierra era un elipsoide pero todavía no estaba claro si estaba achatada en los polos (postura inglesa defendida por Newton) o en el ecuador (postura francesa defendida por Cassini). En este ambiente la Academia de Ciencias de París decidió enviar dos expediciones para que llevasen a cabo la medición de un arco de meridiano. Una iría al Círculo Polar y otra, dirigida por Charles-Marie de la Condomine, Pierre Bourguer y Louis Goudin y en la que participan los españoles Jorge Juan y Antonio de Ulloa, al ecuador (cerca de Quito). Estamos en el año 1735.

“La mujer del cartógrafo” nos introduce en este ambiente científico y nos lleva también de expedición a América como un miembro más. Entre los expedicionarios se encuentra Jean Godin quien casará con Isabel Gramesón y es ella la que protagonizará la hazaña de atravesar el alto Amazonas, partiendo de Perú, al encuentro de su marido que se encontraba en la Guayana francesa. Isabel comienza su viaje en el año 1769 y no se reencontrará con su marido hasta el año siguiente tras incontables penalidades y muerte de sus acompañantes. Jean Godin e Isabel Gramesón llegaron a Francia en 1773.

El libro no es solo el relato de este viaje y de la relación entre Isabel y Jean sino también el relato del trabajo científico y las penurias que pasaron los componentes de la expedición para lograr el objetivo marcado.

 

Robert Whitaker en la Biblioteca UPM

 

Pilar Díaz Asensio

 

Descripción del Egipto otomano. Pablo Martín Asuero.

Descripción del Egipto otomano según las crónicas de viajeros españoles, hispanoamericanos y otros textos (1806-1924)

Pablo Martín Asuero

Miraguano

2006

El primer contacto visual directo de mi vida con el arte egipcio fue en el Museo del Louvre, no lo puedo olvidar. Allí un verano pretérito me topé, por sorpresa, con una esfinge de granito rosa en una salita privada y semioscura. La impresión fue tan tremenda que no pude evitar dar un grito. Aquella cosa irradiaba una fuerza, una solemnidad  y una emoción imponentes que no tenia nada de lo que había visto hasta entonces.

Esa fascinación  y mucha más  sorpresa la sintieron sin duda   los viajeros españoles que descubrieron Egipto en el siglo XIX y principios del XX.

Hay que tener en cuenta, para entender muchos de los comentarios que recoge este libro, que ellos no llevaban información previa sobre lo que les esperaba en Egipto, eran los inicios de la fotografía.

  Bienvenidos sean estos testimonios curiosos de viajes, no de extrajeros por España -la perspectiva más común- sino lo contrario, de españoles e hispanoamericanos por Egipto, un mundo entonces muy lejano y que fue el gran destino de moda.
 

La apertura del Canal de Suez -en la suntuosa ceremonia de innauguración estuvo Eugenia de Montijo- puso de actualidad Egipto. Este acontecimiento unido a los descubrimientos arqueológicos, las exposiciones de piezas encontradas y las múltiples publicaciones sobre el país que se editaron entonces animaron a muchos europeos a visitar la tierra de los faraones.

Los españoles que cuentan sus impresiones en este libro son cónsules, embajadores, espias, burgueses con dinero, escritores como Blasco Ibañez y diversos profesionales que visitaron la zona por motivos de trabajo.

Van dos pinceladas de las muchas que ofrece este libro de viajes diferente y lleno de interés.

Sobre las sorprendentes vestimentas:

Cuando van por la calle visten un manto negro, a la manera de fantasma, que les cubre la cabeza y les llega hasta los piés: debajo del manto  llevan una toca semejante a la que llevan las monjas.

 

Tampoco faltan los consejos prácticos sobre los trayectos cortos.  Este sobre las travesias por el Nilo :

En cada vapor hay un saloncito angosto para las señoras y otro para los hombres con sofás corridos. Cada uno duerme en el asiento que le toca, si no se descuida en ocuparlo y tomar posesión de él cuando llega al vapor.


 

Viajes por Europa, de Emilia Pardo Bazán

Viajes por Europa

Emilia Pardo Bazán

Bercimuel

2003

 

 Nunca había leído a Emilia Pardo Bazán.

Quizás prejuicios. Tanto los datos que sabía de ella -introductora del naturalismo, retrato de ambientes rurales de la Galicia del siglo XIX-  como  las  fotos que había visto,  en las que resultaba muy antigua y siempre una mujer muy mayor… nada animaba a leerla.

Por razones de trabajo, preparando una exposición, me tuve que leer un libro suyo titulado Al pie de la Torre Eiffel en el que se recopilan las crónicas que mandaba a varios periódicos (era tambien periodista) desde el París de la Exposición Universal de 1889. Desde  aquella magna exposición  en la que se erigió la Torre Eiffel y la gran Galería de Máquinas.

En el libro Doña Emilia  lo cuenta todo. Cómo era el recinto,  cómo moverse por los  pabellones, los espectáculos nocturnos, la moda que lucían de las francesas, el desarrollo industrial…, todo con una prosa de calidad y una frescura que me sorprendieron.

Solo de entrar en la Galería de Máquinas y ver el incesante y periódico vaivén de tanto artilugio, me entra un malestar, un desasosiego, un azoramiento físico que se convierte pronto en sufrimiento y en alteración nerviosa. Las máquinas sudan, gimen, trabajan con una tenacidad sombría e implacable.

 

Aquella exposición tuvo ingredientes verdaderamente extraordinarios y una gran carga política, ya que coincidió, en una desacertada casualidad, con el aniversario de la Revolución Francesa y varios paises europeos, Alemania, Italia, Austria-Hungría… no quisieron participar celebrando nada en semejante fecha y en París.

Y gracias a la Torre Eiffel fue la ocasión de subir tan alto como nunca se había podido subir, andando o en ascensor. Doña Emilia, mujer valiente y amante del progreso, probó el ascensor y nos lo describe en una crónica altamente recomendable.

Al empezar la temible ascensión,  cuenta cómo miraba asombrada el alejarse de los coches de tiro, pero a los pocos segundos ya no veía ni al cochero ni al caballo, así es que habia que mirar al frente y  -¡estupor!- lo que se veía perfectamente era  ¡Versalles!.

La edición de Bercimuel recoge varios de los muchísmos viajes que hizo por Europa esta mujer interesada por todo, que escribió novelas, ensayo literario, poesía, que se ocupó de la educación de las mujeres, que disfrutó de todo lo que se le puso por delante y que conquistó entre otros al mismísimo Pérez Galdós.

 

Libros de Emila Pardo Bazán en las Bibliotecas de la UPM

 

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