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Cartas a sus amigos. Ramón Gaya.

ínaaadiceRamón Gaya

Cartas a sus amigos

Editorial Pre-textos

 

Mañana estoy citado con Concha para ir juntos al Louvre; allí tengo amigos…perennes, Rembrandt y Tiziano sobre todo.

Ramón Gaya (Murcia 1910- Valencia 2005) es un creador diferente, un pensador deslumbrante y un fino pintor que por diversas circunstancias es muy poco conocido. Su fe, era el arte, para Gaya el arte o es salvación o no es nada.

Ahora la editorial Pre-Textos le trae a la actualidad al publicar un volumen con las cartas que escribió a sus amigos. Gaya escribió muchas cartas porque siempre estuvo lejos, pasó mas de veinte años  fuera de España entre México y Roma donde estuvo exiliado. Muchos de sus escritos se ocupan de obras pictóricas que le parecen fundamentales como las de Velázquez, Tiziano, Murillo, Van Eyck o Picasso pero también nos lleva hasta la obra de Fidias o a ciudades como Córdoba o Venecia. No regresó a España hasta 1960 y para entonces se encontraba extraño aquí; se volvió a marchar y volvió a regresar. En los últimos años recibió diversos reconococimientos oficiales y su ciudad, Murcia, creó en 1990 un magnífico Museo para conservar su obra y difundir su legado.

Conoció a Juan Ramón Jimenez, y a casi toda la Generación del 27, en su viaje a Madrid en 1928, este volumen recoge varias cartas que se cruzó con el poeta de Moguer. Colaboró con las Misiones Pedagógicas durante la II República, realizó copias de grandes obras del Museo del Prado y con ellas acercó a los grandes de la pintura a los rincones mas pequeños de España. 

Querido amigo Juan Ramón: tengo algún dibujo de ramita de perejl, pero no estoy conforme con ellos. Cuando tenga otros mejores para mí, le mandaré todos; quizá mañana mismo o pasado. Saludos para Zenobia. Su buen amigo, Ramón Gaya

 

Para conocer la fascinante obra de Ramón Gaya hay que leer sus escritos, él nunca se consideró un escritor sino un pintor que escribe, que son verdaderas joyas. Recomiendo el Tomo 1 de su Obra Completa editada por Pre-textos. Asombra leer que dice lo que piensa independientemente de si está o no de acuerdo con las modas del momento o lo culturalmente correcto. Pero sobre todo deslumbra su capacidad para decir lo que siente con una eficacia de dardo, de saeta, con esa transparencia que tiene la verdad y sinceridad absoluta.

Las fechas de las cartas van desde 1928 hasta 1978 pero no es un asunto importante porque el tiempo de Gaya es un tiempo interior, independiente casi siempre de lo que ocurre fuera.

Concha, de todas las personas que conozco, no digo que sea la más profunda -¿quién podría dictaminar y decidir… eso?-, pero sí que dispone de una atención más profunda. Ese poder de atención extrema, de concentración extrema, se debe, en parte, a su muy decidida abstinencia; porque, por extraño que pueda parecernos, en cuanto alguien cede a la tentación de… hacer, su facultad de ver, de comprender, de percibir, de recibir y de adentrarse en la realidad, se debilita: el… quehacer se apodera de todo, lo vacía todo.

Muchos de sus amigos eran creadores como él, aquí encontraréis algunas pinceladas para completar su siempre escurridizo retrato. Poemas que le dedicaron sus amigos poetas.

 

Ramón Gaya en la Biblioteca UPM

La España de Manet

La España de Manet
Selección de textos y traducción Carlos Melchor
Edinexus, 2003

Este libro es una selección de las cartas que sobre España se cruzaron el pintor Édouard Manet (1832-1883) y sus amigos. Los amigos eran entre otros Baudelaire, Zola, Zacharie Astruc, Fantín-Latour y Mallarmé.

Todos eran intelectuales y a todos, constatarlo resulta revelador,  les interesaba saber cómo llegar, dónde dormir, qué ver y cómo sobrevivir en España porque el que no había estado ya en nuestro país se estaba organizando para hacerlo.

En Madrid se alojó en el Gran Hotel de París, en la Puerta del Sol y allí conoció a Théodore Duret, fabricante y vendedor de coñac y futuro mecenas. Fueron juntos a Toledo para ver los cuadros de El Greco, y con él regresó, pocos días después, a Francia.

Manet se muestra en sus cartas fascinado por Velázquez y por las corridas de toros que luego llevaría a muchos de sus lienzos.

Por fin amigo mío he podido admirar los cuadros de Velázquez y le puedo asegurar que es el pintor más grande que jamás haya existido. Sólo por él ya merece la pena sufrir el cansancio y las contrariedades inherentes a un viaje a España.

Carta de Édouard Manet a Charles Baudelaire. 14 de septiembre de 1865.

 

 

Vino a España en 1865 a ver pintura española y en particular a Velázquez. Él ya conocía nuestra cultura, en París había importantes obras de los grandes maestros españoles, pero necesitaba ver todos los cuadros. Esa admiración dejó una impronta evidente en su obra, mayor que en la de ningún otro pintor extrajero de su época. En 2004 una importante exposición en el Museo del Prado lo reconocía y recibía a Edouard Manet como a uno de los nuestros. Se titulaba justamente así: Manet en el Prado.

 

 

 

Permanecí siete días en Madrid, y he tenido tiempo de verlo todo. El Paseo del Prado con sus mantillas me ha gustado mucho, pero como espectáculo único, las corridas de toros.

Édouard Manet a Zacharie Astruc. 17 de septiembre de 1865.

 

 

Manet fue el inventor de la pintura moderna, y como nos dice María de los Santos García Felguera en su magnífica introducción a este libro lo hizo con la ayuda de Velázquez.

Édouard Manet en la Biblioteca de la UPM

 

Cartas a Katherine Whitmore. Pedro Salinas.

Cartas a Katherine Whitmore
Pedro Salinas
Tusquets, 2002

 

Me querías con la mirada, no podías quererme con otra cosa.

 

Ya no hay ninguna duda sobre este asunto, uno de los poemarios de amor más bellos de la literatura española, La voz a ti debida de Pedro Salinas (1891-1951), fue inspirado por la destinataria de estas cartas: Katherine Withmore (1897-1982), una profesora norteamericana de Literatura Española de la que se enamoró en Madrid durante un curso de verano, en 1932.

Carta 2 (Madrid, 2  de agosto de 1932)

Tu ausencia era la mayor presencia de la clase ayer. No estando la llenabas toda.

 

Fue un amor clandestino y lleno de dificultades, él estaba casado y tenía dos hijos, pero a Salinas le causó tal conmoción, le importó tanto esta vida nueva que sentía con ella, que estuvo enamorado de Kate hasta el final. Ella le dio una visión distinta del mundo, más estimulante, y le aportó una inspiración y una creatividad inimaginable.

Se escribieron durante quince años, desde 1932 a 1947. Este libro publica 151 de las 354 cartas que se conservan. Son apasionadísimas, no todo el rato elevadas, por eso son mejores, son sinceras, físicas, palpitantes. Verdad.

Carta 55 (Madrid, 19 de enero de 1933 )

Todo, ternura, paciencia, destreza, todo lo empleaste. Tu eres la autora de nuestro amor. Bendito sea lo que me permitió, entre tantas cosas tristes, vulgares, pobres, usuales, feas, necesarias como hay en la vida conocer tu alma incomparable, sentirla a mi lado.

Carta 22 (Madrid 28 de febrero de 1933)

Tu eres lo que me está pasando siempre.

 

Piensa en ella a todas horas, la busca, la escribe, la recuerda, la inventa, la sueña. A veces, por la tarde, la llama por teléfono. Y tiene un miedo atroz a que se olvide de él cuando regrese a EEUU.

 Carta 4 (Madrid, 7 de agosto de 1932)

A veces surge la pregunta angustiosa. ¿Me estará olvidando, ahora, ahora, en este instante? Perdona, perdona, esta carta absurda, excesiva, tan mía. Que rompa en ti como el mar en la arena, suavemente, sin violencia, que al llegar a ti, tu divina naturaleza equilibrada la convierta en caricia y no en queja.

 

Carta 11 (17? de agosto de 1932)

Dime, en verdad pura, con sinceridad absoluta, ¿no te gusta como te quiero? No, no puedo poner límites, barreras, discurrir, reaccionar, no. ¡Vértigo, pasión, fuerza arrebatadora, sensación de cosa leve arrastrada por un poder indomable, que es, al mismo tiempo, la propia voluntad! ¿Me querías más tranquilo, más equilibrado, plus sage? Imposible. El encuentro contigo me ha lanzado al mundo otra vez.

 

En 1937 Kate decide acabar la relación al enterarse de que la mujer de Salinas, Margarita Bonmatí, había intentado suicidarse. Son los años de la Guerra Civil, el poeta vive exiliado en EEUU. En 1939 ella se casa con un profesor de su universidad. Se ven después en varias ocasiones, la última de ellas en 1951 solo tres meses antes de la muerte del poeta.

Este epistolario ha sido secreto hasta 2002. Katherine Withmore las donó en 1979 a la Biblioteca Houghton, de la Universidad de Harvard, tres años antes de morir, tenía 85 años.

Por fin mandé a Harvard las cartas de Pedro y cuando me muera irán las ediciones únicas de su poesía. Volví a leer una gran porción de las cartas –con una emoción muy honda. Un sentido de culpabilidad por haber herido al que me quería de un modo tan hermoso estaba siempre en conflicto con un resentimiento que nunca pudiera él, ni quisiera darse cuenta de lo que me exigía. El papel de amante de hombre casado en la Nueva Inglaterra de los años treinta no se parecía a La dama de las Camelias.

 

Dos apuntes finales, hace unos meses se publicaba un interesante trabajo de Fin de Máster sobre la correspondencia que se cruzaron Katherine Whitmore y Jorge Guillén, soy la amiga de tu amigo,  presentado en la Complutense. Este amor inspiró también el libro de Antonio Muñoz Molina La noche de los tiempos.

 

Por encontrarte, dejar

de vivir en ti, y en mí,

y en los otros.

Vivir ya detrás de todo,

al otro lado de todo

–por encontrarte–[…]

La voz a ti debida

 

 

Pedro Salinas en la Biblioteca de la UPM

 

Gustavo A. Bécquer. Desde mi celda

Portada libro Desde mi celda


Gustavo Adolfo Bécquer. Desde mi celda.

"viento que gime a lo largo de las desiertas ruinas y el agua que lame los altos muros del monasterio o corre subterránea atravesando sus claustros sombríos y medrosos"

 

Por tierras aragonesas y al pie del Moncayo se encuentra el monasterio de Veruela. Una joya del cisterciense que inspiró el libro que ahora reseñamos, Desde mi celda de Gustavo A. Bécquer. Una vez más, arte y literatura van de la mano.

El poeta estaba familiarizado con la zona desde mucho antes (su esposa Casta era de Torrubia, actualmente Torrubia de Soria*) y el paisaje del Moncayo le inspiró algunas de sus leyendas más famosas como El monte de las ánimas (1861), El gnomo (1863) y La corza blanca (1863). Gustavo A. y su hermano, el pintor Valeriano, disfrutaron junto a sus familias de una larga estancia verolense entre diciembre de 1863 y julio de 1864. Hay que explicar que este monasterio, fundado en 1145, tuvo una larga y fructuosa vida hasta que en 1835, con la Desamortización de Mendizábal, quedó abandonado. Hacia 1846 se abrió en él una hospedería y se alquilaban celdas. El singular conjunto adquirió cierta fama y fue muy visitado por los viajeros romáticos.

De sus vivencias por estas tierras nacieron las nueve cartas que ahora nos ocupan, enviadas al periódico El Contemporáneo, para el que trabajaba Gustavo A. Bécquer entre el 3 de mayo y el 6 de octubre de 1864, sin firma. Como el propio Bécquer nos cuenta en una de ellas, tenía miedo de que a los lectores les interesara poco sus vivencias en un lugar tan retirado y ajeno al bullicio madrileño.  Sin embargo se sabe que se siguieron con gran atención y tuvieron una excelente acogida.

El monasterio de Veruela al pie del Moncayo

El monasterio de Veruela al pie del Moncayo

 

Una oportunidad para conocer al Bécquer periodista, más desconocido que el Bécquer poeta. Las cartas tienen una prosa fluida y muy buenas descripciones de paisajes y personas. Autor con sentido del humor como se ve en la primera carta donde cuenta el viaje desde Madrid a Tudela y el paseo en diligencia de allí a Tarazona. Muy ameno de leer, Bécquer narra sus vivencias por estas tierras, la tranquilidad de la vida campesina, su atracción por el pasado y su necesidad de revivirlo. Por supuesto también hay hueco para las leyendas sobre brujería (el caso de la tía Casta y las brujas que habitan en el castillo de Trasmoz y la increíble historia de cómo se construyó este castillo en una noche). Bécqer nos las relata desde la incredulidad pero reconociendo cierta inquietud.

Las brujas, con grande asombro suyo y de sus feligreses, tornaron a aposentarse en el castillo; sobre los ganados cayeron plagas sin cuento; las jóvenes del lugar se veían atacadas de enfermedades incomprensibles: los niños eran azotados por las noches en sus cunas, y los sábados, después que la campana de la iglesia dejaba oír el toque de ánimas, unas sonando panderos, otras añafiles o castañuelas, y todas a caballo sobre sus escobas, los habitantes de Trasmoz veían pasar…

 

Fructífera fue la estancia de los dos hermanos en Veruela ya que Valeriano pintó acuarelas y dibujos recogidos en el álbum Expedición a Veruela (conservados en la Avery Architectural Lybrary de la Universidad de Columbia, New York). Ambos hermanos murieron jóvenes y con tan sólo tres meses de diferencia. Valeriano en septiembre de 1870 a los 37 años y Gustavo en diciembre de este mismo año, a los 34 años.

Placa conmemorativa Becquer en Veruela

Placa conmemorativa colocada a la entrada del monasterio

*Agradezco  a José Gil la corrección que nos ha hecho llegar acerca del lugar de nacimiento de Casta, la esposa de Bécquer, ya que aparecía erronéamente que era natural de Noviercas, otro pueblo de Soria (del que sí que era natural la madre de Casta).

Otros lugares para visitar si se está por la zona son las localidades de TarazonaTrasmoz y Borja.

Libros de Gustavo A. Bécquer en las bibliotecas de la UPM.

 

Querido Salvador, Querido Lorquito. Epistolario

Querido Salvador, Querido LorquitoQuerido Salvador, Querido Lorquito
Epistolario 1925-1936
2013

 

Este volumen reúne por primera vez las cartas que se cruzaron Salvador Dalí y Federico García Lorca. No son todas las que se escribieron, muchas de las escritas por Lorca las destruyó Gala, la esposa de Dalí, pero sí son las que han llegado hasta nosotros. De las cartas del pintor al poeta han sobrevivido cuarenta y de las de Lorca a Dalí solo siete.

Dalí y Lorca se habían conocido en la Residencia de Estudiantes de Madrid. En 1922 Salvador Dalí había ingresado en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y vivía en la Residencia, allí se hizo amigo del poeta de Granada.

..Yo te recuerdo siempre. Te recuerdo demasiado. Me parece que tengo una cálida moneda de oro en la mano y no la puedo soltar. Pero tampoco quiero soltarla, hijito. Tengo que pensar que eres feísimo para quererte más.

F.G. Lorca

Son cartas frescas, jóvenes, iluminadas de luz de Cadaqués, donde Lorca pasó la Semana Santa de 1925 y a donde volvería durante más tiempo en 1927. Esas estancias les unirían extraordinariamente e influirían de modo evidente en la obra de ambos.

Dalí me invita espléndidamente. He recibido una carta de su padre, notario de Figueras, y de su hermana (una muchacha de esas que ya es volverse loco de guapas) invitándome también, porque a mí me daba vergüenza presentarme de huésped en su casa.

En las cartas, a veces solo dos palabras o una frase, parece que más que escribirse están hablando, son pura naturalidad. Leer cartas…. releerlas, es una goce que no se parece a ninguna otra lectura.

Escríbeme enseguida

Enseguida

Enseguida

Enseguidita.

La admiración de Dalí por la obra de García Lorca, por su capacidad y su brillantez como escritor es constante:

He estado toda la tarde de ayer, releyendo todas tus cartas. Fillet! Son algo extraordinario, en cada línea hay sugestiones para numerosos libros, obras teatrales, pinturas, etc.,etc.,etc.

Y en esta otra:

Yo no sé que decirte de las cosas que tú me dices de mis pinturas…, pero ten la seguridad de que te creo el único genio actual -ya lo sabes- ¡a pesar de lo burro que soy en literatura, lo poco que cojo de ti me deja muelto!

Durante cinco años, desde 1923 hasta 1928, los mundos artísticos de Dalí y de Federico se compenetraron hasta tal punto que Mario Hernández ha hablado de un período daliniano en la obra del poeta, y Santos Torroella, de una época lorquiana en la del pintor.

Trajeta postal de Cadaqués

Lorca le dedicó un poema en abril de 1926, no lo había hecho con nadie, la “Oda a Salvador Dalí”, que uniría sus nombres para siempre en la historia de la literatura.

Cuando murió su esposa Gala, en 1982, Dalí viajó mentalmente a su juventud en la Residencia de Estudiantes, al año 1923.

En los huesos, negándose a comer, con 34 kilos, una de las enfermeras que atendió a Dalí en ese final dijo que en todo ese tiempo sólo le entendió una frase: “Mi amigo Lorca”.

 

Lorca en la Biblioteca UPM

Dalí en la Biblioteca UPM

 

 

 

Paradero desconocido, Kressmann Taylor

Paradero desconocido, Kressmann TaylorParadero desconocido
Kressmann Taylor
Barcelona: RBA, 2007
Traducción: Carmen Aguilar

 

Address Unknown (1938)

 

En 1932, dos amigos que viven en Estados Unidos y regentan un negocio de obras de arte bastante próspero, se separan. Max Eisenstein, el judío, se queda en San Francisco a los mandos de la galería; Martin Schulse, el alemán, vuelve a su patria. Los lazos que les unen son fuertes, comparten importantes vivencias y la separación, por tanto, supone una grave pérdida para ambos. Como no podía ser de otra manera continúan su relación de modo epistolar. Pronto Martin comienza a describir la situación social y política en Alemania, la irrupción de Hitler, del nacionalsocialismo, de la censura, del antisemitismo… y le pide a su socio que interrumpa el intercambio postal pues piensa que cualquier relación con un judío podría traerle nefastas consecuencias. Max no se resigna, quiere seguir confiando en la integridad de su amigo. Pero algo se ha roto ya. ¿Hasta qué extremo pueden cambiar las personas?

Esa censura, esa persecución de todos los hombres de pensamiento libre, la quema de bibliotecas, la corrupción de las universidades habrían despertado tu rechazo aunque en Alemania no le hubieran puesto un dedo encima a nadie de mi raza. Tú eres un liberal, Martin. Siempre has tenido amplitud de miras. Ningún movimiento popular cargado de maldad -por fuerte que sea- puede haber acabado con tu cordura.

 

Kressmann Taylor

Novela corta (o relato) de precisión conmovedora, trágica, dolorosa… y de gozosa lectura y relectura. Está compuesta por la correspondencia que intercambian los dos protagonistas y todo en ella es relevante, los membretes, las firmas, lo que queda entre líneas, el tono, los silencios… es brevísima pero no importa, ha sido afilada como un escalpelo.

Kressmann Taylor es el seudónimo masculino con que Kathrine Kressmann publicó el libro, en 1938 y con un gran éxito, pues el editor pensó que la historia que narraba era demasiado dura para aparecer firmada por una mujer.

 

Kressmann Taylor en la Biblioteca de la UPM

 

Carta a mi madre, de Georges Simenon

Carta a mi madre. Georges Simenon

Barcelona: Tusquets Editores, 1993

Miremos la ilustración de la cubierta, qué vemos, una madre y su hijo. Son Georges Simenon y su madre Henriette. En una foto de alrededor de 1908. Nuestro protagonista tiene cinco años, es el comienzo de la historia.

“Hoy hace tres años y medio, aproximadamente, que moriste, a la edad de noventa y un años, y tal vez hasta ahora no haya empezado yo a conocerte. Viví mi infancia y mi adolescencia en la misma casa que tú, contigo, y, cuando me separe de ti para trasladarme a París a la edad de diecinueve años, seguías siendo una extraña para mí.”

Esto escribía Simenon a su madre más de sesenta años después de la instantánea. Hace tres años que su madre ha muerto y el escritor está lleno de preguntas que necesitan respuesta. Por qué ese océano de indiferencia, de distancia, de desamor que se creó entre ambos.

“Mientras viviste nunca nos quisimos, bien lo sabes. Los dos fingimos.”

Durante una semana, Simenon asistió a la agonía de  su madre. De repente, en la soledad del hospital, madre e hijo, frente a frente. ¿Son los mismos de la foto? si, claro, pero los acontecimientos, en estos años, los han cambiado hasta hacerlos casi desconocidos e indiferentes. Simenon  mira a su madre y los recuerdos, los rencores,  sentimientos llenos de contradicción aparecen, busca respuestas.

“Pero lo que yo buscaba en tus ojos y en tu sereno rostro no era la idea que tenías de mí. Era la idea verdadera de ti que yo empezaba a percibir.”

Carta a mi madre es una búsqueda en si mismo, en sus recuerdos, en su pasado, preparándose quizá para lo que vendrá, para él también.

Georges Simenon nació en Lieja en 1903 y murió en la ciudad de Laussana en 1989.

Simenon en la Biblioteca UPM

“Todas estas imágenes me asaltan, madre, mientras intento comprenderte antes de que te vayas definitivamente. Dentro de uno o dos días, dentro de tres días, habrás dejado de existir. La gente, inmóvil en su silla, en tu cuartito, ya no se ocupará sino de sus asuntos. Yo mismo volveré a mi casa con mis propios hijos.

¿Se harán preguntas algún día sobre mí, como yo me las hago sobre ti? Lo dudo. Y, de todos modos, no me enteraré.”

 

Consejos maternales a una reina : epistolario 1770-1780

 María Teresa de Austria y María Antonieta de Francia

Consejos maternales a una reina : epistolario 1770-1780

Fórcola

2011

¿Como era realmente la reina María Antonieta? Imposible saberlo después de tantas biografías, películas, opiniones malintencionadas y novelas más o menos históricas. Pocas reinas han sido tan odiadas y ninguna ha tenido un final tan espantoso, por eso despierta siempre tanto interés no exento de morbo.

 

La publicación de este epistolario que mantuvo durante diez años con su madre aporta los datos suficientes para aclarar los aspectos clave de su carácter.

Desde la primera línea de la primera carta la emoción que supone leer a María Antonieta directamente hace imposible dejar la correspondencia y aleja esta experiencia de la lectura de cualquier estudio histórico por valioso que  sea.

 

 

Las cartas empiezan en 1770 cuando María Antonieta sale de Viena hacia París para casarse con Luis Capeto. Tenía 14 años y su madre 53, nunca más volvieron a verse.

María Teresa, desde Viena, se interesa por cada detalle; su formación, su ropa, sus excentricos peinados, sus problemas de alcoba, sus peligrosas compañías en Versalles.  Recibe  cada mes las cartas de su hija y en paralelo los informes que le remitía su embajador y/o espía, Mercy.

Me comentan que te han encontrado mal vestida. He pensado que si me envías tus medidas detalladas puedo mandar confeccionarte basquiñas y corsés.

Te envio mis medidas. Han sido tomadas sin zapatos ni peinado. He crecido mucho y no estoy delgada.

 

Consejos de alcoba, la madre veía con horror que pasaban los años y no se consumaba el matrimonio, hicieron falta siete años para que ocurriera, plazo insólito en la época.

Al rey no le gusta dormir de a dos.  A veces viene a pasar la noche conmigo. No le abrumo pidiéndole que lo haga más a menudo.

 

Querida hija para conseguirlo hay que fastidiarse y acostarse a las horas que resulten más cómodas para el Rey.

 

 

A Viena llegan noticias muy preocupantes desde París. Su estrafalario aspecto, su gusto por el lujo, su afición al juego o su despilfarro con amigas y favoritas. También aparecen los asuntos políticos, la madre le recuerda que es austriaca, que no se avergüence de serlo, y que no debe permitir que las dos naciones se enemisten…..

Temía María Teresa, con una lucidez escalofriante, que el comportamiento frivolo de su hija pasara factura a la Institución. No pudo sospechar, lógicamente, como acabaría esta dramática historia. Inteligentísima y sensata María Teresa, que murió inesperadamente en 1780 interrumpiéndose el epistolario. No llegó a ver, crueldades de esta vida, que su hija tuvo finalmente  un hijo varón y cumplió con su obligación de dar un heredero a la corona framcesa.

Pero bueno, se preguntarán, ¿era o no era María Antonieta tan huera, tan estúpida, tan casquivana y tan traidora como nos han dicho las crónicas francesas? Esa es la carta que me reservo para que lean, con más curiosidad y fascinación si cabe, estas palpitantes misivas directamente llegadas desde el siglo XVIII.

 

 

          

 

 

Helene Hanff – 84, Charing Cross Road

 

"A mí me encantan las inscripciones en las guardas y las notas en los márgenes: me gusta el sentimiento de camaradería que suscita el volver páginas que algún otro ha pasado antes, así como leer los pasajes acerca de los que otro, fallecido tal vez hace mucho, llama mi atención."

 

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La amable sugerencia de una compañera enredada en temas de librería y bibliofilia me llevó a esta obrita. Ahora confieso experimentar un curiosa sensación al encontrarme a mí mismo reseñando un libro de cuya calidad literaria no tengo absoluta seguridad, pero de cuyo gran interés tampoco tengo ninguna duda. La erótica del documento, será. Y es que "84, Charing Cross Road" es un fenómeno literario de una cierta notoriedad, de reedición sostenida desde su primera aparición en 1970 y que tal vez haya que poner en relación con la corriente de anglofilia que ha prosperado en algunos sectores de la cultura norteamericana durante los últimos años.  En este sentido es sorprendente que un epistolario escrito por gente corriente a ritmo pausado, y tocante a temas en general triviales, haya dado lugar incluso a una  versión cinematográfica protagonizada por Ann Bancroft y Anthony Hopkins a mediados de los 80. Dicho todo lo anterior, no es de extrañar que su edición española haya sido llevada a cabo bajo el Anagrama del sagaz Herralde.

El libro cubre veinte años de correspondencia bastante regular entre una escritora y bibliófila neoyorquina y un empleado de librería de Londres, más las incursiones de algunos otros personajes a los que aquélla accederá a través de éste con el paso del tiempo. Penetrando en su vida cotidiana y en sus inquietudes vemos los claroscuros de las relaciones británico-norteamericanas en la inmediata postguerra mundial, la precariedad de una Inglaterra devastada por el conflicto y los condicionamientos de la Guerra Fría. El epistolario da testimonio de los cambios sociales que paulatinamente se van produciendo a medida que se despliega el desarrollismo económico tras esa segunda postguerra. Síntomas que toman carrerilla al entrar en el decenio de 1960 y que son perceptibles en las alusiones a la politica, la música o el turismo.

84-charing-cross-road-penguin1Por otro lado, una buenísima motivación para leer este libro es lingüística más que estrictamente literaria: el retorno peculiar al lenguaje escrito que nos ha impuesto el desarrollo de la tecnología de la información. Hasta los 90  -uff, hace cuánto tiempo…- la banda ancha era el papel en blanco. Prueba de su eficacia es que las personas podían mantener así relaciones provechosas y duraderas, aún sin llegar a encontrarse físicamente.  De hecho "84" es un libro especialmente recomendable para quienes necesiten o deseen cultivar el arte de escribir cartas o mensajes de cualquier tipo. No digamos si se trata de escribirlas en inglés y si se tiene la oportunidad de leer la obra original sin traducir: el lector goloso podrá saborear un material rico en giros, modismos, verbos preposicionales y demás rasgos respectivos del inglés británico y norteamericano, en permanente diálogo hasta el final del libro.

Bien empleada estará también la lectura si os lleva a explorar in situ las infinitas librerías de Londres. Charing Cross es unos de sus santuarios, aunque yo por manía particular me inclino más por el Bloomsbury universitario y juvenil.

ISBN 9788433969828 (castellano/español), 9780140143508 (English).

Disponible en Bibliotecas de la UPM