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Escuchar a los muertos con los ojos y otros cuentos chinos

Borges, Feynman y Jullien entre otros

Esta imagen tan evocadora hay que agradecérsela a Quevedo:

 

Con pocos, pero doctos libros juntos,
vivo en conversación con los difuntos,
y escucho con mis ojos a los muertos

(F. Quevedo)

 

Hay casos en que la voz es especialmente directa, cálida, imperecedera… como en la conferencia escrita o transcrita. Este género se ha popularizado desde hace 100 años gracias a la aparición de los medios de grabación y transcripción.

Una conferencia no es un discurso y tampoco una clase, es un género ambiguo, dirigido a un público amplio, a veces simplemente advenedizo que acude por mor de su cultivo personal y disfrute.

Hay un texto minúsculo, precioso (Borges oral), una esencia destilada del autor, editado por Alianza al módico precio de 6 euros (sólo el necio confunde valor y precio). Las conferencias que recoge versan sobre los más diversos temas: el libro, el tiempo, la novela negra… Borges (ya ciego) recurre a un discurso en espiral, vuelve y se revuelve para acunar al oyente /lector que va interiorizando detalles inesperados; nunca sería igual con un discurso lineal.

“Un verso bueno no permite que se lo lea en voz baja, o en silencio. El verso siempre recuerda que fue un arte oral antes de ser un arte escrito, recuerda que fue un canto”

Parecería que es la conferencia un género exclusivo de las humanidades, consideradas las ciencias en su aspecto más prosaico, pero nada más alejado de la realidad. Los físicos y químicos teóricos son dados a grandes hazañas en este género. Tal es el caso de Richard Feynman de quien podemos encontrar varios textos dedicados a sus conferencias como Siete piezas fáciles y El placer de descubrir. Este último editado por Crítica en la colección Drakontos, contiene una sentida conferencia en la que Feynman hace un homenaje a las personas sencillas (personificadas en su padre) que en un elocuente gesto de inteligencia natural fomentan, desde la más tierna infancia, el sentido crítico de sus hijos. Y es que la ciencia es ante todo la capacidad de sorprenderse.

“Mirando a un pájaro (el padre de Feynman) decía: “¿Sabes qué pájaro es ese? Es un tordo de garganta marrón; pero en portugués es un …, en italiano un …,” decía, “en chino es un …, en japonés es un …”, etc. “Ahora sabes qué nombre tiene ese pájaro en todos los idiomas que quieras”, decía, “pero cuando hayas acabado con eso no sabrás absolutamente nada sobre el pájaro. Sólo sabrás cómo llaman al pájaro los seres humanos en diferentes lugares. Ahora”, concluía, “miremos al pájaro.”

El tercer ejemplo de esta reseña, ya no corresponde a un autor enmudecido por el tiempo, sino a un especialista en estudios orientales, un sinólogo. François Jullien ofreció una conferencia titulada: Conferencia sobre la eficacia a un círculo de empresarios tan sólo para cautivarlos con las diferencias en la visión de la estrategia en oriente y occidente. El autor nos enfrenta a todas las ideas preconcebidas que por asumidas resultan silenciadas. Es un texto poético que pone de manifiesto cuánta polinización cruzada es necesaria entre culturas y ámbitos del saber.Nube de palabras

Wu Wei er Wu bu Wei

(no hacer nada, pero que nada deje de hacerse)

Y es que al leer una conferencia uno puede detenerse en el texto en cualquier momento y dejar volar su imaginación, envolverse en un tiempo y un espacio diferentes y viajar sin moverse del sitio.

 I-would-rather-have-questions

 

Jorge Luis Borges en la Biblioteca de la UPM

Richard P. Feynman en la Biblioteca de la UPM

 

 

Relámpagos, Jean Echenoz

Relámpagos. Jean Echenoz
Barcelona: Anagrama, 2012
Traducción:  Javier Albiñana

Des éclairs (Minuit, 2010)

 

Relámpagos es la novela que cierra la trilogía escrita por Jean Echenoz entre 2006 y 2010 (la preceden Ravel, inspirada en los últimos años del autor del conocido bolero y Correr, que tiene como protagonista al atleta checo Emil Zatopek) y está basada en la vida de Nikola Tesla. Es, como las otras, una biografía literaria, compuesta a base de pinceladas, de intuiciones, sin voluntad de exhaustividad o precisión. Echenoz pasea por la vida del genial y excéntrico inventor que, nacido como si emergiera del fogonazo de un relámpago entre las extraviadas cumbres del Imperio austrohúngaro, pronto se convertirá en una de las mentes más alucinantemente creativas de la historia. Las ideas (bobinas, motores, transformadores, cualquier dispositivo improbable), como si le fueran dictadas por el universo (ajenas, modestas o desmesuradas), cobran realidad y presencia en su imaginación de tal modo arrebatadoras que, mientras él se encuentra dedicado a su materialización, ningún otro pensamiento o suceso tiene entidad suficiente para desviarle de su objetivo (digamos, por ejemplo qué tontería, el dinero). Enfrascado en sí mismo, arrogante, difícil, conmovedoramente vulnerable, todo a la vez, no caerá en la cuenta de que el no cuidar las patentes de sus hallazgos dará pie a que los aprovechados rivales busquen hacer carrera a su costa, se le retiren apoyos, se le trate de relegar al olvido. Bella y triste historia de un loco genial, favorecido a la vez que despojado, cuyo legado ha cambiado nuestro modo de ser y de pensar para siempre.

Jean Echenoz (Orange, Francia, 1947) estudió Sociología e Ingeniería Civil. Ha cosechado importantes premios literarios como el Premio Médicis en 1983 por Cherokee y el Premio Goncourt  en 1999 por Me voy. Su novela más reciente, titulada 14, ha sido publicada por Anagrama en 2013 y está ambientada en la Primera Guerra Mundial.

Nikola Tesla. Suyo es el futuro. Del 13 de noviembre de 2014 al 15 de febrero de 2015 se puede visitar en la Fundación Telefónica una exposición que remarca la importancia que hoy en día se le confiere a la labor de Nikola Tesla. Es la exposición más grande dedicada a su figura y ofrece al público por primera vez objetos personales del inventor.

 

Nikola Tesla en la Biblioteca UPM

Jean Echenoz en la Biblioteca UPM

 

La casa de mi padre, Jaime Izquierdo Vallina

La casa de mi padre

Jaime Izquierdo Vallina

Editorial KRK

 
 
 
 

Con el alma defenderé la casa de mi padre con este verso de Gabriel Aresti comienza el libro, de 2012, a caballo entre la novela (ligera), el ensayo (meditado), y las notas auto-biográficas (sentidas). Algunas veces el peso de nuestros pensamientos requieren el bálsamo de esta mixtura para poder ser transmitidos, y éste es el efecto conseguido.

El argumento podría quizás resumirse así: un joven ingeniero de sistemas francés se encuentra ante la tesitura de abandonar o recuperar sus raíces de hijo de inmigrante. No es una casualidad la selección de esta formación, pues es la filosofía que subyace en el texto, que los entornos rurales son sistemas complejos donde la interacción de los elementos supera en relevancia a los elementos en sí: el todo es más que la suma de las parte.

Paisaje agreste asturiano

Paisaje agreste asturiano

Un eje fundamental del ensayo es la estructuración del conocimiento en tres ámbitos: el científico, el tecnológico y el local; éste último ignorado sistemáticamente durante la revolución industrial. El texto es una reivindicación del conocimiento campesino por su carácter complejo (y empírico), sistémico (y sistemático) e integral (e integrador). El autor, Jaime Izquierdo Vallina, es un especialista en medio rural, interesado en comprender y superar los contextos industriales que han favorecido el abandono y la despoblación de la Asturias más agreste (entendido como una crisis multi-orgánica). Escribe el texto para hacerlo atractivo a ámbitos diversos: sociólogos, antropólogos, ingenieros, biólogos, y por supuesto, para los habitantes de este mundo en general:

“ la cuestión crucial es entender ¿por qué si las comunidades campesinas han sabido superar las crisis y adaptarse a los cambios desde el neolítico, han sucumbido a la industrialización?”

Otra cuestión interesante es el análisis de por qué los campesinos que partieron como emigrantes tuvieron en muchos casos un éxito relativamente superior al de aquellos que partían de un ámbito urbano. La respuesta que ofrece Jaime Izquierdo, es que los campesinos eran educados para la polivalencia (multitud de tareas diversas), para la empleabilidad (capacidad que permite variar de ocupación) más que para el empleo (especialización), y para enfrentarse a cualquier contingencia (debido a  la elevada incertidumbre de la naturaleza); se educaba para excelencia (pues sin prestigio el caserío perdía crédito); apreciados como mano de obra sufrida y sacrificada.

Una cuestión que surge de forma natural es: ¿Quién es más inculto: el campesino (poco conocedor del ámbito científico-tecnológico) o la cultura académica oficial (que infravalora el conocimiento local)?  “¿Por qué ponerle ahora eco delante a lo que nosotros (los campesinos) sencillamente llamábamos lógico?

Coloquio, un entorno favorable al autor

Coloquio, un entorno favorable al autor

Curiosamente en el libro se hace referencia a Lewis Mumford (véase reseña: Eutopía o nada) en su texto Técnica y Civilización, y al interés de aplicar sus puntos de vista al mundo campesino.

Si alguien tiene la oportunidad de escuchar a Jaime Izquierdo, no se arrepentirá. Es una persona cercana polifacética y tranquila que favorece la interacción y la conversación.

 

 

“Volver a los orígenes no es retroceder”

 

 

Jaime Izquierdo Vallina en la Biblioteca UPM