Adiós a nuestra compañera María José

 

Los que hacemos este blog despedimos a nuestra compañera María José Rodulfo juntando en esta entrada una pequeña muestra de toda la belleza que ella amaba y que compartió con tanto entusiasmo siempre.

Estamos seguros de que donde quiera que estés ahora sabrás ver las flores más bonitas, los poemas más sencillos, las aves más tiernas, y que los estarás dibujando o dejándote dibujar y siendo parte de su vuelo.

 

 

Rodulfo, verso suelto

Tu nombre sabe a literatura,

A dulces tardes de lectura,

A íntimos desacuerdos, y

Al calor de la amistad.

                                          (PAV)

 

 

Suite Popular Brasileña de Heitor Villa-Lobos

 


 

 

 

 

AÑORANZA
(Juan José Domenchina)
 

Radiante de frío de diamante: enero

de Madrid! Nace al día, esmerilado,

mate, lechoso, como algodonado,

bajo un frío de noche, bajo cero.

 

A trasquila de sol, queda el cordero,

glacial y matinal, desvellonado.

Y el mediodía, limpio y bien tallado

en facetas de luz, como de acero.

 

– …Tendréis ahora el frío que yo quiero

-lúcido frío de Madrid- , helado

y transparente soplo de nevero,

 

de cumbre; Guadarrama derramado

en ese sol, tan solo, que yo espero

ardiendo a pleno sol y desolado!…

 

 

Francisco de Zurbarán (1598-1664)

 

La fraga recuperó de golpe su alma ingenua, en la que toda la ciencia consiste en saber que de cuanto se puede ver, hacer o pensar, sobre la tierra, lo más prodigioso, lo más profundo, lo más grave es esto: vivir.

Wenceslao Fernández Flórez. El bosque animado

 

Un día nos veremos
al otro lado de la sombra del sueño.
Vendrán a tí mis ojos y mis manos
y estarás y estaremos
como si siempre hubiéramos estado
al otro lado de la sombra del sueño.

José Ángel Valente, Interior con figuras

 

 

Cada cual tiene su alma y no puede fundirla con la de otro. Dos personas pueden aproximarse, hablarse y permanecer una al lado de la otra. Pero sus almas son como flores, cada una con sus propias raíces, y ninguna puede ir hasta la otra, porque para ello tendría que abandonar su raíz, y eso es imposible.

Hermann Hesse, Tres momentos de una vida

 

 

Elogio del bistrot. Marc Augé

Elogio del bistrot
Marc Augé
Madrid : Gallo Nero, 2017
Título original: Éloge du bistrot parisien (2015)
Traducción: Delfín G. Marcos

 

Una cita extraída de la obra de Louis Aragon El aldeano de París sobrevuela y hace vibrar los capítulos de Elogio del bistrot, de Marc Augé, pues menciona el sentimiento de lo maravilloso cotidiano, lo difícil que resulta mantener ese piloto encendido cuando uno cree conocer de qué va la vida y deja de mirar a su alrededor con actitud curiosa, con el ánimo dispuesto a la sorpresa. Augé no renuncia a ello en este libro que más que un elogio al bistrot es un elogio a la vida, que transcurre por sus mesas, por las barras llenas de gente, a través de las relaciones que en estos lugares se crean.

 

¿Albergaré por mucho tiempo el sentimiento de lo maravilloso cotidiano? Veo cómo se pierde en cada hombre que avanza en su propia vida como si esta fuera un camino cada vez mejor pavimentado, que va contemplando el mundo con menos extrañeza, que va dejando progresivamente de lado el placer y la percepción de lo insólito. Me temo que no puedo saberlo.

Louis Aragon. El aldeano de París

 

Tirando de memoria, Marc Augé va fijando su atención en lo que estos establecimientos tienen de insólito, de lugar ideal un poco fuera del mundo.

 

Cuando yo era joven, ir solo al bistrot era uno de los primeros gestos de independencia; era una manera de indicar que se empezaba a ser adulto.

 

Lo que da razón de ser a un bistrot es la necesidad de contacto, la necesidad de percibir otras presencias alrededor, quizás indiferentes en apariencia pero atentas, que miran con el rabillo del ojo a los que se sientan cerca. Son lugares ruidosos, donde se expresan sentimientos y a la vez son espacios en los que uno puede trabajar, escribir como si de un despacho u oficina se tratara. Cuenta Augé que Hemingway se refugiaba en uno de ellos.

 

El bistrot ideal es aquel donde, según con qué pie te hayas levantado, puedes escurrirte tímidamente hacia el fondo de la sala, acercarte a la barra o afrontar abiertamente el mundo exterior desde la terraza, cubierta o no.

 

Muchos han capturado la esencia de estos locales. Cartier-Bresson y Doisneau con sus fotografías. Simenon inventando tramas para que Maigret los recorriera. El flâneur Louis Aragon evocando pequeños ritos. Mallarmé, Verlaine, Rimbaud en la memoria. El bistrot como lugar novelesco donde cualquier gesto revela una historia.

Este libro invita a no contentarse con lo sabido, a detenerse en los detalles y sacarles jugo, a imaginar historias y no creer que está todo dicho o pensado o imaginado. Hay mucho placer que sacarle a lo cotidiano. Y es, también, una invitación a vivir y a celebrar la vida.

 

Marc Augé en la Biblioteca UPM

 

Olivier Bourdeaut. Esperando a Mister Bojangles.

Olivier Bourdeaut. Esperando a mister Bojangles. Ed. Salamandra, 2017

“Papá había dejado sus cuadernos sobre su escritorio. Dentro estaba toda nuestra vida, como en una novela…  Titulé su novela Esperando a mister Bojangles, porque siempre estábamos esperándole, y se la envié a un editor. Me respondió que era divertida y estaba bien escrita, que no tenía ni pies ni cabeza, y que por eso quería publicarla.” 

Esta es la historia de un matrimonio muy, muy peculiar que hace que cada día sea totalmente distinto al otro. Una pareja de adorables excéntricos y de su hijo que vive feliz con estos padres alejados de los prototipos, libres y que no le hacen ir al cole o estudiar al modo tradicional, aunque con ellos aprende muchas cosas. También tiene su papel Doña Superflua, una grulla que vive con ellos y un ministro, amigo y habitual de la casa, conocido como El Crápula.

El padre, vital y ocurrente, no concibe una vida monótona y sosegada y por ello rebautiza a su esposa con un nombre diferente cada día: 

Nunca he sabido muy bien por qué, pero él nunca llamaba a mi madre del mismo modo más de dos días seguidos. Y a ella le gustaba bastante aquella costumbre, aunque se cansaba de algunos nombres antes que de otros.

"¿Ah, no, no puede hacerme eso! ¡Renée no, hoy no! ¡Esta noche tenemos invitados a cenar!"- protestaba ella, riéndose.

La madre, con mil personalidades y capaz de interpretar todo tipo de papeles hace de la rutina familiar una fiesta. El chico adora a su madre y no da mayor importancia a las cosas raras que ésta hace:

Mamá estaba reñida con los relojes, así que a veces yo volvía de la escuela para merendar y había pierna de cordero, mientras que en otras ocasiones teníamos que esperar hasta las tantas de la noche para empezar a cenar.

La banda musical de esta historia es una canción de Nina Simone titulada Mr. Bojangles, el único disco que suena una y otra vez en la casa mientras los padres bailan y se dejan llevar por su melancolía.

La historia la conocemos a través del hijo, tal y como él vive y recuerda a su especial familia alternándose con lo que el padre cuenta en sus cuadernos a modo de diarios. Ahí es cuando empezamos a entrever que detrás de la magia y las rarezas late algo inquietante.

Apenas aparecen referencias temporales aunque se podría ubicar en los años 50 y la acción discurre sobre todo en Francia (no se sabe qué ciudad) y en un castillito que la familia tiene en España.

Ésta es mi verdadera historia, con mentiras a diestra y siniestra, porque así suele ser la vida.

Olivier Bourdeaut (Nantes, 1980) ha sido desde muy pequeño un lector voraz. En sus años más jóvenes llevó una vida itinerante en la que desempeñó una notable variedad de oficios, desde recoger escamas de sal hasta trabajar de fontanero en un hospital. En 2016 irrumpe como un tifón en el panorama editorial con la publicación de ésta, su primera novela, Esperando a mister Bojangles. El libro tiene un gran éxito de crítica, escala hasta el primer puesto de las listas y se ve reconocido con una retahíla de premios y es seleccionado para el premio Goncourt a la primera obra.

 

La noria de Luis Romero

La noria. Luis Romero

Circulo de Lectores.

 

Empieza a amanecer. No se sabe cuándo surgió esta leve claridad sobre las azoteas de la ciudad. Una sonoridad desconocida, nueva, vibra en el aire, y en la atmósfera se está produciendo el diario milagro. El reloj de un convento, madrugador y disciplinado, da cinco -o quizá seis, que tanto vale- campanadas, campanadas de esas que siempre parecen sonar lejanas. Por un instante se diría que se ha paralizado el curso de las cosas.

 

La prostituta que regresa a casa después de una noche de trabajo contenta con las ganancias obtenidas; el taxista que la lleva, haciendo su último viaje de la noche; la dependienta de la librería esperando que llegue el domingo para ir a bailar; el catedrático que acude a esa librería que sueña con publicar un libro; su alumno, satisfecho con las notas obtenidas, pensando en la alegría que dará a sus padres que tanto se han sacrificado para que pueda estudiar; el padre orgulloso de que su hijo pueda salir adelante en la vida y ser algo más que él; el ingeniero jefe de la fábrica en la que trabaja; la niña rica cuyo único pensamiento es casarse ; su hermano, que quiere ser pintor; el crítico de arte cansado de adular y de luchar en la vida,…Esos son los personajes de nuestra novela, así, hasta treinta y siete. Todos únicos, diferentes, verdaderos.

Pasan los tranvías, y su ruido desagradable y el apremiante tintineo con que señalan su presencia a los distraídos penetra por la puerta abierta. Con increíble ligereza un muchacho se ha tirado del vehículo en marcha frente al ventanal. Pasan autos, pasa gente, a veces caras conocidas. ¿Adónde van? Y, sobre todo, ¿para qué van?

La noria nos cuenta la vida de una ciudad, Barcelona,  durante una jornada entera a través de sus ciudadanos. Treinta y siete seres, ricos y pobres llenos de sentimientos, preocupaciones, miedos, alegrías, esperanzas. Con sus vidas entrelazadas,  como engranajes de un mecanismo perfecto, vamos pasando de una a otra de forma continua, sin pausa.  Todas son diferentes, todas son importantes, todas son auténticas. Forman parte de una noria que no se para. La vida de la ciudad es un movimiento continuo que no se detiene y en la que van entrando y saliendo los distintos seres que la habitan.

La luna está alta y vierte agua de plata sobre la ciudad, en estos barrios lejanos esa plata casi puede tocarse con la mano, en las rejas de los jardines, en los árboles, en los bordillos de las aceras. Cantan los grillos y se escucha una cigarra. Cuando sopla el vientecillo del Este, llega desde la Diagonal un sonido lejano de música de orquestas invisibles, como melancólico son escapado de otros tiempos.

Luis Romero nació en Barcelona en 1916 y murió en la misma ciudad en 2009. Galardonado con el premio Nadal en 1951 con su novela, La noria, autor entre otras de obras como; Cuerda tensa, El cacique, Tres días de julio, etc.

La noria  en la Biblioteca UPM

En la ciudad se ha abierto un paréntesis y otra vez las gentes se preparan para lanzarse a la vida. Los más todavía duermen, pero el sol aparecerá dentro de un momento y se abrirán los balcones y volverá la vida a los corazones que reposan. Los carros y los camiones van y vienen ya por las calles, y en algunas cocinas se están calentando los desayunos. El mar empieza a teñir de rojo, y en la montaña, al otro lado, cantan los pájaros la gloria del Creador. Un pitido lejano anuncia que un tren sale de la estación, o que entra en ella. Las gentes tejerán otra vez, sus vidas, sus trabajos, sus deseos, sus amores, sus odios, sus problemas, sus vicios, sus esperanzas, sus anhelos, sus fatigas, sus mentiras, sus sueños, sus esfuerzos, sus generosidades, sus impulsos, sus ternuras; esta historia se repite con escasas variantes desde hace siglos.

 

Cervantes y los casticismos españoles / Américo Castro

Américo Castro:

Cervantes y los casticismos españoles.

Ediciones: Alfaguara (1966), Alianza (1974), Trotta (2002).

El mundo entorno era vario y conflictivo: señores, letrados, soldados valientes unos y fanfarrones otros, eclesiásticos, inquisidores que no aparecen, pero están ahí, cristianos viejos y nuevos, escritores, vulgo ciudadano y campesino, pastores, bandoleros, jueces y cuadrilleros, cautivos de Berbería, chusma venteril…; y amén de todo ello, ordenaciones –en libros de uno u otro tipo- de todo ese mundo y del extramundo de la fantasía. (p. 68, ed. Alianza)

 

 Durante el centenario de 2016 estuvimos tan deslumbrados por Miguel de Cervantes que no hicimos mucho caso a la abundante producción de los cervantistas. A modo de remedio, nunca es tarde para acercarnos a un clásico de la materia.

 A nivel popular Américo Castro sigue siendo un desconocido. En el ámbito académico su figura se asocia siempre a la polémica mantenida con Claudio Sánchez-Albornoz en torno a la fórmula cultural que dio lugar a la España moderna: la importancia de los ingredientes europeos (románicos, germánicos…) en el caso de Albornoz, frente a los orientales (semíticos) en el caso de Castro. En cuanto al personaje Miguel de Cervantes, Castro rastrea su perfil más allá del icono vulgarizado por manuales ramplones y panteones de ilustres. Acomete un descifrado e interpretación del significado profundo de aquella obra singular, llama la atención sobre las complejas circunstancias sociales en que se elaboró y desvela el sentido de la vida que de ella emana. Américo Castro era de los que piensan que Spain is different respecto a Europa (entendida como Europa Occidental), pero no necesariamente para mal. Al menos en el plano literario: Cervantes sería el botón de muestra, lo que nos lleva a plantearnos una vez más el papel de las tragedias colectivas como estímulos creativos.

 Además, Cervantes y los casticismos españoles toca otros asuntos.  Analizando la trayectoria indiana de Bartolomé de Las Casas, por ejemplo, el autor salta hacia la Filosofía de la Historia, reflexiona sobre la época en la que él mismo escribe – la segunda postguerra mundial-, y su texto toma tintes de testamento historiográfico. En fin, un volumen espectacular que surfea desde el Derecho romano, focaliza en las entrañas del Siglo de Oro español para aterrizar en Los Angeles en los años 60. Desde la muerte del maestro en 1972, lógicamente se ha investigado y publicado más sobre estos temas, pero su obra sigue siendo una referencia y conservando esa capacidad peculiar de apasionar al lector, de comunicarle amor y sed de conocimientos de libros y personas. Como ellos, Américo Castro ya devino metaliteratura.

 Cervantes y los casticismos españoles apareció por vez primera en 1966, en la vieja Alfaguara. Para esta reseña hemos utilizado la edición de bolsillo de Alianza (1974), que cuenta con una atractiva cubierta de Daniel Gil. En 2002 volvió a publicarse como parte de la Obra reunida de Castro en varios volúmenes, por Trotta.

La angustia española de los subnacionalismos y los separatismos no tendrá alivio mientras los capítulos de agravios y dicterios no cedan el paso al examen estricto de cómo y por qué fue como fue lo acontecido – las bienandanzas y las desdichas. El convivir de los individuos y las colectividades se basó en occidente en un almohadillado de cultura moral, científica y práctica; pues en otro caso hay opresión y no convivencia. Cuando el individuo o la colectividad persisten en la autocontemplación y en el regodeo de ser de este o el otro modo (muy suyos, muy peculiares, muy tradicionales, muy entrañables, muy sentidos), florecerán, en el mejor caso, el lirismo con matiz de elegías y añoranza. El individuo y la colectividad permanecerán recluidos indefinidamente en su vallado ámbito. Al poeta lírico no le importa, pero la colectividad en torno a él será muy poco venturosa. (p. 155)

Américo Castro en: Biblioteca UPM.

Entre La Isabelina, y Susana y los cazadores de moscas (Pío Baroja)

Caro RaggioEntre La Isabelina, y Susana y los cazadores de moscas
Pío Baroja Nessi

Madrid : Caro Raggio, D.L. 1976 (Susana y los cazadores de moscas)
Madrid : Caro Raggio, D.L. 1977 (La Isabelina)

 

Estas son dos novelas menores de Pío Baroja: La Isabelina, y Susana y los cazadores de moscas. La primera (décimo tomo de las memorias de un hombre de acción) describe el ambiente que se vive en Madrid en los momentos posteriores a la muerte de Fernando VII (29 de septiembre de 1833) e inicio de la regencia de María Cristina. Nos habla de carlistas y liberales (cristinos e isabelinos), personajes que a un tiempo figuran circunstancialmente adscritos a sociedades secretas como masones y carbonarios. Nos cuenta los entresijos de la conspiración liderada por Palafox e instigada por Eugenio de Aviraneta, personaje histórico ligado a la familia del escritor y que es  el  foco de atención en esta colección de Baroja. Incluso el famoso y castizo bandolero Luis Candelas, con ideas políticas liberales, tiene cabida en esta historia donde políticos, militares y bandoleros se reúnen y pronuncian con variado éxito y publicidad.

La Isabelina resulta curiosa por su descripción de un Madrid del siglo XIX que se nos aparece como poco más que una aldea manchega; la miseria de muchos, la opulencia de algunos, el tráfico de dinero para auspiciar conspiraciones;  la propuesta de una regencia alternativa basada en la intervención de la infanta Carlota de Borbón, hermana de María Cristina, y su marido y hermano menor de Fernando VII;  la epidemia de cólera que desangra la ciudad y desata una matanza de frailes acusados de envenenar las fuentes, y que finalmente cambia el curso de las conspiraciones. La Caro Raggionovela está articulada desde la visión de un narrador externo a la trama como un ojo de pez que todo divisa. Algunos han comparado esta novela de Baroja y su colección con los episodios nacionales de Galdós, yo no lo estimo necesario. 

En cambio, Susana y los cazadores de moscas, es una ficción narrada en primera persona por un humilde boticario que en comisión de servicio se ve atrapado en París al inicio de la guerra civil española; el protagonista comparte muchos rasgos de carácter del propio autor como son la ironía y el pesimismo, y coincide con su situación vital. Se percibe un tono netamente autobiográfico, y la experiencia de primera mano de París que ya narra en otra novela: Los últimos románticos, y algunas más. El protagonista cuyo nombre, Miguel, sólo aparece al término de la novela,  entra en contacto con un conjunto de personajes pintorescos entre los que se encuentran los cazadores de moscas.  ¿Qué ocurre cuando intentamos eludir los más nimios peligros y olvidamos las grandes contingencias? Susana y los cazadores de moscas se terminó de escribir en París en abril de 1938 y pone claramente de manifiesto la encrucijada en la que se encuentra el autor y su terruño.

La editorial Caro Raggio, íntimamente ligada a la familia, resurge en 1972 a manos de Julio y Pío, hijos de Rafael Caro Raggio y Carmen Baroja Nessi. Momento en que realizan una extensa y cuidadosa edición de los textos completos de Pío Baroja coincidiendo con el centenario de su nacimiento. La colección ha caído en mis manos  y me tiene envuelta en las brumas del cambio de siglo.

“Mi ideal es fundar la República del Bidasoa con este lema: Sin moscas, sin frailes y sin carabineros. Un pueblo sin moscas quiere decir que es un pueblo limpio: un pueblo sin frailes revela que tiene buen sentido, y un pueblo sin carabineros indica que su estado no tiene fuerza; cosas todas que me parecen excelentes.”

 

Pío Baroja en la Biblioteca de la UPM

 

No es medianoche quien quiere. António Lobo Antunes

No es medianoche quien quiere
António Lobo Antunes
Barcelona : Literatura Random House, 2017
Título original: Não é Meia Noite Quem Quer (2012)
Traducción: Antonio Sáez Delgado

 

Con cincuenta y dos años y una historia desgraciada a cuestas la mujer en quien ocurre esta novela que Lobo Antunes publicó en Portugal en 2012, vuelve a la casa de veraneo de su infancia, y a lo largo de tres días, ayudándose del rumor de las paredes desconchadas, de las ventanas que ya no muestran los mismos árboles ni los mismos pájaros (o sí los mismos pero diciendo otras cosas o ninguna cosa), puebla el espacio abandonado con otra vez las palabras, los gestos de años atrás, de su madre quejándose, de su padre vaciando botellas de la despensa, de su hermano sordo en su burbuja, de su hermano no sordo loco desde la guerra, de su hermano mayor, de su amiga de infancia y luego no. Niña, decía su hermano mayor antes de suicidarse temiendo las consecuencias de su activismo político. Niña, tal vez, y ahí un drama, la única palabra de cariño, el único abrazo. Por eso a los cincuenta y dos años el viaje a la semilla, la reconstrucción de la red de lazos familiares por si algún beso fundamental se hubiera pasado por alto, por si alguna razón no comprendida.

 

cómo pueden los robles modelar pájaros, enséñenme, por qué parte del pájaro empiezan, serán tan lentos con ellos como con las hojas, observando las ramas nos daremos cuenta o no de un puntito de pájaro que nace, ganando garras, pico, plumas, se soltarán en octubre, al caer aprenderán a volar

 

Y contra lo que pueda parecer, a partir de tanto fracaso y entre tanto personaje encerrado en su propio universo surge poderosa la belleza. El lenguaje fragmentario y polifónico de Lobo Antunes toca altas cotas de lirismo, de sugerencia y de imaginación. Poco a poco, lo que al principio es una madeja de voces y de hechos sin demasiado sentido, enmarañada por falta de datos, se va convirtiendo en una historia que sin darnos cuenta, se ha explicado sola y toda la información necesaria ha encajado un poco antes del final.

 

o serían las hojas que antes de llegar al suelo, para evitar pudrirse en el agua, echan a volar

 

Quizás porque entre las voces de los personajes se filtra con autoridad la voluntad del mar, la compañía de los mirlos, la voz de los árboles Lobo Antunes ha titulado la novela con un verso de un poema de René Char en el que los ecos, la lluvia y la bruma son del mismo modo presencia.

 

los pájaros son hojas que no aceptaron morir

 

Lenguaje el de esta historia que dice sin decir, que se aleja o se acerca como el vuelo de las gaviotas. Lo sabía Julio Cortázar: las palabras nunca alcanzan cuando lo que hay que decir desborda el alma. Palabras, pues, ecos, palabras voces fantasma, palabras crujidos dentro de cajones.

 

me hizo sentir, cómo expresarlo, no sé, aunque lo supiera las palabras no lo traducen, si pudiésemos tocar con nuestro corazón el corazón de los demás

 

Y no podemos. ¿O podemos? Sin duda una novela que quiere ser leída con el corazón.

 

Entrevista
(René Char)

Siembro con mis propias manos, 
Planto a golpe de lomos: 
Muda es la lluvia fina. 
En un sendero estrecho 
Escribo mi confidencia. 
No es medianoche quien quiere. 
El eco es mi vecino, 
La bruma mi sucesora.

 

António Lobo Antunes en la Biblioteca UPM

 

Luis Ceballos (1896/1967): ingeniero, botánico y profesor. Exposición.

Luis Ceballos
(1896-1967)
Ingeniero, botánico y profesor
Exposición
Del 7 de noviembre al 12 de diciembre de 2017
Hall del Rectorado de la Universidad Politécnica de Madrid
c/ Ramiro de Maeztu, 7
28040 Madrid

 

Luis Ceballos Fernández de Córdoba  (San Lorenzo de El Escorial 1896-Madrid 1967) fue Ingeniero de Montes y profesor de Botánica, geografía botánica y jardinería de la Escuela de Montes desde 1940 hasta 1966.

La Biblioteca de la Universidad Politécnica de Madrid le dedica su décima exposición bibliográfica en el 50 aniversario de su muerte.

Estudió la carrera en Madrid (1914-1920) pasando por los distintos edificios en los que estuvo provisionalmente ubicada la Escuela durante esos años.

En la exposición pueden verse fotografías inéditas de esos primeros años en los que realizó viajes de estudios por diferentes lugares de España durante los años 1919 y 1920 

La realización de los trabajos forestales que desembocaron en el logro del primer Mapa Forestal de España  (1966) a escala 1/400.000 están presentes a través de la colección de imágenes que tiene, de sus estancias en Canarias de 1945 a 1951, la Escuela de Montes.

 

 

Trabajos en las Islas Canarias occidentales que  fueron compartidos con Francisco Ortuño, también Ingeniero de Montes que tuvo importantes responsabilidades forestales en España, y que había sido uno de sus alumnos más apreciados. Esta colaboración dio como resultado una obra fundamental: Estudio sobre la vegetación y la flora forestal de las Islas Canarias Occidentales. 1951. IFIE.

Luis Ceballos participó también en la repoblación de la Ciudad Universitaria de Madrid tras la Guerra Civil, los trabajos empezaron en 1941 y se cubrió de vegetación una extensión de 200 hectáreas.

 

 

Es autor del importante y reconocido Arboreto de la Escuela de Montes y fue, sobre todo, un magnífico profesor que embrujaba a los alumnos con su fascinación por la naturaleza. Sus clases se siguen recordando y la calidad de su magisterio sigue siendo ejemplo respetado por generaciones y generaciones de Ingenieros de Montes.

Sus alumnos y discípulos le dedicaron en 1996 un Arboreto en su pueblo, San Lorenzo de El Escorial, con motivo del centenario de su nacimiento. Es uno de los centros de educación ambiental de la Comunidad de Madrid y tiene casi 4 hectáreas con más de 240 especies de árboles y arbustos autóctonos.

En la exposición puede verse material bibliográfico procedente de diversas bibliotecas de la Universidad Politécnica de Madrid amén de objetos personales de este insigne profesor y una imponente colección de fotografías en gran parte inéditas.

 

España, compañero. Víctor de la Serna.

España, compañero
Víctor de la Serna

Edición y prólogo de Alfonso de la Serna
1976

 

Este libro recoge una antología de artículos periodísticos escritos por Víctor de la Serna seleccionados por su hijo, van desde 1919 hasta finales de los años 50 del siglo pasado, y ocupan 40 años de la vida de España.

Don José Ortega y Gasset habla severamente, sobriamente, con una belleza más que dialéctica, didáctica. Habla y enseña. Empuja conceptos claros, simples, cuadriculados, como ladrillos, para levantar una sólida estructura. Los conceptos de soberanía y autonomía salen estilizados y concretos, reducidos a una línea eléctrica, irrevocable, dura y recta.

Los españoles, viene a decir, quieren una cosa: vivir no sobre los catalanes ni bajo los catalanes, sino con los catalanes.

Los temas que le llaman la atención son de la más variada índole, desde bailaoras como la Argentinita, hasta pintores como Gutiérrez Solana o Vázquez Díaz, pero también se interesa por la historia de Madrid y nos lleva de viaje por ciudades españolas. La lectura sorprende por el espíritu del autor, está a favor de las cosas no en contra. Esa postura nos impulsa a seguir leyendo un artículo y otro, entrando y saliendo de estas puntadas luminosas que recogen a veces la actualidad, el instante. Notas tomadas en directo, durante los paseos a pie por un Madrid solitario y poético, rincones ensimismados con farola que dibuja en esta edición Juan Esplandiú, que fue Premio Nacional de Pintura en 1958 y que tiene todo el perfume y la elegancia de los dibujantes de los años 50 hoy olvidados como Serny o como Ramón Gaya.

 

Juan Esplandiú

 

Esplandiú ha dado de Madrid una versión pictórica entrañable, humana, profunda, llena de ternura; una versión como en voz baja, confidencial e íntima.

 

Juan EsplandiúVíctor de la Serna colaboró con muchos diarios durante su vida y hasta los años 60 se le pudo leer haciendo crítica gastronómica en El País. Pertenece a una familia de escritores y periodistas, su madre era Concha Espina y su nieto es Víctor de la Serna Arenillas, tres veces Premio Nacional de Gastronomía, al que podemos leer ahora bajo el pseudónimo de Fernando Point.

Todo el libro desprende un mundo ya difuminado. Personajes que pocos sabrán quienes son, pintores que no están de moda, dibujantes hoy desconocidos, pueblos donde nadie para el coche  y vistas de Madrid que no reconocemos ni los que llevamos en esta ciudad toda la vida.

Escribe estupendamente, trata temas hoy desaparecidos de los periódicos,y lo hace desde una elegancia y una buen talante que convierten a este libro, conformado por artículos breves sobre temas tan dispares, en una expericia más que recomendable.

 

 

Este y otros libros de Víctor de la Serna en la Biblioteca UPM

Libros ilustrados por Juan Esplandiú en la Biblioteca UPM

 

Luisa Carnés. Tea rooms. Mujeres obreras

Luisa Carnés. Tea rooms. Mujeres obreras.

"Diez horas de trabajo, cansancio, tres pesetas"

Un café elegante del Madrid de principios de los treinta, en los albores de la Segunda República.  Un grupo de mujeres,  camareras que trabajan en él, cada una con su historia: Antonia,  la más veterana aunque nadie le reconozca su trabajo; Paca, una treintañera muy beata; Marta, que entró prácticamente suplicando el trabajo y está en una situación desesperada; Laurita, “ahijada” del dueño, la menos necesitada y las más alocada y Matilde, joven y pobre pero con ideas propias y mirada crítica y que es el alter ego de la autora.

"En este escondrijo cambian las muchachas sus vestidos de calle por los uniformes de labor. En estos clavos cuelgan las empleadas cada mañana su personalidad para recogerla cinco horas después".

El poder lo detenta la encargada, odiada por todas por su actitud prepotente que a su vez teme al “ogro”, el jefe supremo, el propietario. La novela cuenta el día a día de estas mujeres “obreras”. Es una reflexión sobre la realidad social femenina, los bajos salarios, las jornadas extenuantes y la realidad del acoso.

"En su cartela de franela azul, entre un pañuelo y un pomo de perfume vacío, hay diez céntimos. En su cerebro, dos perspectivas: un buñuelo caliente o un viaje en tranvía hasta los Cuatro Caminos”.

Mujeres pobres, con hermanos a los que alimentar y padres en paro que se echan a la calle a buscar trabajo y cogen lo que haya, muchas horas y poco sueldo.  Lo que engancha de esta novela es que sabemos que lo que cuenta su protagonista, Matilde, es lo que vivió la autora, que tuvo que abandonar la escuela a los 11 años para trabajar en un taller de sombreros y luego ya separada y con un hijo trabajó en una cafetería similar a la que describe en la novela. Carnés recuerda con estas palabras su propia juventud: “No comprendía entonces por qué una adolescencia puede ser tan amarga, ni unos pensamientos juveniles viejos”.

Realismo social puro y un alegato feminista a través de una de Matilde que no quiere plegarse a lo que la sociedad quiere para las mujeres: la búsqueda del marido o la prostitución, sin caminos alternativos. Como dice Antonio Plaza en el epílogo del libro, la novela plantea el surgimiento de una mujer nueva, que busca la emancipación a través del trabajo (pero un trabajo digno), aspecto éste que no se en otras novelas sociales del momento. Así reflexiona la protagonista: 

"Pero también hay mujeres que se independizan, que  viven de su propio esfuerzo, sin necesidad de "aguantar tíos". Pero eso es en otro país, donde la cultura ha dado un paso de gigante; donde la mujer ha cesado de ser un instrumento de placer físico y de explotación; donde las universidades abren sus puertas a las obreras y a las campesinas más humildes. Aquí, las únicas que podrían emanciparse por la cultura son las hijas de los grandes propietarios (…); precisamente las únicas mujeres a quienes no les preocupa en absoluto la emancipación, porque nunca conocieron los zapatos torcidos ni el hambre".

La novela también refleja el ambiente de inestabilidad política y social que se vivía en esos momentos en España con huelgas y protestas debido a unas condiciones laborales pésimas.

La editorial gijonesa  “Hoja de lata” es la responsable de la reedición de “Tea rooms” (2016) y de la publicación recientemente de un recopilatorio de relatos de Luisa Carnés titulado “Trece cuentos (1931-1963)”. Se le agradece que haya recuperado a esta escritora "olvidada". Para mí ha sido un gran descubrimiento. "Tea rooms" es un libro muy potente, de los que dejan huella por lo que cuenta y cómo lo cuenta.  

Luisa Carnés nació en 1905 en el seno de una familia humilde y obrera en el madrileño barrio de Las Letras. Empleada desde los 11 años en un taller de sombreros invirtió el poco tiempo que tenía en la autoformación permanente a través de la prensa, los libros de la biblioteca del  barrio y ocasionalmente con libros de segunda mano. En 1928, Luisa Carnés publicó su primera novela, «Peregrinos del calvario», a la que siguió «Natacha» (1930), ambientada en un taller textil que ella conocía tan bien. El año de la aparición de esta última obra coincide con su entrada, como taquimecanógrafa, en la editorial Compañía Iberoamericana de Publicaciones (CIAP), donde conoció al dibujante Ramón Puyol, que poco después se convertiría en su marido. En 1934 publica “Tea rooms. Mujeres obreras” recibida calurosamente por la crítica, que destacó de ella su carácter innovador y su fuerza narrativa. Al estallar la Guerra Civil, Carnés se centró en su labor como periodista militante hasta que, acabada la contienda y con la derrota del bando republicano, se exilió en México donde siguió escribiendo hasta su muerte, en 1964, víctima de un accidente de tráfico. Luisa Carnés marchó al exilio con lo puesto, llevándose como único equipaje una cartera de piel que contenía su bien más preciado, sus relatos.

Placa colocada por el Ayto. de Madrid en la calle Lope de Vega, 31.

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