Archivos de la Categoría: Reseñas

Viaje a España, Theophile Gautier

viaje-por-espanaViaje a España

Théophile Gautier

Cátedra, 1998

 

Theophile Gautier estuvo de viaje por España entre mayo y octubre del año 1840. Vino con su amigo Eugene Piot que tenía intención de comprar obras de arte aprovechando la desamortización de los bienes de la Iglesia. Ambos eran apasionados del arte, Gautier había intentado ser pintor y tenia verdadera devoción por Zurbarán, Ribera y Valdés Leal.

Este libro maravilloso reune los artículos periodísticos enviados por Gautier a París durante el viaje. Y hay que decir que aquellos ricos seis meses vividos en España  inspiraron también un importante libro de poemas.

España estaba de moda en Europa y en América, ya han aparecido publicadas las obras de Victor Hugo, de Musset y  de Merimée fascinados por nuestros monumentos y nuestras costumbres. En París se ha empapado de pintura española en los museos y ha asistido a representaciones de danza española. No venía a de nuevas, venía convencido.

Su Viaje a España, con ese espíritu, fue un éxito en toda la exrtensión de la palabra. Le encantó lo que veía y narró con deliciosos detalles su periplo español en un libro, ese que hoy recomendamos, que leyeron en todos los paises europeos y multiplicó el numero de visitantes. Y no sólo se trata de un recorrido artístico, se muestra fascinado por los paisajes y el modo de vivir, a Gauthier le interesa todo; los tipos humanos, la forma de vestir,  los oficios : vendedores de agua, limpiabotas, y las mujeres españolas le parecen guapísimas.

Mujer con abanico.Una mujer sin abanico es algo que no he visto todavía en este bendito país. Los abanicos, al abrirse y cerrarse, producen un débil silbido que, repetido varias veces por minuto, da una nota que  resulta extraña para un oido francés.

Hace una curiosa selección de palabras intraducibles al francés que aparecen en el libro en cursiva y en el original en francés en castellano. Entre otras estas: pundonor, pura sangre, horchata de chufas, mayoral, encierro…

No faltan, claro, la reflexiones sobre a cocina española:

Después trajeron el puchero, plato eminentemente español, o a decir verdad, el único plato español, pues todos los días se come de Irún a Cádiz, y viceversa.

Este viaje delicioso y emocionante nos permite aterrizar en el siglo XIX y que el chispeante Gautier nos acompañe por Burgos, el animado Paseo del Prado de Madrid, Sevilla, o la Mezquita de Córdoba. Su visión es casi siempre positiva, sin prejuicios,  y tiene un encanto y una mirada limpia que les faltó a otros viajeros que le siguieron.

Gran escritor, hombre muy culto  y simpático, nos regaló este libro y a su regreso a París confesó:

Me sentía allí como en mi verdadero suelo y como en una patria vuelta a encontrar.

El abanico de seda, Lisa See

El abanico de seda, Lisa See

Lisa See
El abanico de seda
Barcelona: Salamandra, 2006

 

No es este el primer libro de Lisa See, pero sin duda es su mejor obra. Es uno de esos libros que son como joyas,  que brillan con luz propia y que son difíciles de olvidar.

La historia nos traslada a la lejana China del reinado del emperador Daoguang, en 1823, una China rural con tradiciones rígidas, y más cuando se trata de la vida de las mujeres.

Nos describe unas costumbres historicamente verídicas, pero que fueron hace tiempo olvidadas en aquel país y que para nosotros son totalmente desconocidas. La escritora consigue con una gran habilidad trasladarnos a esos tiempos lejanos y hacernos sentir, llorar y sufrir con sus personajes.

Se trata de la historia de la amistad entre dos niñas "Flor de nieve" y "Abanico mágico" que posteriormente se hacen adultas. Una amistad tan profunda  que refleja el verdadero amor entre dos personas. Dos almas gemelas de familias muy diferentes que se apoyarán durante toda su vida, hasta que un fatal error rompe su amistad. Así al morir una de ellas, de una enfermedad, la otra pierde toda la ilusión por seguir viviendo y se encierra en si misma;  su corazón queda muerto en vida.

La historia descubre, página por página, la vida de una mujer china de aquella época. De niña se encuentra encerrada en su casa, como todas las niñas chinas,  viendo pasar el mundo exterior solo a través de una celosía. De casada sus ojos miran por la ventana, desde donde su alma encuenta la libertad y puede volar.

El dolor y el sufrimiento, pasando por la dura tradicion de los pies vendados. Pies rotos y destrozados de unas niñas, sólo con el fin de obtener como recompensa un casamiento mejor.

 

Una cara bonita es un don del cielo, pero unos pies diminutos pueden mejorar la posición social.

 

La autora nos descubre también el "Nushu", la escritura secreta de las mujeres, que les abre la puerta para comunicarse y evadirse un instante de la dura realidad. Narra sus canciones en la habitación de las mujeres,  sus bordados,  su amistad y su sumisión,  aguantando todo tipo de vejaciones y sufrimientos.

Un libro lleno de sentimientos que la escritora nos describe con sencillez, pero con una gran maestría que toca de lleno el corazón del lector.

 

Lisa See en las Bibliotecas UPM

 

Lola Herrero

 

Tesoros para el buen observador

Existe un lugar al sureste de Madrid donde el tiempo ha quedado congelado. A los pocos minutos caminando entre los arenales que dejó el entonces gran río Manzanares, y que contienen restos de algún dinosaurio aún por salir a la luz, podemos sentir que estamos en febrero de 1937. No hay más que fijarse con algo de detalle en el suelo que pisamos y comenzamos a ver vainas republicanas, puntas de bala, fragmentos de obuses, restos de metralla, tapas de cajas de munición soviética… que nos meten de lleno en el combate.

A continuación subimos un pequeño cerro y ya sintiendo que estamos a las órdenes del general Lister cruzamos su interior a través de los túneles de escapatoria procedentes de las trincheras que controlan la importante posición. En él encontramos vidrios que una vez sirvieron para contener el vino que ayudaba a pasar las horas sin pensar en la muerte que les acechaba, encontramos pequeños frascos enterrados como perfumes para mantener la dignidad o tinteros de la época que parece que hablan por sí mismos.

Esta zona tienes la sensación que no ha sido pisada por ser humano en 70 años y que los restos están en la misma posición en que un día cayeron, aunque no sea del todo cierto. Por sorpresa aparece un pico cavador de trincheras y vivacs, como todo lo demás, castigado por la humedad del suelo. Y si uno se fija más a fondo, descubre que las esquirlas de cerámica que parecían vulgares, en realidad te pueden llevar siglos atrás y pertenecer a antiguos asentamientos árabes, romanos, o incluso carpetanos.

Después de vivir la historia en tus propias carnes, poder tocarla y disfrutarla en un sitio tan especial vas descubriendo que seguramente todo quede bajo metros cúbicos de hormigón próximamente y tú no podrás hacer nada. En fin, é un mondo difficile

 

Este vídeo, realizado por mí, ilustra un poco el texto

 

Juan Fco. Ramírez Rodríguez

 

Tres momentos de una vida, de Hermann Hesse

hesseHESSE, Herman. Tres momentos de una vida.

Barcelona: Seix Barral, 1996.

“Si algo hermoso tuviera que permanecer igual toda la eternidad, yo me alegraría, sí, pero lo miraría con más frialdad y pensaría: eso puedes verlo siempre; no tiene por qué ser hoy. Pero lo que es perecedero y no permanece igual lo contemplo ahora y con algo más que la pura alegría, también con un poco de pena.”

Hablar de este libro es hablar de la naturaleza, de la amistad, de la libertad, de la sencillez de las cosas y sobre todo es hablar de la belleza. De la belleza de las flores, del canto de los pájaros, de la belleza de un sendero perdido en un bosque sintiendo toda esa belleza de un forma pura, en toda su plenitud. Habla de la maravilla que se encuentra en compartir un momento de nuestra vida con alguien sin ningún otro objetivo que el de esa simple compañía.

Habla de una libertad hoy en día difícil de entender y probablemente difícil de conseguir. La libertad de poder disfrutar de la vida de una forma sencilla, maravillándonos de las pequeñas cosas que la vida va ofreciéndonos, sin exigencias. La libertad de no tener responsabilidades, de poder soñar,  de sentirnos puros, de volver a un tiempo en el que la maldad no hacía mella en nuestro espiritu, en nuestro corazón.

Tres momentos de una vida nos habla del vagabundo Knulp cuya vida fluye de forma armoniosa con la naturaleza, haciendo el bien a cuantos le rodean. No busca fortuna, no busca recompensas materiales, su felicidad está en simplemente escuchar a un amigo, en disfrutar de una melodía aprendida quizá en su infancia. Su felicidad está en cosas muy alejadas de una vida tan materialista como la actual.

El libro se divide en tres partes, en tres momentos de una vida, la vida de Knulp que eligió de forma consciente en su juventud y cuyo desenlace intuimos porque sabemos que no puede haber otro que conserve el espíritu de Knulp libre y puro.

Tres momentos de una vida invita a su lectura de una forma tranquila, dejando que las palabras fluyan hacia nosotros a través de todos nuestros sentidos, maravillándonos de la prosa de Hesse, de su sencillez, de su profundidad.

Herman Hesse, novelista y poeta alemán nacido en Calw (Alemania) en 1877 es uno de los nombres capitales de la historia de la literatura. Galardonado con el premio Nobel en 1946. Tres momentos de una vida, publicado en 1915 pertenece a la primera época de su vida como escritor. Otras obras del autor disponibles en la Biblioteca de la UPM, Siddharta (1922), Demian (1919), El lobo estepario (1927)…

“Cada cual tiene su alma y no puede fundirla con la de otro. Dos personas pueden aproximarse, hablarse y permanecer una al lado de la otra. Pero sus almas son como flores, cada una con sus propias raíces, y ninguna puede ir hasta la otra, porque para ello tendría que abandonar su raíz, y eso es imposible.”

El cielo de Madrid, de Julio Llamazares

Julio Llamazares:

El cielo de Madrid.

Madrid : Alfaguara, 2005.

 

portada-cielo-madrid_peq“Ahora ya no tenía sueños;  tenía ambiciones, que es diferente. Los sueños se me habían roto o los había ido perdiendo por el camino, enredados en las mallas de los amores rotos o abandonados u olvidados en las calles y en los bares de Madrid” (p. 119).

Julio Llamazares es un tierno grandullón leonés que pulula por Chamberí. También ha venido siendo un creador fluctuante. En plenos años 80 se anticipó a la recuperación de la temática del maquis con una pequeña gran novela llamada “Luna de Lobos”, que presentaba  ya enteramente dos de los rasgos característicos de su obra: la introspección y la exaltación lírica del paisaje y de la naturaleza. Fueron polémicas sus declaraciones sobre el Nobel Cela, autor al que su escritura debía sin duda mucho. Por desgracia, Julio ha sido después el firmante de algún errado y mediocre libro de viajes.

Sin embargo “El cielo de Madrid”, aparecida en 2005, es una crónica sentimental muy eficaz del final de una juventud caduca entre los 80 y los 90 del pasado siglo. Juventud desangelada que a algunos más mayores les resultará familiar y nostálgica, y que otros deben conocer para que sepan cómo era aquella vida. La vida de la “otra” movida madrileña, la más opaca de la creación literaria y las artes plásticas, en la trastienda de la que alcanzó más notoriedad pública practicando la música pop y la farándula. En un mundo aún sin móviles y sin internet, ¿ah,  pero es posible  vivir así? Una generación de hijos de provincia que llegaban a Madrid como a un gran puerto de acogida, buscando las oportunidades o la formación inalcanzables en sus más modestas localidades de origen. Jóvenes  dados al bebercio y al tabaco –entonces totalmente permitido-, relativos transgresores pero anclados por lo general en una heterosexualidad tan extendida que apenas podía ocultar en el fondo, por su sospechosa unanimidad, su hipoteca con la moral de procedencia. Hijos o nietos de los Benet o Martín-Santos de los 50, abueletes para los que este “Cielo” reserva algún guiño.

Pues bien, con su lenguaje llano característico que facilita la empatía del lector, Julio va desgranando ese tránsito de final de juventud por las sucesivas fases del desencanto y del tedio. Le guía una especie de voluntarismo existencialista, en busca de una madurez posible y vivible. ¿La conseguirá?

Obras de Julio Llamazares disponibles en: Bibliotecas de la UPM

 

Novela de ajedrez, Stefan Zweig

Novela de Ajedrez, Stefan ZweigNovela de ajedrez
Stefan Zweig
Barcelona: Acantilado, 2001
Traducción: Manuel Lobo

 

Die Schachnovelle (1941)

 

Nadie se espante: aunque el título lo sugiera, no es indispensable conocer las reglas del juego ni haber practicado nunca para disfrutar del obsesivo e intrigante relato que nos propone Stefan Zweig en su Novela de ajedrez, uno de sus más celebres trabajos. Habrá claves, eso sí, que deleitarán a los aficionados a eso de mover madera (¿quién lleva bien perder al ajedrez? ¿Qué jugador no ha experimentado el encabritamiento de sus emociones en una partida larga y disputada?). No decepciona la novela en ese sentido; sin embargo, lo verdaderamente apasionante del libro radica en la brillante descripción de dos psicologías extremas, opuestas diametralmente, que se enfrentan en un auténtico choque de temperamentos.

Se sitúa la acción en un transatlántico que zarpa de Nueva York rumbo a Buenos Aires. A bordo se encuentran el campeón del mundo, Mirko Czentovic, y el señor B, un antiguo prisionero de la Gestapo que huye de los nazis. Czentovic es considerado un genio de los sesenta y cuatro escaques, pero fuera de ellos no es otra cosa que un hombre anodino, incapaz de cualquier actividad intelectual diferente. Frío y arrogante, encuentra su mayor satisfacción en el beneficio monetario que le proporcionan las victorias que con tan poco esfuerzo obtiene en el tablero. A pesar de que el señor B asegura que no practica hace años, logra inquietar al campeón en una partida improvisada por un grupito de aficionados en cubierta, hasta el punto de forzarle unas inesperadas tablas. A raíz de ello, y a partir de aquí, conoceremos las extremas condiciones que le condujeron al dominio del juego. Y el precio que hubo de pagar a cambio.

 

Toda mi vida me han intrigado los monomaníacos, las personas obsesionadas por una sola idea, pues cuanto más se limita uno, más se acerca por otro lado al infinito; son precisamente estos seres en apariencia fuera del mundo los que, como termitas, saben construir en su ámbito una imagen reducida del mundo, única y extravagante. No disimulé, por tanto, mi intención de examinar con lupa aquel singular espécimen de monocordia intelectual.

 

Novela corta o nouvelle, las noventa páginas de este relato están escritas con una amenidad, una intensidad y una precisión psicológica tales que no le permiten a uno abandonar su lectura hasta haber devorado la última palabra. Stefan Zweig (austriaco de la primera mitad del XX) es uno de los escritores más leídos del siglo. En este fragmento de su Autobiografía expone las claves en que basa su éxito:

 

… el inesperado éxito de mis libros proviene, según creo, en última instancia de un vicio personal, a saber: que soy un lector impaciente y de mucho temperamento. Me irrita toda facundia, todo lo difuso y vagamente exaltado, lo ambiguo, lo innecesariamente morboso de una novela, de una biografía, de una exposición intelectual. Sólo un libro que se mantiene siempre, página tras página sobre su nivel y que arrastra al lector hasta la última línea sin dejarle tomar aliento, me proporciona un perfecto deleite. Nueve de cada diez libros que caen en mis manos, los encuentro sobrecargados de descripciones superfluas, diálogos extensos y figuras secundarias inútiles, que les quitan tensión y les restan dinamismo.

 

 

Stefan Zweig en las Bibliotecas de la UPM

 

Evelyn Waugh. Retorno a Brideshead

Waugh, Evelyn

Retorno a Brideshead

Barcelona: Tusquets, 2008

 "Debía parecerle que no le escuchaba y, con un último esfuerzo para despertar mi interés, dijo:También hay una espantosa fuente delante de las escaleras, descomunal, hecha de rocas y de todo tipo de animales de piedra. Nunca habrás visto nada igual.Sí, Hooper, la he visto. He estado antes aquí….Había estado antes allí…Lo conocía todo muy bien"

Así se inicia el viaje hacia el pasado de Charles Ryder. Estamos en 1940, en plena Segunda Guerra Mundial. Charles es un oficial del ejército inglés que rememora su estancia en Brideshead, la mansión donde ahora se aloja su regimiento. El "retorno" de Charles a Brideshead devuelve a su memoria aquellos tiempos, anteriores a la guerra, en que paseaba por sus hermosos jardines y salones.

Charles conoce a Sebastian Flyte en Oxford y rápidamente queda enredado en el carisma de este personaje hedonista, melancólico y autodestructivo. Cuando acompaña a su amigo a la mansión familiar, Brideshead Castle, queda de nuevo seducido por el lugar ("Así me convertí al barroco", comenta nuestro protagonista) un paraíso de elegancia y obras de arte que Charles plasmará en sus cuadros, una vocación incipiente que luego se convertirá en su profesión. Y queda atrapado por los Flyte, una familia aristocrática, excéntrica y opulenta, marcada por el escándalo de un padre exiliado en Venecia con su amante. Por el contrario Ryder sólo tiene a su padre, un tipo muy peculiar, solitario que mata el tiempo coleccionando curiosidades. Las escasa escenas entre padre e hijo son las situaciones más cómicas de la novela.

Sebastian introduce a su amigo en una Arcadia efímera y así vamos conociendo una impresionante galería de personajes. Una madre (lady Marchmain) controladora y reina del chantaje emocional; Sebastian que sólo quiere ser feliz pero está atrapado por su familia y queriendo huir, acaba alcoholizado; Julia Flyte, la hermana, que parece que no encuentra su lugar en la vida y que pudiendo ser feliz con Charles renuncia a él presa de la culpabilidad; Cordelia Flyte, la hermana pequeña, uno de los pocos personajes felices junto con el hermano mayor, Bridey. Los Flyte son católicos y la religión suele figurar en sus conversaciones, ejerciendo una gran influencia en sus vidas, algo que Charles nunca logró entender.

Evelyn Waugh nació en Londres en 1903 y murió en Somerset en 1966. Hijo de un conocido editor y crítico literario, estudió en Oxford y se graduó en historia moderna. Su primera obra, Decadencia y caída (1928) le dio fama inmediata. En 1930, después de divorciarse de su primera mujer, se convirtió al catolicismo. Viajó por todo el mundo y luchó en diversos escenarios de la segunda guerra mundial. Entre 1943 y 1944 mientras se recuperaba de una herida producida al tirarse en paracaídas, escribió Retorno a Brideshead, que se publicó en 1945.

Waugh se caracteriza por el espíritu irónico y mordaz con que disecciona la sociedad inglesa de la época de entreguerras. Escritor inteligente, divertido y algunas veces, como en la novela que nos ocupa, nostálgico. De hecho Waugh, en el prólogo del libro de 1959 se disculpa por el tono melancólico y de fascinación por esa vida aristocrática y sibarita de la novela achacándolo "a la época deprimente, de privaciones y continuas amenazas" de la guerra.

La revista Time incluye a Brideshead Revisited en su lista de las 100 mejores novelas de todos los tiempos.

No se puede hablar de este libro sin mencionar la magnífica serie de la televisión británica (1981), producida por Granada Television, con una banda sonora inolvidable compuesta por Geoffrey Burgon. A través de esta serie llegué al libro y descubrí a Evelyn Waugh.

La película del mismo título, estrenada en 2008, es totalmente prescindible y simplifica de una forma lamentable la novela.

En 2009 se publicó un libro , Mad world. Evelyn Waugh and the secrets of Brideshead, de Paula Byrne que sostiene la hipótesis de que los Flyte de la ficción son la réplica de los Lygon de Madresfield, poderoso clan de terratenientes que abrió las puertas de su mundo privilegiado y decadente al joven Waugh.

También en NST se ha reseñado otro libro de E. Waugh: Decadencia y caída.

Entre limones, Chris Stewart

Entre limones, Chris StewartChris Stewart
Entre Limones
Barcelona: Almuzara, 2008

 

Este es un libro con el que te mueres de risa.

Eso solo ya es una razón para leerlo pero es que,  además, es  un libro delicioso.

Entre limones cuenta la vida de un inglés en la Alpujarra. Eso no me pareció una buena tarjeta de presentación porque me parecía imposible que se pudiera mejorar el binomio tras haber disfrutado tanto con  Al sur de Granada de Gerald Brenan, así es que miré a este advenedizo copión  con muchas reservas.

El británico esta vez se llamaba Chris Stewart, es músico, ha sido batería del grupo Génesis, y sigue viviendo en La Alpujarrra, cerca del pueblo de Orgiva.

Cristóbal, como le bautizaron rápidamente por aquellas sierras, se enamoró de la Alpujarra en cuanto llegó. Tal fue el flechazo que se  quería comprar la primera casa que le enseñaron y acabó adquiriendo, en 1988, un cortijo, llamado El Valero, sin agua, sin luz, sin camino, y al que solo se podía llegar en mula o en caballo.

El libro describe con mucha gracia su adaptación a las formas y costumbres de vida de la zona. Nos  descubre los múltiples aspectos de la peliaguda situación y comprendemos divertidos las dificultades sin fin a las que se tiene que enfrentar el simpático Stewart si quiere sobrevivir de una geografia tan agreste y hostil como es la Alpujarra.

Asistimos, mas divertidos todavía, a las reacciones de los vecinos; desde el que intenta sacar tajada de su aparente inocencia  – los extranjeros parecen a muchos, solo por serlo, gente simple-, al que le hace la vida fácil con una total generosidad. Aparecen  en sus aventuras otros extranjeros que viven en la zona, estamos repoblados por las más variadas nacionalidades en esos recónditos rincones y montes andaluces. Cristobal vive rodeado de holandeses, alemanes, franceses, colectivos internacionales de hippies….

Entre limones invita a reflexionar, además, sobre la idiosincrasia española, granaína y alpujarreña, y hace que nos encontremos, además, con algunos de nuestros vicios capitales. Las críticas, pocas, nunca hieren porque el autor del libro es el primero en mofarse de sí mismo y de buena parte de sus limitaciones como cortijero autónomo y autosuficiente.

Para rematar esta lectura hace que soñemos con aquellos caminos y paisajes escarpados, habla mucho de la naturaleza, nombra cada planta, cada árbol: moreras, higueras, naranjos, a cada animal y el flamante cortijero está permanentemente maravillado ante una vegetación tan felliz y generosa.

Stewart no es un escritor, aunque ya es autor de  varios libros, se quiere convertir -y se convierte- en campesino. No quiere repetir en España su vida de Inglaterra, como tantos compatriotas británicos hacen y han hecho en los lugares  mas remotos, el quiere empezar aquí una existencia por entero diferente.

Recomiendo mucho esta lectura, Stewart posee una mirada enormemente atenta, buen gusto, un sentido del humor delicioso  y describe con precisión los sucesos que le ocurren y las cosas que ve.

Además nos regala elegantemente una visión muy positiva de todo lo que le ocurre.

Mi mayor placer es el olor y la belleza del azahar. Nunca volvería a Inglaterra; no puedo pensar en vivir en un sitio sin naranjos.

 

Disponible en las Bibliotecas de la UPM

 

El delator

O’FLAHERTY, Liam. El delator.

Barcelona: Libros del Asteroide, 2007

A las ocho y veinticinco, Gypo salió de la comisaría de policía por la puerta trasera del edificio. En el bolsillo llevaba veinte libras en pagarés del Tesoro, la recompensa por haber facilitado información sobre Francis Joseph McPhillip.

… estaba agazapado en el portal de una casucha abandonada, atisbando la oscuridad con sus ojillos inquietos, cuando oyó una pisada. Sorprendido, dio un respingo. Esa pisada humana era el primer sonido, procedente de uno de sus semejantes, al que prestaba atención desde que se había convertido en un delator…y un proscrito.

Gypo Nolan es un delator. Al salir de esa comisaría de policía, el destino de Gypo Nolan ya está marcado. Ha traicionado a su amigo, ha traicionado a su causa, ha traicionado a su pueblo. El paso ya ha sido dado y no hay marcha atrás. No existe salvación. Gypo recorrerá las calles de un Dublín marginal disfrutando de la ganancia de su traición. Se encontrará con una pléyade de personajes que se aprovecharán de su momentánea riqueza pero en los que irá creciendo la semilla de la sospecha. Y la palabra delator rodará por las malolientes calles de ese Dublín marginal, cobijándose en la mente de todos a los que roce. Todas las miradas de sospecha se dirigen a él. Hay un traidor, hay un delator y hay que descubrirlo. Mientras, Gypo Nolan disfruta de una  momentanea felicidad, por una vez es un hombre importante, ya no tendrá que mendigar, ya no tendrá que pedir.

Veinte monedas es el precio, veinte monedas para saciar su hambre, su sed, cobijarle del frio de la noche, mitigar su desesperanza, alejarle de su destino de perdedor, destino trágico del que en realidad y él lo sabe, no puede huir.

Ambientada en el Dublín posterior a la guerra civil irlandesa, Liam O’Flaherty nos describe un mundo lleno de perdedores en los que las ideas revolucionarias se mezclan con el simple gansterismo. Un mundo lleno de seres marginales, en los que la supervivencia de cada día es la única meta para la mayoría de sus habitantes.

Desarrollada durante una sola jornada, El delator cuenta la historia de Gypo Nolan, un terrorista en el que la horrenda idea de la traición se introduce en su mente y ya no podrá desprenderse de ella, su destino quedará marcado.

En 1935 John Ford llevo a la pantalla la novela de O’Flaherty y desde entonces Gypo Nolan adquirió el rostro de Víctor McLagen y en ambas, novela y película, Gypo / Victor huyen de un destino trágico con dirección hacia ninguna parte, lugar donde, quizás, encuentre la redención, quizás.

“Frankie, tu madre me ha perdonado….”

“Rostros de Roma” en Segovia: cara a cara con un pasado remoto y cercano

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En marzo el tiempo atmosférico se va haciendo más clemente y el transporte siempre pilla a mano (bus desde Moncloa o media hora en AVE). Las piezas proceden del Museo Arqueológico Nacional, o sea en algún momento estarán de vuelta y de nuevo visibles en Madrid. Pero nunca va a ser lo mismo que contemplar esta magnífica exposición con la impresión reciente de la ingeniería del Acueducto segoviano en la retina. Tenemos pues una buena excusa para darnos una vuelta al otro lado del Guadarrama.

“Rostros de Roma” nos invita a un pedagógico paseo por la estatuaria romana con un morrocotudo potencial literario. Aunque la exposición dedica algo de su atención a filósofos, simples ciudadanos o incluso personajes provincianos, el plato fuerte del itinerario lo constituyen los retratos imperiales. Estos están dispuestos por dinastías de modo que se puedan apreciar los cambios en el estilo y en los códigos expresivos, y se nos explica como estas variaciones estéticas se corresponden con la evolución de la ideología y el culto imperiales, relacionados a su vez con los condicionantes sociales del poder en cada época. Uno de los antecedentes principales de arte es la estatuaria helenística centrada en el personaje del emperador Alejandro, que nos remite a las biografías más o menos noveladas de Quinto Curcio Rufo, Klaus Mann o Mary Renault. El final de la Roma republicana está representado por un estupendo retrato de Marco Antonio, biografiado por Plutarco. Un poco más allá se nos presenta la tormentosa familia julioclaudia, forjadora del imperio, sobre cuyos miembros se siguen vertiendo océanos de tinta, aunque nos conformemos aquí con citar a Suetonio y a Robert Graves. Y para no cansar, dejémoslo en los antoninos Adriano, protagonista de la obra maestra de Marguerite Yourcenar, y Marco Aurelio, autor él mismo de sus propias “Meditaciones”.

Rostros de Roma 3

 

Curiosamente las vicisitudes históricas han hecho que la ciudad no cuente con otros restos apreciables del pasado romano, aparte del grandioso Acueducto. Digamos que no importa: el eco de la antigüedad clásica ha alimentado el extraordinario románico con el que nos toparemos aquí y allá, en el rincón más insospechado. Se diría incluso que esta circunstancia estimula una cabal percepción de la trascendencia de la civilización cuyos rostros acabamos de observar cara a cara.

 

 

Rostros de Roma 2

Salimos del Torreón que alberga la muestra con la mente trufada de sensaciones: Astérix, las pelis de nuestra infancia, los monumentos romanos de otros lugares, la mismísima Roma, unos cuantos títulos de libros, la propia romanidad de nuestros nombres y apellidos… Aún nos aguarda en la plaza, emulando a los poderosos antiguos, la efigie cívica de Juan Bravo, para mover el dial de nuestras inquietudes hacia los interesantes estudios históricos de autores como José Antonio Maravall o Joseph Pérez.

 

Exposición:

Torreón de Lozoya, Plaza de San Martín 5 (Segovia)

Del 28 de enero al 30 de mayo de 2010

Laborables excepto lunes de 18:00 a 21:00 h. Lunes cerrado.

Sábados y festivos de 12:00 a 14:00 y de 18:00 a 21:00 h.

Lecturas sugeridas:

Quinto Curcio Rufo: Historia de Alejandro Magno (9788424910495).

Klaus Mann: Alejandro (9788476696675).

Mary Renault: Alejandro Magno (9788435016841).

Plutarco: Vidas paralelas : Demetrio-Antonio (9788420661537).

Cayo Suetonio Tranquilo: Vidas de los Césares (9788437616360)

Robert Graves: Yo, Claudio (9788420635125).

Marguerite Yourcenar: Memorias de Adriano (9788435018395).

Marco Aurelio: Meditaciones (9788489662148).

José Antonio Maravall: Las Comunidades de Castilla (9788448709013).

Joseph Pérez: La revolución de las Comunidades de Castilla (9788432302855).

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