Archivos de la Categoría: Reseñas

No es medianoche quien quiere. António Lobo Antunes

No es medianoche quien quiere
António Lobo Antunes
Barcelona : Literatura Random House, 2017
Título original: Não é Meia Noite Quem Quer (2012)
Traducción: Antonio Sáez Delgado

 

Con cincuenta y dos años y una historia desgraciada a cuestas la mujer en quien ocurre esta novela que Lobo Antunes publicó en Portugal en 2012, vuelve a la casa de veraneo de su infancia, y a lo largo de tres días, ayudándose del rumor de las paredes desconchadas, de las ventanas que ya no muestran los mismos árboles ni los mismos pájaros (o sí los mismos pero diciendo otras cosas o ninguna cosa), puebla el espacio abandonado con otra vez las palabras, los gestos de años atrás, de su madre quejándose, de su padre vaciando botellas de la despensa, de su hermano sordo en su burbuja, de su hermano no sordo loco desde la guerra, de su hermano mayor, de su amiga de infancia y luego no. Niña, decía su hermano mayor antes de suicidarse temiendo las consecuencias de su activismo político. Niña, tal vez, y ahí un drama, la única palabra de cariño, el único abrazo. Por eso a los cincuenta y dos años el viaje a la semilla, la reconstrucción de la red de lazos familiares por si algún beso fundamental se hubiera pasado por alto, por si alguna razón no comprendida.

 

cómo pueden los robles modelar pájaros, enséñenme, por qué parte del pájaro empiezan, serán tan lentos con ellos como con las hojas, observando las ramas nos daremos cuenta o no de un puntito de pájaro que nace, ganando garras, pico, plumas, se soltarán en octubre, al caer aprenderán a volar

 

Y contra lo que pueda parecer, a partir de tanto fracaso y entre tanto personaje encerrado en su propio universo surge poderosa la belleza. El lenguaje fragmentario y polifónico de Lobo Antunes toca altas cotas de lirismo, de sugerencia y de imaginación. Poco a poco, lo que al principio es una madeja de voces y de hechos sin demasiado sentido, enmarañada por falta de datos, se va convirtiendo en una historia que sin darnos cuenta, se ha explicado sola y toda la información necesaria ha encajado un poco antes del final.

 

o serían las hojas que antes de llegar al suelo, para evitar pudrirse en el agua, echan a volar

 

Quizás porque entre las voces de los personajes se filtra con autoridad la voluntad del mar, la compañía de los mirlos, la voz de los árboles Lobo Antunes ha titulado la novela con un verso de un poema de René Char en el que los ecos, la lluvia y la bruma son del mismo modo presencia.

 

los pájaros son hojas que no aceptaron morir

 

Lenguaje el de esta historia que dice sin decir, que se aleja o se acerca como el vuelo de las gaviotas. Lo sabía Julio Cortázar: las palabras nunca alcanzan cuando lo que hay que decir desborda el alma. Palabras, pues, ecos, palabras voces fantasma, palabras crujidos dentro de cajones.

 

me hizo sentir, cómo expresarlo, no sé, aunque lo supiera las palabras no lo traducen, si pudiésemos tocar con nuestro corazón el corazón de los demás

 

Y no podemos. ¿O podemos? Sin duda una novela que quiere ser leída con el corazón.

 

Entrevista
(René Char)

Siembro con mis propias manos, 
Planto a golpe de lomos: 
Muda es la lluvia fina. 
En un sendero estrecho 
Escribo mi confidencia. 
No es medianoche quien quiere. 
El eco es mi vecino, 
La bruma mi sucesora.

 

António Lobo Antunes en la Biblioteca UPM

 

España, compañero. Víctor de la Serna.

España, compañero
Víctor de la Serna

Edición y prólogo de Alfonso de la Serna
1976

 

Este libro recoge una antología de artículos periodísticos escritos por Víctor de la Serna seleccionados por su hijo, van desde 1919 hasta finales de los años 50 del siglo pasado, y ocupan 40 años de la vida de España.

Don José Ortega y Gasset habla severamente, sobriamente, con una belleza más que dialéctica, didáctica. Habla y enseña. Empuja conceptos claros, simples, cuadriculados, como ladrillos, para levantar una sólida estructura. Los conceptos de soberanía y autonomía salen estilizados y concretos, reducidos a una línea eléctrica, irrevocable, dura y recta.

Los españoles, viene a decir, quieren una cosa: vivir no sobre los catalanes ni bajo los catalanes, sino con los catalanes.

Los temas que le llaman la atención son de la más variada índole, desde bailaoras como la Argentinita, hasta pintores como Gutiérrez Solana o Vázquez Díaz, pero también se interesa por la historia de Madrid y nos lleva de viaje por ciudades españolas. La lectura sorprende por el espíritu del autor, está a favor de las cosas no en contra. Esa postura nos impulsa a seguir leyendo un artículo y otro, entrando y saliendo de estas puntadas luminosas que recogen a veces la actualidad, el instante. Notas tomadas en directo, durante los paseos a pie por un Madrid solitario y poético, rincones ensimismados con farola que dibuja en esta edición Juan Esplandiú, que fue Premio Nacional de Pintura en 1958 y que tiene todo el perfume y la elegancia de los dibujantes de los años 50 hoy olvidados como Serny o como Ramón Gaya.

 

Juan Esplandiú

 

Esplandiú ha dado de Madrid una versión pictórica entrañable, humana, profunda, llena de ternura; una versión como en voz baja, confidencial e íntima.

 

Juan EsplandiúVíctor de la Serna colaboró con muchos diarios durante su vida y hasta los años 60 se le pudo leer haciendo crítica gastronómica en El País. Pertenece a una familia de escritores y periodistas, su madre era Concha Espina y su nieto es Víctor de la Serna Arenillas, tres veces Premio Nacional de Gastronomía, al que podemos leer ahora bajo el pseudónimo de Fernando Point.

Todo el libro desprende un mundo ya difuminado. Personajes que pocos sabrán quienes son, pintores que no están de moda, dibujantes hoy desconocidos, pueblos donde nadie para el coche  y vistas de Madrid que no reconocemos ni los que llevamos en esta ciudad toda la vida.

Escribe estupendamente, trata temas hoy desaparecidos de los periódicos,y lo hace desde una elegancia y una buen talante que convierten a este libro, conformado por artículos breves sobre temas tan dispares, en una expericia más que recomendable.

 

 

Este y otros libros de Víctor de la Serna en la Biblioteca UPM

Libros ilustrados por Juan Esplandiú en la Biblioteca UPM

 

Luisa Carnés. Tea rooms. Mujeres obreras

Luisa Carnés. Tea rooms. Mujeres obreras.

"Diez horas de trabajo, cansancio, tres pesetas"

Un café elegante del Madrid de principios de los treinta, en los albores de la Segunda República.  Un grupo de mujeres,  camareras que trabajan en él, cada una con su historia: Antonia,  la más veterana aunque nadie le reconozca su trabajo; Paca, una treintañera muy beata; Marta, que entró prácticamente suplicando el trabajo y está en una situación desesperada; Laurita, “ahijada” del dueño, la menos necesitada y las más alocada y Matilde, joven y pobre pero con ideas propias y mirada crítica y que es el alter ego de la autora.

"En este escondrijo cambian las muchachas sus vestidos de calle por los uniformes de labor. En estos clavos cuelgan las empleadas cada mañana su personalidad para recogerla cinco horas después".

El poder lo detenta la encargada, odiada por todas por su actitud prepotente que a su vez teme al “ogro”, el jefe supremo, el propietario. La novela cuenta el día a día de estas mujeres “obreras”. Es una reflexión sobre la realidad social femenina, los bajos salarios, las jornadas extenuantes y la realidad del acoso.

"En su cartela de franela azul, entre un pañuelo y un pomo de perfume vacío, hay diez céntimos. En su cerebro, dos perspectivas: un buñuelo caliente o un viaje en tranvía hasta los Cuatro Caminos”.

Mujeres pobres, con hermanos a los que alimentar y padres en paro que se echan a la calle a buscar trabajo y cogen lo que haya, muchas horas y poco sueldo.  Lo que engancha de esta novela es que sabemos que lo que cuenta su protagonista, Matilde, es lo que vivió la autora, que tuvo que abandonar la escuela a los 11 años para trabajar en un taller de sombreros y luego ya separada y con un hijo trabajó en una cafetería similar a la que describe en la novela. Carnés recuerda con estas palabras su propia juventud: “No comprendía entonces por qué una adolescencia puede ser tan amarga, ni unos pensamientos juveniles viejos”.

Realismo social puro y un alegato feminista a través de una de Matilde que no quiere plegarse a lo que la sociedad quiere para las mujeres: la búsqueda del marido o la prostitución, sin caminos alternativos. Como dice Antonio Plaza en el epílogo del libro, la novela plantea el surgimiento de una mujer nueva, que busca la emancipación a través del trabajo (pero un trabajo digno), aspecto éste que no se en otras novelas sociales del momento. Así reflexiona la protagonista: 

"Pero también hay mujeres que se independizan, que  viven de su propio esfuerzo, sin necesidad de "aguantar tíos". Pero eso es en otro país, donde la cultura ha dado un paso de gigante; donde la mujer ha cesado de ser un instrumento de placer físico y de explotación; donde las universidades abren sus puertas a las obreras y a las campesinas más humildes. Aquí, las únicas que podrían emanciparse por la cultura son las hijas de los grandes propietarios (…); precisamente las únicas mujeres a quienes no les preocupa en absoluto la emancipación, porque nunca conocieron los zapatos torcidos ni el hambre".

La novela también refleja el ambiente de inestabilidad política y social que se vivía en esos momentos en España con huelgas y protestas debido a unas condiciones laborales pésimas.

La editorial gijonesa  “Hoja de lata” es la responsable de la reedición de “Tea rooms” (2016) y de la publicación recientemente de un recopilatorio de relatos de Luisa Carnés titulado “Trece cuentos (1931-1963)”. Se le agradece que haya recuperado a esta escritora "olvidada". Para mí ha sido un gran descubrimiento. "Tea rooms" es un libro muy potente, de los que dejan huella por lo que cuenta y cómo lo cuenta.  

Luisa Carnés nació en 1905 en el seno de una familia humilde y obrera en el madrileño barrio de Las Letras. Empleada desde los 11 años en un taller de sombreros invirtió el poco tiempo que tenía en la autoformación permanente a través de la prensa, los libros de la biblioteca del  barrio y ocasionalmente con libros de segunda mano. En 1928, Luisa Carnés publicó su primera novela, «Peregrinos del calvario», a la que siguió «Natacha» (1930), ambientada en un taller textil que ella conocía tan bien. El año de la aparición de esta última obra coincide con su entrada, como taquimecanógrafa, en la editorial Compañía Iberoamericana de Publicaciones (CIAP), donde conoció al dibujante Ramón Puyol, que poco después se convertiría en su marido. En 1934 publica “Tea rooms. Mujeres obreras” recibida calurosamente por la crítica, que destacó de ella su carácter innovador y su fuerza narrativa. Al estallar la Guerra Civil, Carnés se centró en su labor como periodista militante hasta que, acabada la contienda y con la derrota del bando republicano, se exilió en México donde siguió escribiendo hasta su muerte, en 1964, víctima de un accidente de tráfico. Luisa Carnés marchó al exilio con lo puesto, llevándose como único equipaje una cartera de piel que contenía su bien más preciado, sus relatos.

Placa colocada por el Ayto. de Madrid en la calle Lope de Vega, 31.

Ariadna en el laberinto grotesco / Salvador Espriu

Salvador Espriu:

Ariadna en el laberinto grotesco.

Ariadna al laberint grotesc.

Traducción: Julia Goytisolo. Barcelona: Eds. del Mall, 1987.

Aquella tarde Salom había visto “M”, una película alemana desagradable como Konilosia y Alfaranja en las fieles bocas burguesas de Lavinia. Era la historia del vampiro de Düsseldorf. La tragedia de aquel monstruo linfático impresionó a Salom, se lo confesaba. Salió del cine inquieto, con prisas, sin apenas atreverse a volver la cabeza: no era dueño de sus nervios. ¿Algún acontecimiento siniestro le amenazaba, aquella noche? (Nervios, p. 87)

 

Nombres improbables, costumbrismo, surrealismo fatalista. En esta Ariadna… subyace una meditación melancólica sobre la fragilidad de la vida humana, y un testimonio de cómo al mismo tiempo la vanidad y la hipocresía –el egoísmo en suma- no se detienen ante nada. Espriu, armado con un lenguaje rico, expresivo y potente, deviene un cronista tremebundo y socarrón, de los que no dejan títere con cabeza. Hay que dejarle avanzar en su universo, que poco a poco va envolviendo al lector: sin prisas, se la va sacando un jugo más poético y filosófico que gratuitamente disparatado. Este mundillo doméstico, callejero, de promiscuidad vecinal podría recordarnos a veces a Chacel pero sin aquella claridad positivista y galdosiana. A Espriu el Mediterráneo le aporta ironía, toques de un humor algo barroco, ternura. También cabrían puntos de contacto con Unamuno y por supuesto con Valle-Inclán.    

El libro tiene una larga historia. Su primera edición es de 1935, pero el autor fue aumentándolo durante decenios. Está estructurado como una sucesión de pequeños cuentos que a menudo comparten un elenco de personajes transversales, en una geografía fantástica que apenas disimula ser un trasunto de la Cataluña real. Por esos vericuetos se debió enredar la cándida Ariadna, tal vez desembarcada en Emporion más que en Naxos. Practica Espriu una narrativa alambicada que en ocasiones toma aspecto de prosa poética pero donde predomina lo escénico y dramático, con diálogos de absurdo que parecen reclamar adaptación teatral. Tanto es así y tan numerosos, perfilados y peculiares son sus protagonistas que se echa en falta un dramatis personae o incluso un buen índice comentado de personajes, al que poder acudir.

“He corrido toda la tarde por los cerros plantados de vides, por los pinos que dominan el mar. Cada cerro, cada pino, cada sarmiento, cada brizna de hierba tienen en mi tierra personalidad concretísima. He recorrido toda la tarde mi única patria, el paisaje de Sinera poseído por mis ojos sin pesar ni esfuerzo, este perfecto paisaje que me destrozarán. Mis labios pueden nombrar todos los rincones. Es un paisaje sin niebla, de sol bajo, de colinas asardanadas que van perdiéndose en la lejanía. De vez en cuando, torres de vigía y pitas acercan a la memoria borradas sombras de piratas de Argel” (Sembobitis, p. 309)

Salvador Espriu (1913-1985) fue un joven pujante posteriormente condenado al exilio interior. También un artesano de la lengua catalana de la que extraía material para componer tesoros cuan escultor apasionado. En los años 60 ganó celebridad con su extenso poema La pell de brau (=La piel de toro). De Ariadna en el laberinto grotesco hay muchas ediciones, sobre todo en catalán. Recomiendo volver a la arriba citada, que permite disfrutar del texto original enfrentado a la traducción de Julia Goytisolo.

Salvador Espriu en: Biblioteca UPM.

Correr, Jean Echenoz

Correr
Jean Echenoz
Barcelona: Anagrama, 2010
Traducción: Javier Albiñana

 

Correr es la segunda pieza de la trilogía de biografías noveladas que Jean Echenoz escribió entre 2006 y 2010 (Ravel, Correr y Relámpagos). Sus biografías no aspiran a la precisión, ni contienen exhaustivas cantidades de datos y detalles, sino que se sitúan más próximas a los retratos con que Marcel Schwob compusiera en 1986 su Vidas imaginarias, donde la narración y el ritmo de la obra literaria tienen más peso que la minuciosidad histórica.

Y en Correr el peso de la novela recae en la ligereza del discurso, en las frases rápidas y en los hechos que se suceden a una velocidad considerable. Hecho bien lógico si pensamos que en sus páginas lo que se narra es la vida de un atleta, un fondista inolvidable que fue conocido popularmente como la locomotora humana y que no es otro que el gran campeón checo Emil Zatopek.

El retrato de Emil (su sencillo encanto, la sonrisa generosa, el rictus de dolor que caracterizó su forma de correr, sus éxitos, su declive, el castigo recibido por su apoyo a la Primavera de Praga) es paralelo al retrato del siglo XX checo, especialmente durante los años de la invasión alemana y posteriormente de la soviética.

En las Olimpiadas de Helsinki, en 1952, Emil Zatopek obtuvo el oro en tres disciplinas, 5000, 10000 y maratón, y se ganó para siempre el cariño de los aficionados, además de un hueco en la historia. Entrenaba a su manera, cargando peso, calzando unas aparatosas botas de trabajo, soportando graciosamente el dolor como si éste le aportara una energía motivacional. Amaba correr. Había nacido para ello. Batió todas la marcas de la época. Se casó en 1947 con una lanzadora de jabalina. Ella, Dana Ingrová, también fue campeona olímpica en 1952 y la principal inspiración para Emil el resto de su vida.

 

Jean Echenoz en la Biblioteca UPM

 

El chico de las cigüeñas

El chico de las cigüeñas
Luisa Cuerda
La Coruña : Ediciones del Viento, [2009]

 

Esta es la historia a dos voces de un chaval de pueblo que es iniciado en el placer de la literatura por un maestro rural recién llegado.

Es difícil decidir ser escritor para un chico de pueblo en quien su madre ha puesto todas sus esperanzas…

Es la historia atemporal de una admiración preadolescente, lejana y sobreentendida frente a un re-encuentro directo, adulto y a ratos brutal.

Mi infancia fue así. La voz de Ventura respaldando mis actos, la de mi madre, rechazándolos…

El joven pupilo que deviene en autor de renombre presupone el orgullo y la satisfacción de su maestro ante una dedicatoria emotiva que alude al mentor con nombres y apellidos. Se trata, sin embargo, de una presunción inocente no exenta de cierta egolatría. A partir de ese momento encontramos la narración actual de ambas almas; el contraste entre el paisaje humano rural, residencial y urbano.

Es la narración del primer vuelo del pupilo, asemejado al despertar de los cigoñinos en el campanario de la iglesia del pueblo; aves que tanto acompañaran al escritor en su infancia.

No me quería ir sin decírtelo. Es referente a esa historia que te conté, la leyenda del chico que se convirtió en cigüeña…

Está escrito con elegancia y estilo. Y es capaz de entremezclar, narración, conversación y reflexión en unos párrafos muy bien hilados y engarzados.

El chico de las cigüeñas, presentado por Ediciones del Viento en 2009, es un encuentro afortunado en una biblioteca popular estival. Su autora, Luisa Cuerda (Madrid, 1958), es una personalidad polifacética: abogada, profesora de piano, columnista en periódicos de provincias, y autora de varias novelas, ganadora del premio internacional de narrativa Javier Tomeo en 2004.imagen de la autora

Uno de los aspectos que me ha llamado la atención en esta autora es su preferencia por los personajes masculinos entre los que figuran varios secundarios muy bien perfilados. El carácter, la personalidad de los individuos y su vida interior (que se glosa e intercala en el texto de manera muy afortunada); y el acercamiento/descubrimiento paulatino de los anhelos y esperanzas de la madre, que supone la entrada definitiva y tardía del escritor en el mundo de los adultos, lejos de las categorías maniqueas de la infancia.  

Recuerdo un comentario al respecto de Coetzee, referente a su famoso personaje Elisabeth Costello: el reto y la posibilidad que aporta la literatura de travestirse y cambiar de género para explorar ámbitos desconocidos del alma. Y esa es la sensación en este texto, no especialmente ambicioso pero muy afortunado es el resultado final.

    

El misterio de la cripta embrujada. Eduardo Mendoza

El misterio de la cripta embrujada
Eduardo Mendoza

 

No te dejes confundir con el título, porque no estamos ante una novela de misterio para adolescentes: se trata de un “experimento psicopático” en el que el narrador y protagonista (anónimo) es un enfermo mental, suburbial, maloliente y pervertido pero lúcido y dotado de una especial habilidad para resolver casos complejos, razón por la cual el comisario Flores solicita su colaboración en la investigación de las misteriosas desapariciones de unas niñas internas en el colegio de las madres lazaristas con la contrapartida de ser liberado del manicomio en el que está encerrado.

De la mano de este esperpéntico Quijote desfacedor de entuertos, el autor nos conduce a las más disparatadas e hilarantes situaciones en un universo de personajes absurdos, excéntricos y marginados que cohabitan en la Barcelona postfranquista de entre los cuales Cándida, la hermana prostituta de cuerpo deforme, se lleva la palma:

        Tenía… los ojos muy chicos, con tendencia al estrabismo cuando algo la preocupaba, la nariz chata, porcina, la boca errática, ladeada, los dientes irregulares, prominentes y amarillos… Le había salido el cuerpo trapezoidal, desmedido en relación con las patas, cortas y arqueadas, lo que le daba un cierto aire de enano crecido…

A través de las descripciones físicas y psicológicas de estos enrevesados personajes y con gran derroche de humor e ironía, el autor está haciendo una profunda crítica a los poderes fácticos de esta complicada época de la historia de España: la transición a la Democracia.

A decir de Mendoza, “España en aquellos años era triste, amarga y violenta”, lo que le llevó a exiliarse voluntariamente a Nueva York, donde escribió la novela en menos de una semana (“Escribí divirtiéndome como nunca lo había hecho”). Ésta fue la primera de una serie continuada por “El laberinto de las aceitunas” (1982), “La aventura del tocador de señoras” (2001) y “El enredo de la bolsa y la vida” (2012).

Cuando leas la novela te darás cuenta de por qué le han dado a Eduardo Mendoza el Premio Cervantes 2016 (“por su lengua literaria llena de sutilezas e ironía”) y de cómo consigue, con su lenguaje arcaizante y sus personajes marginales, retrotraernos en el tiempo hasta situarnos en el mundo de la novela picaresca, como si del “Ministerio del Tiempo” se tratara.

 

Eduardo Mendoza en la Biblioteca UPM

 

Chiruca Casado

 

La fortuna de los Rougon. Émile Zola.

Émile Zola
La fortuna de los Rougon / La jauría

(Los Rougon-Macquart, I-II)

Alba editorial, 2017
Colección Clásica Maior; XXXIV

 

Este libro es el primero de la serie Los Rougon-Macquart, en la que Zola nos relata las aventuras y desventuras de toda una saga familiar cuyos genes van dando lugar a una sucesión de personajes abocados en la mayoría de los casos a las más bajas pasiones, todo ello en la tumultuosa época del Segundo Imperio francés. De hecho, el mismo Zola ya nos dice en el prefacio de la obra:

Los Rougon-Macquart, el grupo, la familia que me propongo estudiar, se caracteriza por el desbordamiento de los apetitos, la amplia agitación de nuestra época que se abalanza sobre los placeres…” “…y narran así el Segundo Imperio, con ayuda de sus dramas individuales, desde la celada del golpe de estado hasta la traición de Sedán.

Lo que más llama la atención (a mí, al menos) es el inmenso paralelismo de la saga familiar y su entorno con la actualidad; éste prefacio fue escrito en 1871 y ahora, en 2017 las pulsiones de las que nos hablaba Zola y el devenir de los acontecimientos políticos y sociales no son tan distintos (salvando las distancias, claro).

La acción de esta primera novela se desarrolla con la caída de la República y el triunfo del imperio en la ciudad de Plassans, que coincide con el triunfo de una parte de la familia y la desgracia de otra.

Adélaïde es la génesis de la saga, y el germen de la sucesión de personajes de toda la serie, ya que procrea por una parte con un Rougon y por otra con un Macquart, dando lugar a una descendencia que tiene en común en mayor o menor medida la falta de escrúpulos, la ambición y la codicia característicos de los Rougon;  y la pereza, la delincuencia y el alcoholismo de los Macquart. En ambas ramas podríamos hablar de inmoralidad o incluso de amoralidad, aunque estos conceptos son susceptibles de amplias discusiones que mejor dejamos para otra ocasión.

Continuando con la descendencia de Adélaïde, cabe destacar a Pierre Rougon, casado con Félicité, ambos unidos por una ambición común, mezquinos y dotados para la intriga, capaces de todo por conseguir sus objetivos y una muestra de que a veces la política es la actividad más apropiada para dar rienda suelta a las peores ambiciones y, lo que es peor, satisfacerlas.

Por otro lado está la pareja formada por Antoine Macquart (otro hijo de Adélaïde) y Fine. Ella trabaja como una esclava para compensar la ociosidad de su marido y ahoga sus penas en anisete, afición que trasmite a su hija Gervaise. Antoine directamente se presenta en la novela como un alcohólico delincuente, que de hecho vive de su mujer y sus hijos hasta que la primera muere y los segundos le abandonan.

Como contrapunto está la pareja formada por  Silvère (nieto de Adélaïde y su único apoyo) y Miette, ambos idealistas, románticos, trabajadores, puros, descritos con una ternura especial, y como no podía ser de otra manera, con un final trágico unido al de la República. No obstante también tengo que decir respecto a la parejita que, sobre todo al principio, Zola me resultó demasiado meloso (los millennials dirían que es un “moñas”) con ese punto victoriano característico de un escritor decimonónico como es él; creo que era su manera de transmitirnos la inocencia y la pureza de ambos que en cierto modo hace extensible a los ideales de la República.

Silvère es la esperanza, es un Rougon, pero una buena persona; la demostración de que nuestros genes nos influyen, pero no nos abocan a un destino contra el cual no podemos luchar. Aunque en este caso (como en tantos otros) los triunfadores no son las buenas personas, ni los inteligentes ni los que sueñan con un mundo mejor, sino los oportunistas y los mediocres que sacan fuerzas de su resentimiento para satisfacer sus ambiciones personales y conseguir así una superioridad que están muy lejos de merecer.

 

Émile Zola en la Biblioteca UPM

 

Matilde Sanz

 

Números pares, impares e idiotas. Juan José Millás.

Números pares, impares e idiotas
Juan José Millás
Ilustraciones de Antonio Fraguas, Forges
Madrid: SM, 2016
Colección El Barco de Vapor
Primera edición marzo de 2009

 

Tenía que buscar un regalo para un cumpleaños infantil y últimamente apuesto por los libros como presente, con la idea de crear hábito de lectura, será deformación profesional. Buceando en las estanterías de la pequeña “Librería del Mercado” me topé con este libro. Me llamó la atención encontrarme a Juan José Millás navegando en El Barco de Vapor, entre álbumes ilustrados, cuentos y literatura para más y menos de 8 años. Sólo hojearlo ya te saca una sonrisa. Cristina, la librera, me lo recomendó: ella se lo había regalado a su sobrino, que no dudó en recomendárselo a su tía. Me fie de mi instinto y de la recomendación de Cristina. Encontré otro para el regalo y éste con egoísmo de lectora me lo quedé para mí. Lo he leído… bueno no, lo he devorado. En el autobús me ha sacado más de una sonrisa, carcajada no me he atrevido entre tanto desconocido. No podía parar de leer, quería acabar la historia del 1, del 8, del 2, ¡¡¡del infinito!!!

Hay números ambiciosos, números ignorantes, hijos únicos y números viudos. Todos ellos huyen de los matemáticos por miedo a que hagan operaciones con ellos, y no se creen que sea imposible llegar al infinito.

La lectura se acaba sin querer con el deseo de regalar el libro a alguien, dos buenas señales de un libro ingenioso, divertido, matemático, que cuenta con el apoyo gráfico de Forges, qué más decir. Bueno sí, que no sólo tiene números y sumas y restas y ecuaciones y divertidas ilustraciones, que no es sólo un libro de literatura infantil aunque esté en ese apartado de las librerías, aunque sea de El Barco de Vapor, tiene un trasfondo social, de reivindicación, de solidaridad, con temas como la intolerancia, la ambición, la búsqueda de la propia identidad, las dificultades del desarrollo del individuo… Para + 8 años, pero sin tope final, es decir, hasta el infinito.

A veces, el mundo de los números no se diferencia mucho del de las personas.

 

Juan José Millás en la Biblioteca UPM

 

Rosa Rojo Briones

Cuando yunque, yunque. Cuando martillo, martillo. Augusto Assía.

Cuando yunque, yunque. Cuando martillo, martillo.
Augusto Assía
Editorial: Libros del Asteroide

 

Durante la Segunda Guerra Mundial, Felipe Fernández Armesto, con el seudónimo de Augusto Assía fue el único corresponsal español en Londres.

Una vez terminada la guerra recogió algunas de esas crónicas en dos libros. El primer volumen, que apareció en 1946 e incluía textos publicados durante la primera parte de la guerra, la denominada «guerra defensiva», llevaba por título Cuando yunque, yunque.

El segundo volumen, Cuando martillo, martillo, recoge las crónicas publicadas a partir de julio de 1943, durante la segunda fase de la guerra, la «guerra ofensiva».

Las crónicas escogidas no incluían solo artículos de corte bélico, porque en palabras de su autor:

El criterio seguido en la selección es el de alternar los temas de la guerra con los civiles, la resistencia con la lucha, la vida y la muerte.

 

Así, las crónicas lo mismo nos dan noticia de cómo funciona la corona británica que de la retirada de los soldados ingleses de Dunquerque o del sistema escolar vigente en el Reino Unido.

El libro es, por tanto, no solo una crónica de la Guerra vista por un español, sino también un auténtico retrato moral del único país de Europa occidental que no se dejó doblegar por Hitler.

Su estilo periodístico es descriptivo, claro e informativo. Más allá de su firme convicción en la victoria de las democracias, sus artículos muestran la resistencia de los ingleses bajo las bombas, el carácter indómito de los británicos y su admiración por Winston Churchill.

 

Vicente Moreno

 

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