Archivos de la Categoría: Novela

Patria, por Fernando Aramburu

Patria
Fernando Aramburu
Barcelona : Tusquets, 2016

 

A mí Patria realmente me ha cautivado por muchísimas razones, son tantas que tratar de condensarlas en pocas líneas es difícil pero también posible. Con un lenguaje fácil pero tremendamente sugestivo y cercano, Fernando Aramburu se remonta a ese paisaje guipuzcoano de violencia y fanatismo que el terrorismo etarra dibujaba con pertinaz osadía no dudando en asesinar al contrario en caso necesario, justificándolo y creando una alargada telaraña en la que se ven atrapados todos los protagonistas del libro.

Un pequeño pueblo industrial muy próximo a San Sebastián es el escenario por el que van desfilando estos personajes que a menudo se convierten en una terrible caricatura del odio y el fanatismo. A través de dos familias enfrentadas, Aramburu va más allá y explica con enorme acierto cómo tanto víctimas como verdugos flaquean a lo largo de su existencia en sus más íntimas cavilaciones. Y sobre todo, describe ese silencio que los embarga a todos, el de los que miraron para otro lado con total cobardía, los que se refugiaron en un mutismo empañado de sangre, los que tuvieron que esconder su condición de víctima e incluso las propias voces atormentadas del etarra en su cárcel que ve cómo la vida se le ha escapado de las manos, marioneta de intereses de otros.

Un libro imprescindible, descomunal y terriblemente humano, que habla de la fuerza del perdón y de la esperanza en el ser humano a pesar de sus miserias. Debería ser leído en todas las escuelas.

 

Fernando Aramburu en la Biblioteca UPM

 

Blanca Laffitte Lasarte

 

Noches blancas: Dostoievski en los ojos de Nicolai Troshinsky

caratula del libro

Noches blancas: Dostoievski en los ojos de Nicolai Troshinsky
Fiódor Dostoievski
Madrid : Nórdica Libros, 2015

Ilustrador: Nicolai Troshinsky
Traductora: Marta Sánchez-Nieves


 

Probablemente es injusto dar tanto peso a la ilustración en detrimento del autor de la novela, pero al fin y al cabo libreto y música son dos caras de la misma moneda: se potencian, acaso se anulen cuando no estén en consonancia pero claramente no es este el caso.

Diré en mi descargo que al tratarse de una obra menor de Fiódor Dostoievski, la relectura visual de esta novela (esencialmente ensoñadora) es muy afortunada, y quizás justifique el título de esta reseña.

Otra curiosidad que me viene a la cabeza es que el autor del libreto (ingeniero con vocación de escritor, circunstancialmente cuasi-revolucionario) muere (1881) prácticamente cien años antes del nacimiento del autor de la fuerza visual del texto (nacido en Moscú en 1985 y ciudadano del mundo); en este libro, la ilustración, al decir del propio ilustrador, consiste en “monotipia al óleo y tinta china, con algunos detalles en lápiz y pastel”, aunque en mi naturaleza inculta fundamentalmente transmite la sensación de disponer de una obra gráfica original de bolsillo; hay que agradecer a la Editorial NÆRDICA el afortunado encuentro.

vista del interior del libroAlguna otra indicación de experto nos dice que la selección del color asociado a cada personaje  es fundamental: “rojo para el protagonista, azul para Nástenka y amarillo para el prometido. A medida que el libro avanza el color rojo va ocupando gradualmente más y más espacio en la página”; puedo comprender que para la impresión el número y el tono de las tintas es imprescindible en el resultado final.

No tiene mérito ni interés hacer una sinopsis del texto: Noches blancas, que ya hemos dicho se trata de una novela menor esencialmente romántica por ensoñadora. En época de exámenes, y en la vorágine del vórtice de final de curso se me ocurre esta propuesta que se puede releer en clave de texto, de imagen, e incluso de corto de animación cuando se pasan las páginas aceleradamente; en ese caso curiosamente puedes visualizar la novela al derecho y al revés, lo que no deja de resultar intrigante.dostoievski

Me ha gustado especialmente recuperar a Dostoievski, un escritor colosal, titánico casi inhumano, en su faceta más cercana, lejos de una versión terrible de sí mismo como en sus memorias del subsuelo (Записки из подполья, "Zapiski iz podpolya en la grafía original según wikipedia). A ratos he sentido (absurdamente) estar leyendo a Galdós; desconozco los mecanismos mentales que acompañan a esta percepción, que es fundamentalmente individual e intransferible.

 

 

No se como quedarme callado cuando mi corazón habla

el texto en lengua ajena es quizás importante para entender la experiencia de extranjería del autor

 

Fiódor Dostoievski en la Biblioteca UPM

 

Sarah Waters. El ocupante.

Sarah Waters. El ocupante. Barcelona: Anagrama, 2011

“El ocupante” (“The little stranger”) de Sarah Waters es un thriller, una historia de miedo en una mansión inglesa con una mezcla de misterio y realismo. Los fenómenos extraños que van sucediendo en esta casa, Hundreds Hall, se entremezclan perfectamente con la historia de sus habitantes, una familia noble venida a menos y la situación social de una pequeña localidad en la campiña inglesa, Warwickshire, después de la 2ª Guerra Mundial.

Hacía mucho tiempo que un libro no me enganchaba tanto. Prepárense para una historia absorbente que os tendrá con el corazón en vilo. Muy bien contada, con una ambientación sombría, lúgubre y fantasmagórica y con unos personajes muy bien construidos que sostienen la historia.

El doctor Faraday, narrador principal de los acontecimientos,  lleva una vida rutinaria como médico rural. Durante el largo y caluroso verano de 1947, lo llaman para atender a un paciente en Hundreds Hall. En esta mansión trabajó su madre como niñera.

Yo tenía diez años la primera vez que vi Hundreds Hall. Fue en el verano después de la guerra, y los Ayres conservaban casi todo su dinero, eran todavía personas importantes en la comarca. Se celebraba la fiesta del Día del Imperio: yo estaba en la cola con otros chicos del pueblo que hicieron el saludo de los boy scouts cuando la señora Ayres y el coronel pasaron por delante de nosotros, entregando medallas conmemorativas.

El Hall ha sido el hogar de la familia Ayres durante más de dos siglos y ahora está en declive.

Así que cuando volví a ver la casa- casi treinta años después de aquella primera visita, y poco después del final de otra guerra-, los cambios me horrorizaron. El corazón se me empezó a encoger casi en el momento en que entré en el parque… La casa era más pequeña que en mi recuerdo, desde luego- no era la mansión que yo evocaba-, pero eso ya me lo esperaba. Lo que me horrorizó fueron los signos de decadencia. 

La señora Ayres y sus dos hijos mayores, Caroline y Roddy  sobreviven como pueden a la decadencia económica de la hacienda. Cuando el doctor Faraday atiende a su nuevo paciente, Betty la única criada de la casa, joven e impresionable, no tiene idea de cuán cerca y cuán aterradoramente, la historia de la familia está a punto de entrelazarse con la suya. 

Betty levantó la cabeza del hombro de la señora Bazeley y dijo:

-¡Hay algo malo en esta casa, eso es lo que pasa! ¡Hay algo malo que hace que ocurran desgracias!

El doctor Faraday se convierte en el médico y amigo de la familia así como testigo de los acontecimientos que se van produciendo, intentando racionalizar las cosas que suceden. Porque pasan cosas…

-¿Qué es, madre? ¿Qué estás mirando? ¿Qué ves?

La señora Ayres meneó la cabeza y no contestó. Entonces Caroline se levantó y cruzó con cautela el dormitorio hasta el vestidor. Más tarde me dijo que no sabía si lo que más temía era la prespectiva de descubrir algo horrible en el cuartito o la posibilidad- que en aquel momento, debido al comportamiento de su madre, parecía muy grande- de que no hubiese nada anómalo.

La casa, Hundreds Hall, es un personaje más, una presencia constante que va agotando a la familia. Con un final sorprendente (no diré más) la narracción mantiene la tensión, tiene personajes muy creíbles, hace que te metas en la historia y vivas las situaciones como si estuvieras ahí y además recrea muy bien el período histórico en el que se mueve, poco después del fin de la Segunda Guerra Mundial.

 
Sarah Waters nació en Gales, Gran Bretaña, en 1966. Estudió literatura inglesa en las universidades de Kent y Lancaster. Es autora de seis novelas: El lustre de la perla, Afinidad, Falsa identidad , Ronda nocturna, El ocupante y los Huéspedes de pago. Ha sido finalista de los premios Booker y Orange y ha escrito numerosos artículos sobre género, sexualidad e historia, recibiendo por ellos varios premios como el Somerset Maugham y el Sunday Times Young Writer of the Year.
 
Sin duda, seguiré leyendo a esta autora, recién descubierta para mí. Está previsto para el 31 de agosto de 2018 el estreno de la versión cinematográfica de esta novela dirigida por Lenny Abrahamson. No me la perderé.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El pequeño César. William Riley Burnett

 El pequeño César.

 William Riley Burnett

Colocado ante un espejo, Rico se peinaba cuidadosamente con su pequeño peine de marfil. Estaba orgulloso de su cabello negro y brillante, que formaba tres ondas simétricas. Era un hombre simple. Colocado ante un espejo, Rico se peinaba cuidadosamente con su pequeño peine de marfil. Estaba ore solo apreciaba tres cosas en el mundo: a sí mismo, a sus cabellos y su revólver …y a las tres les dedicaba un cuidado excepcional.

Ese hombre simple es Cesar Bandello, alias Rico.  Es miembro de la banda de Sam Vettori, un gánster de Chicago que controla una parte de la ciudad. Un día planean el atraco de un club nocturno. Todo parece ir según lo calculado pero algo sale mal. Matan a un policía. Todo cambiará con ese homicidio. Se abre la oportunidad de ascenso para Rico en la organización. Más dinero, más lujos, más poder.

Escucha, Sam –le dijo-, hace mucho tiempo que recibo órdenes de los demás. Ya no las volveré a recibir¿comprendes?…Yo tengo ya una cuerda al cuello, y uno no puede ser ahorcado más de una vez. De manera que si alguien tiene la idea de traicionarme, mi pistola dará buena cuenta de él.

Y Rico la aprovechará. Él es un hombre decidido que no tiene miedo y que va a por todas. Su deseo de triunfar y dejar su pasado le impulsará a dar el paso. No quiere volver a ser un simple ladronzuelo de Little Italy. Pero eso significa estar siempre alerta, pensando, escudriñando a sus camaradas que lo son solo con unos dólares de por medio. Siempre atento a cualquier palabra, cualquier gesto,  una mirada sospechosa que delate el peligro, la traición que anticipe la caida.

Vivía en una tensión continua. Sus nervios se hallaban tan excitados que no tenía nunca sueño ni sentía jamás el deseo de reposar; estaba siempre totalmente despejado.

William Riley Burnett publicó El pequeño César en 1929 y al contrario que otras novelas policiacas, el protagonista no es un detective o un policia sino un miembro del hampa. Es desde esa óptica desde donde Riley nos introduce en los bajos fondos. Héroe o villano, es el lector quién decide.  En 1931, la Warner adaptó a la gran pantalla la novela de Burnett con Edward G. Robinson como Rico y Mervyn LeRoy como director.

William Riley Burnett nació en Springfield,  Ohio y muríó en Santa Monica, California en 1982. Autor entre otras novelas, Goodbye Chicago, La jungla de asfalto, etc.

El hombre del sombrero hongo levanto el brazo, pero Rico se le anticipó y disparó todo el cargador a ciegas, furiosamente. De pronto, vio una lengua de fuego y en el mismo instante algo le golpeó en el pecho, como una maza. Dio dos pasos, soltó el arma y de repente cayó al suelo de bruces. En la calleja oyó ruido de pasos.

¡Señor, Señor…! -murmuró-, ¿será éste el fin de Rico?

Cuerda de presos, de Tomás Salvador

  Cuerda de presos. Tomás Salvador

  Luis de Caralt. Barcelona

No tardará en ser de día. Mañana estarán por la carretera. Disponen sus cosas: Serapio Pedroso Buján y Silvestre Abuín Corvino… Recogen sus mantas, sus morrales; preparan sus documentos; engrasan sus fusiles. Juan Díaz de Garayo y Argandaña por mal nombre “El Zurrumbón” y “El Sacamantecas”, también se prepara. Llevará un mísero zurrón y las manos esposadas. Al final del camino le aguarda un extraño asiento: un banco de madera al pie de un poste vertical; una argolla de hierro a la altura de su garganta…La gente llama a este aparato: “garrote vil”

Un largo camino les espera. Desde Muria de Paredes, en la provincia de León, hasta Vitoria en la provincia de Alava. Un juez de esa ciudad reclama al llamado “El Sacamantecas”. Tres hombres recorriendo los caminos de una España profunda, áspera, dura. El guardia veterano y el novel, el que está de vuelta de todo y al que nada sorprende, y el que tiene todo que aprender. En medio, un tercero, un criminal. No es nada pero lo es todo. Él es la razón de ser de esa conducción, de ese viaje sin vuelta. Once dias, en los que pensar, indagar, observar, conocer a tus compañeros de viaje, siempre juntos, siempre alerta.

Garayo le intrigaba. Ninguna reacción…Un hombre que ha teñido sus manos de sangre dista mucho de ser una blanca paloma. Durante la noche le había estado observando. Acurrucado en su manta parecía un infeliz pordiosero, buscando en los sueños la compensación de la puñetera realidad de la vida. No se había movido… Pero era un asesino…

Jornada tras jornada, van dejando atrás distintos pueblos y aldeas y descubriendo nuevas tierras, nuevos paisajes. El preso delante, abriendo el camino; los guardias detrás, tranquilos pero siempre atentos, expectantes ante lo que puede venir. Y en esos caminos, distintos personajes les salen al paso, confiados algunos, recelosos la mayoría. No pueden pasar desapercibidos. Dos guardias y un preso. ¿Quiénes son?, ¿Por qué lo llevan ?, será inocente o quizás es culpable de horrendos crímenes.

Era fácil seguir su rastro, el de los tres, por la estela de murmuraciones que sus pasos desataban. Por allí.., por allí.., ¡Por allí! Aunque no quisieran mirar, ellos los mirarían, aunque quisieran no podían esconderse, aunque lo pretendieran no podían olvidar porque ellos no eran olvidados. Conducir un preso era enfrentarse a un mundo hostil, o, cuando menos, indiferente pero observador. Su andar por los senderos de la montaña y el llano lo recogían la mujer asomada a la ventana, el cura que paseaba, el viejo que tomaba el sol, el mendigo ambulante, los chiquillos señalando con el dedo. Todos ellos eran como los hitos, siempre cambiantes, de su incesante caminar. Y allí empezaba el agobio. Un agobio por no ser nunca olvidados por aquellos que él y su compañero olvidaban en seguida, por sentir las miradas distraídas cuando pasaban de frente y clavada en sus nucas cuando volvían las espaldas. Todo se cargaba en sus hombros, la responsabilidad del preso y la responsabilidad a enfrentarse, como dianas sensibles y vivas, a la curiosidad, el capricho o el humor de una sociedad en carne viva.

En 1956, Pedro Lazaga llevó a la gran pantalla la novela de Tomás Salvador, con Antonio Prieto y Germán Cobos como la pareja de guardias y Fernando Sancho como “el Sacamantecas”.

Tomás Salvador nació en Villada, provincia de Palencia en 1921. Murió en la ciudad de Barcelona en 1984.

Ganador con Cuerda de presos del Premio Nacional de Literatura de 1954 es autor entre otras de División 250, El atentado, Los atracadores, La nave etc.

Tomás Salvador en la Biblioteca UPM.

Una piedad infinita le sacudió de pies a cabeza. Hasta le dolía el corazón mirando al infeliz. Podía ser un asesino, un loco, un pecador; pero era un hombre vencido, arruinado, destrozado. Le empezaron a temblar las manos mientras Pedroso, en silencio, le quitaba las esposas, y no le dejaron de temblar hasta que no salieron de la celda. Antes de salir, Pedroso le dio al preso todo el tabaco que tenían y la comida, toda la comida. El dinero había quedado con la documentación. Se cuadraron en la celda.

– Adiós Garayo…

Después de un minuto interminable Garayo levantó la cabeza:

– Adiós, señores guardias.

Invasiones, Ismael Martínez Biurrun

Invasiones
Ismael Martínez Biurrun
Madrid : Valdemar, 2017

 

Ismael Martínez Biurrun reúne en este volumen tres novelas cortas que juegan con el tema de la invasión en diferentes formas y sustancias, y con ello crea tres historias de naturaleza agobiante, obsesiva, claustrofóbica. Los personajes, que ya viven atrapados en vidas mezquinas, al borde del fracaso de sus relaciones sentimentales, a un paso del precipicio existencial, se ven acorralados por una amenaza nueva, una situación límite que viene a dinamitar sus rutinas de una vez por todas, provocando que en el tránsito aflore lo peor de su condición humana.

Personajes cuyo ejemplo es poco edificante (pero que son a pesar o a causa de ello cotidianamente humanos) han de afrontar un punto de inflexión en medio del desastre, de la invasión que arrebata un espacio vital que hasta ese momento creían inviolable: un apartamento en la Torre de Valencia de Madrid en Coronación, una urbanización de vacaciones en El color de la Tierra, la propia mente en Nebulosa. La suspensión de la racionalidad ante un cataclismo de proporciones cósmicas dinamita los planes, las estrategias, precipita la verdad oculta, las malas decisiones, acorrala a los personajes y los deja sin defensa a merced de eso que viene de no se sabe dónde ni por qué, eso al margen de cualquier medida, eso ciego, ni animal ni cosa, que envuelve, engulle imperante.

Ismael Martínez Biurrun (Pamplona, 1972) ha publicado además de Invasiones cinco novelas: Infierno Nevado (Equipo Sirius, 2006), Rojo alma, negro sombra (451 editores, 2008), Mujer abrazada a un cuervo (Salto de Página, 2010), El escondite de Grisha (Salto de Página, 2011) y Un minuto antes de la oscuridad (Fantascy, 2014). También ha participado en antologías de relatos y cuenta con dos Premios Celsius de la Semana Negra de Gijón y el Premio Nocte a la mejor novela de terror.

 

David Foenkinos. La biblioteca de los libros rechazados

David Foenkinos. La biblioteca de los libros rechazados.

Ed. Alfaguara, 2017.

Jean-Pierre Gourvec es el bibliotecario de un pequeño pueblo de la Bretaña, Crozon. Un día decide copiar la idea de una novela del escritor norteamericano Richard Brautigan y dedicar parte de las estanterías de la biblioteca a conservar manuscritos de escritores que nadie ha querido publicar. La única condición que pone es que los traigan en mano. Con esta premisa empieza a crear la biblioteca de los “libros rechazados”. Y así se lo explica a su ayudante, Magali:

– ¿De verdad quiere que vengan a dejar los libros aquí? Vamos a cargar con todos los psicópatas de la zona. Los escritores están fatal de la cabeza, todo el mundo lo sabe. Y los que no publican deben de ser peores aún.

– Por fin encontrarán un lugar. Considérelo como una obra de caridad.

– Ya lo entiendo: quiere que sea la Madre Teresa de los fracasados.

– Justo. Eso es más o menos.

La vida de este pueblo se altera el día que una pareja, Delphine (exitosa editora en Grasset) y Frédéric (escritor novel), rebuscando entre los libros rechazados encuentran uno que consideran una auténtica obra maestra. Se titula “Las últimas horas de una historia de amor” y está firmada por un tal Henri Pick.

Tras algunas investigaciones descubren que el tal Pick había fallecido dos años antes y había regentado una pizzería en el pueblo junto a su mujer Madeleine, todavía viva. Lo curioso del hallazgo es que Pick era un hombre que no había leído nada aparte de la programación de la tele y al que su mujer jamás vio escribir nada más allá de la lista de la compra para el restaurante.

-Pero ¿mi Henri escribiendo un libro? La verdad, me extrañaría mucho. Nunca escribió ni una palabra. Ni un poema. No puede ser. ¿No me lo puedo imaginar escribiendo!

– Y, sin embargo, es él. A lo mejor escribía un poco en el restaurante por las mañanas.

– Y nunca me regaló flores.

– ¿Y eso qué tiene que ver?- preguntó Delphine, sorprendida.

– No lo sé… Lo digo por decir…

A partir de ese momento, la editorial de Delphine se hace con los derechos del libro y con su máquina publicitaria consigue encumbrar al pizzero Pick a la altura de John Kennedy Toole y su “Conjura de los necios”.

Un encadenamiento de hechos y reacciones, de supuestos y mucha manipulación hace que la bola crezca y la historia salga en todas las televisiones y el pueblo se llene de curiosos y, cómo no, se triplique el número de ventas del libro.

Foenkinos construye un thriller literario, con amores e idilios de todo tipo, intrigas, libros y mucho humor. Es una sátira sobre el poder del marketing y de los medios de comunicación.

El escritor francés David Foenkinos, licenciado en Letras por la Universidad de la Sorbona, recibió también una sólida formación como músico de jazz. Conquistó a más de un millón de lectores con La delicadeza (2009). En 2010, Foenkinos, melómano y fan incondicional de John Lennon, decidió publicar una singular biografía novelada: Lennon (2014) y en 2015 ganó el Premio Renaudot y el Goncourt des Lycéens con Charlotterescatando del olvido a la pintora Charlotte Salomon.

La novela es muy entretenida y transmite muy bien el amor de su autor por los libros y por las historias y defiende cómo la literatura puede cambiar la vida de la gente.

 

David Foenkinos en la Biblioteca UPM

 

Sudeste, de Haroldo Conti

Haroldo Conti:

Sudeste.

Velilla de San Antonio (Madrid): Bartleby, 2009.

Se sentía respirar y moverse levemente con mil movimientos y crujidos de sus ropas húmedas y mugrientas; se olía y se sentía de cien formas, en toda la extensión de su cuerpo. Y su propia presencia pesaba sobre él, como algo latente, cálido y muy solitario. Él era, en este momento, el centro de ese mundo anegado por las aguas. Un sobreviviente. El silencio y la noche, y las aguas desbordadas y la soledad de aquel río semejante al mar venían a morir alrededor de él. El sentimiento de esto, no la idea, le provocaba una extraña alegría u una especie de rara seguridad. No tenía que marchar hacia nada. Ahora todo convergía hacia él. (p. 68)

A un paso de Buenos Aires, Capital Federal, se extiende una de las áreas más singulares y a la vez menos tópicas de la Argentina: el Delta del Paraná, alimentado por la cuenca homónima que junto con el río Uruguay termina formando a su vez el inmenso estuario del Río de la Plata. El Delta es un tesoro ecológico y cultural, y la cuenca en su conjunto la segunda de Sudamérica tras la del Amazonas. Este es el escenario bienamado de Haroldo Conti, donde situó su Sudeste. Nombre de viento importante para la navegación y demás tareas fluviales; novela de río, más propiamente que novela-río. Sudeste comparte marco cronológico con El río que nos lleva de José Luis Sampedro: los años de la segunda postguerra mundial; también un cierto toque de elegía por un mundo que se desvanece, paleoindustrial como diría Pasolini. Aunque la estructura de ambas historias difiere en correspondencia con la configuración particular de cada río: más lineal y consecutivo en el caso del Tajo; más oceánico, archipelágico y atemporal en el caso del Paraná.

De entrada Sudeste es muy valiosa desde un punto de vista naturalista e histórico. En sus páginas encontramos múltiples referencias a cambios estacionales, a una minuciosa geografía de islas, canales, aguajes, bajos; asimismo a especies vegetales, de peces, de aves; términos náuticos y variada parafernalia de artefactos y herramientas, incluso marcas y modelos. De tal manera que ante tanta riqueza léxica y tanta ignorancia nuestra, volvemos a echar en falta mapa y glosario. Pero hay más: conmueve en esta novela su hondura lírica, el sentimiento de fusión con una naturaleza eternamente fluida, grandiosa e indomable, tanto como el propio destino humano contemplado de modo quizás existencialista. Una verdadera joya literaria cuyo autor forma parte de esa segunda línea de escritores latinoamericanos en penumbra tras las grandes figuras del Boom de los años 60. En el triste caso de Haroldo Conti contribuyó a ello su prematura desaparición a manos de agentes de la dictadura en 1976.

Terminó agosto. Los días se animan cada vez más. Suceden cositas, se acumulan y producen el cambio. Comenzaron a despuntar los sauces. La línea de las islas se oscurecía. Sintieron en sus cuerpos esa vaga inquietud que acompaña el cambio. Una especie de zozobra. Un desvelo. (p. 176)

Paul Auster. 4 3 2 1

Paul Auster. 4 3 2 1. Seix Barral, 2017

Hemos esperado siete años a que Paul Auster nos regalara una nueva novela y la espera ha merecido la pena. En septiembre de 2017 salía al mercado “4321” editada en España y Latinoamérica por Seix Barral.

El planteamiento del libro es original y arriesgado. Auster nos propone cuatro posibilidades para una misma vida, para un mismo personaje, Archie Ferguson. Hay un hecho indiscutible y es que Ferguson nació un  3 de marzo de 1947 en Newark, (Nueva Jersey), el mismo lugar en el que exactamente un mes antes nació Paul Auster. Sus padres son Rose Adler, que trabaja en un estudio de fotografía y Stanley Ferguson, que tiene una tienda de electrodomésticos. A partir de ese momento, varios caminos se abren ante él y le llevarán a vivir cuatro vidas muy diferentes.

El tiempo se movía en dos direcciones porque cada paso hacia el futuro arrastraba un recuerdo del pasado, y aunque Ferguson todavía no había cumplido los quince, había acumulado suficientes recuerdos para saber que su mundo interior iba configurando sin cesar el mundo que lo rodeaba.

El azar de nuevo, tan presente en la novelas de Auster, es ahora la clave. El azar que hace que nuestras vidas vayan por un camino o por otro.  Cuatro “Archie Ferguson” y en cada uno podemos averiguar cuál fue ese hecho que determinó su vida. La pregunta de la promoción del libro era ¿Recuerdas el día que te cambió la vida? Dice el propio Auster que en su libro habla de "lo inesperado", que es parte de la vida.

La novela transcurre desde los años 50 a principios de los 70 del siglo XX con temas como la muerte de Kennedy, las revueltas por los derechos civiles y el racismo como trasfondo, un tema que siempre ha preocupado mucho al autor.

La lección irrefutable que aprendió aquella mañana era que a veces la muchedumbre podía expresar una verdad oculta que ningún individuo aislado se hubiera atrevido a manifestar, en este caso la verdad acerca del resentimiento e incluso odio que muchos negros sentían hacia los blancos, que no era menos intenso que el resentimiento e incluso odio que muchos blancos sentían hacia los negros.

Con la varita mágica de la escritura y la invención, Auster responde a una inquietud personal: descubrir no solo quién es, sino quién podría haber sido si cualquier casualidad hubiese cambiado el rumbo de nuestra vida y con ello distintas formas de explorar el amor, la familia, la amistad, la política, el deporte y la muerte.

Leer "Crimen y Castigo" lo transformó, "Crimen y Castigo" fue el rayo que cayó de los cielos y lo partió en mil pedazos, y cuando logró recomponerse, Ferguson ya no albergaba duda alguna sobre su futuro… escribir novelas era seguramente lo mejor a lo que una persona podía dedicarse en la vida.

A destacar el maravilloso el relato que Ferguson 4 escribe, “Zapatos y compañeros”.

Paul Auster acudió al Espacio Fundación Telefónica para hablar sobre su novela en septiembre del 2017.

Paul Auster en No sólo técnica y en la UPM.

El último caso de Philip Trent de E.C. Bentley

 

  El último caso de Philip Trent

  E.C. Bentley

  Siruela. 2017

 

Sigsbee Manderson ha sido asesinado…Anoche se acostó hacia las once y media, como solía. Nadie sabe cuándo se levantó y salió de casa. Nadie lo ha echado de menos hasta esta mañana.  Hacia las diez, el jardinero ha encontrado el cadáver. Estaba en la finca, al lado del cobertizo. Le habían disparado en la cabeza, en el ojo izquierdo…

Sigsbee Manderson es un magnate americano que ha sido asesinado en su residencia inglesa. Es una noticia bomba, una noticia que puede hacer tambalear los mercados. Una noticia que los periódicos no pueden dejar pasar. James Molloy, director del Record lo sabe. Manda a Philip Trent, nuestro protagonista, a investigarlo. A primera vista pudiera pensarse que es un caso típico de robo con homicidio, sin embargo hay detalles muy extraños que hacen que su esclarecimiento se complique. Philip Trent y el inspector Murch mediante una sana competencia basada en principios de "deportividad detectivesca" tratan de resolver el misterio. Quién será el asesino…

Vamos Murch, esforcémonos; dispongamos nuestros espíritus a la sospecha generalizada. Para empezar, sospechemos de todo el mundo. Escuche: voy a decirle de quién sospecho yo. Sospecho de la señora Manderson, claro está. También sospecho de los dos secretarios. Tengo entendido que hay dos, y no sé cuál me parece más sospechoso. Sospecho del criado y de la criada de la señora. Sospecho del resto del servicio, especialmente del mozo. Por cierto, ¿qué servicio hay? Tengo sospecha de sobra haya el que haya; pero me gustaría saberlo, por pura curiosidad.

Quién puede ser el asesino. Manderson tenía muchos enemigos que estarían contentos con su muerte y que podrían "provocarla". Personas que han sufrido las dentelladas de un tiburón de los negocios como Manderson y que no olvidan. Una viuda que no se siente muy afectada por la muerte de un marido con el que mantenía unas frías relaciones y que pudiera  estar tentada de aliviar su soledad con los millones del mismo. O quizás un posible suicidio de un hombre de negocios lleno de tensión y al límite. Quizás…

Y ahora –dijo Trent, poniéndose de pie-, voy a dejarlo a solas con sus pensamientos y echar un vistazo a los dormitorios. Tal vez la solución se le ocurra de repente mientras ando husmeando arriba. Pero –concluyó Trent, con voz de súbita exasperación, volviéndose en el umbral- si es usted capaz de decirme cómo diablos un tipo que se pone toda la ropa se olvida de ponerse la dentadura, lléveme a patadas de aquí al manicomio más cercano y déjeme encerrado.

 

El último caso de Philip Trent fue llevado a la gran pantalla hasta en tres ocasiones. La primera adaptación apareció en 1920, en tiempos del cine  mudo, con una versión británica dirigida por Richard Garrick. Nueve años más tarde, con versión muda y sonora, Hollywood llevó la novela de Bentley a la pantalla con Howard Hawks como director. La última versión para el cinematógrafo fue en 1952, de nuevo en las islas y tuvo a Orson Welles, Michael Wilding y Margaret Lockwood como protagonistas y a Herbert Wilcox en la dirección.

 

Edmund Clerihew Bentley nació en Londres en 1875 y murió en la misma ciudad en 1956.

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