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El idiota moral: la banalidad del mal en el siglo XX / Norbert Bilbeny

Norbert Bilbeny:

El idiota moral: la banalidad del mal en el siglo XX.

Barcelona. Anagrama, 1993.

Malraux dijo: “Con los primeros gases mortales Satán reapareció en el mundo.” Si no queremos olvidarnos de Satán, habrá que pensar que ha venido también… con la camisa planchada y un título de master bajo el brazo. (p. 42)

La reciente publicación en castellano del libro de Christian Ingrao, Creer y destruir, sobre los intelectuales de las SS, ha vuelto a traer a la palestra las difíciles y controvertidas relaciones entre sabiduría, inteligencia, moral y ética. En algún sentido el nudo ya fue aflojado hace ochenta años en Salamanca con la contestación de Miguel de Unamuno al improperio contra el intelecto por parte de Millán-Astray. Pero parece que el tema no se agota ni se agotará: ¿son compatibles el saber y la capacidad lógica con la práctica de la atrocidad?

En torno a ello se construye El idiota moral de Norbert Bilbeny, un autor en castellano, catalán e inglés que ha consagrado buena parte de su obra filosófica al estudio de la ética. Cómo podemos definir y delimitar esa idiocia moral y ante ella, cuál es la posibilidad para juzgar a sus sujetos -¿nihilistas, verdaderamente conscientes, responsables plenos o parciales?- son los objetivos del libro. Este apareció en la primera mitad de los 90, o sea próximo a nuevos genocidios en los Balcanes y Ruanda, y en pleno despliegue de la insensibilidad ultraliberal, si bien en primera instancia se remite al concepto de banalidad del mal tal y como había sido acuñado por Hannah Arendt tras su experiencia del juicio de Adolf Eichmann en 1961. El idiota moral tiene una considerable carga de perspectiva psiquiátrica y puramente filosófica pero según se avanza en la lectura, se repasan aspectos jurídicos, sociales e históricos. Sigue siendo una estupenda lectura para este siglo XXI tan rebosante de desproporción informativa y automatismo criminal.

El genocida era, es, un loco en el cuerpo de alguien que está en su sano juicio. Sufre locura moral, lo que quiere decir que es inteligente pero nada razonable a la vez. Ello no sólo es posible: se ha hecho realidad y ha tenido millones de seguidores. Ayer condenaron el antisemitismo, pero el exterminio no fue contrario a su conciencia. Hoy aborrecen el racismo, pero no soportan personalmente a los extranjeros. (p. 86)  

Norbert Bilbeny en: Biblioteca UPM.

La uruguaya. Pedro Mairal

La uruguaya
Pedro Mairal
Barcelona : Libros del Asteroide, 2017

 

Entonces dije su nombre, para mí, contra el vidrio, mirando el agua que brillaba como plata líquida:

– Magalí Guerra Zabala.

Lo repetí dos veces.

 

La Uruguaya es una novela breve (a la vez ancha y nutritiva) en la que su protagonista, Lucas Pereyra, un escritor cuarentón, redacta la peripecia que vivió a lo largo de un día completo hace ya un año. Tirando de memoria, trata de construir el relato de lo que tal vez ya no se puede, pues los detalles clave se escurren en el tiempo, el itinerario por una ciudad apenas conocida es incierto, las intenciones detrás de las palabras nunca se ven con claridad. Dirige su discurso no al lector, sino a una persona cercana, su esposa, no sabe uno bien con qué intención, si literaria, si en busca de perdón, si tratando de atar los cabos de lo que le ocurrió de verdad por mero equilibrio mental o si batiéndose por explicarse a sí mismo.

 

Ahora que quedé como atrapado dentro de ese martes, igual que en la película El día de la marmota, lo repaso, lo estudio, lo amplío en el recuerdo, dejo que los distintos momentos crezcan en mi cabeza. Trato de no agregar nada que no haya sucedido, pero de todas formas sin querer le agrego ángulos, planos, perspectivas que en ese momento no vi, porque pasé como pasa uno siempre por su vida, a toda velocidad y a los tumbos.

 

Pedro Mairal ha creado un personaje quijotesco, un borracho de literatura y de música que inventa más que vive y que se topa con la realidad impertinente a cada paso. Cómicamente en ocasiones, pero con la ternura de los derrotados que se resisten a doblegar el castillo de su imaginación.

Dejando al otro lado del Río de la Plata su matrimonio, su crisis vital y económica, el miedo que le da cualquier cosa que le pueda suceder a su hijo, pasa de Argentina a Uruguay como quien ve el cielo abierto. Allí le esperan dos sueños, el cobro de unos miles de dólares que le permitirán financiarse un puñado de meses de escritura sin tener que dedicarse a otra cosa, y sobre todo Guerra, la joven y hermosa Guerra que le ha llenado el mail de Te abracé en la noche, de Dulzura distante, de las calles idealizadas de Montevideo, de promesa, y con la que espera vivir un asalto de amor como hace tiempo que no (Quiero invadirte la siesta).

 

Entonces escribí el mail que vos encontraste más tarde:

"Guerra, estoy yendo. ¿Podés a las dos?"

Nunca dejaba mi correo abierto. Jamás. Era muy muy cuidadoso con eso. Me tranquilizaba sentir que había una parte de mi cerebro que no compartía con vos. Necesitaba mi cono de sombra, mi traba en la puerta, mi intimidad, aunque solo fuera para estar en silencio. Siempre me aterra esa cosa siamesa de las parejas: opinan lo mismo, comen lo mismo, se emborrachan a la par, como si compartieran el torrente sanguíneo. Debe haber un resultado químico de nivelación después de años de mantener esa coreografía constante. Mismo lugar, mismas rutinas, misma alimentación, vida sexual simultánea, estímulos idénticos, coincidencia en temperatura, nivel económico, temores, incentivos, caminatas, proyectos… ¿Qué monstruo bicéfalo se va creando así?

 

Abundancia de referencias literarias y musicales que degustar (Borges, Onetti, Cortázar, Fernando Cabrera, Zitarrosa, Rimbaud…), humor, fiesta del lenguaje llenan esta narración cuyas páginas uno va leyendo de a poquitos para no terminar de paladear, para no llegar a lo inevitable.

 

Voló, voló mi destino, 
duró mi vida un instante. 
El cruce de los caminos 
y tu dulzura distante.

Fernando Cabrera

 

Pedro Mairal en la Biblioteca UPM

 

Vacas, cerdos, guerras y brujas / Marvin Harris

Marvin Harris:

Vacas, cerdos, guerras y brujas: los enigmas de la cultura.

Alianza, 1980-.

Cows, Pigs, Wars and Witches: the Riddles of Culture.

Random House, 1974-.

Con los años he descubierto que los estilos de vida que otros consideraban como totalmente inescrutables tenían en realidad causas definidas y fácilmente inteligibles. La principal razón por la que se han pasado por alto estas causas durante tanto tiempo es la de que todo el mundo está convencido de que “sólo Dios conoce la respuesta” (p. 14-15, reimpr. 2014).

Hace ya muchos años, comentando este libro en el bar de la Facultad, algunas personas ingenuas creíamos que en un futuro razonablemente cercano sus enseñanzas ya no serían tan necesarias y que al fin y al cabo sus conclusiones eran relativamente fáciles de alcanzar procurándose la adquisición de ciertos datos históricos. ¡Qué gran error! Vacas, cerdos… y compañía es ahora incluso más necesario que antes en muchos aspectos. Urge comunicarlo a la masa, si se me permiten la insistencia y el atrevimiento. Evidentemente algunas cosas han cambiado mucho desde la redacción de la obra. Por ejemplo, India es ahora un país mucho más industrializado. Pero estos cambios no invalidan los planteamientos y análisis de Harris: antes bien el auge de los fundamentalismos los hace más útiles para comprender la enrevesada mecánica ideológica de los tabúes que los animan.

De hecho una de las cosas buenas del libro, visto en la distancia temporal, es la revelación del propio pensamiento de Harris: claro, limpio, crítico, lúcido, un antídoto de todo kitsch, superchería, pintoresquismo y baratillo pseudocultural. Conviene leerlo con tranquilidad, sin prisa, aunque su escritura no es complicada y tiene incluso mucho de coloquial. Las referencias a otros autores se pueden rastrear a voluntad (hay bibliografía al final para cada capítulo), pero no resultan imprescindibles para la comprensión continuada de la obra: no hay implícitos eruditos que sean insalvables.

Es asombroso el esfuerzo que las gentes están dispuestas a realizar para obtener lo que Thorstein Veblen describió como la emoción vicaria de ser confundidos con miembros de una clase que no tiene que trabajar. Las mordaces expresiones de Veblen “consumo conspicuo” y “despilfarro conspicuo” recogen con exactitud un sentido del deseo especialmente intenso de “no ser menos que los vecinos” que se oculta tras las incesantes alteraciones cosméticas en las industrias de la automoción, de los electrodomésticos y de las prendas de vestir” (p. 127, reimpr. 2014)

Vacas, cerdos, guerras y brujas está construido como un periplo articulado a través del tiempo y el espacio -India contemporánea, el Pacífico, Oriente Medio antiguo, Europa medieval y moderna- a lo largo del cual el lector va comprobando la universalidad de las necesidades humanas y la diversidad de respuestas de las comunidades según sus respectivas circunstancias. Unas actitudes mucho más relacionadas entre sí que lo que se podría imaginar desde un etnocentrismo miope. Como avisábamos al principio, las conclusiones no pueden ser más provechosas para el presente habiendo hecho la debida transposición desde los años 70 del siglo XX en que este clásico fue escrito.

Marvin Harris en: Biblioteca UPM.

Cervantes y los casticismos españoles / Américo Castro

Américo Castro:

Cervantes y los casticismos españoles.

Ediciones: Alfaguara (1966), Alianza (1974), Trotta (2002).

El mundo entorno era vario y conflictivo: señores, letrados, soldados valientes unos y fanfarrones otros, eclesiásticos, inquisidores que no aparecen, pero están ahí, cristianos viejos y nuevos, escritores, vulgo ciudadano y campesino, pastores, bandoleros, jueces y cuadrilleros, cautivos de Berbería, chusma venteril…; y amén de todo ello, ordenaciones –en libros de uno u otro tipo- de todo ese mundo y del extramundo de la fantasía. (p. 68, ed. Alianza)

 

 Durante el centenario de 2016 estuvimos tan deslumbrados por Miguel de Cervantes que no hicimos mucho caso a la abundante producción de los cervantistas. A modo de remedio, nunca es tarde para acercarnos a un clásico de la materia.

 A nivel popular Américo Castro sigue siendo un desconocido. En el ámbito académico su figura se asocia siempre a la polémica mantenida con Claudio Sánchez-Albornoz en torno a la fórmula cultural que dio lugar a la España moderna: la importancia de los ingredientes europeos (románicos, germánicos…) en el caso de Albornoz, frente a los orientales (semíticos) en el caso de Castro. En cuanto al personaje Miguel de Cervantes, Castro rastrea su perfil más allá del icono vulgarizado por manuales ramplones y panteones de ilustres. Acomete un descifrado e interpretación del significado profundo de aquella obra singular, llama la atención sobre las complejas circunstancias sociales en que se elaboró y desvela el sentido de la vida que de ella emana. Américo Castro era de los que piensan que Spain is different respecto a Europa (entendida como Europa Occidental), pero no necesariamente para mal. Al menos en el plano literario: Cervantes sería el botón de muestra, lo que nos lleva a plantearnos una vez más el papel de las tragedias colectivas como estímulos creativos.

 Además, Cervantes y los casticismos españoles toca otros asuntos.  Analizando la trayectoria indiana de Bartolomé de Las Casas, por ejemplo, el autor salta hacia la Filosofía de la Historia, reflexiona sobre la época en la que él mismo escribe – la segunda postguerra mundial-, y su texto toma tintes de testamento historiográfico. En fin, un volumen espectacular que surfea desde el Derecho romano, focaliza en las entrañas del Siglo de Oro español para aterrizar en Los Angeles en los años 60. Desde la muerte del maestro en 1972, lógicamente se ha investigado y publicado más sobre estos temas, pero su obra sigue siendo una referencia y conservando esa capacidad peculiar de apasionar al lector, de comunicarle amor y sed de conocimientos de libros y personas. Como ellos, Américo Castro ya devino metaliteratura.

 Cervantes y los casticismos españoles apareció por vez primera en 1966, en la vieja Alfaguara. Para esta reseña hemos utilizado la edición de bolsillo de Alianza (1974), que cuenta con una atractiva cubierta de Daniel Gil. En 2002 volvió a publicarse como parte de la Obra reunida de Castro en varios volúmenes, por Trotta.

La angustia española de los subnacionalismos y los separatismos no tendrá alivio mientras los capítulos de agravios y dicterios no cedan el paso al examen estricto de cómo y por qué fue como fue lo acontecido – las bienandanzas y las desdichas. El convivir de los individuos y las colectividades se basó en occidente en un almohadillado de cultura moral, científica y práctica; pues en otro caso hay opresión y no convivencia. Cuando el individuo o la colectividad persisten en la autocontemplación y en el regodeo de ser de este o el otro modo (muy suyos, muy peculiares, muy tradicionales, muy entrañables, muy sentidos), florecerán, en el mejor caso, el lirismo con matiz de elegías y añoranza. El individuo y la colectividad permanecerán recluidos indefinidamente en su vallado ámbito. Al poeta lírico no le importa, pero la colectividad en torno a él será muy poco venturosa. (p. 155)

Américo Castro en: Biblioteca UPM.

España, compañero. Víctor de la Serna.

España, compañero
Víctor de la Serna

Edición y prólogo de Alfonso de la Serna
1976

 

Este libro recoge una antología de artículos periodísticos escritos por Víctor de la Serna seleccionados por su hijo, van desde 1919 hasta finales de los años 50 del siglo pasado, y ocupan 40 años de la vida de España.

Don José Ortega y Gasset habla severamente, sobriamente, con una belleza más que dialéctica, didáctica. Habla y enseña. Empuja conceptos claros, simples, cuadriculados, como ladrillos, para levantar una sólida estructura. Los conceptos de soberanía y autonomía salen estilizados y concretos, reducidos a una línea eléctrica, irrevocable, dura y recta.

Los españoles, viene a decir, quieren una cosa: vivir no sobre los catalanes ni bajo los catalanes, sino con los catalanes.

Los temas que le llaman la atención son de la más variada índole, desde bailaoras como la Argentinita, hasta pintores como Gutiérrez Solana o Vázquez Díaz, pero también se interesa por la historia de Madrid y nos lleva de viaje por ciudades españolas. La lectura sorprende por el espíritu del autor, está a favor de las cosas no en contra. Esa postura nos impulsa a seguir leyendo un artículo y otro, entrando y saliendo de estas puntadas luminosas que recogen a veces la actualidad, el instante. Notas tomadas en directo, durante los paseos a pie por un Madrid solitario y poético, rincones ensimismados con farola que dibuja en esta edición Juan Esplandiú, que fue Premio Nacional de Pintura en 1958 y que tiene todo el perfume y la elegancia de los dibujantes de los años 50 hoy olvidados como Serny o como Ramón Gaya.

 

Juan Esplandiú

 

Esplandiú ha dado de Madrid una versión pictórica entrañable, humana, profunda, llena de ternura; una versión como en voz baja, confidencial e íntima.

 

Juan EsplandiúVíctor de la Serna colaboró con muchos diarios durante su vida y hasta los años 60 se le pudo leer haciendo crítica gastronómica en El País. Pertenece a una familia de escritores y periodistas, su madre era Concha Espina y su nieto es Víctor de la Serna Arenillas, tres veces Premio Nacional de Gastronomía, al que podemos leer ahora bajo el pseudónimo de Fernando Point.

Todo el libro desprende un mundo ya difuminado. Personajes que pocos sabrán quienes son, pintores que no están de moda, dibujantes hoy desconocidos, pueblos donde nadie para el coche  y vistas de Madrid que no reconocemos ni los que llevamos en esta ciudad toda la vida.

Escribe estupendamente, trata temas hoy desaparecidos de los periódicos,y lo hace desde una elegancia y una buen talante que convierten a este libro, conformado por artículos breves sobre temas tan dispares, en una expericia más que recomendable.

 

 

Este y otros libros de Víctor de la Serna en la Biblioteca UPM

Libros ilustrados por Juan Esplandiú en la Biblioteca UPM

 

Ariadna en el laberinto grotesco / Salvador Espriu

Salvador Espriu:

Ariadna en el laberinto grotesco.

Ariadna al laberint grotesc.

Traducción: Julia Goytisolo. Barcelona: Eds. del Mall, 1987.

Aquella tarde Salom había visto “M”, una película alemana desagradable como Konilosia y Alfaranja en las fieles bocas burguesas de Lavinia. Era la historia del vampiro de Düsseldorf. La tragedia de aquel monstruo linfático impresionó a Salom, se lo confesaba. Salió del cine inquieto, con prisas, sin apenas atreverse a volver la cabeza: no era dueño de sus nervios. ¿Algún acontecimiento siniestro le amenazaba, aquella noche? (Nervios, p. 87)

 

Nombres improbables, costumbrismo, surrealismo fatalista. En esta Ariadna… subyace una meditación melancólica sobre la fragilidad de la vida humana, y un testimonio de cómo al mismo tiempo la vanidad y la hipocresía –el egoísmo en suma- no se detienen ante nada. Espriu, armado con un lenguaje rico, expresivo y potente, deviene un cronista tremebundo y socarrón, de los que no dejan títere con cabeza. Hay que dejarle avanzar en su universo, que poco a poco va envolviendo al lector: sin prisas, se la va sacando un jugo más poético y filosófico que gratuitamente disparatado. Este mundillo doméstico, callejero, de promiscuidad vecinal podría recordarnos a veces a Chacel pero sin aquella claridad positivista y galdosiana. A Espriu el Mediterráneo le aporta ironía, toques de un humor algo barroco, ternura. También cabrían puntos de contacto con Unamuno y por supuesto con Valle-Inclán.    

El libro tiene una larga historia. Su primera edición es de 1935, pero el autor fue aumentándolo durante decenios. Está estructurado como una sucesión de pequeños cuentos que a menudo comparten un elenco de personajes transversales, en una geografía fantástica que apenas disimula ser un trasunto de la Cataluña real. Por esos vericuetos se debió enredar la cándida Ariadna, tal vez desembarcada en Emporion más que en Naxos. Practica Espriu una narrativa alambicada que en ocasiones toma aspecto de prosa poética pero donde predomina lo escénico y dramático, con diálogos de absurdo que parecen reclamar adaptación teatral. Tanto es así y tan numerosos, perfilados y peculiares son sus protagonistas que se echa en falta un dramatis personae o incluso un buen índice comentado de personajes, al que poder acudir.

“He corrido toda la tarde por los cerros plantados de vides, por los pinos que dominan el mar. Cada cerro, cada pino, cada sarmiento, cada brizna de hierba tienen en mi tierra personalidad concretísima. He recorrido toda la tarde mi única patria, el paisaje de Sinera poseído por mis ojos sin pesar ni esfuerzo, este perfecto paisaje que me destrozarán. Mis labios pueden nombrar todos los rincones. Es un paisaje sin niebla, de sol bajo, de colinas asardanadas que van perdiéndose en la lejanía. De vez en cuando, torres de vigía y pitas acercan a la memoria borradas sombras de piratas de Argel” (Sembobitis, p. 309)

Salvador Espriu (1913-1985) fue un joven pujante posteriormente condenado al exilio interior. También un artesano de la lengua catalana de la que extraía material para componer tesoros cuan escultor apasionado. En los años 60 ganó celebridad con su extenso poema La pell de brau (=La piel de toro). De Ariadna en el laberinto grotesco hay muchas ediciones, sobre todo en catalán. Recomiendo volver a la arriba citada, que permite disfrutar del texto original enfrentado a la traducción de Julia Goytisolo.

Salvador Espriu en: Biblioteca UPM.

El misterio de la cripta embrujada. Eduardo Mendoza

El misterio de la cripta embrujada
Eduardo Mendoza

 

No te dejes confundir con el título, porque no estamos ante una novela de misterio para adolescentes: se trata de un “experimento psicopático” en el que el narrador y protagonista (anónimo) es un enfermo mental, suburbial, maloliente y pervertido pero lúcido y dotado de una especial habilidad para resolver casos complejos, razón por la cual el comisario Flores solicita su colaboración en la investigación de las misteriosas desapariciones de unas niñas internas en el colegio de las madres lazaristas con la contrapartida de ser liberado del manicomio en el que está encerrado.

De la mano de este esperpéntico Quijote desfacedor de entuertos, el autor nos conduce a las más disparatadas e hilarantes situaciones en un universo de personajes absurdos, excéntricos y marginados que cohabitan en la Barcelona postfranquista de entre los cuales Cándida, la hermana prostituta de cuerpo deforme, se lleva la palma:

        Tenía… los ojos muy chicos, con tendencia al estrabismo cuando algo la preocupaba, la nariz chata, porcina, la boca errática, ladeada, los dientes irregulares, prominentes y amarillos… Le había salido el cuerpo trapezoidal, desmedido en relación con las patas, cortas y arqueadas, lo que le daba un cierto aire de enano crecido…

A través de las descripciones físicas y psicológicas de estos enrevesados personajes y con gran derroche de humor e ironía, el autor está haciendo una profunda crítica a los poderes fácticos de esta complicada época de la historia de España: la transición a la Democracia.

A decir de Mendoza, “España en aquellos años era triste, amarga y violenta”, lo que le llevó a exiliarse voluntariamente a Nueva York, donde escribió la novela en menos de una semana (“Escribí divirtiéndome como nunca lo había hecho”). Ésta fue la primera de una serie continuada por “El laberinto de las aceitunas” (1982), “La aventura del tocador de señoras” (2001) y “El enredo de la bolsa y la vida” (2012).

Cuando leas la novela te darás cuenta de por qué le han dado a Eduardo Mendoza el Premio Cervantes 2016 (“por su lengua literaria llena de sutilezas e ironía”) y de cómo consigue, con su lenguaje arcaizante y sus personajes marginales, retrotraernos en el tiempo hasta situarnos en el mundo de la novela picaresca, como si del “Ministerio del Tiempo” se tratara.

 

Eduardo Mendoza en la Biblioteca UPM

 

Chiruca Casado

 

La tabla de Flandes. Arturo Pérez-Reverte

¿QUIÉN MATÓ AL CABALLERO?

La tabla de Flandes
Arturo Pérez-Reverte

 

Un sobre cerrado es un enigma que tiene otros enigmas en su interior. Áquel era grande, abultado, de papel manila, con el sello del laboratorio impreso en el ángulo inferior izquierdo. Y antes de abrir la solapa, mientras lo sopesaba en la mano buscando al mismo tiempo una plegadera entre los pinceles y frascos de pintura y barniz, Julia estaba muy lejos de imaginar hasta qué punto ese gesto iba a cambiar su vida.

 

Que el periodista, escritor y académico Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) es varón de belicoso verbo y afilada pluma lo sabe hasta el apuntador. Como también es de sobra conocido por todos su talento para la narrativa, que ha dado como fruto, entre otras novelas, La tabla de Flandes (1990). El libro al que dedicamos la presente reseña.

A Julia, joven y reputada restauradora, se le encarga reparar una valiosa tabla flamenca del s. XV que va a subastarse. En este cuadro, que se titula La partida de ajedrez, aparecen representados dos caballeros que juegan una partida del susodicho juego en presencia de una dama.

Nada más empezar su trabajo, y gracias a los rayos X, Julia descubre que las capas de pintura que recubren la tabla ocultan una misteriosa frase en latín:

 

¿Quis necavit equitem?

 

Que traducida al castellano significa:

 

¿Quién mató al caballero?

 

Intrigada por su hallazgo, la restauradora inicia una investigación para saber más de Pieter van Huys, el autor del cuadro, de los retratados en él y del contexto en el que todas estas personas vivieron. Y también, para resolver el crimen que el maestro flamenco denunció de forma velada en su obra, al mismo tiempo que, como se descubrirá más adelante, se sirvió del ajedrez para ocultar el nombre del criminal.

Con el beneplácito del señor Belmonte, el anciano propietario de La partida, y de su avariciosa amiga Menchu, la galerista-intermediaria que le encargó la restauración de la tabla, nuestra heroína comienza sus pesquisas. Y para ello no sólo es auxiliada por César, un refinado anticuario que para ella es una especie de segundo padre, y por Muñoz, un peculiar ajedrecista. También, por Álvaro, especialista en Historia del Arte y su profesor en la universidad. Un hombre con el que Julia mantuvo una relación sentimental que, aunque no quiera admitirlo, la dejó traumatizada.

Cuando Álvaro es encontrado muerto en extrañas circunstancias y ella recibe una tarjeta anónima con una extraña fórmula, Julia llega a la conclusión de que el asesino de su antiguo amante le propone continuar en el presente la partida de ajedrez iniciada cinco siglos atrás. Con la esperanza de que este juego le permita desenmascarar a la persona que supone una clara amenaza para ella, la joven acepta el reto y, ayudada de nuevo por César y, sobre todo, por Muñoz, se embarca en una nueva y peligrosa investigación. La conclusión de la misma será impactante y marcará a Julia para siempre.

Con el ajedrez como uno de sus temas principales, La Tabla de Flandes es una novela muy bien documentada, que conjuga magistralmente intriga, arte e historia y que resulta interesante tanto para los aficionados a este juego como para aquellos que no lo somos.

Beatriz T. Álvarez

 

 

 

Arturo Pérez-Reverte en la Biblioteca UPM

 

 

 

El viaje a Trieste, de Hartmut Lange

Hartmut Lange:

El viaje a Trieste. Trad. de Herminia Dauer. Barcelona: Juventud, 1995.

Die Reise nach Triest: Novelle. Zürich: Diogenes, 1991.

La tempestad que media hora más tarde se desató con violencia sobre la terraza y el jardín, le obligó a retirarse a la biblioteca, donde se puso a repasar sus papeles. Se trataba de extractos y comentarios referentes a la historia de la filosofía del siglo XIX, y que Montag se proponía utilizar para una conferencia. Allí, entre pilar de libros y una confusión de cosas, tales como calendarios, lápices de colores, estilográficas y una lupa, el profesor se sentía a gusto. (p. 11-12)

 

No se engañen con el título: en principio NST vuelve a Berlín -una de sus ciudades fetiche- en vísperas de la Caída del Muro.  Con paciencia lectora se tendrá que averiguar si finalmente se parte hacia el Sur, donde Trieste se perfila como horizonte simbólico: vértice adriático, ciudad literaria también, de Svevo, Joyce, Magris…  Lo que empieza apareciendo como una descripción banal de la cotidianeidad doméstica se convierte en una disección implacable de la grisalla mesocrática y universitaria. Una precisión distante que paradójicamente conlleva una extraña poesía sobre el paso de los años, el sentido –o sinsentido- de la existencia. Creo que a este Viaje le encajaría de maravilla una adaptación a peli del tipo Dogma 95, con un Vinterberg o Von Trier al mando de la operación.

Por otra parte, cuando uno se topa con argumento de profesor germánico en fase crepuscular y camino de Italia, le resulta inevitable evocar el Aschenbach de La muerte en Venecia de Thomas Mann. El profesor Montag creado por Lange comparte con aquél atisbos de fascinación  por la belleza joven y vértigo ante la propia decadencia, pero su aventura parece a primera vista mucho más prosaica, ¿o no? Remembranzas de Perec o Coetzee para una posible comparación múltiple de prosaísmos radicales. En fin, por lo pronto invitamos a ponderar el calado trágico del peregrinaje de Montag. ¿Tan banal?: tan actual. El volumen se completa además con otro relato muy corto de Lange: El pantano de Riemeister.

Dos días después, la familia aún no había partido, y nadie sabía por qué. Una cosa era segura: el profesor Montag había cambiado de alojamiento, y los demás no se atrevían a dejar Roma sin él. Pero… ¿hasta cuándo iba a durar esta incertidumbre? (p. 89)

 

Hartmut Lange en: Biblioteca UPM.

Lady Macbeth de Mtsensk, Nikolái S. Leskov

Lady Macbeth de Mtsensk y otros relatos
Nikolái S. Leskov
Barcelona : Alba, 2003
Traducción: Fernando Otero Macías
Primera edición en 1865

 

Lady Macbeth de Mtsensk es uno de los relatos más conocidos de Nikolái S. Leskov (junto a La pulga de acero, incluido en este volumen bajo el título: El zurdo), un autor ruso del siglo XIX que pasa injustamente desapercibido entre otros grandes autores de la época como Dostoievski, Tolstói, Chéjov o Nikolai Gógol.

 

A veces aparecen en nuestra tierra tales caracteres que, por muchos años que hayan transcurrido desde que los vimos por primera vez, no es posible evocar algunos de ellos sin experimentar cierto temblor en el alma.

A la joven Katerina Lvovna (apodada la lady Macbeth de Mtsensk pues está inspirada en el personaje shakesperiano) la casan con un comerciante mucho mayor y bien establecido, pero por el que, en términos sentimentales, siente una completa indiferencia. Eso, y la obligación de tomar residencia en la anodina hacienda de su esposo, en la que también vive el anciano padre de éste, convierten su existencia en una tediosa sucesión de días grises sin esperanza. Así hasta que conoce al joven Sergéi, uno de los sirvientes y conocido donjuán. Y es entonces cuando toda la fuerza, la pasión, el arrebato y la locura de la sangre se revelan en Katerina y toman posesión de su voluntad, desencadenando la bestia cruel e iracunda que lleva dentro y que no dejará de luchar, con algo más que uñas y dientes, por lograr el objeto de su deseo.

Este relato sin concesiones, duro, tajante, ferozmente erótico, fue convertido en ópera en 1934 por Dmitri Shostakóvich (obra que sufrió censura durante treinta años dado su contenido incandescente) y también fue llevado al cine en 1962 por Andrzej Wajda con el título Lady Macbeth en Siberia. Hace unos días se ha estrenado una nueva versión dirigida por el británico William Oldroyd en la que la acción se traslada a la Inglaterra victoriana.

 

Vale la pena mencionar la delicada edición ilustrada por Ignasi Blanch que Nórdica Libros publicó en 2015.

 

 

Nikolái S. Leskov en la Biblioteca UPM

 

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