Archivos del Autor: Pedro J. Pulla Ortega

El gran sueño de oro. Chester Himes

El gran sueño de oro. Chester Himes

Bruguera.

Alberta estaba como hechizada. Sorprendida por la magnitud de su buena suerte, sacó del sujetador un billete mojado de cincuenta dólares y se lo alcanzó al Dulce Profeta, recibió a cambio una miga de pan del tamaño de un guisante. Se la puso en la boca mirando al cielo, y  la tragó bebiendo largamente el agua de la botella bendita.

Todos los que contemplaban la escena estaban convencidos de que el agua poseía virtudes curativas.

 

Alberta Wright asistía a un servicio religioso que el reverendo conocido como Dulce Profeta Brown, ofrecía en la calle 117, en pleno Harlem. Llena de fervor y pasión y fruto del frenesí colectivo en el que se ve envuelta, tras beber agua  bendecida por el reverendo, cae desvanecida. Todo el mundo a su alrededor cree que está muerta. Quizás ha sido envenenada. Y la codicia se hace presente. Algunos de sus conocidos empiezan a buscar el dinero que creen esconde en su casa. Y con la codicia, con la ambición, viene fatalmente de la mano la muerte, el asesinato.

Pero Alberta no está muerta y es detenida.

– Le está dando usted mucho trabajo a la brigada de Homicidios –dijo el sargento-. Ayer estaba muerta, y hoy mata a alguien.

– Ni estaba muerta ni he matado a nadie – respondió Alberta.

– Está bien, está bien. Empiece a mentir – dijo el sargento-. Dígame todo lo que ha ocurrido.

Ella hablaba con la voz monocorde y plañidera que reservaba para los blancos que le hacían preguntas.

Cuando terminó, el sargento preguntó:

– Me ha obedecido al pie de la letra, ¿verdad?

– No, señor; todo lo que le he dicho es verdad.

Ataúd Ed y Sepulturero Jones son los detectives que deberán recorrer las calles de Harlem para resolver el caso, y que en ocasiones como lectores, no llegamos a entender. Un Harlem sombrío, desolador, perturbador, plagado de seres marginales, de perdedores, de buscavidas pero que a la vez es un escenario lleno de vida, de humor y que Himes describe magistralmente. Porque en realidad es Harlem, como en otras muchas novelas de Himes, el verdadero protagonista de esta novela y recorriendo sus páginas es fácil sentir que nos encontramos en sus calles, que somos uno más de sus habitantes.

Chester Himes nació el Jefferson City en 1909 y murió en Alicante en 1984. Otras novelas son Por amor a Imabelle, Algodón en Harlem, Todos muertos….

Chester Himes en la Biblioteca Universitaria UPM

Viaje al pasado. Stefan Zweig

Viaje al pasado. Stefan Zweig
Barcelona: Acantilado, 2009

 

Había amado a aquella mujer desde su primer encuentro, pero, a pesar de la irresistible pasión que dominaba sus sentimientos, filtrándose en sus sueños, le faltaba algo decisivo que conmoviera su ser: tomar conciencia de que, al margen de excusas, lo que se empeñaba en ocultarse a sí mismo bajo el nombre de admiración, respeto o afecto, hacía tiempo que se había convertido en puro amor, un amor obsesivo, desatado, ardiente.

El amor ha brotado en el corazón de Ludwig, nuestro protagonista. Él es un joven empleado en el que el director de la compañía para la que trabaja ha depositado toda su confianza gracias a su trabajo y tesón. El destino hace que la mujer de éste se cruce en su camino y ya nada será igual.  El amor por esa mujer se apodera de toda su alma, de todo su ser. También el de ella.

Ni él la había atraído a sí, ni ella a él; habían ido el uno al otro, como arrebatados por una tempestad, uno con otro, uno en otro, precipitándose inconscientes en un abismo insondable, sintiendo al hacerlo una dulce y ardiente impotencia…

Pero de igual modo que el destino los unió, éste cruel, los va a separar. Una oportunidad de trabajo a muchos kilómetros de distancia les va a separar. Él tiene que marcharse. Dos años será el tiempo de separación. La guerra aparece y el tiempo se hace mayor. Los años transcurren y el amor se va diluyendo en el recuerdo. Y una vez más el destino les da una oportunidad. El reencuentro es posible. Habrá pervivido el amor.

Y, de repente, se dio cuenta de que la serenidad que habían mantenido mientras  hablaban era falsa, que en alguna parte todavía quedaba algo sin resolver, algo por solventar en su relación, y que aquella amistad no era más que una máscara puesta artificialmente sobre un rostro nervioso, inquieto, turbado por la confusión y la pasión.

Hay algo inconcluso en su vida. Quieren terminarlo pero el pasado se hace presente y no se lo permite. Quiénes son, en qué se han convertido, existe la esperanza.

En el viejo parque solitario y gélido, dos sombras buscan su pasado.

¿Acaso no eran ellos mismos esas sombras que buscaban su pasado dirigiendo absurdas preguntas a un entonces que ya no era real?

 

Stefan Zweig en la Biblioteca Universitaria UPM

 

El pequeño César. William Riley Burnett

 El pequeño César.

 William Riley Burnett

Colocado ante un espejo, Rico se peinaba cuidadosamente con su pequeño peine de marfil. Estaba orgulloso de su cabello negro y brillante, que formaba tres ondas simétricas. Era un hombre simple. Colocado ante un espejo, Rico se peinaba cuidadosamente con su pequeño peine de marfil. Estaba ore solo apreciaba tres cosas en el mundo: a sí mismo, a sus cabellos y su revólver …y a las tres les dedicaba un cuidado excepcional.

Ese hombre simple es Cesar Bandello, alias Rico.  Es miembro de la banda de Sam Vettori, un gánster de Chicago que controla una parte de la ciudad. Un día planean el atraco de un club nocturno. Todo parece ir según lo calculado pero algo sale mal. Matan a un policía. Todo cambiará con ese homicidio. Se abre la oportunidad de ascenso para Rico en la organización. Más dinero, más lujos, más poder.

Escucha, Sam –le dijo-, hace mucho tiempo que recibo órdenes de los demás. Ya no las volveré a recibir¿comprendes?…Yo tengo ya una cuerda al cuello, y uno no puede ser ahorcado más de una vez. De manera que si alguien tiene la idea de traicionarme, mi pistola dará buena cuenta de él.

Y Rico la aprovechará. Él es un hombre decidido que no tiene miedo y que va a por todas. Su deseo de triunfar y dejar su pasado le impulsará a dar el paso. No quiere volver a ser un simple ladronzuelo de Little Italy. Pero eso significa estar siempre alerta, pensando, escudriñando a sus camaradas que lo son solo con unos dólares de por medio. Siempre atento a cualquier palabra, cualquier gesto,  una mirada sospechosa que delate el peligro, la traición que anticipe la caida.

Vivía en una tensión continua. Sus nervios se hallaban tan excitados que no tenía nunca sueño ni sentía jamás el deseo de reposar; estaba siempre totalmente despejado.

William Riley Burnett publicó El pequeño César en 1929 y al contrario que otras novelas policiacas, el protagonista no es un detective o un policia sino un miembro del hampa. Es desde esa óptica desde donde Riley nos introduce en los bajos fondos. Héroe o villano, es el lector quién decide.  En 1931, la Warner adaptó a la gran pantalla la novela de Burnett con Edward G. Robinson como Rico y Mervyn LeRoy como director.

William Riley Burnett nació en Springfield,  Ohio y muríó en Santa Monica, California en 1982. Autor entre otras novelas, Goodbye Chicago, La jungla de asfalto, etc.

El hombre del sombrero hongo levanto el brazo, pero Rico se le anticipó y disparó todo el cargador a ciegas, furiosamente. De pronto, vio una lengua de fuego y en el mismo instante algo le golpeó en el pecho, como una maza. Dio dos pasos, soltó el arma y de repente cayó al suelo de bruces. En la calleja oyó ruido de pasos.

¡Señor, Señor…! -murmuró-, ¿será éste el fin de Rico?

Cuerda de presos, de Tomás Salvador

  Cuerda de presos. Tomás Salvador

  Luis de Caralt. Barcelona

No tardará en ser de día. Mañana estarán por la carretera. Disponen sus cosas: Serapio Pedroso Buján y Silvestre Abuín Corvino… Recogen sus mantas, sus morrales; preparan sus documentos; engrasan sus fusiles. Juan Díaz de Garayo y Argandaña por mal nombre “El Zurrumbón” y “El Sacamantecas”, también se prepara. Llevará un mísero zurrón y las manos esposadas. Al final del camino le aguarda un extraño asiento: un banco de madera al pie de un poste vertical; una argolla de hierro a la altura de su garganta…La gente llama a este aparato: “garrote vil”

Un largo camino les espera. Desde Muria de Paredes, en la provincia de León, hasta Vitoria en la provincia de Alava. Un juez de esa ciudad reclama al llamado “El Sacamantecas”. Tres hombres recorriendo los caminos de una España profunda, áspera, dura. El guardia veterano y el novel, el que está de vuelta de todo y al que nada sorprende, y el que tiene todo que aprender. En medio, un tercero, un criminal. No es nada pero lo es todo. Él es la razón de ser de esa conducción, de ese viaje sin vuelta. Once dias, en los que pensar, indagar, observar, conocer a tus compañeros de viaje, siempre juntos, siempre alerta.

Garayo le intrigaba. Ninguna reacción…Un hombre que ha teñido sus manos de sangre dista mucho de ser una blanca paloma. Durante la noche le había estado observando. Acurrucado en su manta parecía un infeliz pordiosero, buscando en los sueños la compensación de la puñetera realidad de la vida. No se había movido… Pero era un asesino…

Jornada tras jornada, van dejando atrás distintos pueblos y aldeas y descubriendo nuevas tierras, nuevos paisajes. El preso delante, abriendo el camino; los guardias detrás, tranquilos pero siempre atentos, expectantes ante lo que puede venir. Y en esos caminos, distintos personajes les salen al paso, confiados algunos, recelosos la mayoría. No pueden pasar desapercibidos. Dos guardias y un preso. ¿Quiénes son?, ¿Por qué lo llevan ?, será inocente o quizás es culpable de horrendos crímenes.

Era fácil seguir su rastro, el de los tres, por la estela de murmuraciones que sus pasos desataban. Por allí.., por allí.., ¡Por allí! Aunque no quisieran mirar, ellos los mirarían, aunque quisieran no podían esconderse, aunque lo pretendieran no podían olvidar porque ellos no eran olvidados. Conducir un preso era enfrentarse a un mundo hostil, o, cuando menos, indiferente pero observador. Su andar por los senderos de la montaña y el llano lo recogían la mujer asomada a la ventana, el cura que paseaba, el viejo que tomaba el sol, el mendigo ambulante, los chiquillos señalando con el dedo. Todos ellos eran como los hitos, siempre cambiantes, de su incesante caminar. Y allí empezaba el agobio. Un agobio por no ser nunca olvidados por aquellos que él y su compañero olvidaban en seguida, por sentir las miradas distraídas cuando pasaban de frente y clavada en sus nucas cuando volvían las espaldas. Todo se cargaba en sus hombros, la responsabilidad del preso y la responsabilidad a enfrentarse, como dianas sensibles y vivas, a la curiosidad, el capricho o el humor de una sociedad en carne viva.

En 1956, Pedro Lazaga llevó a la gran pantalla la novela de Tomás Salvador, con Antonio Prieto y Germán Cobos como la pareja de guardias y Fernando Sancho como “el Sacamantecas”.

Tomás Salvador nació en Villada, provincia de Palencia en 1921. Murió en la ciudad de Barcelona en 1984.

Ganador con Cuerda de presos del Premio Nacional de Literatura de 1954 es autor entre otras de División 250, El atentado, Los atracadores, La nave etc.

Tomás Salvador en la Biblioteca UPM.

Una piedad infinita le sacudió de pies a cabeza. Hasta le dolía el corazón mirando al infeliz. Podía ser un asesino, un loco, un pecador; pero era un hombre vencido, arruinado, destrozado. Le empezaron a temblar las manos mientras Pedroso, en silencio, le quitaba las esposas, y no le dejaron de temblar hasta que no salieron de la celda. Antes de salir, Pedroso le dio al preso todo el tabaco que tenían y la comida, toda la comida. El dinero había quedado con la documentación. Se cuadraron en la celda.

– Adiós Garayo…

Después de un minuto interminable Garayo levantó la cabeza:

– Adiós, señores guardias.

El pueblo en la guerra, de Sofia Fedórchenko

 

  El pueblo en la guerra.   Sofia Fedórchenko

  Traducción Olga Korobenko

  Hermida Editores

 

¡La que nos ha caído! Como si fuera el juicio final…No puedes dejar de obedecer, pero si obedeces, tu alma no lo aguanta…De cordura, ni una pizca. Ahora lo recuerdo pero antes: un estruendo horroroso, los obuses zumban, explotan, nuestros heridos vociferan…Y los heridos también aúllan como lobos, de miedo mortal…No hay nada más horrible que ese miedo… ¿Adónde quieren que vayas?…No avanzas, la gente se apiña…Los jóvenes chillan y rugen como bestias… Este saca el revólver y me dice: “¡Sal!”. Yo reculo, un  montón de  paisanos alrededor…Intento subirme y esta va y me dispara…No me dio, pero todos salieron en estampida y fueron al ataque.

Ha estallado la guerra. Ciudadanos de todo el continente son movilizados. Entre ellos, millones de rusos, la mayoría de ellos campesinos, son arrancados de sus isbas, de sus hogares, lejos de sus familias y lanzados a una guerra que no entienden, en lugares que  no conocen. Por qué está guerra, se preguntan muchos. Da igual, no tienen porque saberlo, solo son soldados, solo les queda obedecer.

¡No hay vida en esta guerra! Tengo miedo y me arrepiento. Y todo lo que hago resulta pecado. Si no obedezco, es pecado, y si obedezco me mandan cometer pecados tan gordos que da miedo morirse después.

Y dentro de ese mundo de miseria y horror, de sufrimiento y dolor, se encuentra Sofía Fedórchenko. Ella es enfermera en un hospital. Está rodeada de soldados que han vivido en primera persona esa guerra. Ella es lo opuesto a lo que han vivido. Y los soldados hablan…de sus miedos

No se veía nada, pero oí la respiración de alguien. Pregunté: ¿Quién va? ¡Voy a disparar! Silencio. Quise pensar, mas no había tiempo. Así que disparé…

de sus enemigos…

Me acerco a la ventana: toc-toc…Abre una mujer tímida, tiembla y no dice nada. Le pido pan. Hay un mueble en la pared, saca de allí pan y queso y empieza a calentar vino en un hornillo. Mastico a dos carrillos. Pienso: no hay fuerza capaz de arrancarme de este sitio…Se oye otra vez el toc-toc en la ventana… La mujer abre, igual que a mí. Veo irrumpir en casa a un austríaco…Nos miramos, se me atraganta el pan, estoy por vomitar… No sabemos qué hacer… Se sienta, coge de pan y de queso. Se pone a comer, zampa igual que yo. La mujer nos sirve vino caliente y dos tazas. Y empezamos a beber como unos vecinos. Bebemos, comemos, nos acostamos en el banco, cabeza contra cabeza. Y por la mañana nos vamos cada uno por nuestro lado. No había nadie para mandarnos.

de los compañeros…

En la locomotora me acoplé muy bien. Mis compañeros eran muchachos gallardos: sabían tanto trabajar como divertirse. También sabían ser buenos amigos, su amistad llegaba hasta lo más profundo del alma. Esos no se habrían peleado por un hueso, no…

Sofía Fedórchenko recogió siendo enfermera en el frente, donde se había alistado en 1914, los testimonios de los soldados heridos en combate. De sus miedos, de sus alegrías, de sus tristezas, de una vida distinta a la que habían conocido hasta entonces. Una vida de las que muchos no regresarían  y que a la mayoría les dejaría secuelas imborrables.

Era tan idiota que cuando me acostaba, cruzaba los brazos sobre el pecho… Por si me moría mientras dormía. Y ahora no tengo miedo ni a Dios ni al diablo…Después de haber metido la bayoneta junto con el brazo en una barriga, se me quitó todo…

Sofía Fedórchenko nació en San Petersburgo en 1880 y murió en la misma ciudad en 1957.

El pueblo en la guerra se publicó por primera vez en 1917. A ella la siguió una segunda parte centrada en la Revolución y una tercera dedicada al periodo de la Guerra Civil ( 1918-1922) y que no se publicó hasta 1990.

El campesino ruso no perecerá jamás, tiene raíces profundas en la tierra. La tierra es su padre y su madre, la guerra es su fin mortal.

 

El último caso de Philip Trent de E.C. Bentley

 

  El último caso de Philip Trent

  E.C. Bentley

  Siruela. 2017

 

Sigsbee Manderson ha sido asesinado…Anoche se acostó hacia las once y media, como solía. Nadie sabe cuándo se levantó y salió de casa. Nadie lo ha echado de menos hasta esta mañana.  Hacia las diez, el jardinero ha encontrado el cadáver. Estaba en la finca, al lado del cobertizo. Le habían disparado en la cabeza, en el ojo izquierdo…

Sigsbee Manderson es un magnate americano que ha sido asesinado en su residencia inglesa. Es una noticia bomba, una noticia que puede hacer tambalear los mercados. Una noticia que los periódicos no pueden dejar pasar. James Molloy, director del Record lo sabe. Manda a Philip Trent, nuestro protagonista, a investigarlo. A primera vista pudiera pensarse que es un caso típico de robo con homicidio, sin embargo hay detalles muy extraños que hacen que su esclarecimiento se complique. Philip Trent y el inspector Murch mediante una sana competencia basada en principios de "deportividad detectivesca" tratan de resolver el misterio. Quién será el asesino…

Vamos Murch, esforcémonos; dispongamos nuestros espíritus a la sospecha generalizada. Para empezar, sospechemos de todo el mundo. Escuche: voy a decirle de quién sospecho yo. Sospecho de la señora Manderson, claro está. También sospecho de los dos secretarios. Tengo entendido que hay dos, y no sé cuál me parece más sospechoso. Sospecho del criado y de la criada de la señora. Sospecho del resto del servicio, especialmente del mozo. Por cierto, ¿qué servicio hay? Tengo sospecha de sobra haya el que haya; pero me gustaría saberlo, por pura curiosidad.

Quién puede ser el asesino. Manderson tenía muchos enemigos que estarían contentos con su muerte y que podrían "provocarla". Personas que han sufrido las dentelladas de un tiburón de los negocios como Manderson y que no olvidan. Una viuda que no se siente muy afectada por la muerte de un marido con el que mantenía unas frías relaciones y que pudiera  estar tentada de aliviar su soledad con los millones del mismo. O quizás un posible suicidio de un hombre de negocios lleno de tensión y al límite. Quizás…

Y ahora –dijo Trent, poniéndose de pie-, voy a dejarlo a solas con sus pensamientos y echar un vistazo a los dormitorios. Tal vez la solución se le ocurra de repente mientras ando husmeando arriba. Pero –concluyó Trent, con voz de súbita exasperación, volviéndose en el umbral- si es usted capaz de decirme cómo diablos un tipo que se pone toda la ropa se olvida de ponerse la dentadura, lléveme a patadas de aquí al manicomio más cercano y déjeme encerrado.

 

El último caso de Philip Trent fue llevado a la gran pantalla hasta en tres ocasiones. La primera adaptación apareció en 1920, en tiempos del cine  mudo, con una versión británica dirigida por Richard Garrick. Nueve años más tarde, con versión muda y sonora, Hollywood llevó la novela de Bentley a la pantalla con Howard Hawks como director. La última versión para el cinematógrafo fue en 1952, de nuevo en las islas y tuvo a Orson Welles, Michael Wilding y Margaret Lockwood como protagonistas y a Herbert Wilcox en la dirección.

 

Edmund Clerihew Bentley nació en Londres en 1875 y murió en la misma ciudad en 1956.

La muralla de Joaquín Calvo Sotelo

 

   La muralla

   Joaquín Calvo Sotelo

 

 

 

 

 

 

 

JORGE.-

Y si yo le hubiese dicho: Padre, esta casa, estos muebles, "El Tomillar", nada es mío. Todo es el fruto de  un despojo, de un fraude inaudito, de un robo, vaya, ¿a qué andar evitando esa palabra? ¿Qué me habría contestado usted?

ÁNGEL.- 

(Atónito). Pero, hijo mío…

JORGE.- 

¿Me habría absuelto? Contésteme…O me habría exigido antes…

ÁNGEL..-

(Le ataja) Su restitución.

Jorge Hontanar vive una plácida vida junto a su esposa Cecilia y su hija Amalia. La vida le sonríe. No tiene preocupaciones. Sin embargo, de repente, la enfermedad al acecho se abalanza sobre él. Ve la muerte de cerca, frente a frente. Ese momento dramático le hace pensar en su vida, en cómo ha conseguido su bienestar. Y el modo en que lo consiguió fue oscuro. Decide restituir aquello que se apropió indebidamente y de esta manera obtener una absolución plena para su alma. Frente a sus propósitos se levanta una muralla de egoísmos de aquellos que le rodean y que ven peligrar su felicidad. Pero es verdaderamente egoísmo por parte de quienes disfrutan de esos bienes obtenidos ilícitamente, inocentes por otro lado de actos pretéritos o más bien egoísmo de aquel que prefiere sacrificar el bienestar, la felicidad de  esas personas,  en aras de su  propia salvación. Quizás, de ambos.

MATILDE.-

¡Ah, no hijo mió! Si estuviese solo en la vida podrías hacer mangás y capirotes. Pero da la casualidad de que tienes una mujer y una hija y que las dos, sin comerlo ni beberlo, corren tu misma suerte. Y tú no puedes desatenderte de ellas, como si fueran dos extrañas. Es muy comoda tu postura. Tú, a salvar tu almita, y a los demás que nos parta un rayo.

JORGE.-

Me habla con los pies pegados a la tierra, y todas sus palabras me suenan mezquinamente. Quisiera que supiese que yo he roto ya muchas ataduras. Por lo que se refiere a Cecilia y a Amalia, nada de lo que han tenido les pertenecía. Ahora lo devuelven. Ni pierden ni ganan.

MATILDE.-

¡Ca, hijo mío! Pierden muchísimo, porque cuando las vean por la calle las señalarán con el dedo y se dirán unos a otros: "Ahí van la mujer y la hija de un estafador."

Dos posturas antagónicas frente a frente. El arrepentido que quiere redimirse de su pasado frente a aquellos que no tienen culpa alguna sobre lo acontecido en ese pasado. El arrepentido que tiene que luchar contra una sociedad hipócrita y farisea que practica una doble moral, la privada y la pública y que en muchos casos tiene mucho que ocultar y olvidar. Porque ese pasado tiene que ver con la Guerra Civil, con la guerra en general en el que el robo o el expolio campan a sus anchas y en la que los testigos son pocos "en aquel pueblo de Extremadura, la guerra civil dejó pocos supervivientes" Pero ¿deben los hijos pagar por aquellos actos de los padres sobre los que no tienen ninguna responsabilidad?. Desde un punto de vista católico cuál es el modo correcto de actuar, la restitución o el simple pero sincero arrepentimiento. En el prólogo de la obra, el autor cuenta las vicisitudes que sufrió para encontrar un final verosímil a la comedia y las polémicas y debates intensos que se produjeron entre los amigos y conocidos que asistieron a lecturas previas a su estreno.

La muralla se estrenó el 6 de octubre de 1954 en el Teatro Lara de Madrid con Rafael Rivelles y Amparo Martí como protagonistas.

Joaquín Calvo Sotelo nació en La Coruña en 1905 y falleció en Madrid en 1993. Es autor de innumerables obras como La herencia, Una muchachita de Valladolid, El inocente, Criminal de guerra, etc.

JORGE.-

Usted era el único de esta casa que aún no me había traicionado. Búsquele ahora mismo y hágale subir, miserable (Expulsa a Romualdo con violencia.)¡ Ah, qué difícil hacéis mi arrepentimiento!…¡Qué fácil me fué el mal, y el bien, qué cuesta arriba!…Es verdad. Yo pequé un día, yo cometí una vileza terrible; pero me arrepentí y quise reparar el daño que había hecho. Entonces se formó delante de mí, para impedirme hacer el bien, una muralla tremenda. Pero aunque esta muralla fuese más fuerte aún, la vencería. ¿Y sabéis por qué? Porque Dios está conmigo. (Desde el centro de la escena.) ¡Quiroga, Quiroga…! ¡Ay…!

 

La noria de Luis Romero

La noria. Luis Romero

Circulo de Lectores.

 

Empieza a amanecer. No se sabe cuándo surgió esta leve claridad sobre las azoteas de la ciudad. Una sonoridad desconocida, nueva, vibra en el aire, y en la atmósfera se está produciendo el diario milagro. El reloj de un convento, madrugador y disciplinado, da cinco -o quizá seis, que tanto vale- campanadas, campanadas de esas que siempre parecen sonar lejanas. Por un instante se diría que se ha paralizado el curso de las cosas.

 

La prostituta que regresa a casa después de una noche de trabajo contenta con las ganancias obtenidas; el taxista que la lleva, haciendo su último viaje de la noche; la dependienta de la librería esperando que llegue el domingo para ir a bailar; el catedrático que acude a esa librería que sueña con publicar un libro; su alumno, satisfecho con las notas obtenidas, pensando en la alegría que dará a sus padres que tanto se han sacrificado para que pueda estudiar; el padre orgulloso de que su hijo pueda salir adelante en la vida y ser algo más que él; el ingeniero jefe de la fábrica en la que trabaja; la niña rica cuyo único pensamiento es casarse ; su hermano, que quiere ser pintor; el crítico de arte cansado de adular y de luchar en la vida,…Esos son los personajes de nuestra novela, así, hasta treinta y siete. Todos únicos, diferentes, verdaderos.

Pasan los tranvías, y su ruido desagradable y el apremiante tintineo con que señalan su presencia a los distraídos penetra por la puerta abierta. Con increíble ligereza un muchacho se ha tirado del vehículo en marcha frente al ventanal. Pasan autos, pasa gente, a veces caras conocidas. ¿Adónde van? Y, sobre todo, ¿para qué van?

La noria nos cuenta la vida de una ciudad, Barcelona,  durante una jornada entera a través de sus ciudadanos. Treinta y siete seres, ricos y pobres llenos de sentimientos, preocupaciones, miedos, alegrías, esperanzas. Con sus vidas entrelazadas,  como engranajes de un mecanismo perfecto, vamos pasando de una a otra de forma continua, sin pausa.  Todas son diferentes, todas son importantes, todas son auténticas. Forman parte de una noria que no se para. La vida de la ciudad es un movimiento continuo que no se detiene y en la que van entrando y saliendo los distintos seres que la habitan.

La luna está alta y vierte agua de plata sobre la ciudad, en estos barrios lejanos esa plata casi puede tocarse con la mano, en las rejas de los jardines, en los árboles, en los bordillos de las aceras. Cantan los grillos y se escucha una cigarra. Cuando sopla el vientecillo del Este, llega desde la Diagonal un sonido lejano de música de orquestas invisibles, como melancólico son escapado de otros tiempos.

Luis Romero nació en Barcelona en 1916 y murió en la misma ciudad en 2009. Galardonado con el premio Nadal en 1951 con su novela, La noria, autor entre otras de obras como; Cuerda tensa, El cacique, Tres días de julio, etc.

La noria  en la Biblioteca UPM

En la ciudad se ha abierto un paréntesis y otra vez las gentes se preparan para lanzarse a la vida. Los más todavía duermen, pero el sol aparecerá dentro de un momento y se abrirán los balcones y volverá la vida a los corazones que reposan. Los carros y los camiones van y vienen ya por las calles, y en algunas cocinas se están calentando los desayunos. El mar empieza a teñir de rojo, y en la montaña, al otro lado, cantan los pájaros la gloria del Creador. Un pitido lejano anuncia que un tren sale de la estación, o que entra en ella. Las gentes tejerán otra vez, sus vidas, sus trabajos, sus deseos, sus amores, sus odios, sus problemas, sus vicios, sus esperanzas, sus anhelos, sus fatigas, sus mentiras, sus sueños, sus esfuerzos, sus generosidades, sus impulsos, sus ternuras; esta historia se repite con escasas variantes desde hace siglos.

 

1280 almas de Jim Thompson

     1280 almas

    Jim Thompson

    Diario El Pais

Nick, Nick Corey, tus problemas acabarán desquiciándote, así que lo mejor es que pienses algo y pronto.  Lo mejor es que tomes una decisión, Nick Corey, porque si no, lamentarás no haberlo hecho.

De modo que me puse a pensar y pensar, y luego pensé un poco más.

Y decidí que no sabía qué mierda hacer

 

Nick Corey es el sheriff de Potts County, un miserable pueblo de la América más profunda. Se acercan las elecciones y quizás sus conciudadanos no le vuelvan a elegir. Y eso es un problema. No sabe hacer otra cosa. Quizás sus sucios trucos, sus pequeñas corruptelas no le sirvan en está ocasión. O quizás sí.

 

– Te voy a decir una cosa, tío John. Te voy a decir una cosa y espero que te tranquilice. Todos los hombres matan lo que aman.

– Usté…usté no me ama, señó Nick

Le dije que decía la puta verdad, toda, toda la verdad.

Yo solo me amaba a mi mismo y estaba dispuesto a hacer lo que fuera. Y tenía que seguir mintiendo, valiéndome de chanchullos, bebiendo whisky, jodiendo con tías y yendo a la iglesia los domingos con las demás personas respetables…

– Sabes rematadamente bien que no tienes amigos blancos. Debes saber condenadamente bien que no vas a tener ninguno porque apestas, tío John, y porque vas por el mundo pidiendo que te jodan bien jodido. ¿Como se puede tener un amigo así?

…Le vacié los dos cañones de la escopeta.

Ambientada  en una América racista ¿Quieres decirme que un blanco no puede pegar a un negro si quiere hacerlo?, sucia, inmoral, el protagonista Nick Corey es un ser despreciable. Un ser que aparenta lo que no es. Para la mayoría de los habitantes de Potts County es un vago medio tonto que no les da problemas. Vive y deja vivir. No interrumpe sus anodinas y despreciables vidas. Solo piensa en dormir, comer y acostarse con todas las mujeres del condado. Es todo eso pero es solo apariencia. Debajo de su aspecto de patan pueblerino se esconde una personalidad criminal con el único objetivo en su vida de buscar su propio beneficio.

Según la ley, yo debería estar al acecho de  los grandes y de los poderosos, de los tipos que realmente gobierna este lugar. Pero no se me permite tocarlos, así que me veo forzado a equilibrar la situación siendo dos veces implacable con la basura blanca, los negros y los individuos como tú, que tiene el cerebro perdido allá en el culo porque no encuentra otro sitio donde utilizarlo. Si, señora, soy un trabajador de la viña del Señor, y si no puedo llegar muy alto, me veo obligado a trabajar con mayor ahínco con las cepas que están abajo. Pues el Señor ama al trabajador voluntarioso…

Jim Thompson nació en Anadarko, Oklahoma, 1906 – Huntington Beach, California, 1977. Autor de múltiples relatos policiacos, colaboró con Stanley Kubrick en los guiones de Atraco perfecto y Senderos de Gloria.

Jim Thompson en la Biblioteca UPM

Me puse a pensar y pensé, pensé y luego pensé otro poco; y por fin llegué a una conclusión: que en cuanto a saber qué hacer, no se más que si fuera otro piojoso ser humano.

Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, The Beatles

Sargent Pepper's Lonely Hearts Club Band

The Beatles

EMI 1 de Junio de 1967

 

Paul: El ambiente del álbum estaba en el espíritu de la época, porque nosotros encajábamos con el ambiente de entonces. La idea no era hacer algo para encajar en ese ambiente sino que resulta que estábamos metidos en ese ambiente.

(The Beatles Anthology)

Parafraseando el inicio de la canción que da título al álbum de los Beatles, hace cincuenta años que se produjo un hecho que cambió la historia de la música pop. Tal día como hoy, 1 de junio de 1967, se publicó en el Reino Unido el octavo disco del grupo de Liverpool. Ya nada fue igual.

 

 

George: Me gustó Sgt Pepper cuando acabamos. Sabía que era distinto para el público y me gustaba mucho el concepto de la cubierta. "A Day In The Life" tenía una gran orquesta y los monumentales acordes de piano, y "Lucy In The Sky With Diamonds" me gustaba desde el punto de vista musical. Pero el resto no eran más que canciones normales.

(The Beatles Anthology)

Con motivo del cincuenta aniversario de su publicación en el Reino Unido, traemos a No Solo Técnica este pequeño homenaje al grupo de Liverpool.

Cinco décadas transcurridas desde su publicación y millones de copias vendidas, su influencia y recuerdo sigue vigente. "…Pepper fue como un icono. Fue el disco de la época (George Martin)." Podemos hacernos la pregunta de si dentro de cincuenta años, seguirá igual de actual como hoy. La magia que impregna sus canciones quizás nos de la respuesta.

Ringo: Sgt Pepper pareció captar el ambiente de ese año y también permitió que otra mucha gente se pusiera en marcha y empezara algo nuevo. Cuando se publicó el álbum, al público le encantó.

(The Beatles Anthology)

 

«Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band»    

«With a Little Help from My Friends»           

«Lucy in the Sky with Diamonds»   

«Getting Better»                

«Fixing a Hole»

«She's Leaving Home»     

«Being for the Benefit of Mr. Kite!»                     

«Within You Without You

«When I'm Sixty-Four»     

«Lovely Rita»      

«Good Morning Good Morning»    

«Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band (Reprise)»   

«A Day in the Life»

 

 

John: Si te pones a pensarlo, no era más que un álbum llamado Sgt Pepper con unas cuantas canciones. Entonces fue una idea bonita pero ahora no significa nada.

(The Beatles Anthology)

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