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Mary Karr. El club de los mentirosos.

Mary Karr. El club de los mentirosos. Periférica&Errata naturae, 2017.

“Poco antes de que muriera mi madre, el tipo que le estaba reformando la cocina sacó de la pared un azulejo con un agujerito redondo bastante sospechoso.

– Señora Karr, ¡esto parece un agujero de bala!

Lecia, que no dejaba pasar una, intervino:

– ¿Eso no es de cuando le disparaste a papá?

Y mamá entornó los ojos, bajo un poco las gafas por su nariz patricia y dijo con displicencia:

– No, eso es de cuando Larry.- Se giró y señaló otra pared.- A tu padre le disparé allí".

Como dice la propia Mary Karr, “cuando el destino te pone en bandeja unos personajes así, ¿para que inventar nada?”

Estas memorias cuentan la infancia de la autora en los años sesenta en un pequeño pueblo de Texas, Leechfield, con un paisaje de refinerías y bayous (pantanos) dentro de una familia disfuncional. La madre propensa a beber,  usar armas y casarse, de hecho lo hizo siete veces, dos de ellas con el trabajador de la industria petrolera que fue el  padre de Mary Karr.

El libro es como una catarsis para la autora, ya que al sacar todas sus vivencias a la luz, con las bendiciones de su madre, se reconcilia con su clan. Y la verdad es que cuenta historias terribles, que vivieron ella y su hermana mayor, Lecia. Mary Karr afirma que todas las familias con más de un miembro son disfuncionales pero desde luego, la suya, lo era en gran medida.

Mi madre no leyó este libro hasta que no estuvo terminado. Sin embargo, durante dos años ha respondido sin rechistar a todas mis preguntas, por teléfono o por carta, y ha realizado pesquisas para mí incluso estando ya enferma. Me ha animado sin reservas para que llevara a cabo mi labor, a pesar de que buena parte de la historia le resulta dolorosa. Su valentía es encomiable. Su apoyo ha sido todo.

Es un libro duro y ácido. ¿Y qué es lo que hace que te enganches? Sin duda, el gran sentido del humor que desprende toda la novela incluso cuando cuenta las vivencias más duras. Y otro sentimiento que desprende el libro es el amor, a pesar de todo. El amor que se deja traslucir en las historias vividas. Amor de esa madre a sus dos hijas y de las niñas hacia esa madre inestable. El amor de Mary hacia su padre, un hombre imperfecto, borrachín (como no podía ser de otra forma en esa familia) y amante de contar historias. De ahí el título de la novela “el club de los mentirosos” del que su padre era miembro preferente y al que muchas veces acudía con Mary, encantada de oír lo que contaba.

No hay autocompasión ni victimismo por parte de la autora, las cosas fueron así y ya está. Como ella misma dice:​

Historias así desbaratan el mito de que dramas familiares tan turbios te condenan al pabellón psquiátrico de por vida.

Habrá que esperar al final del libro para descubrir, como lo descubrió la propia autora, un secreto familiar que aporta una nueva perspectiva para entender lo complejas que son las vivencias y cómo influyen en la vida de las personas.

Si su padre le inculcó el amor por las historias, su madre lo hizo por los libros y la lectura,

ese lugar mítico habitado por almas afines que florecen juntas al compartir viejas historias, esas que te enardecen el ánimo y te liberan, las auténticas. 

Mary Karr (Groves, Texas, 1955) actualmente es profesora de literatura en la Universidad de Siracusa y vive en Nueva YorK. Entre sus obras destacan The Art of memoir (2015), las memorias Lit y Cherry y poemarios como Sinners Wellcome (2006), Viper Rum (2001) o The Devil`s Tour (1993). El club de los mentirosos (1995) fue uno de los libros más vendidos durante un año entero según el New York Times y mejor libro del año para The New York Times Book Review. Ha ganado diversos premios como el Whiting Award, el Radcliffe's Bunting FellowshipKarr y dos premios Pushcart. Además, ha recibido una beca Guggenheim.

Leila Slimani. Canción dulce

Leila Slimani. Canción dulce. Cabaret Voltaire, 2017.

"El bebé ha muerto. Bastaron pocos segundos. El médico aseguró que no había sufrido. Lo tendieron en una funda gris y cerraron la cremallera sobre el cuerpo desarticulado que flotaba entre los juguetes. La niña, en cambio, seguía viva cuando llegaron los del servicio de emergencias."

Así de contundente es el inicio de esta novela. El desenlace trágico ocurre en la primera página y vamos, en un flasback, desgranando los detalles de la historia, la evolución de los protagonistas y las vivencias que arrastran cada uno.

El bebé es Adam, hijo de un matrimonio de clase acomodada que vive en París, Paul y Myriam que también tienen otra hija, Mila de tres años. Los Massé viven en 

un bonito edifico de la Rue d’Hauteville, en el distrito 10. Un edificio donde los vecinos, sin conocerse, se saludan con calidez. La casa de los Massé está en la quinta planta. Es la más pequeña del inmueble. Paul y Myriam construyeron un tabique en mitad del salón cuando nació el segundo hijo.

Fue entonces cuando decidieron coger una persona que cuidara de los niños. Myriam desea volver a su trabajo en un bufete de abogados al darse cuenta de que su maternidad y la casa le agobian.

Y llega el momento de las entrevistas a las candidatas. Entonces encuentran a Louise, una mujer francesa sin hijos ni ataduras, tímida y tierna con los niños y muy eficaz con la casa. Poco a poco se va haciendo un hueco en el hogar de los Massé y se va convirtiendo en alguien imprescindible para el funcionamiento de la familia.

Nuestra "nunú" es un hada. Es lo que dice Myriam cuando cuenta la irrupción de Louise en sus vidas. Debe de tener poderes mágicos para haber transformado esta casa axfisiante , exigua, en un lugar apacible y luminoso.

El spoiler que hace la propia autora no le resta interés al relato, de hecho contribuye a que vayas leyendo con más interés. La historia es un thriller que te mantiene en vilo desde el principio y que hace que el lector se sienta un investigador y vaya buscando las pistas necesarias para explicar las muertes.  También es un retrato de la sociedad actual, con sus relaciones de dominio y económicas, además de los prejuicios culturales y de clases.

Sin duda el mejor personaje es el de la niñera, asistenta y confidente, Louise, perfecta y terriblemente eficaz. La novela gira en torno a ella y a su lado van gravitando los demás personajes.

Con un estilo directo, incisivo la historia es muy inquietante y deja al lector con cierta desazón.

La escritora franco-marroquí Leïla Slimani (Rabat, 1981) llegó en 1999 a París, estudió en el Liceo Francés y trabajó como periodista en Jeune Afrique. En 2014 publica su primera novela, Dans le jardin de l'ogre (En el jardín del ogro) con la editorial Gallimard. Con ésta, su segunda novela, Chanson douce, ha ganado el Premio Goncourt 2016.

Barbara Pym. Un poco menos que ángeles

Barbara Pym. Un poco menos que ángeles. Gatopardo ediciones, 2018

Esta es la historia de los amores, trabajos y esperanzas de un grupo de jóvenes y no tan jóvenes , cuyo nexo de unión es la antropología.

Había demostrado valentía al desafiar los deseos de sus padres, que hubiesen preferido que hiciera carrera diplomática, y embarcarse en una profesión de la que nadie había oído hablar y que implicaba desplazarse a las zonas más remotas del Imperio, no para gobernar, sino para estudiar el modo de vida de los pueblos primitivos que las habitan

Tom Mallow es un apuesto antropólogo que acaba de llegar de uno de sus viajes a África y que vive con Catherine Oliphant, la cual se gana la vida escribiendo relatos y artículos para revistas femeninas. Su relación se tambalea cuando él comienza a tontear con una estudiante de antropología de 19 años, Deirdre Swann. Ésto llevará a Catherine a interesarse, a su vez, por el solitario antropólogo Alaric Lydgate. Mark Penfold y Digby Fox, amigos y compañeros de Deirdre,  son dos estudiantes que comparten piso y penurias para poder seguir con sus estudios de antropología. 

Me pregunto si podríamos encontrar a alguien que nos cuidase a nosotros, especuló Digby. Tal vez si pusiéramos un anuncio en alguna de las revistas académicas: "Dos antropólogos jóvenes y afables de veintipocos años buscan mujer comprensiva de menos de treinta y cinco con ingresos personales fijos. Finalidad: subsistencia.

El punto de encuentro de este variopinto grupo es la biblioteca del centro de investigación creado y financiado por la señora Foresight gracias a la intervención y saber hacer de Felix Byron Mainwaring, uno de los profesores de antropología más veteranos, que ahora vivía jubilado en el campo. Al frente de la misma está la bibliotecaria Esther Clovis, un puntal en la institución.

Una tesis tiene que ser larga. El objetivo, ya ves, consiste en aburrir y dejar estupefactos a los miembros del tribunal, hasta tal punto que tengan que aceptarla: sólo se corre el riesgo de suspender si la tesis es lo bastante corta como para que se la lean de un tirón, palabra por palabra.

Siempre con mucha ironía y sentido del humor Barbara Pym nos muestra un amplio abanico de personajes y las relaciones que se establecen entre ellos. El amor, la amistad, los sueños, los celos amorosos y profesionales son algunos de los temas que afloran en esta historia. 

Hay muchas mujeres en este libro y uno de los mejores personajes es el de Catherine Oliphant, una mujer autosuficiente, independiente y que no necesita el matrimonio para reafirmarse.

“Yo no soy una de esas mujeres excelentes que pueden simplemente quedarse en casa, comerse un huevo cocido, prepararse una taza de té y estar espléndidas, pensó, ¡pero, qué bien le vendría serlo! Pensó con nostalgia en sí misma de ese modo”.

La acción se desarrolla en Londres en los años cincuenta (la novela se publicó en 1955), lo que nos permite ver pinceladas de la sociedad en ese momento y en ella se vislumbra el cambio que se estaba produciendo respecto a la mujer en la sociedad inglesa de esos años. 

– Sí, es verdad, uno tiende a olvidarse de que las mujeres ahora se consideran nuestras iguales. Es sólo que de vez en cuando uno recuerda que los hombres fueron en su momento el sexo fuerte, reconoció Digby con tristeza.

 

Las señoritas llevan cada una el suyo… Eso es buena señal. No me vería inclinado a ofrecer una beca de investigación a una dama que esperase que el hombre cargase con sus bultos. En mis años de juventud era distinto, por supuesto; las cosas han cambiado muchísimo desde entonces.

Y sin querer hacer spoiler diré que la novela tiene un final sorprendente.

Barbara Pym (1913-1980) nació en Oswestry, Shropshire. Se licenció en literatura inglesa en St. Hilda’s College, en Oxford. En la Segunda Guerra Mundial prestó servicio en el Cuerpo Auxiliar Femenino de la Armada británica. Posteriormente trabajó en el International African Institute de Londres, lo cual le sirvió sin duda de cantera de experiencias para escribir Un poco menos que ángeles. A lo largo de su vida escribió varias novelas, entre las que destacan Mujeres excelentes (1952), Jane y Prudence (1953), Los hombres de Wilmet (1958), Amor no correspondido (1961), Murió la dulce paloma (1978) y A Few Green Leaves (1980). Tras su muerte, en 1980, se publicó su diario, A Very Private Eye (1985).

Y si os gustan las historias de antropólogos os recomendamos también el libro de Nigel Barley, El antropólogo inocente, que reseñamos en NST. 

Paolo Cognetti. Las ocho montañas.

Paolo Cognetti. Las ocho montañas. Barcelona: Random House, 2018

Fue un anciano nepalí, tiempo después, el que me habló de las ocho montañas…

– Nosotros decimos que en el centro del mundo hay un monte altísimo, el Sumeru. Alrededor del Sumeru hay ocho montañas y ocho mares. Ese es el mundo para nosotros …

-Y decimos: ¿habrá aprendido más quien ha recorrido las ocho montañas o quien ha llegado a la cumbre del monte Sumeru?

Este es un libro que habla de la amistad, de una amistad de la infancia que perdura a través de los años y de las interrupciones.

La historia nos la cuenta Pietro, un chico de ciudad que vive en Milán con sus padres pero que descubre la vida en un pueblo y en la montaña cuando sus padres alquilan una casita en Grana, en el Piamonte. Allí conocerá a Bruno, que vive en el pueblo con su madre y se encarga de cuidar las vacas de su tío.

La amistad se va afianzando entre ellos y se mantiene a pesar de los bandazos personales de cada uno. Pietro es el nómada, el que va y viene, y Bruno es el sedentario, el que se queda en el pueblo.

Bruno esperaba ese día con mi misma ansiedad. Solo que yo me marchaba y regresaba, él se quedaba: creo que permanecía observando las curvas de la carretera desde algún punto, porque me venía a buscar apenas una hora después de nuestra llegada.¡“Berio”!, gritaba desde el patio. Era el nombre con el que me había rebautizado. ¡”Sal, venga!”, decía sin siquiera saludarme, como si acabásemos de vernos el día anterior. Y era verdad: los últimos meses se borraban de golpe y nuestra amistad parecía vivir un único e infinito verano.

También es un libro que habla de las relaciones familiares, de Pietro con su madre, una mujer cariñosa y sociable y sobre todo de la relación con su padre, un hombre difícil, bastante introvertido en su vida en la ciudad pero que se transforma cuando sube a la montaña. El padre quiere contagiar su pasión por la montaña a su hijo pero la relación entre ambos es compleja y no hay complicidad. El padre se toma los ascensos como una competición y esto hace que Pietro vea las excursiones juntos como un martirio.

Con los años, Pietro aprenderá a querer a ese padre un tanto extraño y poco a poco se contagiará de su amor por las montañas aunque ya sea tarde para compartir este sentimiento. A su muerte, el padre le deja en herencia un solar con una cabaña medio derruida al pie de la montaña. Reconstruyendo esta casa con su amigo Bruno, Pietro va reconstruyendo la memoria de su padre.

Y por fin comprendía que había tenido dos padres: el primero era el extraño con el que había vivido veinte años, en la ciudad, y roto los puentes otros diez; el segundo era el padre de la montaña, el que apenas había intuido y sin embargo conocido mejor, el hombre que iba detrás de mí en los senderos, el amante de los glaciares. Este otro padre me había dejado una ruina para que la reconstruyera. Entonces decidí olvidar al primero y hacer el trabajo para recordarlo a él.

Como dice su autor, la novela no es exactamente autobiográfica pero sí se basa en muchos recuerdos de su propia vida. Él, como Pietro, vivía en Milán y era un chico de ciudad, sufriendo el encierro del invierno en casa y los dos meses de verano en el pueblo eran una experiencia liberadora.

En la actualidad Paolo Cognetti (Milán, 1978- ) tiene una casa en el valle de Aosta donde pasa seis meses al año, de mayo, con la última nieve de la estación del deshielo, hasta octubre o noviembre. La casa la construyó su amigo Remigio, en quien se inspiró para el Bruno de su novela.

Es un libro que fluye, que se lee de un tirón y que describe muy bien esa pasión por las montañas, por la soledad que se vive en ellas y por la amistad, por los buenos amigos.

Las ocho montañas ha sido ganadora del Premio Strega 2017.

Alice McDermott. La novena hora

Alice McDermott. La novena hora. Libros del Asteroide, 2018

El relato arranca con el suicidio de un joven inadaptado y sin trabajo que, tras enviar a la compra a su mujer, abre la llave del gas de su pequeño apartamento. La monja Saint Savoir, que siempre anda por las calles ayudando a los necesitados o recolectando limosnas, se hace cargo de Annie, la viuda del suicida, que le confiesa que está embarazada. Annie va a trabajar en la lavandería del convento de la orden a la que pertenece la monja (las Hermanitas Enfermeras de los Pobres) y allí va a crecer su hija Sally, verdadera protagonista de la novela.

Estamos en el Brooklyn neoyorkino a principios del siglo XX, en una colonia de irlandeses emigrados. Esta historia recorre tres generaciones y la cuentan personajes que pertenecen a dos ramas de la misma familia:

La llamaban Sally, pero la bautizaron St. Saviour en honor de la bondad demostrada por la hermana en aquella fría, húmeda y gris tarde en que se apagó el piloto del gas, en que nuestro joven abuelo, conductor de la BRT, cuya tumba nunca hemos encontrado, mandó a su esposa a hacer compras, mientras él se echaba una siestecita.

Annie y Sally mantienen con las monjas una relación laboral y personal y al final, madre e hija, encuentran en el convento su verdadero hogar. La hermana Iluminatta, responsable de la lavandería, la hermana Jeanne, pequeñita pero muy resolutiva, la hermana Lucy y toda una galería de personajes que Alice McDermott nos va ofreciendo y a las que poco a poco vamos conociendo también en su vida previa al convento. La novena hora, que da título a la novela, hace referencia a la nona, oración que se realiza  hacia las tres de la tarde:

En todas las estaciones, la cambiante luz del día se abría paso hasta todos los rincones del sótano. A veces era de un gris desalentador por la mañana, pero a las tres, cuando sonaba la campana de la capilla, había un despliegue de amarillo y oro. A veces, solo las primeras horas iluminaban el lugar y, cuando llegaba el atardecer, una oscuridad apagada ensombrecía las luces eléctricas.

En diversos momentos, se notaba el olor a lana mojada, lejía, vinagre, trementina, jabón de pino y almidón.

Nos movemos en un mundo femenino, con una monjas que casi podríamos definir como “feministas” que preguntan a las esposas “si su marido se porta bien con ellas” para que de no ser así, vengan a verlas. También en un mundo de pobreza y de desasistencia sanitaria o social en el que las monjas de infinidad de órdenes distintas suplen lo mejor que pueden estas carencias. Mujeres que ayudan a mujeres. Estas monjas irlandesas católicas son por necesidad prácticas y duras, y abrigan pocas ilusiones de santidad sobre la vida.

Sally va creciendo entre su madre y la lavandería del convento pero en la vida de esta joven hay un punto de inflexión, un viaje que emprende a Chicago para entrar en una orden religiosa. En él se da un gran baño de realidad, ve el mundo fuera de la seguridad del convento y descubre,a su vuelta, algo de su madre que cambiará mucho la situación familiar.

Alice McDermott nació en Brooklyn, Nueva York, en 1953. Es profesora de Humanidades en la Universidad Johns Hopkins y una de las autoras literarias más prestigiosas de su país. Ha publicado siete novelas: A Bigamist’s Daughter (1982), Aquella noche (1987, finalista del National Book Award y del Premio Pulitzer), En bodas y entierros (1992, finalista del premio Pulitzer), Un hombre con encanto (1998, ganadora del National Book Award), Child of My Heart (2002), After This (2006, finalista del premio Pulitzer) y Alguien (2013).

 

David Foster Wallace. Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer.

David Foster Wallace. Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer. Ed. Debolsillo, 2012.

Todo empezó con el encargo periodístico que la revista Harper’s, con la que ya había colaborado en otras ocasiones, hizo al autor para que contara su experiencia a bordo de un crucero por el Caribe en un superbarco de lujo, con todos los gastos pagados. 

Más específicamente: del 11 al 18 de marzo de 1995, de forma voluntaria y retribuida, me embarqué en un crucero de siete noches por el Caribe (7NC) a bordo del Zenith/Nadir, un barco de 47.255 toneladas propiedad de Cruceros Celebrity INc., una de las más de veinte líneas de cruceros que operan saliendo del sur de Florida.

Y de su experiencia en este viaje surge este libro, una sátira a modo de crónica periodística con mucho sentido del humor, con espíritu crítico de la sociedad americana de fin de siglo (el libro se publicó en 1997) y con bastante mala leche, todo hay que decirlo.

No es accidental que sean todos (los barcos) tan blancos y limpio, porque está claro que han de representar el triunfo calvinista del capital y la industria sobre la putrefacción primaria del mar. El Nadir parecía  tener un batallón entero de tipos diminutos y nervudos del Tercer Mundo que iban de un lado a otro del barco en monos azules marino buscando deterioros que solventar.

Una de las cosas que más llamó la atención del autor es la obsesión de la compañía y de toda la tripulación por lograr la absoluta felicidad de los pasajeros traducida en una atención exagerada y surrealista al cliente y reflejada en la sonrisa permanente de todos los empleados. Lo que a priori puede parecer marketing puro para David Foster es una gran “deshumanización” y en algunos casos, explotación y abusos de autoridad de algunos empleados sobre otros, que normalmente se corresponden con abusos raciales: oficiales griegos que sojuzgan a camareros rumanos, que a su vez cargan las tintas con sus subordinados.

Por cierto, la composición étnica de la tripulación del Nadir es un crisol comparable a un anuncio de Benetton, y constituye un desafío constante a localizar la composición geográfico-racial de las diversas jerarquías de empleados.

Pero a pesar de ser un observador muy crítico, el reportero también se deja llevar por los placeres del crucero desarrollando sus fobias y sus filias:

He forjado y alimentado una enemistad posiblemente eterna con el gerente del Hotel del Barco- que se llama señor Dermatis, pero que ahora y para lo sucesivo bautizo como señor Dermatitis-, un respeto casi reverencial por mi camarero y un amor tórrido hacia la encargada de mantenimiento de mi sección del pasillo de babor de la cubierta 10, Petra…que limpiaba mi camarote con un centímetro de su contenido al menos diez veces diarias pero nunca la pillaba en el acto de limpiar.

Muy instructivo y divertido leer sus reflexiones acerca de los viajeros que comparten travesía con él o los tripulantes del barco y el servicio que otorgan. Toda una experiencia para el autor y un relato muy recomendable para el lector.

David Foster Wallace (1962-2008) fue un controvertido escritor estadounidense, muy conocido por su novela La broma infinita, ​​ considerada por la revista Time como una de las 100 mejores novelas en lengua inglesa del período comprendido entre 1923 y 2006.​ A esta siguieron las colecciones de relatos Entrevistas breves con hombres repulsivos (1999) y Extinción (2004) así como los libros de ficción como el que reseñamos ahora y Hablemos de langostas (2005). Se suicidó en septiembre de  2008 tras muchos años de convivencia con la depresión. En 2011 se publicó su novela póstuma, El rey pálido.

 

Penelope Fitzgerald. La librería.

Penelope Fitzgerald. La librería. Editorial Impedimenta, 2010.

Esta es la historia de una mujer valiente y decidida que quiere comprar un viejo edificio, Old House (con el nombre está todo dicho) en su pueblo, Hardborough, y montar en él una librería. Estamos en 1959 y el nombre de esta mujer es Florence Green. Su marido, Charlie Green había muerto de neumonía en un campo de recogida al principio de la Segunda Guerra Mundial y lo que les unió fue su amor por los libros cuando trabajaban juntos en Müller’s, una gran librería de Londres y él era el responsable de la sección de poesía.

Era pequeña de aspecto, delgada y huesuda, un poco insignificante vista desde delante y completamente insignificante por detrás. No se hablaba mucho de ella, ni siquiera en Hardborough, donde los amplios espacios permitían ver a todos los que se acercaban, y donde todo lo que se veía era objeto de comentario.

Hardborough es un minúsculo pueblo costero en el condado de Suffolk (Inglaterra), apartado del mundo, y que se caracteriza justamente por lo que no tiene:

En Hardborough, en 1959, uno no podía tomarse una ración de fish and chips, ni había tintorería, ni siquiera cine, excepto un sábado por la noche de cada dos. En cierto modo, se sentía la necesidad de todas estas cosas, pero a nadie se le había ocurrido y, desde luego, nadie pensó que a la señora Green se le hubiera ocurrido tampoco abrir una librería.

Old House además de ser un edificio viejo y con serios problemas de humedad tiene otra particularidad, tiene su propio poltergeist, aunque en Hardborough lo llaman rappers (literalmete “golpeador”). Con él deberá convivir Florence.

La fuerza viva del pueblo, la señora Gamart, rica e influyente, intentará por todo los medios que la librería se cierre y establecer en Old House el “Centro para la Música y las Artes”. A su favor, Florence cuenta con el apoyo de Christine, una niña de 10 años que después del colegio la ayuda en la librería y el señor Brundish, descendiente de una de las familias más antiguas de Suffolk,  que sólo sale de su casa en verano, nunca en invierno, excepto cuando fue a visitar, por primera vez en su larga vida, a la señora Gamart y esto fue lo que le dijo:

-¿Por qué quiere que se vaya de esa casa?

– ¿No se le ha ocurrido a usted, que seguramente es un hombre que se interesa por el bienestar y el patrimonio de este pueblo, que un edificio de tanto interés histórico podría utilizarse para algo mejor?

– La antigüedad no es lo mismo que el interés histórico, dijo. De lo contrario, nosotros dos seríamos más interesantes de lo que somos…

– Lo repito: quiero que deje a mi amiga Florence Green en paz, gritó el señor Brundish. ¡En paz!

¿Conseguirá Florence resistir los ataques de la prepotente señora Gamart?

Isabel Coixet la llevó al cine en 2017 y obtuvo un gran éxito de crítica (Premios Goya 2018: Mejor película, dirección y guion adaptado). Es una película bonita y que recoge muy bien el espíritu del libro. Muy recomendable también.

Penelope Fitzgerald nació en 1916 y, autora tardía, publicó su primer libro en 1975, una biografía sobre Edward Burne-Jones y en 1977 su primera novela, The Golden Child. Con La librería fue finalista en 1978 del Booker Prize, premio que consiguió en 1979 con su siguiente novela  A la deriva. Murió en Londres en abril del 2000.

Editada en España por Impedimenta en 2010 se acaba de reeditar con un posfacio de Terence Dooley, albacea literario y yerno de la escritora británica,que da las claves del proceso de escritura de este libro.

Es una novela bonita donde se respira el amor por los libros y la lectura.

Angelika Schrobsdorff. Hombres

Angelika Schrobsdorff. Hombres

Editorial Periférica&Errata naturae, 2018

Por entonces vivíamos en Sofía. Mi madre era judía, y en 1939 había emigrado de Alemania a Bulgaria con mi hermana Bettina y conmigo. Bettina se había casado con un búlgaro. Yo vivía con mi madre en un pequeño y poco simpático apartamento que no me gustaba nada. Llevábamos una vida muy retirada, con pocas amistades y ninguna vida social. Desde que las tropas alemanas habían ocupado el país debíamos extremar las precauciones y no llamar la atención por causa alguna. Mi madre me lo repetía insistentemente. 

La que nos cuenta ésto es Eveline, alter ego de Angelika Schrobsdorff, protagonista de la novela "Hombres" (en alemán Die Herren: los hombres). El primer libro que leí de esta autora fue Tú no eres como las otras madres que se publicó originariamente en 2002 y que en España salió en 2017. Me gustó mucho y por ello me lancé a la lectura de “Hombres” que curiosamente en mucho anterior, se publicó en 1961, y que supuso un escándalo importante en su momento debido a la forma en la que su protagonista se relaciona con los hombres.

El relato está articulado en ocho capítulos y cada uno se corresponde con el "hombre" con el que vivió en esa etapa. Son muy distintos y variados pero todos coinciden en amar y desear mucho a esta joven. Y ella, que de niña se sentía un patito feo, se convierte en una joven bellísima y encantadora que conquista a los hombres con sólo mirarlos y hace con ellos lo que quiere. 

Yo no podía más de impaciencia por llegar a desarrollarme. Mis piernas y mis brazos, largos y delgados; mis estrechas caderas y mi delgadísimo cuello me hacían desgraciada. Llena de amargura, me ponía ante el espejo y me comparaba con mis compañeras de colegio, todas parecían ya encantadoras jovencitas.

Ella es una joven muy atractiva, que vuelve locos a los hombres pero que anda muy perdida en cuanto a lo que quiere y lo que busca y encuentra en el deseo de los hombres hacia ella su razón de ser, una razón para vivir.

Su comportamiento es muchos casos es “amoral” pero no por el hecho de su liberalidad sexual, que es lo que escandalizó en su momento, sino porque utiliza a los hombres para su beneficio. También se llega a enamorar locamente de algunos de sus “hombres”.

Como ya pasaba en Tú no eres como las otras madres la figura del padre es muy importante para la protagonista como lo fue para Angelika Schrobsdorff, una figura masculina a la que adora y por la que siente un gran respeto y admiración. Y parece que es también su padre el que mejor la conoce e intenta educarla y hacerle ver sus carencias educacionales y emocionales.

Angelika Schrobsdorff con su padre

Angelika Schrobsdorff con su padre

Mi padre venía a comer a casa los días laborables. Siempre me traía flores. Cuando se había quitado el abrigo y había sacudido un par de invisibles motitas de polvo de su sombrero, me abrazaba y me besaba en la frente y en las mejillas.

– ¿Qué tal te va, hija?

Convertía la frase más trivial en algo mucho más elocuente; y las cosas diarias, en pequeñas ceremonias. Él era perfecto; yo, un desván lleno de trastos que no servían para nada.

No hay intención por parte de la autora de que la protagonista te caiga bien, es muy difícil empatizar con Eveline en determinadas situaciones aún a sabiendas de que su situación ha sido muy difícil al ser judía, vivir en Alemania y tener que huir a Bulgaria, viviendo en condiciones muy precarias. Es un personaje muy egoísta y en ocasiones con un gran desapego emocional que huye de sus seres queridos para no sufrir con su deterioro.

Una novela interesante, muy moderna y sorprendente. 

Angelika Schrobsdorrf en No sólo técnica

Elizabeth Jane Howard. Crónicas de los Cazalet.

Elizabeth Jane Howard. Crónicas de los Cazalet: Los años ligeros y Tiempo de espera. Ediciones Siruela.

Los Cazalet son una acomodada familia cuyos miembros se reúnen los veranos en “Home Place”, una finca en Sussex (Inglaterra). Es el cuartel general de la familia.

Inicialmente, la casa había sido una pequeña alquería, construída a finales del siglo XVIII al estilo típico de Sussex, con fachada de madera y yeso hasta la primera planta, que estaba revestida de azulejos rosados superpuestos. De todo aquello solo se conservaban dos pequeñas habitaciones en la planta baja.

El patriarca, William Cazalet, conocidos por todos como el Brigada, está al mando del negocio familiar de maderas aunque cada vez va dejando más las riendas a sus hijos.  La madre, Kitty, a la que todos llaman la Duquesita, se encarga de que todo funcione y de sus preciosas flores.  Tres generaciones de Cazalet reunidos en la casa. Los tres hijos varones, Hugh, Edward y Rupert y la hermana Rachel. Sus respectivas esposas e hijos, nueve nietos en total. Innumerables parientes políticos, criados y animales domésticos. 

Elizabeth Jane Howard nos cuenta a través de Crónicas de los Cazalet el día a día de esta numerosa familia con sus preocupaciones, sentimientos y quehaceres que van desde los asuntos más triviales hasta los más trascendentales.

La primera, Los años ligeros  (The light years, 1990) trascurre durante los veranos de 1937 y 1938, una época todavía tranquila aunque en la mente de todos está la posibilidad de un nuevo conflicto bélico con Hitler anexionándose Austria. El título hace referencia a la ligereza de estos años de entreguerras. De los tres Cazalet varones, Hugh, el primogénito, es mutilado de la Gran Guerra, Edward, el segundo volvió ileso y el hijo menor, Rupert  se libró de ir a filas.

Cuando por fin volvieron a casa, ninguno hablaba de la guerra; en el caso de Hugh, Rupert había tenido la sensación de que era porque no lo soportaba, mientras que en el de Edward más bien parecía que estaba harto de todo aquello y que solo le interesaba lo que iba a pasar en el futuro inmediato.

La segunda entrega, Tiempo de espera (Marking Time, 1991 ) se desarrolla entre septiembre de 1939 y otoño de 1941. La Guerra ha sido declarada y los Cazalet se preparan para afrontarla en su casa de campo, lejos de Londres y los bombardeos. Hugh, está exento de servicio militar, Edward espera ser llamado a filas y Rupert abandona su vocación de pintor y se alista en la Marina. Rachel, la hermana, sigue con su Hotel de Bebés y su relación con su amiga Sid. Las restricciones ligadas a la guerra, el racionamiento de comida, combustible y otros productos básicos se convierten a diario en graves quebraderos de cabeza.

El señor Hitler nos ha descabalado la rutina. Como siga así, voy a tener que mandarle a un agente de policía. ¡Un ataque aéreo por la mañana; a quién se le ocurre! Pero, en fin, qué le vamos a hacer… ¡es hombre! —Suspiró.

Elizabeth Jane Howard (1923-2014), mujer polifacética, antes de convertirse en escritora también fue actriz y modelo. Estuvo casada con el escritor Kingsley Amis (aprovecho para recomendar su novela La suerte de Jim) y, por tanto, madastra de su hijo Martin Amis. En 1951 se hacía con el Premio John Llewellyn Rhys por su primera novela, The beautiful visit. La saga familiar de los Cazalet la componen cinco volúmenes.  Fueron adaptados con gran éxito a la televisión y a la radio por la BBC. En el año 2002, su autora fue nombrada Comandante de la Orden del Imperio Británico.

No es un libro de grandes acontecimientos sino más bien un gran cuadro coral con muchas pequeñas historias.  Un formidable fresco histórico, social y personal con un elenco de personajes muy bien definidos que nos permite contemplar el paso del tiempo sobre la vida de las gentes.

Una lectura muy recomendable que continuaré  a medida que se vayan traduciendo al español las entregas de los Cazalet.

Sarah Waters. El ocupante.

Sarah Waters. El ocupante. Barcelona: Anagrama, 2011

“El ocupante” (“The little stranger”) de Sarah Waters es un thriller, una historia de miedo en una mansión inglesa con una mezcla de misterio y realismo. Los fenómenos extraños que van sucediendo en esta casa, Hundreds Hall, se entremezclan perfectamente con la historia de sus habitantes, una familia noble venida a menos y la situación social de una pequeña localidad en la campiña inglesa, Warwickshire, después de la 2ª Guerra Mundial.

Hacía mucho tiempo que un libro no me enganchaba tanto. Prepárense para una historia absorbente que os tendrá con el corazón en vilo. Muy bien contada, con una ambientación sombría, lúgubre y fantasmagórica y con unos personajes muy bien construidos que sostienen la historia.

El doctor Faraday, narrador principal de los acontecimientos,  lleva una vida rutinaria como médico rural. Durante el largo y caluroso verano de 1947, lo llaman para atender a un paciente en Hundreds Hall. En esta mansión trabajó su madre como niñera.

Yo tenía diez años la primera vez que vi Hundreds Hall. Fue en el verano después de la guerra, y los Ayres conservaban casi todo su dinero, eran todavía personas importantes en la comarca. Se celebraba la fiesta del Día del Imperio: yo estaba en la cola con otros chicos del pueblo que hicieron el saludo de los boy scouts cuando la señora Ayres y el coronel pasaron por delante de nosotros, entregando medallas conmemorativas.

El Hall ha sido el hogar de la familia Ayres durante más de dos siglos y ahora está en declive.

Así que cuando volví a ver la casa- casi treinta años después de aquella primera visita, y poco después del final de otra guerra-, los cambios me horrorizaron. El corazón se me empezó a encoger casi en el momento en que entré en el parque… La casa era más pequeña que en mi recuerdo, desde luego- no era la mansión que yo evocaba-, pero eso ya me lo esperaba. Lo que me horrorizó fueron los signos de decadencia. 

La señora Ayres y sus dos hijos mayores, Caroline y Roddy  sobreviven como pueden a la decadencia económica de la hacienda. Cuando el doctor Faraday atiende a su nuevo paciente, Betty la única criada de la casa, joven e impresionable, no tiene idea de cuán cerca y cuán aterradoramente, la historia de la familia está a punto de entrelazarse con la suya. 

Betty levantó la cabeza del hombro de la señora Bazeley y dijo:

-¡Hay algo malo en esta casa, eso es lo que pasa! ¡Hay algo malo que hace que ocurran desgracias!

El doctor Faraday se convierte en el médico y amigo de la familia así como testigo de los acontecimientos que se van produciendo, intentando racionalizar las cosas que suceden. Porque pasan cosas…

-¿Qué es, madre? ¿Qué estás mirando? ¿Qué ves?

La señora Ayres meneó la cabeza y no contestó. Entonces Caroline se levantó y cruzó con cautela el dormitorio hasta el vestidor. Más tarde me dijo que no sabía si lo que más temía era la prespectiva de descubrir algo horrible en el cuartito o la posibilidad- que en aquel momento, debido al comportamiento de su madre, parecía muy grande- de que no hubiese nada anómalo.

La casa, Hundreds Hall, es un personaje más, una presencia constante que va agotando a la familia. Con un final sorprendente (no diré más) la narracción mantiene la tensión, tiene personajes muy creíbles, hace que te metas en la historia y vivas las situaciones como si estuvieras ahí y además recrea muy bien el período histórico en el que se mueve, poco después del fin de la Segunda Guerra Mundial.

 
Sarah Waters nació en Gales, Gran Bretaña, en 1966. Estudió literatura inglesa en las universidades de Kent y Lancaster. Es autora de seis novelas: El lustre de la perla, Afinidad, Falsa identidad , Ronda nocturna, El ocupante y los Huéspedes de pago. Ha sido finalista de los premios Booker y Orange y ha escrito numerosos artículos sobre género, sexualidad e historia, recibiendo por ellos varios premios como el Somerset Maugham y el Sunday Times Young Writer of the Year.
 
Sin duda, seguiré leyendo a esta autora, recién descubierta para mí. Está previsto para el 31 de agosto de 2018 el estreno de la versión cinematográfica de esta novela dirigida por Lenny Abrahamson. No me la perderé.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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