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El misterio de la cripta embrujada. Eduardo Mendoza

El misterio de la cripta embrujada
Eduardo Mendoza

 

No te dejes confundir con el título, porque no estamos ante una novela de misterio para adolescentes: se trata de un “experimento psicopático” en el que el narrador y protagonista (anónimo) es un enfermo mental, suburbial, maloliente y pervertido pero lúcido y dotado de una especial habilidad para resolver casos complejos, razón por la cual el comisario Flores solicita su colaboración en la investigación de las misteriosas desapariciones de unas niñas internas en el colegio de las madres lazaristas con la contrapartida de ser liberado del manicomio en el que está encerrado.

De la mano de este esperpéntico Quijote desfacedor de entuertos, el autor nos conduce a las más disparatadas e hilarantes situaciones en un universo de personajes absurdos, excéntricos y marginados que cohabitan en la Barcelona postfranquista de entre los cuales Cándida, la hermana prostituta de cuerpo deforme, se lleva la palma:

        Tenía… los ojos muy chicos, con tendencia al estrabismo cuando algo la preocupaba, la nariz chata, porcina, la boca errática, ladeada, los dientes irregulares, prominentes y amarillos… Le había salido el cuerpo trapezoidal, desmedido en relación con las patas, cortas y arqueadas, lo que le daba un cierto aire de enano crecido…

A través de las descripciones físicas y psicológicas de estos enrevesados personajes y con gran derroche de humor e ironía, el autor está haciendo una profunda crítica a los poderes fácticos de esta complicada época de la historia de España: la transición a la Democracia.

A decir de Mendoza, “España en aquellos años era triste, amarga y violenta”, lo que le llevó a exiliarse voluntariamente a Nueva York, donde escribió la novela en menos de una semana (“Escribí divirtiéndome como nunca lo había hecho”). Ésta fue la primera de una serie continuada por “El laberinto de las aceitunas” (1982), “La aventura del tocador de señoras” (2001) y “El enredo de la bolsa y la vida” (2012).

Cuando leas la novela te darás cuenta de por qué le han dado a Eduardo Mendoza el Premio Cervantes 2016 (“por su lengua literaria llena de sutilezas e ironía”) y de cómo consigue, con su lenguaje arcaizante y sus personajes marginales, retrotraernos en el tiempo hasta situarnos en el mundo de la novela picaresca, como si del “Ministerio del Tiempo” se tratara.

 

Eduardo Mendoza en la Biblioteca UPM

 

Chiruca Casado

 

La fortuna de los Rougon. Émile Zola.

Émile Zola
La fortuna de los Rougon / La jauría

(Los Rougon-Macquart, I-II)

Alba editorial, 2017
Colección Clásica Maior; XXXIV

 

Este libro es el primero de la serie Los Rougon-Macquart, en la que Zola nos relata las aventuras y desventuras de toda una saga familiar cuyos genes van dando lugar a una sucesión de personajes abocados en la mayoría de los casos a las más bajas pasiones, todo ello en la tumultuosa época del Segundo Imperio francés. De hecho, el mismo Zola ya nos dice en el prefacio de la obra:

Los Rougon-Macquart, el grupo, la familia que me propongo estudiar, se caracteriza por el desbordamiento de los apetitos, la amplia agitación de nuestra época que se abalanza sobre los placeres…” “…y narran así el Segundo Imperio, con ayuda de sus dramas individuales, desde la celada del golpe de estado hasta la traición de Sedán.

Lo que más llama la atención (a mí, al menos) es el inmenso paralelismo de la saga familiar y su entorno con la actualidad; éste prefacio fue escrito en 1871 y ahora, en 2017 las pulsiones de las que nos hablaba Zola y el devenir de los acontecimientos políticos y sociales no son tan distintos (salvando las distancias, claro).

La acción de esta primera novela se desarrolla con la caída de la República y el triunfo del imperio en la ciudad de Plassans, que coincide con el triunfo de una parte de la familia y la desgracia de otra.

Adélaïde es la génesis de la saga, y el germen de la sucesión de personajes de toda la serie, ya que procrea por una parte con un Rougon y por otra con un Macquart, dando lugar a una descendencia que tiene en común en mayor o menor medida la falta de escrúpulos, la ambición y la codicia característicos de los Rougon;  y la pereza, la delincuencia y el alcoholismo de los Macquart. En ambas ramas podríamos hablar de inmoralidad o incluso de amoralidad, aunque estos conceptos son susceptibles de amplias discusiones que mejor dejamos para otra ocasión.

Continuando con la descendencia de Adélaïde, cabe destacar a Pierre Rougon, casado con Félicité, ambos unidos por una ambición común, mezquinos y dotados para la intriga, capaces de todo por conseguir sus objetivos y una muestra de que a veces la política es la actividad más apropiada para dar rienda suelta a las peores ambiciones y, lo que es peor, satisfacerlas.

Por otro lado está la pareja formada por Antoine Macquart (otro hijo de Adélaïde) y Fine. Ella trabaja como una esclava para compensar la ociosidad de su marido y ahoga sus penas en anisete, afición que trasmite a su hija Gervaise. Antoine directamente se presenta en la novela como un alcohólico delincuente, que de hecho vive de su mujer y sus hijos hasta que la primera muere y los segundos le abandonan.

Como contrapunto está la pareja formada por  Silvère (nieto de Adélaïde y su único apoyo) y Miette, ambos idealistas, románticos, trabajadores, puros, descritos con una ternura especial, y como no podía ser de otra manera, con un final trágico unido al de la República. No obstante también tengo que decir respecto a la parejita que, sobre todo al principio, Zola me resultó demasiado meloso (los millennials dirían que es un “moñas”) con ese punto victoriano característico de un escritor decimonónico como es él; creo que era su manera de transmitirnos la inocencia y la pureza de ambos que en cierto modo hace extensible a los ideales de la República.

Silvère es la esperanza, es un Rougon, pero una buena persona; la demostración de que nuestros genes nos influyen, pero no nos abocan a un destino contra el cual no podemos luchar. Aunque en este caso (como en tantos otros) los triunfadores no son las buenas personas, ni los inteligentes ni los que sueñan con un mundo mejor, sino los oportunistas y los mediocres que sacan fuerzas de su resentimiento para satisfacer sus ambiciones personales y conseguir así una superioridad que están muy lejos de merecer.

 

Émile Zola en la Biblioteca UPM

 

Matilde Sanz

 

Números pares, impares e idiotas. Juan José Millás.

Números pares, impares e idiotas
Juan José Millás
Ilustraciones de Antonio Fraguas, Forges
Madrid: SM, 2016
Colección El Barco de Vapor
Primera edición marzo de 2009

 

Tenía que buscar un regalo para un cumpleaños infantil y últimamente apuesto por los libros como presente, con la idea de crear hábito de lectura, será deformación profesional. Buceando en las estanterías de la pequeña “Librería del Mercado” me topé con este libro. Me llamó la atención encontrarme a Juan José Millás navegando en El Barco de Vapor, entre álbumes ilustrados, cuentos y literatura para más y menos de 8 años. Sólo hojearlo ya te saca una sonrisa. Cristina, la librera, me lo recomendó: ella se lo había regalado a su sobrino, que no dudó en recomendárselo a su tía. Me fie de mi instinto y de la recomendación de Cristina. Encontré otro para el regalo y éste con egoísmo de lectora me lo quedé para mí. Lo he leído… bueno no, lo he devorado. En el autobús me ha sacado más de una sonrisa, carcajada no me he atrevido entre tanto desconocido. No podía parar de leer, quería acabar la historia del 1, del 8, del 2, ¡¡¡del infinito!!!

Hay números ambiciosos, números ignorantes, hijos únicos y números viudos. Todos ellos huyen de los matemáticos por miedo a que hagan operaciones con ellos, y no se creen que sea imposible llegar al infinito.

La lectura se acaba sin querer con el deseo de regalar el libro a alguien, dos buenas señales de un libro ingenioso, divertido, matemático, que cuenta con el apoyo gráfico de Forges, qué más decir. Bueno sí, que no sólo tiene números y sumas y restas y ecuaciones y divertidas ilustraciones, que no es sólo un libro de literatura infantil aunque esté en ese apartado de las librerías, aunque sea de El Barco de Vapor, tiene un trasfondo social, de reivindicación, de solidaridad, con temas como la intolerancia, la ambición, la búsqueda de la propia identidad, las dificultades del desarrollo del individuo… Para + 8 años, pero sin tope final, es decir, hasta el infinito.

A veces, el mundo de los números no se diferencia mucho del de las personas.

 

Juan José Millás en la Biblioteca UPM

 

Rosa Rojo Briones

Cuando yunque, yunque. Cuando martillo, martillo. Augusto Assía.

Cuando yunque, yunque. Cuando martillo, martillo.
Augusto Assía
Editorial: Libros del Asteroide

 

Durante la Segunda Guerra Mundial, Felipe Fernández Armesto, con el seudónimo de Augusto Assía fue el único corresponsal español en Londres.

Una vez terminada la guerra recogió algunas de esas crónicas en dos libros. El primer volumen, que apareció en 1946 e incluía textos publicados durante la primera parte de la guerra, la denominada «guerra defensiva», llevaba por título Cuando yunque, yunque.

El segundo volumen, Cuando martillo, martillo, recoge las crónicas publicadas a partir de julio de 1943, durante la segunda fase de la guerra, la «guerra ofensiva».

Las crónicas escogidas no incluían solo artículos de corte bélico, porque en palabras de su autor:

El criterio seguido en la selección es el de alternar los temas de la guerra con los civiles, la resistencia con la lucha, la vida y la muerte.

 

Así, las crónicas lo mismo nos dan noticia de cómo funciona la corona británica que de la retirada de los soldados ingleses de Dunquerque o del sistema escolar vigente en el Reino Unido.

El libro es, por tanto, no solo una crónica de la Guerra vista por un español, sino también un auténtico retrato moral del único país de Europa occidental que no se dejó doblegar por Hitler.

Su estilo periodístico es descriptivo, claro e informativo. Más allá de su firme convicción en la victoria de las democracias, sus artículos muestran la resistencia de los ingleses bajo las bombas, el carácter indómito de los británicos y su admiración por Winston Churchill.

 

Vicente Moreno

 

¡Que vergüenza! Paulina Flores

Paulina Flores
¡Qué vergüenza!
Seix Barral
Biblioteca Breve

 

¡Qué vergüenza! es el primer relato y el que da título al primer libro de Paulina Flores, una joven escritora (Chile, 1988) que ha sabido abrirse un hueco en el difícil mundo editorial con nueve historias contundentes, ásperas, sinceras y aparentemente triviales, pero que esconden un profunda intensidad vital. Su particular manera de dar luz, espesor e intensidad a sus personajes, le ha valido varios premios, entre ellos el Premio Roberto Bolaño en 2014 y el Premio de Literatura del Círculo de Críticos del Arte a la mejor escritora novel. Como dicen los críticos literarios, no será el libro del año, pero que va a perdurar, es seguro.

Y es que no hay una palabra sin intención, ningún detalle en las descripciones ni en los diálogos que no escarbe en la conciencia de los personajes, en su lucha por la vida. Nada distrae ni interrumpe la atención, nada impide la empatía. Todo este despliegue técnico, tan eficaz como invisible, convierte al lector en cómplice silencioso que asiste, impasible, a la enorme vulnerabilidad del personaje, a su incapacidad de enfocar y huir de su propio fracaso. El resultado final es que el relato revolotea en tu cabeza una vez leído porque, casi se puede decir, lo que en él sucede pasa a ser asunto tuyo.

El primero de ellos, ¡Qué vergüenza!, nos habla de un padre que va con sus dos hijas pequeñas a un casting en un intento desesperado de encontrar un empleo. Su inseguridad ante ellas tras perder el trabajo y la autoestima, por ese orden, es profundamente conmovedor, y se condensa en esta reflexión:

A ser padre no se aprende y ¡esa presión por ser el hombre de la casa!

Lo mismo sucede con la visión de un adolescente ante el derrumbe de su padre en Talcahuano; en la profunda infelicidad de la mujer de Olvidar a Freddy; en la inocente reflexión de la voz que nos cuenta el relato de Tía Nana:

A esa edad creía que la única forma de demostrar cuánto querías a una persona era lograr verla con los ojos cerrados, o recordar su voz

Podría poner mil ejemplos de esos gestos extraordinariamente cotidianos que tan bien maneja Paulina, que rizan y explican cualquier existencia, que pasan  desapercibidos hasta para uno mismo, pero que son los que más nos definen, los que nos convencen de que la vida no está hecha de palabras.

Antes de iniciar esta lectura te recomiendo que afines la mente, te armes de valor e intensifiques tus emociones porque, como dice Claudia, el personaje del relato Teresa, a través de este libro,  vas a “tirarte a la vida con fe”.

 

Rosa Molina

 

La tabla de Flandes. Arturo Pérez-Reverte

¿QUIÉN MATÓ AL CABALLERO?

La tabla de Flandes
Arturo Pérez-Reverte

 

Un sobre cerrado es un enigma que tiene otros enigmas en su interior. Áquel era grande, abultado, de papel manila, con el sello del laboratorio impreso en el ángulo inferior izquierdo. Y antes de abrir la solapa, mientras lo sopesaba en la mano buscando al mismo tiempo una plegadera entre los pinceles y frascos de pintura y barniz, Julia estaba muy lejos de imaginar hasta qué punto ese gesto iba a cambiar su vida.

 

Que el periodista, escritor y académico Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) es varón de belicoso verbo y afilada pluma lo sabe hasta el apuntador. Como también es de sobra conocido por todos su talento para la narrativa, que ha dado como fruto, entre otras novelas, La tabla de Flandes (1990). El libro al que dedicamos la presente reseña.

A Julia, joven y reputada restauradora, se le encarga reparar una valiosa tabla flamenca del s. XV que va a subastarse. En este cuadro, que se titula La partida de ajedrez, aparecen representados dos caballeros que juegan una partida del susodicho juego en presencia de una dama.

Nada más empezar su trabajo, y gracias a los rayos X, Julia descubre que las capas de pintura que recubren la tabla ocultan una misteriosa frase en latín:

 

¿Quis necavit equitem?

 

Que traducida al castellano significa:

 

¿Quién mató al caballero?

 

Intrigada por su hallazgo, la restauradora inicia una investigación para saber más de Pieter van Huys, el autor del cuadro, de los retratados en él y del contexto en el que todas estas personas vivieron. Y también, para resolver el crimen que el maestro flamenco denunció de forma velada en su obra, al mismo tiempo que, como se descubrirá más adelante, se sirvió del ajedrez para ocultar el nombre del criminal.

Con el beneplácito del señor Belmonte, el anciano propietario de La partida, y de su avariciosa amiga Menchu, la galerista-intermediaria que le encargó la restauración de la tabla, nuestra heroína comienza sus pesquisas. Y para ello no sólo es auxiliada por César, un refinado anticuario que para ella es una especie de segundo padre, y por Muñoz, un peculiar ajedrecista. También, por Álvaro, especialista en Historia del Arte y su profesor en la universidad. Un hombre con el que Julia mantuvo una relación sentimental que, aunque no quiera admitirlo, la dejó traumatizada.

Cuando Álvaro es encontrado muerto en extrañas circunstancias y ella recibe una tarjeta anónima con una extraña fórmula, Julia llega a la conclusión de que el asesino de su antiguo amante le propone continuar en el presente la partida de ajedrez iniciada cinco siglos atrás. Con la esperanza de que este juego le permita desenmascarar a la persona que supone una clara amenaza para ella, la joven acepta el reto y, ayudada de nuevo por César y, sobre todo, por Muñoz, se embarca en una nueva y peligrosa investigación. La conclusión de la misma será impactante y marcará a Julia para siempre.

Con el ajedrez como uno de sus temas principales, La Tabla de Flandes es una novela muy bien documentada, que conjuga magistralmente intriga, arte e historia y que resulta interesante tanto para los aficionados a este juego como para aquellos que no lo somos.

Beatriz T. Álvarez

 

 

 

Arturo Pérez-Reverte en la Biblioteca UPM

 

 

 

El embrujo de Shanghai. Juan Marsé

El embrujo de Shanghai
Juan Marsé

 

Juan Marsé nos traslada a la Barcelona de la postguerra, lugar donde transcurren la mayor parte de sus novelas. Por sus barrios obreros deambula el capitán Blay, estrafalariamente vestido, con sus roñosas gasas en la cabeza, su pijama y su gabardina. Perdedor de una guerra, en la que ha perdido a sus dos hijos, y su cordura. Le acompaña Daniel, que por encargo de su madre, amiga de Doña Conxa y mujer del capitán, debe vigilarle en sus desvaríos.

El capitán, vive obsesionado con denunciar el escape de gas de la calle Rovira número 8, y los humos, que expele la chimenea de la fábrica de plexiglás, que linda con la casa en la que vive Susana, una niña tuberculosa.

Empieza así, el capitán, una campaña de recogida de firmas para denunciar al Ayuntamiento esta situación, porque, según él, el día menos pensado iban a salir todos volando por los aires. Las mañanas transcurrían para Daniel y el capitán, entre paseos, vinitos en las tabernas, a los que era muy aficionado el capitán, y alguna que otra adhesión a la causa, pero eran pocos los que apoyaban su iniciativa.

El capitán le encarga a Daniel que pinte a Susana, la niña tísica, postrada en su cama, bajo la nube tóxica de los humos de la chimenea de la fábrica de plexiglás.

Los amigos de Daniel, los hermanos Chacón, sobrevivían con su tenderete de almanaques y novelas del Oeste, y sus miles de argucias para conseguir comer. Juan y Finito Chacón, desde su tenderete junto a la verja del jardín de Susana, ya habían entablado amistad con ella.

Susana es una niña de 15 años, prácticamente huérfana, su padre, apodado “El Kim” partió hace mucho a combatir en el frente de Aragón, y tras perder la guerra, al exilio francés, y a la militancia en La Resistencia francesa.

Todas las tardes, Daniel, provisto de las láminas y los lápices que le había comprado el capitán, acude a visitar a Susana. A ella no le importa el dibujo del capitán, con su fábrica y sus humos, ella lo que quiere es que Daniel le haga un retrato bonito para enviárselo a su padre.

Y ¿Quién es “El Kim”? Un personaje novelesco, un señorito bien, como dice el capitán Blay, un soñador y aventurero, que tras cursar los estudios de ingeniería textil, se enamora de la criada de la casa, y se escapa a Barcelona con ella. Desheredado por su familia, tras desempeñar varios trabajos, marcha con sus compañeros al frente, dejando solas a su mujer e hija.

Después de muchos años, volverá uno de sus compañeros de guerra, Forcat, a casa de la familia de Susana para dar noticias del paradero del Kim, en una carta sin franquear, donde pide a su familia que den cobijo a su amigo. Es así como Forcat iniciará una serie de relatos fantásticos sobre la vida del Kim, que empiezan en Francia y tras una larga travesía en barco, le llevará a Shanghai, en busca de un exnazi, oficial de La Gestapo. Todos los días, después de la siesta, Forcat, ataviado con su quimono, regalo de su amigo el Kim, se dirigía a la galería, donde reposaba Susana, convaleciente de su enfermedad, acompañada por Daniel, para contarles el viaje de El Kim a bordo del Nantucket, el barco que le llevará desde Marsella a Shanghai.

Son estos relatos, los que ponen una nota de color al ambiente gris de la Barcelona de la postguerra y a la monótona vida de Susana y de Daniel. Siempre esperando, ella la curación de su enfermedad y la vuelta de su padre, al que no volverá a ver, él iniciar un trabajo como aprendiz en un taller de joyería.

Y, como en un sueño, el relato termina con la llegada de un amigo de Forcat, éste les devuelve a la realidad y al futuro que les espera. Un futuro muy alejado de los sueños juveniles, que, como decía el capitán Blay al inicio de la novela, “Los sueños juveniles se corrompen en boca de los adultos”. La ensoñación vivida con los relatos de Forcat termina bruscamente, nuestros personajes se hacen adultos y se impone de golpe la realidad.

 

Juan Marsé en la Biblioteca UPM

 

Ana Carrizosa Fuertes

 

El huérfano. Adam Johnson

El huérfano
Adam Johnson
Barcelona: Seix Barral, 2014
Título original: The orphan master`s son
Traductor: Carles Andreu

 

Si buscas una lectura original para este verano, no lo dudes, este es tu libro. Desde el principio te percatarás de que la historia es hilarante y delirante, a partes iguales. Y, además, está muy bien escrita. Adam Johnson, profesor de escritura creativa en Stanford, domina todas las herramientas literarias y combina a la perfección los elementos de la novela con los espeluznantes detalles sacados de cualquier hemeroteca. No en vano, por esta realidad irreal, Adam Johnson ganó el Pulitzer en 2013.

La historia de El huérfano es tan disparatada como humana. A través de la vida de Jun Do, un huérfano que no lo es, el autor nos adentra en la vida coreana. De su mano conoceremos los orfanatos, las minas, los campos de internamiento, la rutina de los pescadores en alta mar, y ascenderemos en el escalafón hasta compartir ideas y tiempo con el Querido Líder. Muchos de los detalles que aparecen y que suenan increíbles, se pueden encontrar en los periódicos: el secuestro de ciudadanos japoneses o la imposibilidad de desertar de ese país hermético. Eso es lo inquietante: la posibilidad de que el fondo pueda ser cierto. ¿Será verdad tal aplastamiento de la individualidad?, ¿la subyugación total a Kim Jong-il  o a Kim Jong-un?, ¿la absoluta desconfianza hacia el otro?

La lucidez y evolución del personaje principal, Jun Do, su romance con la actriz nacional Sum Moon, su viaje a Texas… todo nos sirve para conocer la mentalidad de una élite que no duda en sacar partido de su privilegiada situación traficando con películas, zapatillas o tabaco americano mientras la población acata su funesto destino con ese pensamiento tan modelado por el gobierno del país: 

Me pregunto qué debéis soportar a diario en América sin un Gobierno que os proteja, sin nadie que os diga qué hacer. ¿Es verdad que no os dan cartillas de racionamiento y que debéis encontrar la comida por vosotros mismos? ¿Es verdad que vuestro trabajo no tiene otro objetivo que el simple papel moneda? ¿Qué emiten los altavoces? ¿A qué hora es el toque de queda? Si una mujer pierde a su marido, ¿cómo sabe que el Gobierno le asignará un buen marido de reemplazo?

Hay reflexiones sobre la dignidad que recuerdan a las del libro de Primo Levi Si esto es un hombre, y esto es, precisamente, lo que le da valor: la pelea entre la verdad, lo real, lo histórico, lo verosímil, la certeza, la imaginación y la incertidumbre. Que los disparates puedan ser ciertos, estremece. Da la sensación de que Adam Johnson ha cosido una historia delirante con detalles escabrosos recolectados en la prensa.

Leer El huérfano es alternar la sonrisa con el repelús y el escalofrío, sin poder dejar de leer ni un solo instante.

 

Rosa Molina

 

Primera plana. Cine clásico.

CARATULA

Primera Plana 

Director: Billy Wilder

1974

Título original: The front page

Basada en la obra teatral de Ben Hecht y Charles MacArthur

 

 

 

 

 

Periodista: ¿Qué te parecen esos titulares?. ¿Cuál te gusta más?

 

Walter Burns (Walter Matthau): Todos son una birria. Lo malo es que no se le puede sacar mucho partido a la horca. Si por lo menos tuviéramos silla eléctrica en este estado. Con eso sí que se pueden hacer auténticas virgadas:

 

“Williams en alta tensión”

“Williams se fríe”

“Williams asado vivo”.

 

Hildy Johnson (Jack Lemmon), reportero estrella del Chicago Examiner, acaba de abandonar el periodismo para casarse y empezar una nueva vida en la ciudad de su futura esposa. Algo que le hace muy poquita gracia a Walter Burns (Walter Matthau), su hasta el momento jefe, un impresentable capaz de vender a su madre por un buen reportaje.

 

Antes de dejar Chicago, Hildy va despedirse de sus antiguos compañeros, que están en la cárcel cubriendo la ejecución de Earl Williams (Austin Pendleton), un anarquista condenado por el asesinato de un policía. Aunque presentado por los periódicos sensacionalistas como un peligroso bolchevique (ya que estamos en la América de los años 20, aprovechemos el filón del anticomunismo), Williams es en realidad un hombrecillo simple, incapaz de matar una mosca.

 

Sendos errores cometidos por el sheriff y el psiquiatra encargado de examinarle hacen posible que, contra todo pronóstico, Williams se fugue cuando está a punto de ser conducido al patíbulo. Huyendo de sus guardianes, el prófugo entra en la Sala de Prensa justo cuando todos los periodistas han salido de ella. Todos menos Hildy, quien al ver a Williams es incapaz de resistir la tentación de conseguir la que sería la mayor exclusiva de su carrera. Por eso, no duda en prometer su ayuda al reo a cambio de que éste le conceda una entrevista que se publicará, por supuesto, en el Examiner. Obligado por las circunstancias, Williams acepta el trato . . . y a partir de ahí el enredo está servido.

 

Adaptación de la obra teatral homónima de Ben Hecht y Charles McArthur, Primera plana es una magistral sátira que fue dirigida por el gran Billy Wilder alias Dios (Trueba, com. pers.) (1906-2002), quien aborda en su película cuestiones tan actuales como son la falta de ética periodística o la corrupción política. Y para ello, no sólo se sirve de diálogos vitriólicos y memorables y de una galería de personajes inolvidables (los pintorescos periodistas, el izquierdista ingenuo, el sheriff inepto acólito de un alcalde mafioso y putero, el psicoanalista vienés obsesionado por la sexualidad). También recurre a la inestimable colaboración de Lemmon y Matthau (¡jamás se vio pareja con tanta química!). Dos actores en estado de gracia que, merced a la compenetración existente entre ellos, nos brindan algunos de los mejores momentos de la película. Momentos entre los que destacan los relacionados con los rastreros subterfugios urdidos por Burns para hacer que Hildy rompa con Peggy, su amada. Una estilosa viudita encarnada por Susan Sarandon.

 

Billy Wilder en la Biblioteca UPM

 

Beatriz Teresa Alvarez Arias

 

Hasta arriba. W.E. Bowman

hasta arriba

W.E. Bowman
Hasta arriba
(The Ascent of Rum Doodle, primera edicion: 1956)
Barcelona: Blackie Books, 2016

 

Recomiendo leer a los grandes maestros del alpinismo: Walter Bonatti, Lionel Terray, Gastón RébuffatMaurice Herzog, Reinhold Messner… antes de abrir este libro, así al principio, parecerá que es otro relato de increíbles aventuras pero pronto deberéis cambiar el chip y entender la parodia de esas epopeyas que W. E. Bowman nos ofrece.

El quijotesco protagonista vive en su mundo idílico y nos cuenta la histórica ascensión con un tronchante humor inglés que te va descolocando a cada momento.

La historia sigue las fases típicas de toda aventura montañera, desde la difícil llegada al campamento base, el paso por glaciares, las grietas, la pared norte, los amenazantes seracs, los corredores de nieve, los campamentos de altura y la conquista final de la cima.

Pero todo desde el prisma absurdo y loco que ofrece el autor, algo así como una primera ascensión al Annapurna que fuera representada por los Monty Python.

A veces parecería que el autor es andaluz, teniendo en cuenta el uso que hace de la hipérbole con gracia y los continuos juegos de palabras:

 

BOWMAN1

…El material para dicho campamento habría de transportarse desde la terminal ferroviaria de Tekhonmiel, a 500 millas de distancia. Harían falta 5 porteadores. Serían necesarios dos más para acarrear la comida de los cinco primeros y otro para llevar la de los dos segundos. La comida de este último la llevaría un niño. El niño llevaría su propia comida. Esta primera avanzadilla se instalaría a 38.000 pies y estaría igualmente abastecida con provisiones para dos semanas, lo que haría necesarios 8 porteadores más y otro niño. En total, para el transporte de tiendas, material, comida, radios, instrumental científico y fotográfico, efectos personales y todo lo demás, se requerirían 3.000 porteadores y 375 niños.

En resumen, es un libro muy recomendable que se devora en dos sentadas y que todo montañero debe leer para relativizar el alpinismo y echarse unas risas. Como dice el autor, Hasta arriba (get high) de champán…

 

Juan Fco. Ramírez Rodríguez

 

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