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Primera plana. Cine clásico.

CARATULA

Primera Plana 

Director: Billy Wilder

1974

Título original: The front page

Basada en la obra teatral de Ben Hecht y Charles MacArthur

 

 

 

 

 

Periodista: ¿Qué te parecen esos titulares?. ¿Cuál te gusta más?

 

Walter Burns (Walter Matthau): Todos son una birria. Lo malo es que no se le puede sacar mucho partido a la horca. Si por lo menos tuviéramos silla eléctrica en este estado. Con eso sí que se pueden hacer auténticas virgadas:

 

“Williams en alta tensión”

“Williams se fríe”

“Williams asado vivo”.

 

Hildy Johnson (Jack Lemmon), reportero estrella del Chicago Examiner, acaba de abandonar el periodismo para casarse y empezar una nueva vida en la ciudad de su futura esposa. Algo que le hace muy poquita gracia a Walter Burns (Walter Matthau), su hasta el momento jefe, un impresentable capaz de vender a su madre por un buen reportaje.

 

Antes de dejar Chicago, Hildy va despedirse de sus antiguos compañeros, que están en la cárcel cubriendo la ejecución de Earl Williams (Austin Pendleton), un anarquista condenado por el asesinato de un policía. Aunque presentado por los periódicos sensacionalistas como un peligroso bolchevique (ya que estamos en la América de los años 20, aprovechemos el filón del anticomunismo), Williams es en realidad un hombrecillo simple, incapaz de matar una mosca.

 

Sendos errores cometidos por el sheriff y el psiquiatra encargado de examinarle hacen posible que, contra todo pronóstico, Williams se fugue cuando está a punto de ser conducido al patíbulo. Huyendo de sus guardianes, el prófugo entra en la Sala de Prensa justo cuando todos los periodistas han salido de ella. Todos menos Hildy, quien al ver a Williams es incapaz de resistir la tentación de conseguir la que sería la mayor exclusiva de su carrera. Por eso, no duda en prometer su ayuda al reo a cambio de que éste le conceda una entrevista que se publicará, por supuesto, en el Examiner. Obligado por las circunstancias, Williams acepta el trato . . . y a partir de ahí el enredo está servido.

 

Adaptación de la obra teatral homónima de Ben Hecht y Charles McArthur, Primera plana es una magistral sátira que fue dirigida por el gran Billy Wilder alias Dios (Trueba, com. pers.) (1906-2002), quien aborda en su película cuestiones tan actuales como son la falta de ética periodística o la corrupción política. Y para ello, no sólo se sirve de diálogos vitriólicos y memorables y de una galería de personajes inolvidables (los pintorescos periodistas, el izquierdista ingenuo, el sheriff inepto acólito de un alcalde mafioso y putero, el psicoanalista vienés obsesionado por la sexualidad). También recurre a la inestimable colaboración de Lemmon y Matthau (¡jamás se vio pareja con tanta química!). Dos actores en estado de gracia que, merced a la compenetración existente entre ellos, nos brindan algunos de los mejores momentos de la película. Momentos entre los que destacan los relacionados con los rastreros subterfugios urdidos por Burns para hacer que Hildy rompa con Peggy, su amada. Una estilosa viudita encarnada por Susan Sarandon.

 

Billy Wilder en la Biblioteca UPM

 

Beatriz Teresa Alvarez Arias

 

La vida es cómic. Virginia Woolf

VIRGINIA_WOOLF_PORTADAVirginia Woolf

Bernard Ciccolini y Michèle Gazier

Ed. Impedimenta

Contar en cómic la vida de Virginia Woolf es un desafío al que Bernard Ciccolini, el dibujante, y yo misma, la escritora, nos lanzamos con pasión. Compartíamos el mismo interés por la obra de esta autora y también estábamos igual de afectados por las sombras que preceden cualquier acercamiento a su vida, como si su suicidio hubiese teñido el resto de su existencia de oscuridad y desesperación

Pero ¿es esa razón para olvidar a la muchacha glotona y feliz de los veranos en Saint Ives? ¿Hay que dejar de lado a la joven de lengua afilada que en unas pocas palabras trazaba un retrato humorístico y cáustico de sus contemporáneos? ¿Hay que dejar en la sombra su trayectoria como militante feminista, bajo pretexto de que una mañana gris de la primavera de 1941, en lo más negro de la guerra, llenara sus bolsillos de piedras y se adentrara en el agua del río Ouse hasta hundirse?.

Michèle Gazier

Muchas son las biografías existentes centradas en la figura de Adeline Virginia Stephen (Londres, 1882 – Lewes, 1941), más conocida como Virginia Woolf. Sin embargo, sólo una de ellas ha sido editada en formato cómic. La publicada en el 2012 por Impedimenta. Un encantador librito, que debido a lo cuidado de su presentación constituye el regalo perfecto para cualquier bibliófilo interesado en la vida y obra de la famosa escritora británica.

 Aunque atormentada desde niña por la enfermedad mental y la muerte y obligada a vivir en una época convulsa, la Woolf no fue, ni mucho menos, tan sombría como nos ha hecho creer la leyenda. Algo que demuestran Michèle Gazier y Bernard Ciccolini, guionista e ilustrador, respectivamente, de la obra que nos ocupa, quienes, previa documentación y sin pasar por alto los aspectos más oscuros de la vida de la autora, la presentan como una persona ocurrente y divertida. Como una mujer que no era ajena a la capacidad de disfrutar. Tan riguroso como ameno, Virginia Woolf es un libro que se lee de un tirón.

Y en gran medida gracias a sus preciosas ilustraciones, unas delicadas acuarelas que captan enseguida la atención del lector, convirtiéndolo en testigo privilegiado no sólo de los alegres veraneos infantiles de la escritora o de sus correrías con sus camaradas del Círculo de Bloomsbury. También, y por supuesto, de los momentos más felices de su matrimonio con Leonard Woolf. El paciente y discreto compañero con el que fundaría la Haworth Press, la editorial de culto que daría a conocer en Gran Bretaña las obras de autores tan prestigiosos como T. S. Eliot y Freud.

 

Beatriz Teresa Alvarez Arias

 

La flora del Quijote. Discurso de ingreso en la RAE de Luis Ceballos en 1965.

 

La flora del Quijote

Discurso de ingreso en la RAE de Luis Ceballos

1965

 

Luis Ceballos (El Escorial 1896-1967)  fue catedrático de la ETSI de Montes; suyo fue el diseño de su Arboreto y el de los jardines de la Ciudad Universitaria de Madrid.

Fue elegido miembro de la Real Academia de la Lengua  en 1965 y dedicó su discurso de ingreso a la flora que cita Miguel de Cervantes en el Quijote. Incorporamos este interesante documento al homenaje que en el blog hacemos a Cervantes durante este año 2016 con motivo de conmemoración del IV centenario de su muerte.

Ceballos fue autor de numerosas obras sobre botánica y de importantes trabajos técnicos, como el Plan General de Repoblación Forestal de España (1933), del que es coautor junto con Joaquín Jiménez Embún, y el Mapa Forestal de España (1966). Fue miembro también de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (1945) .

El Arboreto del Monte Abantos, en San Lorenzo de El Escorial, fue  inaugurado en 1996, el año del centenario de su nacimiento, y lleva su nombre en homenaje a su obra.

 

 

Beatriz Teresa Alvarez Arias

 

Penélope y las doce criadas. Memorias póstumas de una paciente tejedora

FOTO_CUBIERTAPenélope y las doce criadas
Margaret Atwood
Barcelona: Salamandra, 2005
Título original: The Penelopiad (2005)

 

 

“¡Ah, feliz hijo de Laertes, Odiseo, pródigo en ardides. En efecto, conseguiste una esposa de enorme virtud. ¡Qué nobles pensamientos tenía la irreprochable Penélope, la hija de Icario, cuando tan bien guardó el recuerdo de Odiseo, su legítimo esposo! Por eso jamás se extinguirá la fama de su excelencia. Los inmortales propondrán a los humanos un canto seductor en honor de la sensata Penélope!”.

Homero, Odisea, canto XXIV

 

Dicen que para saber la verdad de un hecho hay que oír todas las versiones del mismo. Bueno, pues ésto es algo que la canadiense Margaret Atwood tuvo muy presente cuando se lanzó a escribir Penélope y las doce criadas (2005). Una irónica y desmitificadora novela corta cuyo título original (The Penelopiad) es mucho más explícito que el castellano.

Penélope y las doce criadas comienza de una manera realmente curiosa. Con la sufrida y frustrada esposa de Odiseo contándonos su vida, obra y milagros ¡en pleno s. XXI y desde el mismísimo Reino de los Muertos! Así, nos enteramos por su propia boca de ciertas cosas que Homero no mencionó cuando cantó las glorias del varón de multiforme ingenio. Por ejemplo, del origen semidivino de la señora del caudillo aqueo. Y es que, resulta que la hija del monarca espartano Icario tuvo por madre ni más ni menos que a una náyade. La cual, dicho sea de paso, no destacaba precisamente por sus instintos maternales pues, en lugar de cuidar de su prole:

 

“Se escabullía e iba a bañarse en la fuente del palacio, o desaparecía y pasaba varios días contando chistes con los delfines y haciéndoles bromas a las almejas”.

 

Una vez cogida confianza, Penélope (o mejor dicho, su sombra) no tiene ningún problema en confesarle al lector las poco románticas razones que determinaron que con tan sólo 15 años fuera entregada en matrimonio a Odiseo, rey de un islote poblado de cabras con modales de ricacho de pueblo. Un caradura sin escrúpulos que, pese a no llamar la atención por la hermosura de su porte varonil, resulta ser un seductor nato, un golfo encantador que termina conquistándola.

 

Penélope y los pretendientes (1912). Este cuadro, que se encuentra depositado en la Aberdeen Art Gallery, es obra del pintor británico John William Waterhouse. Fuente: The Art and Life of John William Waterhouse (http://www.johnwilliamwaterhouse.com/pictures/penelope-suitors-1912/).

 

Dispuesta a ajustar cuentas con aquella que, en sus propias palabras, le destrozó la vida, nuestra heroína no se inhibe a la hora de poner verde a la bellísima Helena, su prima. Una frívola con ínfulas de femme fatale que literalmente armó la de Troya y que, al fin y al cabo, fue la culpable de que Odiseo abandonara a su familia para combatir en una guerra que poco tenía que ver con él.

Por supuesto, la reina de Ítaca no se olvida de contar cómo fue su vida durante los 20 largos años en los que, debido a la ausencia de su marido, le tocó educar ella solita al ingrato de Telémaco y ejercer, además, de ama, administradora y gobernante. Será entonces cuando descubramos que la fiel y discreta Penélope fue una mujer práctica y tan astuta como Odiseo pues, de ser necesario, no dudaba en recurrir al engaño. Y aquí me estoy acordando (¡cómo no!) del famoso subterfugio del sudario tejido por el día y destejido por la noche para dar largas a los pretendientes que la acosaban y que, como todos sabemos, tan mal acabaron.

Fotografía de Margaret Atwood tomada en el 2009 en la Casa de la Literatura de Múnich. Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2008, Atwood (Ottawa, 1939-) es una prolífica y polifacética escritora  que ha cultivado géneros tan dispares como son la novela, el relato corto y el cuento, la poesía, el guión televisivo y la crítica literaria. Autor: Lesekreis. Fuente: Wikipedia (https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/c/c6/Margaret-Atwood_19.10.2009.jpg).Además de en la Odisea, Penélope y las doce criadas se basa, principalmente, en Los mitos griegos. Obra de Robert Graves que inspiró a Atwood la teoría (cuestionable, aunque muy sugestiva) con la que intenta explicar los verdaderos motivos del ahorcamiento de las sirvientas a las que alude el título de su libro. Esclavas fieles injustamente vilipendiadas, según confiesa su señora, que a lo largo de la narración actuarán a la manera de los coros que caracterizaban al antiguo teatro griego. De ahí que no sea de extrañar que esta novela haya sido representada en varias ocasiones.

 

Margaret Atwood en las Bibliotecas de la UPM

 

Beatriz Teresa Alvarez Arias

 

Ángeles e insectos, A.S. Byatt

Ángeles e insectos
Morfo Eugenia o Las cosas no son lo que parecen
A.S. Byatt


Tras sobrevivir al naufragio del barco en el que regresaba a Inglaterra, el joven naturalista William Adamson es contratado por un colega con el que se había carteado durante sus 10 años de estancia en la Amazonía. El caballero en cuestión es Sir Harald Alabaster, un adinerado clérigo que le acoge afectuosamente, encomendándole la tarea de poner en orden su caótico gabinete de curiosidades. Y para ello, nuestro amigo tendrá que trasladarse a Bredely Hall, la suntuosa casa de campo de su benefactor. Allí conocerá a la hija mayor de éste, la cautivadora Eugenia, una misteriosa muchacha con la que, contra todo pronóstico, terminará casándose. Sin embargo, el matrimonio no traerá la felicidad a William quien, cuando descubra el turbio secreto ocultado por su esposa, optará por iniciar una nueva vida lejos de ella y de su decadente familia, concluyendo entonces la historia con un final esperanzador y abierto.

– Estaba pensando en la belleza de todo ésto: la arquitectura, y las jovencitas con sus gasas y sus encajes. Estaba mirando esta hermosísima bóveda gótica en abanico que forma un arco sobre nosotros, y pensaba en las palmeras que se alzan en la selva, y en todas las preciosas mariposas como de seda que revolotean entre ellas, muy arriba, sin que se pueda cogerlas.

A. S. Byatt, Morpho Eugenia

 

Ambientada en la época victoriana, Morpho eugenia es una narración en la que la condición de biólogo de su protagonista está presente en todo momento. Prueba de ello es que desde el principio William asociará a su mujer con la bella mariposa cuyo nombre científico da título al relato. Y también que, debido a su origen humilde y a sus inquietudes intelectuales, nunca dejará de pensar en sí mismo como en un animal incapaz de adaptarse a su nuevo hábitat. Cosa esta última que le llevará a acercarse cada vez más a Matty Crompton, la instructora de los niños Alabaster. Una mujer discreta, culta e inteligente, que le ayudará en sus investigaciones sobre el comportamiento de las hormigas y que será la autora de Las cosas no son lo que parecen, ingeniosa fábula en la que los lepidópteros juegan un papel clave.

Obra de la escritora británica Antonia Susan Drabble (1936-), más conocida como A. S. Byatt, Morpho Eugenia es una de las dos novelas cortas que forman el libro Ángeles e insectos (1992) y ha sido adaptada al cine en 1995 por el director estadounidense Philip Haas.

 

 

Beatriz Teresa Alvarez Arias

 

La abadesa de Crewe, de Muriel Spark

“Arriba, lejos de ellos, las grabadoras de la sala de control, activadas por sus voces, continúan dando vueltas… Las dos monjas hablan con la misma libertad que los jesuitas, ignorantes de que un sistema de escucha más inocuo que el Ojo Divino está escribiendo una crónica de su charla íntima”.

Muriel Spark

La abadesa de Crewe

de monjas, curas… y Watergates.

Corría el año del Señor de 1972 cuando Bernstein y Woodward, dos esforzados periodistas del Washington Post, destapaban el famoso caso Watergate. Pues bien, no mucho tiempo después de que tan escabroso asunto saliera a la luz (concretamente, en 1974), la escritora británica Muriel Spark (Edimburgo, 1918-Toscana, 2006) publicaba La abadesa de Crewe. Una alocada sátira en clave monjil (y hasta sacerdotal) del mayor escándalo político de la historia de los Estados Unidos.

Todo el argumento de La abadesa de Crewe gira en torno a la encarnizada lucha por el poder que mantendrán las dos candidatas a suceder a Hildegarde, la difunta superiora de un monasterio benedictino inglés. Así, por un lado tenemos a la refinada Alexandra, aristocrática mujer harto dominante. Y por el otro, a Felicity, joven religiosa con ideas renovadoras (demasiado) y tal afición por la costura que no dudará en poner el grito en el cielo cuando se percate del robo de su querido dedal de plata. Hecho éste que, por otra parte, desembocará en el descubrimiento por parte de Felicity del complot que su finalmente victoriosa rival ha orquestado contra ella. Indignada ante semejante hallazgo, nuestra engañosa monjita no hará gala de la paciencia y la resignación que se le presuponen a todo buen cristiano. Lo que hará será fugarse del convento para dar a conocer al mundo, en general, y a la prensa, la televisión y Scotland Yard, en particular, los más turbios detalles de un enredo que incluye escuchas, grabaciones y hasta el chantaje. Vamos, ¡como la vida misma!

Beatífico en las formas mordaz en el fondo, La abadesa de Crewe es un libro en el que ninguno de sus personajes principales sale bien parado. Empezando por la clasista Alexandra, quien de sobria tiene poco. Siguiendo por sus intrigantes acólitos, las hermanas Mildred, Walburga y Winifrede y los padres Baudouin y Maximilian S.J. Y terminando por Felicity, ambiciosa hippie con toca cuya peculiar interpretación del amáos los unos a los otros la lleva a romper alegremente su voto de castidad. Con la inestimable colaboración, todo hay que decirlo, del libidinoso Thomas (¡otro jesuita!), santo varón que merece reseña aparte.

 

Muriel Spark en la Biblioteca de la UPM.

Beatriz Teresa Alvarez Arias

 

Vampiros, edición y prólogo de Jacobo Siruela

Vampiros
Edición y prólogo Jacobo Siruela
Ed. Atalanta

2010

 

Ten solamente buen cuidado de no comer la sangre, porque la sangre es la vida, y no debes comer la vida con la carne.

Deuteronomio 12, 23

 

En estos tiempos inciertos, nadie se libra de la crisis. Ni siquiera, los vampiros. Porque estarán conmigo en que, entre crepúsculos y amaneceres, la imagen literario-cinematográfica del Señor de la Noche se ha edulcorado (¿o quizá debería decir deteriorado?) hasta tal punto que, a estas alturas, resulta ya prácticamente irreconocible. Por eso, y pensando en los nostálgicos (entre los cuales, lo confieso, me incluyo), propongo desde aquí la lectura de Vampiros.

Publicada en el 2010 por Atalanta, Vampiros es la segunda variante de la antología del mismo título que, editada y prologada por el erudito Jacobo Siruela, vio la luz por primera vez en 1992 bajo el sello editorial de Siruela (A Vampiros (1992) le siguió El vampiro (2001), títulos disponibles en la Biblioteca UPM). Por otro lado, y al igual que la obra que le precedió, el libro que nos ocupa no sólo cuenta con una larga y bien documentada introducción general, tan interesante como amena. También, tiene dos objetivos claros:

– Por una parte, mostrar la evolución del relato vampírico, desde sus orígenes, en el Romanticismo, hasta finales del siglo XX.
– Por la otra, dar a conocer los distintos modelos literarios de vampiros.

Y para ello, reúne 18 textos, de diversa naturaleza y extensión, con sus correspondientes prólogos. Si por mí fuera, lo reconozco, no tendría ningún inconveniente en explayarme a placer hablando detenidamente de todos y cada uno de ellos. Sin embargo, como el espacio del que dispongo es limitado y además, no quiero saturarles de información, me limitaré a dejar caer, como quien no quiere la cosa, que la autoría de los mismos se debe a escritores tan prestigiosos como Tieck (No despertéis a los muertos), Polidori (El vampiro), Poe (Berenice), Théophile Gautier (La muerta enamorada), Baudelaire (Las metamorfosis del vampiro) o (¡por supuesto¡), Bram Stoker (El invitado de Drácula). A ver si así les pica (o, mejor dicho, les muerde) la curiosidad y acometen sin dilación la gozosa empresa de leerse el libro que nos ocupa.

A los textos referidos, el conde de Siruela añade dos completas bibliografías (una, la utilizada para el prólogo y la edición; la otra, la adicional) que constituyen un magnífico colofón para un libro, muy bien presentado, al que se le hinca el colmillo con auténtica fruición. Especialmente, en el año en el que se celebra el centenario de la muerte de Bram Stoker.

 

Beatriz Teresa Alvarez Arias

A Libertad de Prado Castillejos por sus acertadas correcciones.

 

La tabla de Flandes. Arturo Pérez-Reverte

¿QUIÉN MATÓ AL CABALLERO?

La tabla de Flandes
Arturo Pérez-Reverte

 

Un sobre cerrado es un enigma que tiene otros enigmas en su interior. Áquel era grande, abultado, de papel manila, con el sello del laboratorio impreso en el ángulo inferior izquierdo. Y antes de abrir la solapa, mientras lo sopesaba en la mano buscando al mismo tiempo una plegadera entre los pinceles y frascos de pintura y barniz, Julia estaba muy lejos de imaginar hasta qué punto ese gesto iba a cambiar su vida.

 

Que el periodista, escritor y académico Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) es varón de belicoso verbo y afilada pluma lo sabe hasta el apuntador. Como también es de sobra conocido por todos su talento para la narrativa, que ha dado como fruto, entre otras novelas, La tabla de Flandes (1990). El libro al que dedicamos la presente reseña.

A Julia, joven y reputada restauradora, se le encarga reparar una valiosa tabla flamenca del s. XV que va a subastarse. En este cuadro, que se titula La partida de ajedrez, aparecen representados dos caballeros que juegan una partida del susodicho juego en presencia de una dama.

Nada más empezar su trabajo, y gracias a los rayos X, Julia descubre que las capas de pintura que recubren la tabla ocultan una misteriosa frase en latín:

 

¿Quis necavit equitem?

 

Que traducida al castellano significa:

 

¿Quién mató al caballero?

 

Intrigada por su hallazgo, la restauradora inicia una investigación para saber más de Pieter van Huys, el autor del cuadro, de los retratados en él y del contexto en el que todas estas personas vivieron. Y también, para resolver el crimen que el maestro flamenco denunció de forma velada en su obra, al mismo tiempo que, como se descubrirá más adelante, se sirvió del ajedrez para ocultar el nombre del criminal.

Con el beneplácito del señor Belmonte, el anciano propietario de La partida, y de su avariciosa amiga Menchu, la galerista-intermediaria que le encargó la restauración de la tabla, nuestra heroína comienza sus pesquisas. Y para ello no sólo es auxiliada por César, un refinado anticuario que para ella es una especie de segundo padre, y por Muñoz, un peculiar ajedrecista. También, por Álvaro, especialista en Historia del Arte y su profesor en la universidad. Un hombre con el que Julia mantuvo una relación sentimental que, aunque no quiera admitirlo, la dejó traumatizada.

Cuando Álvaro es encontrado muerto en extrañas circunstancias y ella recibe una tarjeta anónima con una extraña fórmula, Julia llega a la conclusión de que el asesino de su antiguo amante le propone continuar en el presente la partida de ajedrez iniciada cinco siglos atrás. Con la esperanza de que este juego le permita desenmascarar a la persona que supone una clara amenaza para ella, la joven acepta el reto y, ayudada de nuevo por César y, sobre todo, por Muñoz, se embarca en una nueva y peligrosa investigación. La conclusión de la misma será impactante y marcará a Julia para siempre.

Con el ajedrez como uno de sus temas principales, La Tabla de Flandes es una novela muy bien documentada, que conjuga magistralmente intriga, arte e historia y que resulta interesante tanto para los aficionados a este juego como para aquellos que no lo somos.

Beatriz T. Álvarez

 

 

 

Arturo Pérez-Reverte en la Biblioteca UPM