Jardines en tiempos de guerra. Teodor Cerić

Jardines en tiempos de guerra
Teodor Cerić
Barcelona: Elba Editorial, 2018
Traducido del francés por Ignacio Vidal-Folch
Ilustradora: Mercedes Echevarría
Título original: Jardins en temps de guerre (2014), traducido del serbocroata y editado por Marco Martella

 

Marco Martella, editor y director de la revista Jardins, cuenta en un breve prólogo (Una poesía con las uñas sucias de tierra) que convencer al poeta Teodor Cerić (Sarajevo, 1972) de publicar los textos que componen este libro no fue tarea fácil, pero que después de un largo intercambio de correos electrónicos acabó por permitírselo siempre que no los reuniese bajo un título sensiblero, tal y como se hace con otros libros sobre jardines, y que lo llamara sencillamente Jardines en tiempos de guerra.

En 2014, el poeta vivía en una casa de campo en los alrededores de Sarajevo, ajeno ya a la escritura y dedicado a la jardinería, pero entre 1992, año en que escapó de la ofensiva serbia sobre su ciudad, y 1997 estuvo viajando por Europa, de aquí para allá dando tumbos, sobreviviendo. En ese período conoció los jardines de los que habla en estos textos.

Un jardín (el jardín propio), viene a decir, es el último refugio cuando todo alrededor se desmorona. Cuando el individuo se ve cercado por el horror de una guerra, los dones de la locura o los muros que acorralan la ciudad el cuidado de un jardín se revela como una vía para la resistencia, tan pequeña como encender una vela en medio de la noche del universo, tan suficiente como para alumbrar un mínimo mundo habitable.

Aparte de por su propio jardín, al que el autor alude brevemente al final del libro, la mirada sensible de Teodor Cerić se pasea por otros siete, famosos o íntimos, convencionales o por los pelos merecedores del concepto jardín, ¡incluso por el jardín de Samuel Beckett en Ussy-sur-Marne! Cada uno con su propia poética y multiplicidad de significados. Ve y transmite lo que esos jardines dicen, lee en la elección y disposición de sus rosales, helechos y caléndulas como quien lee entre los versos de un poema autobiográfico. Encuentra en ellos su casa. Y de paso cuenta su propia historia.

Un libro delicioso, un lugar en medio de la guerra que no es guerra.

 

– Pero el arte más importante que la ninfa me enseñó -proclamó un día Arquedamo de Tera, según cuenta Porfirio- es el de plantar árboles. Ése es el arte supremo, el que engloba todas las otras artes y que, al mismo tiempo, es menos que las otras artes, porque las obras que produce son efímeras y cambiantes, están sujetas a la buena voluntad del cielo, de las estaciones y de las cabras, y se hallan tan desvalidas que una simple tempestad puede hacerlas desaparecer. Y, sin embargo, reclama una devoción aún más profunda que la que se le exige al escultor, al músico o al poeta.

 

 

Un comentario

  • José Alejandro Martínez
    José Alejandro Martínez

    El cultivo del jardín es muestra de conciencia espacial y sensibilidad biológica. Atrios clásicos, claustros medievales, jardines araboislámicos y de Extremo Oriente… no tienen otro sentido. La búsqueda de la armonía y la reconciliación con el universo. Sugerente propuesta.

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