Adiós a nuestra compañera María José

 

Los que hacemos este blog despedimos a nuestra compañera María José Rodulfo juntando en esta entrada una pequeña muestra de toda la belleza que ella amaba y que compartió con tanto entusiasmo siempre.

Estamos seguros de que donde quiera que estés ahora sabrás ver las flores más bonitas, los poemas más sencillos, las aves más tiernas, y que los estarás dibujando o dejándote dibujar y siendo parte de su vuelo.

 

 

Rodulfo, verso suelto

Tu nombre sabe a literatura,

A dulces tardes de lectura,

A íntimos desacuerdos, y

Al calor de la amistad.

                                          (PAV)

 

 

Suite Popular Brasileña de Heitor Villa-Lobos

 


 

 

 

 

AÑORANZA
(Juan José Domenchina)
 

Radiante de frío de diamante: enero

de Madrid! Nace al día, esmerilado,

mate, lechoso, como algodonado,

bajo un frío de noche, bajo cero.

 

A trasquila de sol, queda el cordero,

glacial y matinal, desvellonado.

Y el mediodía, limpio y bien tallado

en facetas de luz, como de acero.

 

– …Tendréis ahora el frío que yo quiero

-lúcido frío de Madrid- , helado

y transparente soplo de nevero,

 

de cumbre; Guadarrama derramado

en ese sol, tan solo, que yo espero

ardiendo a pleno sol y desolado!…

 

 

Francisco de Zurbarán (1598-1664)

 

La fraga recuperó de golpe su alma ingenua, en la que toda la ciencia consiste en saber que de cuanto se puede ver, hacer o pensar, sobre la tierra, lo más prodigioso, lo más profundo, lo más grave es esto: vivir.

Wenceslao Fernández Flórez. El bosque animado

 

Un día nos veremos
al otro lado de la sombra del sueño.
Vendrán a tí mis ojos y mis manos
y estarás y estaremos
como si siempre hubiéramos estado
al otro lado de la sombra del sueño.

José Ángel Valente, Interior con figuras

 

 

Cada cual tiene su alma y no puede fundirla con la de otro. Dos personas pueden aproximarse, hablarse y permanecer una al lado de la otra. Pero sus almas son como flores, cada una con sus propias raíces, y ninguna puede ir hasta la otra, porque para ello tendría que abandonar su raíz, y eso es imposible.

Hermann Hesse, Tres momentos de una vida

 

 

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