El chico de las cigüeñas. Luisa Cuerda

El chico de las cigüeñas
Luisa Cuerda
La Coruña : Ediciones del Viento, [2009]

 

Esta es la historia a dos voces de un chaval de pueblo que es iniciado en el placer de la literatura por un maestro rural recién llegado.

Es difícil decidir ser escritor para un chico de pueblo en quien su madre ha puesto todas sus esperanzas…

Es la historia atemporal de una admiración preadolescente, lejana y sobreentendida frente a un re-encuentro directo, adulto y a ratos brutal.

Mi infancia fue así. La voz de Ventura respaldando mis actos, la de mi madre, rechazándolos…

El joven pupilo que deviene en autor de renombre presupone el orgullo y la satisfacción de su maestro ante una dedicatoria emotiva que alude al mentor con nombres y apellidos. Se trata, sin embargo, de una presunción inocente no exenta de cierta egolatría. A partir de ese momento encontramos la narración actual de ambas almas; el contraste entre el paisaje humano rural, residencial y urbano.

Es la narración del primer vuelo del pupilo, asemejado al despertar de los cigoñinos en el campanario de la iglesia del pueblo; aves que tanto acompañaran al escritor en su infancia.

No me quería ir sin decírtelo. Es referente a esa historia que te conté, la leyenda del chico que se convirtió en cigüeña…

Está escrito con elegancia y estilo. Y es capaz de entremezclar, narración, conversación y reflexión en unos párrafos muy bien hilados y engarzados.

El chico de las cigüeñas, presentado por Ediciones del Viento en 2009, es un encuentro afortunado en una biblioteca popular estival. Su autora, Luisa Cuerda (Madrid, 1958), es una personalidad polifacética: abogada, profesora de piano, columnista en periódicos de provincias, y autora de varias novelas, ganadora del premio internacional de narrativa Javier Tomeo en 2004.imagen de la autora

Uno de los aspectos que me ha llamado la atención en esta autora es su preferencia por los personajes masculinos entre los que figuran varios secundarios muy bien perfilados. El carácter, la personalidad de los individuos y su vida interior (que se glosa e intercala en el texto de manera muy afortunada); y el acercamiento/descubrimiento paulatino de los anhelos y esperanzas de la madre, que supone la entrada definitiva y tardía del escritor en el mundo de los adultos, lejos de las categorías maniqueas de la infancia.  

Recuerdo un comentario al respecto de Coetzee, referente a su famoso personaje Elisabeth Costello: el reto y la posibilidad que aporta la literatura de travestirse y cambiar de género para explorar ámbitos desconocidos del alma. Y esa es la sensación en este texto, no especialmente ambicioso pero muy afortunado es el resultado final.

    

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