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Libros: “El jinete polaco” de Antonio Muñoz Molina

el jinete polaco

 

“Sin que se dieran cuenta se les hizo de noche en la habitación de donde no habían salido en muchas horas, donde habían estado abrazándose y conversando en una voz cada vez más baja, como si la penumbra y luego la oscuridad que no notaban hubieran ido apaciguando el tono de sus voces pero no la avidez mutua de palabras, igual que se había apaciguado el modo al principio perentorio en que satisfacían y simultáneamente alimentaban su deseo, cuando regresaban caminando bajo la nieve y el frío de la taberna irlandesa donde habían almorzado, el pie descalzo de ella buscándolo con desvergüenza y sigilo bajo el amparo insuficiente del mantel, la casi persecución en el ascensor, ante la puerta, en el pasillo, en el cuarto de baño, la ropa arrancada con una delicada furia de impaciencia y las bocas mordiéndose mientras su doble respiración crecía en el calor de la habitación a media tarde, en la luz listada de las persianas que dejaban entrever  al otro lado de la calle una hilera de árboles con las ramas peladas cuyo nombre ella no supo decirle y una fila de casas de ladrillo rojo con dinteles de piedra, con llamadores dorados y puertas pintadas de un negro brillante que a él le daban la tranquilizadora sensación de estar en Londres o en cualquier otra ciudad anglosajona y silenciosa, a pesar del ruido del tráfico que llegada desde las avenidas, de las sirenas de los coches de la policiía y de los camiones de bomberos, un pesado rumor que envolvía el núcleo de silencio en que los dos respiraban igual que la ciudad ilimitada y temible envolvía el espacio breve del apartamento, la cámara segura como un submarino en la que si se paraban a pensarlo era casi imposible que se hubieran encontrado, entre tantos millones de hombres y mujeres, de caras, de nombres, de gritos, de idiomas, de conversaciones telefónicas…”

 

El jinete polaco/ Antonio Muñoz Molina — Ed. booket

El jinete polaco” en wikipedia>

El jinete polaco” en el catálogo de la Biblioteca UPM>

 

 

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Libros: “Fahrenheit 451” de Ray Bradbury

fahrenheit451

 

“Era estupendo quemar. Constituía un placer especial ver las cosas consumidas, ver los objetos ennegrecidos, cómo cambiaban. Con la boca de latón en sus puños, con aquella gigantesca pitón escupiendo su queroseno venenoso sobre el mundo, la sangre le latía en la cabeza y sus manos eran las de un fantástico director orquestando todas las sinfonías del fuego y de las llamas para destruir los jirones y las ruinas tiznadas de la historia. Con su simbólico casco, en el que aparecía grabado el número 451,  firme sobre su impasible cabeza y sus ojos convertidos en una llama anaranjada ante el pensamiento de lo que iba a ocurrir, encendió el deflagrador y la casa quedó rodeada por un fuego devorador que inflamó el cielo del atardecer con colores rojos, amarillos y negros. El hombre avanzó entre un enjambre de luciérnagas. Le apetecía mucho acercar un malvavisco a la hoguera, como en el antiguo juego, mientras los libros, semejantes a palomas aleteantes, morían en el porche y en el jardín de la casa; mientras los libros se elevaban convertidos en torbellinos incandescentes y los aventaba el aire ennegrecido del incendio.

La sonrisa de Montag era la sonrisa feroz de los hombres chamuscados, obligados a retroceder por las llamas.

Sabía que, de vuelta en el cuartel de bomberos, se miraría pestañeando en el espejo: un negro de opereta, pintado con corcho ahumado. Luego, al irse a dormir, sentiría en la oscuridad la feroz sonrisa retenida aún por sus músculos faciales.

Esa sonrisa nunca desaparecería; hasta donde alcanzaba a recordar, nunca había desaparecido…”

 

Fahrenheit 451 / Ray Bradbury — Ed. DEBOLS!LLO

“Fahrenheit 451” en wikipedia>

Título disponible en la Biblioteca NO Técnica  Signatura 82 N BRA fah

 

 

 

Libros: “Los mares del Sur” de Manuel Vázquez Montalbán

 

“EL METRO, CUALQUIER METRO, es un animal resignado a su esclavitud de subsuelo. Parte de esa resignación impregna los rostros aplazados de los viajeros, teñidos por una luz utilitaria, removidos levemente por el vaivén circular de la máquina aburrida. Recuperar el metro fue recuperar la sensación de joven fugitivo que contempla con menosprecio la ganadería vencida, mientras él utiliza el metro como un instrumento para llegar al esplendor en la hierba y la promoción. Recordaba su cotidiana sorpresa joven ante tanta derrota recién amanecida. Recordaba la conciencia de su propia singularidad y excelencia rechazando la náusea que parecía envolver la mediocre vida de los viajeros. Los veía como molestos compañeros de un viaje que para él era de ida y para ellos de vuelta. Veinte o veinticinco años después sólo era capaz de sentir solidaridad y miedo. Solidaridad con el viejo barbado de tres días y vestido con traje bicolor, con una mano enganchada al  skay pringoso de un portafolios lleno de letras' protestadas. Solidaridad con las cúbicas mujeres samoyedas que amurcianaban una incoherente conversación sobre el cumpleaños de tía Encarnación. Solidaridad con tanto niño pobre y pulcro llegado tarde al obsoleto tren emancipador de la cultura. Ejercicios del lenguaje.Diccionario Anaya. Muchachas disfrazadas de Olivia Newton-John, en el supuesto caso de que Olivia se vistiera aprovechando las liquidaciones fin de temporada de grandes almacenes de extrarradio. Muchachos con máscara de chulos de discoteca y músculos de condenados al paro. Y a veces la reconfortante osamenta de un suhejecutivo de inmobiliaria con el coche averiado y el' propósito de utilizar transportes públicos para adelgazar y ahorrar para medios whiskies de mediana calidad, servidos por un insuficiente camarero con caspa y uñas negras sin otro encanto que saber llamarle a tiempo don Roberto o señor Ventura. El miedo a ser todos victimas de un mediocre y fatal viaje de la pobreza a la nada…”

 

Los mares del Sur /Manuel Vázquez Montalbán — Ed.booket

Disponible en la Biblioteca NO Técnica.  Signatura 82N VAZ mar

Manuel Vázquez Montalbán en wikipedia>

 

 

 

Libros: “La sonrisa etrusca” de José Luis Sampedro

 

En el museo romano de Villa Giulia el guardián de la Sección Quinta continúa su ronda. Acabado ya el verano y, con él, las manadas de turistas, la vigilancia vuelve a ser aburrida; pero hoy anda intrigado por cierto visitante y torna hacia la saleta de Los Esposos con creciente curiosidad. “Estará todavía”, se pregunta, acelerando el paso hasta asomarse a la puerta.

Está. Sigue ahí, en el banco frene al gran sarcófago etrusco de terracota, centrado bajo la bóveda: esa joya del museo exhibida, como en un estuche, en la saleta entelada en ocre para imitar la cripta originaria.

Sí, ahí está. Sin moverse desde hace media hora, como si él también fuese una figura resecada por el fuego y los siglos. El sombrero marrón y el curtido rostro componen un busto de arcilla, emergiendo de la camisa blanca sin corbata, al uso de los viejos de allá abajo, en las montañas del Sur: Apulia o, más bien, Calabria.

“¿Qué verá en esa estatua?”, se pregunta el guardián. Y, como no comprende, no se atreve a retirarse por si de repente ocurre algo, ahí, esta mañana que comenzó como todas y ha resultado tan distinta. Pero tampoco se atreve a entrar, retenido por enexplicable respeto. Y continúa en la puerta mirando al viejo que, ajeno a su presencia, concentra su mirada en el sepulcro, sobre cuya tapa se reclina la pareja humana.

La mujer, apoyada en su codo izquierdo, el cabello en dos trenzas cayendo sobre sus pechos, curva exquisitamente la mano derecha acercándola a sus labios pulposos. A su espalda el hombre, igualmente recostado, barba en punta bajo la boca faunesca, abarca el talle femenino con su brazo derecho. En ambos cuerpos el rojizo tono de la arcilla quiere delatar un trasfondo sanguíneo invulnerable al paso de los siglos. Y bajo los ojos alargados, orientamente oblicuos, florece en los rostros una misma sonrisa indescriptible: sabia y enigmática, serena y voluptuosa…”

La sonrisa etrusca / José Luis Sampedro — Ed. Debolsillo

La sonrisa etrusca” en wikipedia>

La sonrisa etrusca” en Bibliotecas de la UPM>

 

 

 

 

Libros: “Memorias de Adriano” de Marguerite Yourcenar

 

“Mi vida había vuelto al orden, pero no así el imperio. El mundo que acababa de heredar semejaba a un hombre en la flor de la edad, robusto todavía aunque mostrando a los ojos de un médico imperceptibles signos de desgaste, y que acabara de sufrir convulsiones de una grave enfermedad. Las negociaciones se reanudaron abiertamente; hice correr la voz de que Trajano en persona me las había encomendado antes de morir. Suprimí de un trazo las conquistas peligrosas, no sólo la Mesopotamia donde no habríamos podido mantenernos, sino Armenia, demasiado excéntrica y lejana, que me limité a conservar en calidad de estado vasallo. Dos o tres dificultades, que hubieran prolongado por años una conferencia de paz si los principales interesados hubieran tenido interés en dilatarla, fueron allanadas gracias a la habilidad del comerciante Opramoas, que gozaba de la confianza de los sátrapas. Traté  de infundir a aquellas negociaciones todo el ardor que otros reservan para el campo de batalla; forcé la paz. La parte contraria la deseaba por lo menos tanto como yo mismo; los partos sólo pensaban en reabrir sus rutas comerciales entre la India y nosotros. Pocos meses después de la gran crisis, tuve la alegría de ver formarse otra vez a orillas del Oronte la hilera de caravanas; los oasis se repoblaban de mercaderes que comentaban las noticias a la luz de las hogueras y que cada mañana, al cargar sus mercaderías para transportarlas a países desconocidos, cargaban también cierto número de ideas, de palabras, de costumbres bien nuestras, que poco a poco se apoderarían del globo con mayor seguridad que las legiones en marcha. La circulación del oro, el paso de las ideas, tan sutil como el del aire vital en las arterias; el pulso de la tierra volvía a latir.”

 

Memorias de Adriano / Marguerite Yourcenar – Unidad Editorial

 Memorias de Adriano” en wikipedia>

Disponibilidad en bibliotecas de la UPM>

 

 

La educación en España. Informe de la OCDE 2011

 

La educación es un tema de actualidad en nuestro país, aunque lo sea  por los inminentes recortes que se están produciendo en algunas comunidades autónomas.  Políticos, tertulianos, profesores.., hablan al respecto. Opiniones muy distintas se escuchan cada día, todas ellas muy respetables pero en muchos casos  contradictorias. ¿A quién hacer caso? En estas ocasiones, quizás lo más acertado sea obtener información lo más objetiva posible, sin intermediarios ni distorsiones.

Normalmente, desde este blog recomendamos la lectura de libros que consideramos de interés. Hoy sin embargo, aconsejamos dedicar unos minutos a analizar el informe que la OCDE ha publicado sobre el estado de la educación en España. Un estudio de distintas variables:   la formación de la población adulta,  la media de alumnos por clase,  las horas de enseñanza, los beneficios sociales; y para los que tengan un perfil más financiero, el tan debatido tema de la financiación y del gasto público en  educación, y por supuesto, sus posibles beneficios económicos. 

Nosotros, desde aquí nos limitamos a aportar el enlace al informe. Que cada uno saque sus propias conclusiones sobre si invertir en educación es o no rentable.

 

Panorama de la educación. Informe de la OCDE 2011>

 

 

Libros: “La lucha por la vida I. La busca” de Pío Baroja

 

"Era la Corrala un mundo en pequeño, agitado y febril, que bullía como una gusanera. Allí se trabajaba, se holgaba, se bebía, se ayunaba, se moría de hambre; allí se construían muebles, se falsificaban antigüedades, se zurcían bordados antiguos, se fabricaban buñuelos, se componían porcelanas rotas, se concertaban robos, se prostituían mujeres. 

Era la Corrala un microcosmo; se decía que, puestos en hilera los vecinos, llegarían desde el arroyo de Embajadores a la plaza del Progreso; allí había hombres que lo eran todo, y no eran nada: medio sabios; medio herreros, medio carpinteros, medio albañiles, medio comerciantes, medio ladrones.

Era, en general, toda la gente que allí habitaba gente descentrada, que vivía en el continuo aplanamiento producido por la eterna e irremediable miseria; muchos cambiaban de oficio, como un reptil de piel; otros no lo tenían; algunos peones de carpintero, de albañil, a consecuencia de su falta de iniciativa, de comprensión y de habilidad, no podían pasar de peones. Había también gitanos, esquiladores de mulas y de perros, y no faltaban cargadores, barberos ambulantes y saltimbanquis. Casi todos ellos, si se terciaba, robaban lo que podían; todos presentaban el mismo aspecto de miseria y de consunción. Todos sentían una rabia constante, que se manifesta en imprecaciones furiosas y en blasfemias.

Vivían como hundidos en las sombras de un sueño profundo, sin formarse idea clara de su vida, sin aspiraciones, ni planes, ni proyectos, ni nada.

Había algunos a los cuales un par de vasos de vino les dejaba borrachos media semana; otros parecían estarlo, sin beber, y reflejaban constantemente en su rostro el abatimiento más absoluto, del cual no salían más que en un momento de ira o de indignación…"

 

La lucha por la vida I. La busca / Pío Baroja

"Pío Baroja" en wikipedia

 

 

 

Teatro en Madrid: “Brokers” de Yllana

 

Dinero, mercados, crisis, más dinero, más mercados… En esta época de continuos sobresaltos económicos, no viene nada mal un paréntesis de buen humor, un combinado de mucha risa con un inteligente  toque de crítica. Crítica a los excesos del capitalismo, representados por cuatro divertidísimos y alocados brokers que hacen que el público no deje de reir durante la hora y media que dura el  espectáculo.Y es que  el verdadero protagonista de “Brokers” es sin duda el humor, y del bueno.

Brokers / YllanaTeatro Alfil (Madrid)

Fechas de función

 

 

Libros: “La hoguera de las vanidades” de Tom Wolfe

 

“Volvió la esquina, y allí estaba: la sala de compraventa de bonos de Pierce¬Pierce. Era un amplísimo espacio, de unos dieciocho por veinticuatro metros, pero con el mismo aplastante techo de dos metros y medio de altura, que parecía pesar sobre la cabeza de quienes trabajaban allí. Un espacio opresivo con una iluminación deslumbrante, un montón de serpenteantes siluetas, y un considerable estruendo. La luz deslumbrante procedía de una pared de cristal orientada hacia el sur y que dominaba una panorámica del puerto, la estatua de la Libertad, Staten Island y las playas de Brooklyn y New Jersey. Las siluetas serpenteantes correspondían a los brazos y torsos de unos hombres bastante jóvenes, casi todos por debajo de los cuarenta años. Iban en mangas de camisa. Se movían muchísimo, agitada y sudorosamente en aquella hora temprana, y no dejaban de gritar. Sus gritos eran la causa del estruendo. Un estruendo producto de las voces de cultos jóvenes blancos dedicados a comprar y vender dinero a ladridos en el mercado de bonos.

— ¡Coge ese jodido teléfono, por favor! — le gritó un gordezuelo y sonrosado graduado de la promoción 1976 de Harvard a alguien que estaba un par de mesas más abajo. La sala era como la redacción de un periódico, sin tabiques de separación ni indicación alguna de niveles o categorías laborables. Todos aquellos jóvenes ocupaban mesas metálicas de color gris claro, y tenían ante sus ojos terminales de ordenador de un tono carne de ternera y con pantalla negra. En las pantallas iban saliendo filas y más filas de cifras y letras verde diodo…

…Había que ver de qué modo todos estos hijos de las grandes universidades, estos herederos de Jefferson, Emerson, Thoreau, William James, Frederick Jackson Turner…, y demás gigantes de la erudición norteamericana, de qué modo todos estos herederos de la lux y de la veritas acudían ahora en rebaño a Wall Street y a la sala de compraventa de bonos de Pierce & Pierce… ¡Cómo circulaban las historias de sus triunfos por todas las universidades! Si un graduado no ganaba 250.000 dólares anuales al cabo de cinco años de trabajo allí, sólo podía ser porque se trataba de un tipo absolutamente estúpido o absolutamente perezosos. Esa era la voz que corría por las universidades. A los treinta años se alcanzaba el medio millón anual, y ésa era una cifra tope sólo para los mediocres. Si a los cuarenta años no habías llegado al millón, eras un tímido o un incompetente. ¡Ahora o nunca!…

 

La hoguera de las vanidades / Tom Wolfe — Ed. Anagrama

 

 

 

Libros: “La fiesta del chivo” de Mario Vargas Llosa

 

“Le bastó entrar al despacho, chocar los tacos y anunciarse con la voz más marcial que pudo sacar de su garganta — “¡Teniente segundo García Guerrero, a la orden, Excelencia!”– para sentirse electrizado. “Pase”, dijo la aguda voz del hombre que, sentado en el otro extremo de la habitación, ante un escritorio forrado de cuero rojo, escribía sin alzar la cabeza. El joven dio unos pasos y permaneció firme, sin mover un músculo ni pensar, viendo los cabellos grises alisados con esmero y el impecable atuento –chaqueta y chaleco azul, camisa blanca de inmaculado cuello y puños almidonados, corbata plateada sujeta con una perla– y sus manos, sujetando una hoja de papel que la otra cubría con trazos rápidos, de tinta azul. En la izquierda, alcanzó a ver el anillo con la piedra preciosa tornasolada que, según los supersticiosos, era un amuleto que, de joven, cuando, como miembro de la Guardia Constabularia, perseguía a los “gavilleros” sublevados contra el ocupante militar norteamericano, le dio un brujo haitiano, asegurándole que mientras no se la quitara sería invulnerable al enemigo.

— Una buena hoja de servicios, teniente –lo oyó decir.

— Muchas gracias, Excelencia.

La cabeza plateada se movió y aquellos ojos grandes, fijos, sin brillo y sin humor, buscaron los suyos. “Yo nunca he tenido miedo en la vida”, confesó después el muchacho a Salvador. “Hasta que me cayó encima esa mirada, Turco” Es verdad. Como si me escarbara la conciencia.” Hubo un largo silencio, mientras aquellos ojos examinaban su uniforme, su correaje, sus botones, su corbata, su quepis. Amadito comenzó a sudar. Sabía que el menor descuido indumentario provocaba al Jefe un disguto tal que podía irrumpir en violentas recriminaciones.

— Esa hoja de servicios tan buena no puede mancharla casándose con la hermana de un comunista. En mi gobierno no se juntan amigos y enemigos.

Hablaba con suavidad, sin quitarle de encima la mirada taladrante. Pensó que en cualquier momento la chillona vocecita soltaría un gallo.

— El hermano de Luisa Gil es uno de esos subversivos del 14 de Junio. ¿Lo sabía?

— No, Excelencia.

— Ahora lo sabe –se aclaró la garganta, y, sin cambiar de tono, añadió–: Hay muchas mujeres en este país. Búsquese otra.

— Sí, Excelencia.

Lo vio hacer un signo de asentimiento, dando por terminada la entrevista.

— Permiso para retirarme, Excelencia.

Hizo sonar los tacos y saludó. Salió con paso marcial, disimulando la zozobra que lo embargaba…

La fiesta del chivo / Mario Vargas Llosa — Ed. Alfaguara

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