Archivo de la etiqueta: recomendamos

#Hoyleemos: “La vida de Pi” de Yann Martel

lavidadepi

 

Pi Pattel es un joven que vive en Pondicherry, India, donde su padre es el propietario y encargado del zoológico de la ciudad. A los dieciséis años, su familia decide emigrar a Canadá y procurarse una vida mejor con la venta de los animales. Tras complejos trámites, los Pattel inician una travesía que se verá truncada por la tragedia: una terrible tormenta hace naufragar el barco donde viajaban.

En el inmenso océano Pacífico, una solitaria barcaza de salvamento continúa flotando a la deriva con cinco tripulantes: Pi, una hiena, un orangután, una cebra herida y Richard Parker, un enorme macho de tigre de Bengala. Con inteligencia, atrevimiento y, obviamente, miedo, Pi tendrá que echar mano del ingenio para mantenerse a salvo y defender su liderazgo frente al único que, previsiblemente, quedará vivo. Aprovechando su conocimiento casi enciclopédico de la fauna qua habitaba el zoológico, el joven intentará domar a la fiera, demostrar quién es el macho dominante y sobrevivir con este extraordinario compañero de viaje.

 

"Richard Parker nunca me ha dejado del todo. Jamás lo he olvidado. ¿Me atrevería a decir que le echo de menos? Pues sí, lo echo de menos. Me sigue apareciendo en sueños. En realidad, casi siempre son pesadillas, pesadillas moteadas de amor. Así es el enigma del corazón humano. Nunca he comprendido cómo pudo abandonarme de aquella forma tan poco ceremoniosa, sin tan siquiera un adiós, sin siquiera mirar atrás ni una sola vez. Es un dolor que me parte el alma como un hacha."

 

La vida de Pi / Yann Martel — Ed. Booket

"La vida de Pi" en Wikipedia

#Hoyleemos: “Una historia de la guerra civil que no va a gustar a nadie” de Juan Eslava Galán

una historia de la guerra civil que no va a gustar a nadie

 

"El viejo Goya lo pintó mejor que nadie: dos gañanes enterrados hasta las corvas, matándose a garrotazos. La sombra de Caín es alargada, en España. Lo fue siempre, y la guerra civil que se narra en este libro es cumplida prueba de ello. Juan Eslava Galán nos cuenta —en realidad nunca ha dejado de hacerlo— una historia trágica, violenta, retorcida en ocasiones hasta el esperpento con esos trágicos quiebros de humor negro que también, inevitable­mente, son ingredientes de nuestra ibérica olla. Una república desventurada en manos de irresponsables, de timoratos y de ase­sinos, un ejército en manos de brutos y de matarifes, un pueblo despojado e inculto, estaban condenados a empapar de sangre esta tierra. Luego, prendida la llama, la arrogancia de los privile­giados, el rencor de los humildes, la desvergüenza de los políticos, el ansia de revancha de los fuertes, la ignorancia y el odio hicieron el resto. No bastaba vencer; era necesario perseguir al adversario hasta el exterminio. Murió más gente en la represión que en los combates; en ambos lados, analfabetos presidiendo tribunales gozaron de más poder que magistrados del Supremo. Hubo valor, por supuesto. Y decencia. Y lecciones de humanidad e inteligen­cia. Pero todo eso quedó sepultado por las pavorosas dimensiones de una tragedia que todavía hoy necesita reflexión y explicacio­nes. Este libro se aventura a ello, y lo consigue con amenidad y con una extraordinaria, abundante y rigurosa documentación que —ésa es quizá su principal virtud— ni siquiera se nota. Juan lo ha escrito a su manera, como suele. Como quien no quiere la cosa. Sin darle importancia y casi sin pretenderlo. Y por supues­to, sin buenos ni malos. Las dos Españas mamaron la misma le­che. Estas páginas lo ponen de manifiesto de forma apasionante y estremecedora. Por eso se trata de una historia de la guerra civil que no le va a gustar a nadie. Ya era hora. "

Arturo Pérez-Reverte

 

Una historia de la guerra civil que no va a gustar a nadie / Juan Eslava Galán — Ed. Planeta

Eslava Galán en Wikipedia>

Busca el libro en el Catálogo de la UPM

Hoy leemos: “Las sandalias del pescador” de Morris West

las sandalias del pescador

 

En plena guerra fría, Cirilo Lakota, de origen eslavo, es elegido Papa tras haber sufrido diecisiete años de prisión. Su antiguo verdugo es ahora el primer ministro de la Unión Soviética; se enfrentarán así el poder material y el poder espiritual. La posibilidad de una terrible hambruna se cierne sobre el pueblo ruso, y con ella el peligro de invasión de los países vecinos y, quizás, un enfrentamiento armado con las potencias occidentales.


En esta obra fascinante -llevada al cine con Anthony Quinn como protagonista- Morris West nos invita a reflexionar sobre el sentido de la justicia. Las sandalias del pescador se convirtió en una profecía cuando, una década y media después de su publicación, Karol Wojtyla fue elegido Papa con el nombre de Juan Pablo II.

 

"La escenografía era grandiosa, la dirección de escena diligente, pero demoró una semana en descubrir el título de la obra. Era una antigua comedia romana, popular en otro tiempo, pero caída ahora hasta cierto punto en desgracia; su título era El manejo de los príncipes. El tema era muy simple: cómo dar poder absoluto a un hombre y limitar luego el uso que pudiese hacer de él. La técnica consistía en hacerlo sentirse tan importante y mantenerlo tan ocupado con pomposas trivialidades, que no tuviese tiempo para idear una política o ponerla en ejecución.

Cuando Cirilo el ucraniano captó esta burla, rió secretamente y decidió burlarse también. De manera que dos días antes de su coronación convocó, sin aviso previo, a una reunión privada de todos los cardenales en los salones Borgia del Vatiano. Lo brusco de esta convocatoria estaba calculado, como estaba calculado también su riesgo.

Todos los cardenales, excepto los de la Curia, abandonarían Roma al día siguiente de su coronación, para regresar a sus propios países. Cada uno de ellos sería un auxiliar bien dispuesto o un discreto obstáculo a la política papal. No se llegaba a ser príncipe de la Iglesia sin cierta ambición y cierto gusto por el poder. No se envejecía en estos cargos sin cierto endurecimiento del corazón y la voluntad. Estos hombres claves eran más que súbditos; eran también consejeros celosos de su suceción apostólica y de la autonomía que ella les confería. Incluso el Papa debía avanzar con cautela entre ellos, sin forzar excesivamente su prudencia, su lealtad o su orgullo patrio…"

 

Las sandalias del pescador / Morris West — Ed. Punto de lectura

Las sandalias del pescador  (película) en Wikipedia

 

Libros: “Riña de gatos. Madrid 1936” de Eduardo Mendoza

Riña de gatos. Madrid 1936

 

Un inglés llamado Anthony Whitelands llega a bordo de un tren al Madrid convulso de la primavera de 1936. Deberá autenticar un cuadro desconocido, perteneciente a un amigo de José Antonio Primo de Rivera, cuyo valor económico puede resultar determinante para favorecer un cambio político crucial en la Historia de España. Turbulentos amores con mujeres de distintas clases sociales distraen al crítico de arte sin darle tiempo a calibrar cómo se van multiplicando sus perseguidores: policías, diplomáticos, políticos y espías, en una atmósfera de conspiración y de algarada.

 

"Anthony encontró razonable la propuesta de su acompañante y le entregó el dinero, la documentación, el reloj y la pluma estilográfica. Luego, a la débil luz de una lámpara de filamento que parpadeaba en el hueco de la escalera, subió hasta el segundo piso y llamó a la puerta. Le abrió una vieja en bata y chal. Cuatro mujeres más, de edad avanzada, escuchaban la radio y jugaban a la brisca en torno a una mesa camilla. El inglés dijo que quería ver a la Toñina. La vieja hizo un ademán de sorpresa, pero sin decir nada desapareció detrás de una cortina y regresó de inmediato acompañada de una joven muy delgada y muy guapa, a la que seguramente mantenían oculta por ser menor de edad. La niña cogió de la mano al inglés y lo condujo a un cuartucho con catre y palanganero, del que aquél emergió muy satisfecho al cabo de un rato. Cuando hubo pagado y bajó la escalera, no encontró a nadie esperándole en el zaguán ni tampoco en la calle. Todo estaba cerrado a cal y canto, de modo que regresó a buen paso al hotel y se metió en la cama. En el momento de apagar la luz le asaltó la sospecha de haber sido víctima de un timo, pero como estaba derrengado, cerró los ojos y se durmió en el acto…"

 

"Riña de gatos. Madrid 1936" / Eduardo Mendoza – Ed. Planeta

Eduardo Mendoza en wikipedia

Libros: “Hombres buenos” de Arturo Pérez-Reverte

hombresbuenos

"En tiempos de oscuridad siempre hubo hombre buenos que lucharon por traer las luces y el progres. Y no faltaron quienes intentaban impedirlo."

"Me despedí de él y regresé a la biblioteca. A su añejo olor de papel y cuero antiguo. Los rectángulos de sol de las ventanas habían cambiado de lugar, estrechándose hasta casi desaparecer, y los veintiocho volúmenes de la Encyclopédie estaban ahora en penumbra, en sus estantes. El antiguo dorado de las letras de los lomos ya no relucía cuando pasé los dedos por ellos, acariciando la vieja y ajada piel. Entonces, de pronto supe la historia que deseaba contar. Ocurrió con naturalidad, como a veces suceden estas cosas. Pude verla nítida, estructurada en mi cabeza con planteamiento, nudo y desenlace: una serie de escenas, casillas vacías que estaban por llenar. Había una novela en marcha, y su trama me aguradab en los rincones de aquella biblioteca. Esa misma tarde, al regresar a casa, empecé a imaginar. A escribir."

Hombres buenos / Arturo Pérez-Reverte – Alfaguara

Arturo Pérez-Reverte en Wikipedia

L'Encyclopédie en Wikipedia

 

Libros: “Número Cero” de Umberto Eco

numerocero

 

"Los perdedores y los autodidactas siempre saben mucho más que los ganadores. Si quieres ganar; tienes que concentrarte en un solo objetivo, y más te vale no perder el tiempo en saber más: el placer de la erudición está reserado a los perdedores"

Con estas credenciales se nos presenta Colonna, el protagonista de Número Cero, que en abril de 1992, a sus cincuenta años, recibe una extraña propuesta de un tal Simei: va a convertirse en redactor jefe de Domani, un diario que se adelantará a los acontecimientos a base de suposiciones y mucha imaginación, sin reparar casi en el límite que separa la verdad de la mentira, y chantajeando de paso a las altas esferas del poder.

"El Commendatore quiere entrar en los altos círculos de las finanzas, de los bancos e incluso de los grandes periódicos. El instrumento es la promesa de un diario nuevo dispuesto a decir la verdad sobre todo. Doce números cero, digamos cero/uno, cero/dos en adelante, tirados en poquísimas copias reservadas que el Commendatore examinará y luego hará que las vea quien sabe él. Una vez que el Commendatore demuestre que puede poner en apuros a los altos círculos financieros y políticos, es probable que los elegidos le rueguen que desista de semejante idea: él renuncia a Domani y obtiene el pase para las altas esferas. Imagínese usted, es un decir, que pueda comprar un mero dos por ciento de acciones de un gran periódico, de un banco, de una cadena de televisión de las que cuentan…"

Número Cero /  Umberto Eco — Ed. Lumen

Umberto Eco en Wikipedia>

Libros: “Claus y Lucas” de Agota Kristof

clausylucas

 

"La abuela es la madre de nuestra madre. Antes de venir a vivir a su casa no sabíamos que nuestra madre todavía tenía madre. Nosotros la llamamos abuela.
La gente la llama la Bruja.
Ella nos llama «hijos de perra».
La abuela es pequeña y delgada. Lleva una pañoleta negra en la cabeza. Su ropa es gris oscuro. Lleva unos zapatos militares viejos. Cuando hace buen tiempo va descalza. Su cara está llena de arrugas, de manchas oscuras y de verrugas de las que salen pelos. No tiene dientes, al menos que se vean.
La abuela no se lava jamás. Se seca la boca con la punta de su pañoleta cuando ha comido o ha bebido. No lleva bragas. Cuando tiene que orinar, se queda quieta donde está, separa las piernas y se mea en el suelo, por debajo de la falda. Naturalmente, eso no lo hace dentro de casa.
La abuela no se desnuda jamás. La hemos visto en su habitación, por la noche. Se quita una falda y lleva otra debajo. Se quita la blusa y lleva otra blusa debajo. Se acuesta así. No se quita la pañoleta.
La abuela habla poco. Salvo por la noche. Por la noche, coge una botella que tiene en un estante y bebe directamente a morro. Pronto se pone a hablar en una lengua que no conocemos. No es la lengua que hablan los militares extranjeros, es una lengua completamente distinta.
En esa lengua desconocida, al abuela se pregunta cosas y ella misma responde. A veces se ríe, o bien se enfada, o bien grita. Al final, casi siempre, se pone a llorar, se va a la habitación dando traspiés y se tira en la cama, y la oímos sollozar mucho rato por la noche."

 

Claus y Lucas / Agota Kristof – El Aleph Editores

Agota Kristof en Wikipedia

Entrevista con la autora en el País

Título disponible en la Biblioteca NO Técnica. Signatura 82 N KRI CLA

Libros: “Plenilunio” de Antonio Muñoz Molina

plenilunio


"De día y de noche iba por la ciudad buscando una mirada. Vivía nada más que para esa tarea, aunque intentara hacer otras cosas o fingiera que las hacía, sólo miraba, espiaba los ojos de la gente, las caras de los desconocidos, de los camareros de los bares y los dependientes de las tiendas, las caras y las miradas de los detenidos en las fichas. El inspector buscaba la mirada de alguien que había visto algo demasiado monstruoso para ser suavizado o desdibujado por el olvido, unos ojos en los que tenía que perdurar algún rasgo o alguna consecuencia del crimen, unas pupilas en las que pudiera descubrirse la culpa sin vacilación, tan sólo escrutándolas, igual que reconocen los médicos los signos de una enfermedad acercándoles una linterna diminuta. Se lo había dicho el padre Orduña, «busca sus ojos», y lo había mirado tan fijo que el inspector se estremeció ligeramente, casi como mucho tiempo atrás, aquellos ojos pequeños, miopes, fatigados, adivinadores, que lo reconocieron en cuanto él apareció en la Residencia, tan instantáneamente como él mismo, el inspector, debería reconocer al individuo a quien buscaba, o como el padre Orduña había reconocido en él hacía muchos años el desamparo, el rencor, la vergüenza y el hambre, incluso el odio, su odio constante y secreto al internado y a todo lo que había en él, y también al mundo exterior…"

 

Plenilunio/ Antonio Muñoz Molina — Ed. Booket

"Plenilunio" en wikipedia>

 

Libros: “Yo, Claudio” de Robert Graves

Yo, Claudio

Yo, Claudio

 

“Yo, Tiberio Claudio Druso Nerón Germánico Esto-y-lo-otro-y-lo-de-más-allá (porque no pienso molestaros todavía con todos mis títulos), que otrora, no hace mucho, fui conocido de mis parientes, amigos y colaboradores como “Claudio el Idiota”, o “Ese Claudio”, o “Claudio el Tartamudo” o “Clau-Clau-Claudio”, o, cuando mucho, como “El pobre tío Claudio”, voy a escribir ahora esta extraña historia de mi vida. Comenzaré con mi niñez más temprana y seguiré año tras año, hasta llegar al fatídico momento del cambio en que, hace unos ochos años, a la edad de cincuenta y uno, me encontré de pronto en lo que podría denominar “la jaula dorada” de la cual jamás he podido zafarme desde entonces…”

 

Yo, Claudio / Robert Graves

Yo, Claudio” en Wikipedia

 

.

 

Libros: “Anatomía de un instante” de Javier Cercas

 

Anatomía de un instante

Anatomía de un instante

.

“…Pero el imprevisto surge. Víctor Carrascal lee el nombre de José Nasarre de Letosa Conde, que vota sí; luego lee el nombre de Carlos Navarrete Merino, que vota no; luego lee el nombre de Manuel Núñez Encabo, y en ese momento se oye un rumor anómalo, tal vez un grito procedente de la puerta derecha del hemiciclo, y Núñez Encabo no vota o su voto resulta inaudible o se pierde entre el revuelo perplejo de los diputados, algunos de los cuales se miran entre sí, dudando si dar crédito o no a sus oídos, mientras otros se incorporan en sus escaños para tratar de averiguar qué ocurre, quizá menos inquietos que curiosos. Nítida y desconcertada, la voz del secretario del Congreso inquiere «¿Qué pasa?», balbucea algo, vuelve a preguntar «¿Qué pasa?», y al mismo tiempo entra por la puerta derecha un ujier de uniforme, cruza con pasos urgentes el semicírculo central del hemiciclo, donde se sientan los taquígrafos, y empieza a subir las escaleras de acceso a los escaños; a mitad de la subida se detiene, cambia unas palabras con un diputado y se da la vuelta; luego sube tres peldaños más y se da otra vez la vuelta. Es entonces cuando se oye un segundo grito, borroso, procedente de la entrada izquierda del hemiciclo, y luego, también ininteligible, un tercero, y muchos diputados -y todos los taquígrafos, y también el ujier- se vuelven a mirar hacia la entrada izquierda.

El plano cambia; una segunda cámara enfoca el ala izquierda del hemiciclo: pistola en mano, el teniente coronel de la guardia civil Antonio Tejero sube con parsimonia las escaleras de la presidencia del Congreso, pasa detrás del secretario y se queda de pie junto al presidente Landelino Lavilla, que lo mira con incredulidad. El teniente coronel grita «¡Quieto todo el mundo!», y a continuación transcurren unos segundos hechizados durante los cuales nada ocurre y nadie se mueve y nada parece que vaya a ocurrir ni ocurrirle a nadie, salvo el silencio. El plano cambia, pero no el silencio: el teniente coronel se ha esfumado porque la primera cámara enfoca el ala derecha del hemiciclo, donde todos los parlamentarios que se hablan levantado han vuelto a tomar asiento, y el único que permanece de pie es el general Manuel Gutiérrez Mellado, vicepresidente del gobierno en funciones; junto a él, Adolfo Suárez sigue sentado en su escaño de presidente del gobierno, el torso inclinado hacia delante, una mano aferrada al apoyabrazos de su escaño, como si él también estuviera a punto de levantarse. Cuatro gritos próximos, distintos e inapelables deshacen entonces el hechizo: alguien grita «¡Silencio!»; alguien grita: «¡Quieto todo el mundo»; alguien grita: «¡Al suelo!»; alguien grita: «¡Al suelo todo el mundo!». El hemiciclo se apresta a obedecer: el ujier y los taquígrafos se arrodillan junto a su mesa; algunos diputados parecen encogerse en sus escaños. El general Gutiérrez Mellado, sin embargo, sale en busca del teniente coronel rebelde, mientras el presidente Suárez intenta retenerle sin conseguirlo, sujetándolo por la americana. Ahora el teniente coronel Tejero vuelve a aparecer en el plano, bajando la escalera de la tribuna de oradores, pero a mitad de camino se detiene, confundido o intimidado por la presencia del general Gutiérrez Mellado, que camina hacia él exigiéndole con gestos terminantes que salga de inmediato del hemiciclo, mientras tres guardias civiles irrumpen por la entrada derecha y se abalanzan sobre el viejo y escuálido general, lo empujan, le agarran de la americana, lo zarandean, a punto están de tirarlo al suelo. El presidente Suárez se levanta de su escaño y sale en busca de su vicepresidente; el teniente coronel está en mitad de la escalera de la tribuna de oradores, sin decidirse a bajarla del todo, contemplando la escena. Entonces suena el primer disparo; luego suena el segundo disparo y el presidente Suárez agarra del brazo al general Gutiérrez Mellado, impávido frente a un guardia civil que le ordena con gestos y gritos que se tire al suelo; luego suena el tercer disparo y, sin dejar de desafiar al guardia civil con la mirada, el general Gutiérrez Mellado aparta con violencia el brazo de su presidente; luego se desata el tiroteo. Mientras las balas arrancan del techo pedazos visibles de cal y uno tras otro los taquígrafos y el ujier se esconden bajo la mesa y los escaños engullen a los diputados hasta que ni uno solo de ellos queda a la vista, el viejo general permanece de pie entre el fuego de los subfusiles, con los brazos caídos a lo largo del cuerpo y mirando a los guardias civiles insubordinados, que no dejan de disparar. En cuanto al presidente Suárez, regresa con lentitud a su escaño, se sienta, se recuesta contra el respaldo y se queda ahí, ligeramente escorado a la derecha, solo, estatuario y espectral en un desierto de escaños vacíos.”

.

Anatomía de un instante” / Javier Cercas — Ed. Literatura Mondadori

Anatomía de un instante” en Wikipedia>

.